La escuela ha muerto, Viva la escuela
El liceo bicentenario Víctor Jara, de Peralillo, Chile, es uno de los 50 finalistas del Global Schools Price 2026, de la Fundación Varkey, que reconoce a quienes reinventan la educación para el futuro. Miguel Rivera Alvarado, profesor de Historia y geografía, es el director del liceo. Su lema: “Creo en la capacidad infinita de los seres humanos para aprender, desaprender y reaprender siempre. Vivir aprendiendo y emprendiendo”

Al iniciar esta entrevista, una aclaración. El contenido no es un resumen del libro, La escuela ha muerto, ¡Viva la escuela! Toca algunos aspectos importantes, pero no reemplaza la lectura completa en la que van a encontrar quienes lean la obra, temas sustantivos para entender la importancia de los cambios que se impulsan y los desafíos que enfrentar.
Comencemos por aclarar la contraposición retórica del título de su libro. La escuela ha muerto. ¿Qué razones justifican el decretar su fallecimiento?
Todo surge a partir de la pandemia. Originalmente fue un artículo escrito en mayo del año 2020, cuando en el mundo y en Chile, particularmente en las escuelas, se cerraron. Tardaron tiempo en abrirse. Me acordé de la famosa historia del rey Carlos VI, cuando murió el rey. ¡El rey ha muerto! ¡Viva el rey! ¡La escuela ha muerto! ¡Viva la escuela! Me planteé la posibilidad de señalar que probablemente asistíamos a una coyuntura que nos obligaba a los educadores y a la sociedad a mirar la escuela de manera crítica.
La afirmación de la escuela ha muerto se refiere a la vigencia y el sentido que tiene la escuela. A mi juicio, a partir del año 2020 entra en una crisis en la manera como había sido diseñada en la sociedad industrial.
La otra mitad del título dice: «Viva la escuela», lo cual es cierto, pero no cualquier escuela.
Una escuela que les haga sentido no solo a los estudiantes. Sino que le haga sentido a los requerimientos de la sociedad del conocimiento, donde la complejidad y la incertidumbre se han apoderado. La escuela tiene que responder a esa lógica para que los ciudadanos que se forman en la escuela se integren de manera crítica, como protagonistas, no solo como receptores, para que la cuestionen, para que modifiquen la sociedad y la humanicen permanentemente.
Dice un párrafo de su libro: En Chile, en el año 2004 se publica la investigación. ¿Quién dijo que no se puede? Escuelas en sectores de pobreza, causaron impacto a nivel nacional. El estudio cualitativo de 14 escuelas básicas con estudiantes de bajo nivel socioeconómico obtuvo resultados, similares a los mejores colegios privados del país.
Dos aclaraciones indispensables. Hemos tenido durante décadas el convencimiento de que la pobreza, los bajos recursos para la educación, las escuelas con severas limitaciones de infraestructura afectan negativamente al éxito educativo.
En 1965 se publicó en Estados Unidos el famoso informe Coleman (1966). El rendimiento de los alumnos depende más de su entorno socioeconómico y familiar que de los recursos o la calidad de la propia escuela. Señalaba que la escuela portaba muy poco a la formación original, porque todo venía dado por el capital social, cultural y relacional de la familia.
Los resultados que arroja la escuela son producto de los padres de los estudiantes. Así, a los estudiantes de familias adineradas les va a ir mejor. Ahí es donde viene el gran impacto que provocó este estudio, porque en Chile existe un sistema de evaluación universal estandarizado que se aplica a todos los años en 4.º año básico de preparatoria, y en el 8.º año básico, como en segundo año y medio de educación secundaria.
Tradicionalmente los mejores resultados siempre han estado en los colegios privados de Chile, que representan el 8%. Sin embargo, este estudio del 2004 mostró que había colegios o escuelas, pocos y de muy escasos recursos en ambientes depreciados económicamente, comunas pobres, hijos de padres con poca educación.
Según los resultados del SIMCE, Sistema de Medición de la Calidad de la Educación, eran similares a los colegios privados. Los encargados del estudio fueron a estas escuelas para averiguar qué cosas hacían para permitir que a los estudiantes les fuera igual que en un colegio privado. Notable, porque demostró que las escuelas tenían altas expectativas, gracias a un clima organizado, una buena relación de estudiante-profesor, trabajo en equipo de los docentes, con responsabilidad y rechazo ante la injusticia. Son ocho características similares en estas 14 escuelas.
En el fondo lo que demostró el estudio es que la escuela, si se lo propone y desarrolla determinadas acciones, aporta un valor agregado. La escuela puede hacer la diferencia si realiza acciones que son fundamentales para que los alumnos cambien su trayectoria lineal. Muchas veces no es cierto. Las escuelas pobres preparan a niños o niñas para que sean obreros con determinados roles en la sociedad.
Usted ha respondido gran parte de la segunda aclaración, de que las condiciones económicas no necesariamente impiden el progreso de los estudiantes. Con otras palabras, es como ser optimista, porque hay maneras de mantener a raya a la pobreza.
Sin duda. El origen no determina el destino final. Yo dirijo en una comuna pobre rural, en el centro sur de Chile, Colchagua, el Liceo Víctor Jara. El mejor ejemplo para mí es él. Origen humilde del campo. Su padre abandona a su madre. Él queda huérfano a los 18 años. No tuvo escuela. Paralelamente, en 1932, nació el chacal de Nahuel Toro. Hombre sin educación que terminó asesinando a su mujer y a sus hijos. Borracho bestial. El sistema lo educa, le enseña a leer. Se da cuenta de su crimen, pide perdón. El caso termina mal porque lo fusilan. Lo que quiero señalar es que. ¿Qué hubo en la vida de Víctor Jara y del Chacal que cambió sus destinos? La escuela, o personas significativas.
Hay buenas razones para afirmar que el origen no puede determinar el fin o el destino de un ser. Y en eso la escuela, si se lo propone, en conjunto con la comunidad, puede revertir, cambiar y ampliar el campo de posibilidades de los estudiantes.
A veces nos olvidamos de que no se resuelven los desafíos del presente con los instrumentos del pasado. Y en el pasado, las escuelas, como las universidades, fueron recintos alejados de la sociedad, como si esta fuera una intromisión indeseada en las jornadas educativas. Esto está cambiando, porque hoy se asegura, entre otras cosas, de que ninguna escuela mejora en solitario.
En Chile la privatización de la educación a partir de los años 80 les hizo mucho daño a las escuelas, porque aquellas que antes estaban integradas en su comunidad se encerraron y comenzaron a competir unas con otras por el tema de la matrícula. Hoy, hay ausencia muchas veces de proyectos colectivos. La escuela se debe a su comunidad, una escuela integrada. Y usted preguntaba qué tipo de escuela. Le respondo: una escuela abierta con su comunidad, con sus juntas de vecinos, con su club deportivo, con su club de adultos mayores, con otras escuelas del territorio, para hacer cosas juntas. No es retórica, es práctica. Por ejemplo, si al pueblo llega un académico de la Universidad de Chile, un escritor, un investigador, un premio nacional, debemos abrir la escuela a que otras hermanas traigan a los niños para escuchar a esos personajes.
Llevar la escuela al mundo, traer el mundo a la escuela, se hace cotidianamente con aprendizaje, servicio que hoy día utilizamos en el liceo de Peralillo.
La concepción de una escuela con muros, con rejas, de que nada entre, que nada afecte la planificación curricular está caduca a mi juicio, no les hace sentido a los estudiantes.
La escuela ha muerto. Viva la escuela también está dedicado a la desmitificación de ciertas convicciones educativas. Sobresale el caso de la recompensa al esfuerzo y la dedicación, que, convertida en una verdad sin matices, deja en la sombra a la mayoría. Se olvida en educar sobre el error o el fracaso como parte del aprendizaje. Agregaría también como parte del aprendizaje en la vida.
Esto es clave. La lógica de lo inmediato no es cierta, del éxito individual con el menor esfuerzo. Probablemente no insisto tanto en el texto, pero no por eso lo olvido. El trabajo bien hecho, la dedicación, la constancia, el rigor clásico, es lo que debe mantener la escuela. La Escuela del Aprendizaje está consagrada en Chile. En marzo se aprobó una ley que prohíbe el uso del celular. A mi juicio, ha sido una decisión muy positiva. Estamos en este espacio para interactuar, para aprender, para precisar conceptos, para trabajar con otros.
Pero creo que el fracaso, el error, la equivocación no forma parte del currículum y necesitan estarlo. Soy amante del ciclismo. Siempre veo el Giro de Italia. Ahora viene el Tour de Francia. Recientemente ganó un ciclista después de cinco años de profesional. Vale decir, casi todas sus carreras terminaron en derrota. Por eso creo que la escuela tiene que profundizar en cómo la derrota, el fracaso, el error o la enfermedad, la vejez, forman parte de la vida. Tenemos que vivir con ellas en el currículum, en la vida escolar, para formar una generación que se acostumbre a asumirlas. Eso supone una experiencia rica de vinculación con la escuela, con la comunidad. Levantada, con la participación colectiva.
La escuela fomenta las conversaciones sociales importantes para el futuro y su razón de ser se consolida en la medida en que contribuye a la justicia social y a la construcción de un mundo más humano, equitativo y sostenible. Se trata de una declaración educativa con evidentes matices políticos que contraría la visión individualista que advierte sobre los planteamientos que rehúyen el Nosotros y privilegian el yo. Siempre el yo.
Es parte de un modelo cultural en el que hoy está de moda lo individual, la satisfacción personal, el cómo me siento ha sustituido al viejo modelo cultural del nosotros, de la responsabilidad por lo colectivo. De ahí que la escuela tenga una real vigencia. Por eso en uno de los capítulos hablo no solo de una escuela abierta, sino también de una escuela comunitaria. Cuando enseñamos lenguaje, no enseñamos solo eso, lo hacemos con la matemática, con la historia. En ocasiones la asignatura privilegió el éxito individual o el cumplimiento de un currículum que no ha conversado con otros saberes. Me parece que los proyectos educativos son eminentemente colectivos. Hay una investigación de muchos años de John Hattie (Profesor de Educación y Director del Melbourne Education Research Institute, de la Universidad de Melbourne, Australia) que plantea que el indicador más importante de éxito en una escuela es la eficacia colectiva. No es lo que hago como profesor o como estudiante. Es lo que somos capaces de hacer para el beneficio de los estudiantes. La organización del curso del grupo Curso para cuidar su sala, por hacer su proyecto de curso, por organizar su viaje de estudio, por cuidar el patio del colegio. O los profesores de asignatura que se juntan en departamentos y planifican sus clases. Esa es la dimensión colectiva. La escuela con otras escuelas, la escuela con las universidades, con las empresas del sector.
Probablemente sea contracultura hoy, pero es lo que le da validez, significado y vigencia a la escuela.
Cuando digo que la escuela está viva, es porque es el sostén de la vida comunitaria. Cuando la escuela hace cosas, llegan los abuelos, las abuelas, los tíos. Se trata de una parte del ethos colectivo que permitió que se crearan los países, las comunidades, las localidades. Probablemente cuesta más en las grandes ciudades. Yo dirigí en Iquique, en Antofagasta, en Viña del Mar, Chile tiene 346 comunas, cada una de las cuales tiene pueblitos pequeños donde hay un solo liceo. Lo que hacen las escuelas tiene una repercusión muy significativa.
Esto tan importante que hablamos, uno se lo encuentra cada día. Fíjese, antes de llamarlo estaba viendo una página de noticias (Infobae) y venía el proverbio árabe del día: “quien camina solo llega más rápido, pero quien camina acompañado llega más lejos”. Pero bueno, una de las críticas recurrentes a la escuela tradicional es el énfasis que pone en la memorización, en perjuicio de la creatividad, de la experimentación, de la comprensión, lo cual es cierto. Deseo esbozar aquí un matiz y me baso en la convicción de un hombre que admiro, George Steiner, quien dice que la memorización de ciertos textos, de la poesía, en un momento pasa a formar parte de nosotros y nos acompaña toda la vida. Eso es algo que nadie puede arrebatarnos.
Lo comparto plenamente. Hablo en el prefacio de los profesores que me marcaron. Era un chico tímido y aprendí poemas preciosos en primero y segundo básico gracias a la memorización. Recuerdo a mi profesora Elba, que era una maestra de la comunicación en primer año básico, y creo que todo eso no se puede perder.
La pregunta es qué cosas debemos memorizar y cuáles son las motivaciones, para que lo que voy a memorizar se quede impregnado y pueda utilizarlo en la vida. Hay cuestiones que uno debe conocer y eso supone método, rigor, estructura y la escuela posee una lógica para que no pierdan las palabras esenciales.
La influencia e impacto del profesor son decisivos. Ello requiere una reflexión autocrítica sobre la práctica educativa y sus resultados y una cultura profesional colegiada. Así mismo, es preciso una permanente puesta al día de las exigencias pedagógicas, como el papel que juegan hoy las neurociencias, las redes sociales, el entorno social. Esta es una lista incompleta, pero orienta sobre el ingente esfuerzo que deben hacer los docentes. No obstante, esta realidad tiene salarios que no están, para decirlo diplomáticamente, a la altura de los deberes y responsabilidades, y de vez en cuando se ven obligados a salir a la calle a protestar por el trato injusto. En estos momentos el caso de España es el ejemplo más reciente.
Tuve la suerte el año pasado de estar en la Universidad de Extremadura, en Badajoz y en Cáceres, participando en un seminario sobre la escuela. Tuve la oportunidad de compartir con dirigentes gremiales que están muy bien estructurados por zonas. Ahí hay una situación compleja, como lo es, también, lo que está pasando en Argentina con los maestros de escuela y los universitarios.
Reducción de presupuestos, restricción de becas.
Así es. En Chile ya se anunció que no hay becas para el Magíster y el doctorado en el extranjero. Felizmente, en los últimos años, la concreción de la carrera docente permite una mejora de remuneraciones a partir de una evaluación y categorización de niveles. Pero es un tema siempre pendiente. Actualmente, el tema en Chile que lideramos un grupo de directores es establecer la carrera directiva. Se trata de un pendiente en el país. Centros de investigación lo han abordado en los últimos quince años, pero no se ha avanzado para que Chile tenga una carrera que atraiga a los mejores líderes para movilizar las escuelas.
Creo que justamente esa es una buena manera de concluir esta entrevista. ¿Cuál es la importancia del papel de los directores para marcar diferencia en el camino de una escuela y de sus estudiantes?
Es lo central del libro. Inicialmente está dirigido a los cerca de 11.000 directores que hay en Chile. Cada director trabaja con un equipo directivo, jefe académico de orientación, inspectores generales para el tema de la disciplina y seguridad. Entonces el libro está escrito para ellos, para los futuros directores, por una cuestión muy simple. Si queremos escuelas que hagan la diferencia, que generen altas expectativas de logro, que señalen un horizonte, lograr propósitos pese a la falta de recursos, particularmente en la escuela pública. Necesitamos líderes con visión de futuro, capaces de articular al equipo docente para cambiar las condiciones de origen. Que articulen la comunidad en donde está inserto el liceo. De hecho, la investigación señala que el liderazgo escolar es la segunda variable más importante para el aprendizaje de los estudiantes. La primera es el profesor, pero quien articula que los profesores trabajen comprometidamente para que los estudiantes aprendan y no solo para entregarles la materia son los directores y directivos.
Una escuela con buenos directores y buenas directoras, con ambición, genera cambio en Chile. Hoy ejemplos notables, en la investigación Quién dijo que no se puede, las 14 escuelas se volvieron a estudiar 20 años después y algunas ya no estaban en el sitio de aquel entonces porque habían cambiado los directores. Entonces, esto es. Por eso es por lo que aspiro y es mi sueño, buscar y encontrar profesores y profesoras con liderazgo, con capacidad, con ambición, que quieran salir de su espacio de docencia para movilizar a la escuela y se animen a seguir la carrera directiva.




