Eric Storm. Nacionalismo. Una historia mundial

Eric Storm es un historiador holandés. Ha escrito una obra de referencia, Nacionalismo, una historia mundial (Editorial Crítica, 2025) El libro consigue su propósito, nos hace conscientes de los pormenores de una historia que incide fuertemente en nuestros días


Una emoción colectiva recorre a los presentes mientras entonan el himno nacional. Lágrimas se deslizan por las mejillas cuando el avión atraviesa la cordillera de los Andes. El embeleso se apodera de los que contemplan la belleza Machu Picchu. Hay aplausos apasionados al concluir la música que exalta de las diversas regiones del país. Son ejemplos mínimos de expresión patriótica, de nacionalismo bien entendido. El Estado nación como un territorio con una comunidad de ciudadanos. Pero hay un nacionalismo mal entendido, agresivo con los otros, a los que se les niega su pertenencia por su color, por su procedencia, por su etnia. Es este nacionalismo el que explotan los populismos para establecer la diferencia fundamental: “nosotros y los otros”. “Los nuestros y los enemigos”. “Los patriotas y los traidores”.

¿Es el germen del nacionalismo, esa tendencia tan arraigada en los seres humanos de pertenecer a algo, a un grupo o a un territorio? ¿La mentalidad tribal, por decirlo en pocas palabras?

Creo que esto es un mito. No es así, pues en la Edad Media o la época moderna había muchos idiomas al mismo tiempo. La Iglesia utilizaba el latín. Las élites en Europa hablaban el francés y luego la gente normal empleaba su dialecto e incluso sus idiomas minoritarios. Existía un mosaico de lenguas y culturas. Es cierto que la gente a lo mejor se identificaba con el rey de España o el de Francia. Pero luego las identidades más importantes eran locales o regionales, o incluso religiosas o sociales. En términos generales las identidades nacionales eran relevantes.

Creímos durante mucho tiempo que el nacimiento del nacionalismo era algo exclusivamente local. Pero usted asegura que es un error y que los factores internacionales juegan un papel decisivo.

Tendemos a creer que el nacionalismo surge de la nación misma. Yo creo que el origen tanto de la nación como del nacionalismo está en el cambio del sistema político en la época de las revoluciones. Lo que pasó es que en Francia el poder pertenecía al rey y gobernaba con la gracia de Dios. Con la Revolución Francesa de 1789 es una realidad que cambia totalmente. Fue el Parlamento quien cogió el poder y proclamó la soberanía de la nación. A partir de allí el Estado debía servir a la nación. No ya al rey.

La nación pasa a definirse como la comunidad de los ciudadanos. Se trata de un fenómeno que se puede percibir en casi todo el mundo occidental. Ese es el origen de los Estados Unidos, también coincide con las guerras de independencia en América Latina, pues los mismos ideales de la soberanía popular están presentes por doquier. No es algo que irrumpe en un sitio único gracias a las acciones de los actores locales, sino que es un fenómeno de propagación mundial.

Y en dónde ponemos a los padres de la Patria que son señalados como fundadores y héroes a los cuales le debemos la nación libre del colonialismo.

Es recomendable matizar su papel en cierta medida. Ciertamente son gente que tuvo una influencia significativa, como es el caso de las guerras de independencia de América Latina y Estados Unidos, que, en el fondo eran guerras civiles, No fue una lucha de un pueblo contra el opresor extranjero, se trato más bien de conflagraciones internas, cuya oportunidad surgió por la crisis imperial. En América Latina la ocasión se presentó gracias a la invasión de Napoleón a España (1808). Sin esta circunstancia, sin aquella crisis de la monarquía española, personajes como Simón Bolívar habría que tenido que resignarse a esperar ocasiones más propicias.

Eso fue entre 1808 y 1814. Pasemos a 1979, que es la fecha que marca un punto de inflexión cuando el neoliberalismo se afirma en la nación étnica, cultural y religiosa frente a la nación ciudadana. Esta lógica de agudización extrema de la inclusión- exclusión golpea ciertamente a la democracia como la base del compartir y de respetar los principios por sobre la cuna y el territorio. Con menos palabras ¿es el neoliberalismo uno de los grandes responsables de la crisis?

El período posterior a la Segunda Guerra Mundial es un tiempo de optimismo, de progreso, de modernización, en el que las diferencias nacionales tuvieron importancia menor. Pero llegó la crisis del petróleo y con ella la crisis económica. El progreso dejó de ser un camino sin escollos. De este modo surgió como respuesta el neoliberalismo. Empezó en Chile (en los años 70 durante la dictadura de Augusto Pinochet) En el mundo la importancia determinante fue la elección de Margaret Thatcher en Gran Bretaña. Lo que se hace es abrir los mercados, dejar la política económica a las fuerzas del mercado. Comienza la globalización, es esa evolución la que fuerza a los países a competir entre sí, lo que supone definir más su identidad nacional para distinguirse de sus vecinos.

El surgimiento de las políticas de identidad, que se ve con Thatcher y Reagan en respaldar con énfasis los valores de la familia, en vez de propiciar un debate sobre la modernización o sobre asuntos económicos. A partir de aquel momento, el debate político en casi todo el mundo se vuelca sobre cuestiones de identidad nacional o identidad de minorías. La polarización política se incrementa desde entonces.

Alcanzamos un punto central de nuestra entrevista porque parece que uno de los mayores peligros en este momento es el llamado nacionalismo cristiano e identitario, por citar un caso, el Metropolitano de Kiev y toda Ucrania, Epifanio, máxima autoridad de la Iglesia Ortodoxa, ha dicho que Rusia utiliza la religión como arma de agresión híbrida con Ucrania, Europa y en general, contra los principios de la libertad y la dignidad humana. Nacionalismo cristiano e identitario. Suena como un retorno a la Edad Media.

Así lo parece, pero no lo es. Es algo nuevo. Lo que pasa es que hay dos tipos de políticas de identidad desde los años 70, 80: Hay un proceso de emancipación de minorías en el País Vasco, Cataluña también de grupos indígenas, de minorías étnicas. Al mismo tiempo se produce una reacción mayoritaria en diversos países, y esta mayoría conservadora en general se basa en valores tradicionales, sobre todo religiosos. Lo vemos en Estados Unidos con el evangelismo, que es una base de Donald Trump, en el mundo ortodoxo de Rusia. La Iglesia Católica, sobre todo con Juan Pablo Segundo, se torna mucho más conservadora. También lo vemos en la India, en donde el nacionalismo indio hindú se ha hecho mucho más fuerte. Hay un populismo por parte de la mayoría conservadora de la población en muchos sitios en los que valores tradicionales se justifican apelando a la religión. Quizá en donde más se ve es en el mundo islámico con un islamismo conservador que busca cambiar los valores que sostienen la nación. Por ejemplo, en Irán, en Turquía, actualmente en Arabia Saudí. Una vez más vemos que es un fenómeno mundial.

A lo mejor los peores nacionalismos se sostienen con la reivindicación de la soberanía nacional. Es el caso, por ejemplo, de las dictaduras de América Latina, en donde la soberanía nacional es una barrera para impedir, por una parte, la libertad que reclaman los demócratas. Y por otra, acusar a toda expresión crítica internacional de inmiscuirse en los asuntos internos del país. Este tema de la soberanía nacional también es fundamental.

La soberanía nacional funciona de dos maneras. La una frente al mundo internacional. Tener la posesión de los recursos minerales permite decidir sobre las políticas económicas, las tarifas o los aranceles. De otro modo funciona hacia el interior.

Lo que pasa es que el nacionalismo, cuando surgió en la Revolución Francesa, estableció que la soberanía reside en la nación. Hoy, cuando cada dictador dice que él sabe mejor que nadie cómo interpretar la voluntad del pueblo puede que le funcione cierto tiempo, pero en el largo plazo se trata de una contradicción enorme porque la soberanía está en la nación, en los ciudadanos. Y como es así casi todos los dictadores organizan elecciones, aunque las manipulan. Tienen un Parlamento que carece de poder. Utilizan las instituciones del Estado como una fachada democrática para sugerir que todavía el poder está depositado en el pueblo. A lo largo, creo que esto no funciona.

Un aspecto más sobre esta cuestión. Todo parece indicar que el impacto cultural y político de la ideología nacionalista es inmenso y que el peligro mayor lo representan los populismos de la ultraderecha, sin excluir, por supuesto, el daño que provocan los populismos de izquierda. Qué elementos explican esta verdadera fascinación que ejerce un caudillo, un personaje o una idea sobre la gente, incluida una parte de la juventud.

En el caso de la juventud mucho tienen que ver las redes sociales. El nacionalismo se ha hecho banal, está por todos partes. Cuando vemos un mapa del mundo, cada país tiene su propio color. Quiere decir que cada uno es diferente de los vecinos y dentro del país no hay diferencias porque todo es homogéneo. Solemos hablar de los mexicanos, los brasileños, los franceses, los nigerianos, como si fuesen todos desiguales. Hemos dividido tantas cosas según las fronteras nacionales, pero es una invención reciente. Definimos incluso productos industriales según su nacionalidad, que es una cosa absurda. En el fondo, cuando se piensa bien un mundo con diversas naciones, cada uno con su cultura y su carácter personal. Es algo que es tan evidente que lo tomamos como algo natural, pero no lo es. Es algo inventado. Por eso el populismo no tiene que inventar nada. Apela a ideas que están muy difundidas y que las consideramos de sentido común, aunque no lo es.

Si esto es así, significa de una u otra manera, que el aumento del populismo se debe, entre otras razones, a la frustración y a la decepción de mucha gente. La democracia no le ha cumplido. Significa también que quienes critican al populismo de cierta manera lo que hacen es fortalecerlo, porque los que reclaman tienen una base verídica. No es una fantasía. Se han empobrecido, tienen problemas, no ven el futuro.

Lo que pasa es que el neoliberalismo y la globalización han disminuido mucho el estado de bienestar; el mundo se ha hecho más inseguro para mucha gente. Hay variados cambios económicos, en los cuales las pensiones, los sistemas de salud, de la educación ya no funciona como deberían. En fin, los estados nación son menos fuertes que hace 40 años. No tienen una red de protección para los ciudadanos. Mucha gente se encuentra en estado de precariedad y los cambios bruscos de la economía provoca que muchas industrias desaparezcan porque están ahora en la China. Actualmente la política económica de Estados Unidos es volátil y tiene un impacto en muchas empresas. Vivimos en un mundo plagado de incertidumbres, en el que el Estado ya no nos protege y esto yo creo que hace muy mudable al electorado lo que da espacio a los diversos populismos.

¿Y en este panorama general, qué papel juegan los medios de comunicación? ¿Ayudan al auge del populismo?

Lo interesante es que hace 40 años los medios de comunicación eran en general profesionales, periodistas, que verificaban su información. Los medios de comunicación más influyentes eran la radio y la televisión. Eran territoriales, pues no podías ver la televisión de otros países. Esto ha cambiado radicalmente con la televisión satelital, con internet, con las redes sociales. Ya no hay un espacio público nacional donde periodistas profesionales que siguen en general sus reglas intentan dar información verídica. Esto ha desaparecido. Lo que domina ahora son las redes sociales controladas por las grandes compañías como X o Facebook. Ellos quieren ganar dinero, de modo tal que buscan enganchar a la gente a estar más tiempo en sus plataformas para verter en ellas opiniones radicales. Juegan a la emoción. Es un territorio en el que la verdad no interesa. Cada persona puede poner en las redes sociales lo que lo que se le antoje. El descontrol permite muchas noticias falsas. Cuanto más extremas son las noticias, más gente las quiere saber.

Las jóvenes generaciones suelen buscar información, sobre todo en las redes sociales. Viven en otro mundo y creo que esto es peligroso. Son espacios de muchas falsedades y emoción. De mucha polarización y política de identidad. El populismo tiene ahí el espacio fértil para su desarrollo.

Por ahora el populismo va en auge, no solo en América Latina y el Caribe, también en África y en Asia, como en los países más desarrollados, en Europa. Después de este recorrido por la historia mundial del nacionalismo de Eric Storm, es posible avizorar el futuro de las manifestaciones más dañinas del populismo. Le confieso que a mí me gustaría, sin ser iluso, que hay esperanza de tiempos mejores.

La esperanza la vemos últimamente en Perú, en Marruecos, en Bangladesh. Es la gente joven la que se está levantando y protesta contra la corrupción, contra el abuso de poder, y la falta de democracia. Se hacen presente los ideales del nacionalismo original, en el que el poder está en la nación, en la comunidad, en los ciudadanos. Este ideal sigue vivo. Aunque muchos populistas pueden ganar el poder, a la larga suelen servir más a sus propios intereses o a los de las empresas que están detrás. Es dudoso que realmente sirvan a la nación, por ello habrá levantamientos y la gente no se resigna. Quiere que el Estado le sirva, que el gobierno esté al servicio de los Ciudadanos.

Por otra parte, también soy un poco pesimista, pues la influencia de las redes sociales no me parece muy sana y últimamente asistimos al resurgir del imperialismo. Rusia ha invadido Ucrania. China intenta captar islotes en el mar de China conquistando territorio marítimo frente a Filipinas y Vietnam. Trump desea Canadá, quiere el Canal de Panamá. Interviene casi abiertamente en Venezuela.

El mundo de Estados nación, en teoría iguales que se juntan en las Naciones Unidas para negociar y colaborar, para mejorar la situación del planeta, de la humanidad se desmorona a ojos vista. Así es el retorno de las tendencias imperialistas, que quizá en el caso de Estados Unidos, sobre todo en América Latina, no han desaparecido nunca totalmente.

Trump dice que quiere la paz y simultáneamente se mete en la política interna de muchos países en América Latina. Ayuda a su amigo Milei en Argentina y combate a Maduro en Venezuela.

Una puntualización. Me está diciendo usted que por una parte podemos ser pesimistas porque el imperialismo está de vuelta en varias partes y trata de imponerse. Pero, por otro lado, tenemos la esperanza de que la gente y sobre todo la gente joven no acepte una realidad injusta que viola sus derechos e intente recuperar a través de vías pacíficas pero activas la democracia, la libertad y los derechos humanos.

Son ambas. Como historiador nunca sabemos a dónde vamos. El pasado siempre nos da sorpresas y el presente y el futuro son totalmente inciertos. Quizá el reto más complicado a largo tiempo es el cambio climático. Ello reclama colaboración internacional. No tenemos que encerrarnos en nuestras fronteras nacionales o seguir la ley del más fuerte, sino convendría trabajar todos juntos. Solo tenemos un planeta y todos dependemos de el. Habría que superar los nacionalismos, el imperialismo y colaborar todos juntos para salvar al planeta y a la humanidad. Es, sin duda, un ideal para las generaciones más jóvenes, porque son ellos los que van a sufrir el cambio climático. Todavía estamos a tiempo. Ya vivimos acontecimientos naturales desastrosos, pero el futuro probablemente va a ser mucho peor.

Interesante. Usted ha escrito más de 800 páginas sobre el nacionalismo para finalmente mandar el mensaje de que hay que tratar de superarlo.

Sí, Sí, así es.

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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