La condena al asesino de Hester van Nierop es una gota en un océano de impúnidad

El primero de diciembre de 2015 el juzgado del Estado de Chihuahua dictó sentencia en el caso del asesinato de Hester van Nierop. El sospechoso Roberto Flores o Ramiro Adame López fue condenado a una pena de cárcel de 35 años. El diez de febrero, recién pasado, la justicia mexicana aumentó definitivamente la condena, tras la apelación del culpable, a 37 años y medio, por asesinato calificado, por asfixia.
Hester van NieropCarlos Castresana, es abogado español. Ha sido, entre otras cosas, Fiscal Anticorrupción de su país y Director de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, CICIG. En el caso de Hester van Nierop brindó asesoría a la parte acusadora. Castresana reacciona aquí a la sentencia definitiva del reo Ramiro Adame.

La primera condena que recibió Ramiro Adame López o Roberto Flores fue de treinta y cinco años. La sentencia definitiva, después de la apelación se aumenta de 35 a 37 años y medio. Qué importancia tiene este pronunciamiento.

En cuanto a la diferencia de años, es muy pequeña y no tiene relevancia sustancial, aparte de que la sentencia en todas sus partes se confirma íntegramente.

El abogado Carlos Castresana

En este caso, quien ha sido condenado por un homicidio calificado ¿puede salir a mitad de la condena?

No, porque una de las cosas que sí me han confirmado verbalmente, es que se establece con total nitidez es que no hay condiciones para que califique una libertad condicional, todo lo contrario, permanecerá en la prisión tal y como se encuentra.

Yo sé que esto produce satisfacción a la familia de la asesinada Hester Suzanne van Nierop, me da la impresión simultáneamente que se trata de una sentencia acotada en cuanto a las consecuencias que pueda tener para el total de las miles de víctimas del feminicidio en México.

Eso es cierto. Efectivamente sigue habiendo miles de víctimas que no han tenido la reparación jurídica y moral de ver al responsable del crimen condenado e ingresado en prisión. Estamos ante una situación de una impunidad generalizada. El caso de Hester es para la familia van Nierop una satisfacción, incluso moralmente lo es también para todas las familias de las víctimas, pero no deja de ser una gota en un océano de impunidad, que no más que alegrarnos desde este punto de vista testimonial y, quizás más bien, llamarnos la atención para recordar que la mayor parte del trabajo está todavía por hacer.

Perdone usted mi pesimismo a la vista de la inobjetables deficiencias de la justicia mexicana, no le parece que algo hay también de que México no se puede permitir dificultades de esta naturaleza con países de la Unión Europea, quienes constituyen la segunda fuerza comercial con México. De tal manera que al tratarse de una ciudadana holandesa ha influido para que se sentencie a esta persona.

Lo diría en dos ámbitos: uno, en el interamericano. México, desde la sentencia, sino antes porque ya estaba en vigor el convenio, pero por lo menos desde la sentencia del Campo Algodonero [La Corte Interamericana de Derechos Humanos, con fecha 16 de noviembre de 2009 emite sentencia contra el Estado mexicano que incumplió con su deber de investigar -y con ello su deber de garantizar- los derechos a la vida, integridad personal y libertad personal, en perjuicio de Claudia Ivette González, Laura Berenice Ramos Monárrez y Esmeralda Herrera Monreal] tiene un compromiso con toda la comunidad latinoamericana, tan y más relevantes, desde el punto de vista legal, que el que pueda tener con la Unión Europea. En el caso de la familia van Nierop, yo no digo que no, que haya podido tener alguna relevancia el que se trate de una víctima holandesa.

También la señalaría que la familia van Nierop no ha sido especialmente bien tratada por la jurisdicción mexicana, porque solo en el último instante, y después de muchos años la cooperación entre las autoridades mexicanas y estadounidenses permitieron el arresto, enjuiciamiento y condena del señor Adame. La madre de Esther ha estado muchos años, junto a las otras madres clamando por la justicia sin tener la respuesta adecuada de los tribunales.

Lo que dijo usted al pasar es grave, la madre de la asesinada no ha sido precisamente bien tratada por la justicia mexicana. Se imagina usted cómo son tratadas los familiares mexicanos de las otras víctimas.

Igual de mal, desgraciadamente. Y todas deberían ser bien tratadas. El asesinato de Hester es del año 1998 [20 de septiembre  de 1998] Estamos hablando de casi veinte años hasta que saliera la sentencia condenatoria. Eso no puede ser un buen trato. Pero da igual la nacionalidad de la víctima o de la madre. Es que el deber de administrar pronta y eficiente justicia de parte del estado mexicano, desgraciadamente en el caso de los feminicidios se está incumpliendo palmariamente. El caso de Hesther ha tenido un final feliz, pero muy tardado. Y no debe verse como un ejemplo. Más bien yo lo veo como el llamamiento a que, si en este juicio ha sido posible, ha de serlo en todos. Y que las autoridades no se sientan felicitadas porque han resuelto un caso, sino llamadas al orden porque tiene miles de casos sin resolver.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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