El régimen de venezuela solo se sostiene con la represión, el miedo, y la incapacidad de responder a las necesidades del país

Ayer domingo primero de diciembre del 2024 numerosos venezolanos se apostaron frente a la Corte Pernal Internacional en La Haya para reclamar la urgente y necesaria necesidad de arrestar a Nicolás maduro por crímenes de lesa humanidad. Los intentos vanos del régimen de ocultar la crisis política, social y económica del país choca abruptamente con una realidad de zozobra que afecta a la inmensa mayoría de la población

Humberto García Larralde es economista venezolano. Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias económicas. Ha escrito más de 30 publicaciones sobre integración económica, comercio internacional, renta petrolera y desarrollo, políticas macroeconómicas y desarrollo tecnológico.

Voy a comenzar con el dolor de los detenidos políticos. Los detenidos, desaparecidos o secuestrados, como quiera llamárseles, y sus familiares, sometidos a privaciones y angustias sin pausa. Supongo que hay varias razones por las que el régimen venezolano los mantiene recluidos.

Los presos políticos que ya van cerca de 2000 obedecen a una razón muy sencilla, el gobierno de Nicolás Maduro trata de mantenerse perpetuando una enorme mentira: que fue reelecto en las elecciones del 28 de julio. Como todos sabemos, hasta hoy no se presentó ninguna evidencia. Las actas que hemos conocido, más del 80% copias fieles de las actas oficiales, son las que se le entregaban a los testigos de mesa y están resguardadas por una serie de mecanismos de seguridad. Esas evidencias dicen todo lo contrario, que Maduro perdió de manera contundente contra el Edmundo González Urrutia. En torno al 30% del electorado votó por Maduro y el 67% lo hizo por González Urrutia. Eso sin contar los millones de venezolanos que estamos afuera, que no pudimos inscribirnos, no pudimos votar. Más los centenares de miles de jóvenes que no pudieron inscribirse por primera vez en el Registro Electoral.

Montado sobre esa gran mentira que no la pueden defender de manera alguna, la única respuesta que tiene el gobierno para sostenerse es reprimir a aquellos que insisten o reclaman que se respete la voluntad popular. El gobierno simplemente no tiene instrumentos con los que tratar de legitimarse frente al país, porque todo el mundo sabe que la verdad fue que Maduro fue derrotado de manera contundente. De ahí la respuesta lamentable es entonces su apego al único instrumento que le queda, la represión, para lo cual cuenta, desgraciadamente también con la complicidad de una cúpula militar traidora, sumamente cruel y en absoluto respetuosa de los derechos humanos y de la democracia representativa.

Humberto García Larralde

Efectivamente, no hace muchas horas atrás, Foro Penal daba la cifra de 1903 presos políticos, que es la más alta en lo que vamos del siglo XXI. Si tuviese que escoger una palabra para juzgar la realidad de Venezuela, le diría que el país está en ascuas. Espera que suceda algo, pero no sabe exactamente qué. Las razones son tantas como las preguntas, y como la falta de respuesta. Agrava el momento las variadas interpretaciones de la realidad que amenazan de una u otra manera con el desconcierto y la apatía.

Es una manera de entender la realidad. Yo diría que hay un elemento adicional que es importante señalarlo. Una esperanza es que el país, si bien está ahorita un poco confundido en el sentido de no saber exactamente a qué atenerse en los meses inmediatos, creo que cunde una sensación mayoritaria, de manera convincente en la inmensa mayoría, de que es que es necesario cambiar. El país tiene que cambiar, no se puede seguir así. Eso lo recogen incluso la última encuesta que salió en octubre de Megaanálisis, en donde claramente una proporción altamente mayoritaria se define por el cambio, reconoce que quien ganó las elecciones fue Edmundo González Urrutia señala que las cosas no pueden seguir así por distintas razones.

La cultura política cambió radicalmente, se rompió la magia. Es como cuando en un noviazgo hay una traición. Y entonces la pareja ya no cree en el otro. Reconstruir esa confianza, volver a restablecer una relación positiva es prácticamente imposible. Esto se rompió definitivamente con todo lo que pudo representar el chavismo en el pasado. Hay una clara repulsa acerca de lo que significa el gobierno de Maduro, que además se ha ido atrincherado en las posturas más radicales, absurdas y más antipopulares, entre otras cosas por el desastre económico. Los niveles de vida son deplorables. La inflación vuelve a tomar pulso con la devaluación cada vez más acelerada del dólar. Todo ello repercute en los niveles del salario real.

El Gobierno no tiene respuesta, además de que el Estado está destrozado, sin capacidad para responder a las inquietudes del venezolano.

Hay una especie de expectativa sin seguridad, pero la inmensa mayoría coincide en que es menester un cambio fundamental.

Hay un liderazgo que no hay que desestimar, si bien el gobierno trata de sofocarlo, es el liderazgo de María Corina Machado Una persona que sabido sobreponerse a las dificultades, ofrecer entusiasmo, perspectiva.

Un punto más sobre este aspecto central. En Venezuela se ha acuñado una nueva expresión: hay gente que está en resguardo, es decir, en una suerte de semi clandestinidad por temor a ser detenido y desaparecido. El miedo da sus frutos porque es evidente que la dictadura está dispuesta a todo para neutralizar a la oposición e imponer su falsa narrativa y seguir después del 10 de enero como si todo estuviese en la normalidad. Agrego aquí la aprobación que pretende inhabilitar de por vida a aquellos que se atrevan a disentir de las opiniones del Gobierno, La ley Simón Bolívar.

El Gobierno no tiene otra opción que reprimir y esto lo coloca en situación contradictoria, porque carece de apoyo popular o ella se ha reducido a un mínimo y la perspectiva es que continúe diluyéndose. Entonces el régimen trata de atrincherarse con esquemas, consignas y posturas radicales. Vuelve a revivir un lenguaje primitivo, aquel de los años 50 o 60 del siglo pasado, en el que todo obedecía a la conspiración del imperialismo. Los que se oponen son fascistas de ultraderecha. Lo dice un gobierno que, de paso, si en algo se distingue es por su carácter fascista. Ahora los que son fascistas son los que critican al gobierno, los que reclaman el respeto por las libertades y los derechos humanos.

Es una realidad paradójica porque la estrategia de ampliar la base de apoyo que les queda es ajena a atrincherarse, recurrir a la represión y aprobar leyes absurdas y draconianas como esa que no sé cómo la van a instrumentar. Obviamente va a ser un instrumento discrecional para decir: fulano es un traidor a la patria y hay que condenarlo por 30 años. Será un recurso más a discreción de la cúpula fascista para arremeter contra la oposición. Pero así no van a ampliar su espacio político. Es paradójico parapetarse en posturas cada vez más radicales y pretender sobrevivir con apoyo popular. Eso no tiene solución. El gobierno se debilita cada vez más en términos de sus perspectivas de sostenimiento en el tiempo.

Mi conclusión es que, irremediablemente, eso no va a durar. ¿Qué significa eso? ¿Cuándo va a ser? ¿Va a ser el 10 de enero? ¿Va a ser después? Nadie puede predecirlo. Pero el proceso va en deterioro progresivo por esa trampa en el cual se ha metido el propio gobierno. Creo que es inevitable.

La condena internacional al régimen venezolano es apabullante, salvo las excepciones de tres o cuatro gobiernos autocráticos, el G7, Estados Unidos, la Unión Europea, diversos gobiernos de América Latina. Solo hay un inconveniente. Nicolás Maduro y los suyos son impermeables a los discursos. Para decirlo Llanamente les importan un pito las palabras.

Escribí un libro hace 16 años que se llamó El fascismo del Siglo XXI. Un análisis del gobierno de Hugo Chávez que lleva a concluir que como propuesta de naturaleza fascista, la política es concebida como una guerra. La lucha política no es una contienda en el cual se intenta llegar a consensos, a construir opciones de política superando al adversario, proponiendo medidas consideradas mejores o más favorables. Para ellos no, la política es una guerra que tiene como propósito eliminar al otro. En esa postura no hay forma de diálogo para llegar a acuerdos con quienes señalan sus inconsistencias y quienes lo denuncian como un gobierno que viola los derechos humanos, que no respeta los cánones de la democracia liberal, que intenta robar abiertamente las elecciones.

No les importa nada. Incluso con groserías se refieren a los gobernantes de otros países que les han señalado su total irrespeto a los mecanismos de las organizaciones internacionales. Los insultan, los ofenden apelando a viejos mitos y confrontaciones para tratar de justificarse.

La esperanza es aquello que puede o no suceder, es una forma de estar en la vida. Debe ser por eso que la gente dice que lo último que se pierde la esperanza, ¿cuál es la suya?

Lo que he intentado de describir en esta entrevista es que las tendencias son irreversibles. Hay una ruptura con el sentimiento que quedaba del chavismo. Al comienzo el madurismo tuvo cierta ascendencia de llegar a la población. Esa magia se rompió.

Por otro lado, hay una sensación y una esperanza de cambio compartida por la inmensa mayoría de la población, con, además, el liderazgo de María Corina Machado, que está allí ofreciendo confianza en que de una manera u otra las cosas pueden superarse, frente a un gobierno que tiene cada vez menos capacidad de entender y responder de manera provechosa a las ingentes necesidades de los venezolanos.

Si Maduro llega a ser proclamado el 10 de enero, eso en absoluto significa que se ha fortalecido. Todo lo contrario, lo sitúa en una posición muchísimo más vulnerable. ¿Qué va a pasar a partir de ahí? Depende fundamentalmente de los venezolanos. Pero uno debe tener confianza también en que la comunidad internacional va a contribuir a hacerle la vida cada vez más difícil al usurpador, al dictador que se mantiene violando abiertamente los derechos humanos y condenando a una buena parte de la población a una vida miserable.

Tengo esperanza de que el proceso es irreversible. Va a costar todavía mucho, es doloroso y seguirá siéndolo, pero no hay vuelta atrás a menos que haya un cambio radical en la forma de pensar de Maduro y su pequeño grupo de que comparte el poder. Pero dudo enormemente que eso vaya a ocurrir. No está en su naturaleza.

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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