La hambruna en la China de Mao es poco conocida ¿Por qué?

Una sola cifra debería bastar para que en el mundo se enseñara el caso de la hambruna más grande que conoce la historia, la de China de Mao, entre 1958 y 1962: entre 35 y 45 millones de personas.

Habría que aprender a aprender porqué seres humanos son capaces de llevar a los suyos a las catástrofes más devastadoras. Porqué el sistema de partido único es el más propenso a fomentar delirios colectivos.

Es el poder total el que permite la más absoluta impunidad. El 25 de marzo de 1959, en Gansu, Mao no tuvo el más mínimo pudor en decir: “Cuando no hay comida suficiente, la gente muere de hambre. Merece la pena que la mitad muera para que la otra mitad pueda comer bien”

En esos cuatro años la vida era barata, mucho más barata que instalar equipamiento de seguridad o aplicar alguna legislación laboral. En esos días los vivos compartían lechos con los muertos, literalmente hablando.

Los diversos rostros del mal aparecían en cualquier lugar. Quizá la mitad de los cuadros del partido golpeaban habitualmente con palos y bastones al pueblo que tenían que servir.

A veces, para evitar la detección, la carne humana que circulaba por el mercado negro se mezclaba con carne de perro.

Pero el gobierno acusaba de la hambruna a los contrarrevolucionarios de la oligarquía y a militantes críticos del Gran Salto Adelante. La sordera y la ceguera ideológica persistía. El eslogan principal era: “Destruid las cabañas de paja en una noche, erigid zonas residenciales en tres días, construid el comunismo en cien días”.

Las vivencias eran trágicas la mayor parte de las veces y, en escasas ocasiones, tragicómicas. La situación era especialmente mala en Huiyang y Zhanjiang, en donde los aldeanos famélicos vendían a sus propios hijos.

Lao Tian recordaba que en Xushui -una de las comunas modélicas del país- durante varios años, su madre había tenido que hacer cola para poder tomar prestada la única aguja no confiscada en todo el vecindario.

A medida que se extendía el hambre, la supervivencia dependió cada vez más de la habilidad propia para mentir, seducir, ocultar, robar, timar, hurtar, contrabandear, estafar, aprovecharse del estado o superarlo en astucia de cualquier modo.

A medida que se fijaban objetivos cada vez más disparatados en todos los ámbitos, se abría un negro abismo entre el mundo de eslóganes y la realidad.

Estos escasos antecedentes no son fruto de la especulación o la interpretación, han sido extraídos de los archivos a los que tuvo acceso el profesor holandés, residente en Hong Kong, Frank Dikötter, autor del que se considera el libro más documentado sobre La gran hambruna en la China de Mao, publicado en inglés en el 2010 y en español, por la editorial Acantilado, en el 2017.

No es toda la historia ya que una gran cantidad de archivos permanecen vedados al público, en Beijing.

Dikötter explica en esta entrevista, algunos aspectos centrales de lo ocurrido hace más de 63 años, un verdadero cataclismo humano que reclama ser conocido para tenerlo presente como lección. Recordar a esos millones de víctimas y procurar que aquello no vuelva a ocurrir es la mejor forma de honrarlas.

La economía de mando o economía en manos del estado y colectivización son dos políticas responsables, en parte, de la hambruna en la China de Mao, ¿por qué?

Sí, colectivización. Pero para entender realmente lo que pasó en China,
hay que volver a Stalin, Jozef Stalin, ‘Uncle Joe’.

Él crea el modelo en 1929, cuando confisca los alimentos del campo en la Unión Soviética y lo vende en el mercado internacional para conseguir divisas.

Con esas divisas compra fábricas modernas para modernizar Rusia.

Ese es el modelo deseado por Mao y los suyos: llevar el trigo directamente

ingresos comprar tecnología avanzada y el conocimiento necesario para la industrialización.

Lo que ocurre en 1958 difiere de lo que vimos en la República Popular después de que se izara la bandera roja en 1949. En 1949 se produjo una colectivización gradual, pero en 1958 cientos de millones de ciudadanos de a pie son amontonados en enormes comunidades colectivas llamados comunas del pueblo. Y, allí, naturalmente, son utilizados como servidores del estado. Se aplica un modelo militar.

El sueño del líder Mao es que cada hombre y cada mujer se conviertan en soldados de a pie en un gigantesco ejército, trabajando día tras día.

Trabajan mayormente en los Proyectos de Conservación de Agua en los tiempos flojos. Y, naturalmente, laboraban en los campos durante el día y en la noche en los hornos de forjar hierro.

La realidad resulta muy cruel. Todo estímulo que la gente tenía en el campo es eliminado en estas comunas del pueblo. La comida es distribuida a cucharadas en cantinas colectivas. Los niños son enviados a guarderías colectivas. A veces hombres y mujeres son separados.

En realidad, estas comunas no son más que campos de trabajo. En otras palabras, China se convierte en un enorme campo de trabajo.

Toda iniciativa es eliminada al quitar los alimentos del campo, cuando la gente ya no posee sus propias herramientas, sus utensilios.

Los esquemas de trabajo eran establecidos por los gobernadores del lugar. Y naturalmente llevaban a la gente a palos al campo en lugar de seducirla con alimentos.

Creo que el elemento fundamental, el responsable mayor de la tragedia China entre 1958 y 1961 es el partido único, que establece la actuación sin contrapeso, la impunidad y el abuso a todo nivel. ¿Es cierta esta creencia?

Sin duda alguna. Desde una perspectiva más amplia se podría decir que todo el siglo XX está dividido en dos partes. Hay países que introducen la separación de poderes con control y equilibrio, con un sistema judicial independiente y elecciones. No funciona igual en todas partes, pero al menos hay una sensación de transparencia y de una sociedad civil próspera.

Mientras que otros desean el monopolio del poder. Comienza con Lenin en 1917. Y naturalmente en Europa Lenin es sucedido por otros incluyendo a Adolf Hitler. Creían que el monopolio del poder es mucho más eficaz para crear un estado poderoso.

En ese sentido la República Popular China después de 1949 y naturalmente la Gran Hambruna bajo Mao fue parte del modelo más difundido del siglo XX.

Efectivamente. En el caso de la Gran Hambruna de Mao hacia 1958, el estado había privado a la gente de cualquier recurso para sobrevivir la hambruna. No podían pedir préstamo al terrateniente porque los terratenientes habían sido eliminados. Ya no tienen joyas para vender en el mercado, porque sus joyas han sido confiscadas. Y, el mercado ya no existe.

En todas partes, el estado reemplazó la iniciativa privada. El trigo se debía vender a los inspectores del estado a precios establecidos por el Estado.

Aquí hablamos del Partido Comunista chino, aunque el caso se repite sin variaciones en todos los regímenes de partido único: el secretismo. Es decir, la verdad no puede contarse siempre al pueblo. ¿Por qué?

En todos los estados unipartidistas, sea la Unión Soviética, la Alemania Nazi, Italia bajo Mussolini o la República Popular de China hasta hoy, sin olvidarnos de Corea del Norte, hay un temor total a la verdad. Estos estados imponen amnesia a su población. Por eso, por ejemplo, es muy difícil hablar de estos crímenes de lesa humanidad en la República Popular de China.

¿Por qué tanto miedo? En primer lugar, por la convicción paternalista de que el pueblo común no es fiable. Pero, sobre todo, porque saben bien que eso conduciría a su propia caída.

Usted pinta la figura de Mao como un hombre de un ego tan grande como su país; partidario del culto a la personalidad, a la adoración del líder, vengativo, carente de compasión, incapaz de reconocer un error personal y el primer partidario del aforismo: el fin justifica los medios. ¿Por qué estos dictadores acumulan tantos defectos?

Es difícil responder. No es que la gente nace con todas las características para convertirse en dictador. Por cierto, hay rasgos en algunas personas que las predisponen para convertirse en dictador. Creo que la falta de empatía es esencial. Uno tiene que estar preparado para ver millones de vidas desperdiciadas sin mover un dedo. Como dijo Stalin: la muerte de un hombre es una tragedia, la de un millón es una simple estadística. La falta de empatía es esencial.

Otra característica es la ausencia de compasión, estar presto para eliminar no solamente a tus enemigos, sino también a tus amigos que podrían apuñalarte por la espalda

Pero los dictadores cambian con el tiempo. En cuanto toman el poder, saben que otro les puede hacer lo mismo. Están constantemente mirando hacia atrás, para ver si hay un complot, si alguien intenta crear alguna forma de oposición. Si, como en el caso de Mao, hay algún Chroetsjov dispuesto a denunciarlo, tal como Chroetsjov denunció a Stalin después de su muerte.

Hay paranoia. Un temor latente. Cada dictador tiene que espiar a todo su entorno, no sólo el 2, 3, 4 y 5, sino hasta el último dirigente local.

Como hay paranoia y porque la lealtad es esencial, es cada vez más atractivo tomar todas las decisiones uno mismo.

Un dictador no es sencillamente consumido por la paranoia, sino que también sufre delirios. Como no pueden confiar en nadie, toman ellos mismos las decisiones importantes, lo que lleva a enormes desastres. Un buen ejemplo es Stalin cuando firma un pacto con Adolf Hitler y en junio de 1941 un acuerdo de paz. No cree a nadie, ni siquiera a sus propios espías que advierten que hay 3 millones de soldados alemanes en la frontera de la Unión Soviética.

Creo que lo mismo pasó con el líder Mao cuando lanza el Gran Salto Adelante en 1958. Ha llegado a un punto en donde piensa que él es el único que podrá sacar esto adelante y vencer.

No hay que olvidar el pasado del líder Mao. Durante 20 años persistió en la guerra civil en China a pesar de todos los reveses. Y en 1949, cuando la bandera roja se iza sobre la Ciudad Prohibida de Beijing, insiste, contrario a sus generales, que China se una a Corea en la Guerra de Corea. En Corea lucha contra los Estados Unidos y sus aliados y les obliga a aceptar el estatus quo.

Esto crea cierto estado de ánimo que para nosotros es muy difícil de entender.

En resumidas cuentas: los dictadores siempre oscilan entre el delirio y la paranoia.

Cerca de un 8% de las víctimas de la hambruna murió a manos de los milicianos. 2, 5 millones pereció a causa de las torturas y las palizas. Entre uno y tres millones se quitó la vida. Muchos cadáveres fueron transformados en abono. Sí, el de arriba mandaba al de más abajo y de más abajo mandaba al más de abajo. Pero ¿hay una explicación, más allá de la obediencia y el miedo, para el grado de crueldad que se alcanzó?

Cuando cientos de millones de personas del campo son acinadas en esas enormes granjas colectivas, no tienen ningún incentivo para trabajar. Entonces se vuelve a la práctica del palo y la zanahoria. Pero no hay zanahorias. No quieren trabajar. Entienden de que incluso si trabajan, no recibirán buena comida en las cantinas colectivas. El alimento es sustraído del campo, comprado frecuentemente a un precio por debajo del costo de producción.

Entonces los cuadros tienen que pegar a sus obreros para cumplir los objetivos que les imponen sus superiores.

Así, la gente de a pie y los cuadros están inmersos en un ciclo de violencia que crece cada vez más.

Otro elemento en estos estados unipartidistas es que el individuo no es importante. El estado lo es todo, el individuo nada. Las personas son cifras en el balance, mano de obra a domar, utilizar y, finalmente, suprimir.

Un secretario de Mao Tse Tung, Li Rui, escribió un comentario sobre mi libro La Gran Hambruna. Tenía entonces 92 años. Falleció hace unos años y lo dijo en chino de una manera muy triste. Dijo que uno de los motivos para toda esta violencia y enorme catástrofe es que la gente no trata a los otros como seres humanos. Esa es la esencia de este régimen.

Hablamos de entre 30 y 45 millones de víctimas. De unas peores y más grandes tragedias de la humanidad. Y, sin embargo, es muy poca la gente que conoce el drama, que tiene noticias de él. ¿Cómo es posible? 

Naturalmente podemos discutir sobre las cifras. Yo, y varios historiadores chinos reivindicamos que se trata de al menos 45 millones. Otros dicen que no son más de 20 millones. Pero, sea como sea, se trata de una cantidad enorme.

Me parece que el desinterés en Europa y Estados Unidos en este tema se debe al final de cuentas a una suerte de racismo. Me acuerdo haber dado una entrevista por radio en los Estados Unidos y el hombre que me hacía las preguntas era un ex agente de la CIA. Él me explicó que, cuando trabajaba para la agencia, la imagen de un niño rubio detrás del alambre de púas siempre causaba un escándalo, pero cuando se trataba de alguien de un país lejano, no tenía tanta importancia.

Creo que es trágico que nosotros los europeos y norteamericanos estemos a veces dispuestos a no tratar como seres humanos a gente de África y Asia. Los vemos como una masa.

Hoy, como China se perfila como potencia mundial uno se siente tentado a decir que el partido Comunista aprendió la lección de la mayor hambruna de la historia y del desastre de la Revolución Cultural. ¿O el éxito de hoy depende de otras cosas?

La China de hoy es muy diferente de la China de hace 20 años, que a su vez era muy diferente de la China de hace 40 años. Los países cambian en el transcurso de los tiempos. La unión Soviética de Breznjev no era la de Stalin. Eran dos países muy distintos, aunque, de hecho, muchas cosas son constantes. En primer lugar, en la ideología marxista, el estado tiene el monopolio de los medios de producción. Es el elemento clásico de la economía marxista. En la China de hoy, vemos que no solamente este es el caso, sino que siempre fue el objetivo. Los bancos pertenecen al estado. En otras palabras, el capital pertenece al estado y generalmente es repartido por el estado. La tierra pertenece al estado, no a los campesinos. Naturalmente esto era diferente en la China antes de 1949.  La industria pesada y la materia prima es monopolio del estado. Y el trabajador no tiene derechos. No hay sindicatos independientes y en 1981 Deng Chao Ping eliminó de la constitución el derecho a huelga.

En términos diferentes, el mercado sigue bajo el control del estado unipartidista. Es una política decisiva.

El otro elemento importante es que todos estos regímenes, con o sin crecimiento económico generalmente tienen un sistema en el que el dinero fluye a los bancos que pertenecen a los estados y de allí desciende a los miembros del partido. El beneficio de la gente común del PIB es en China uno de los más bajos de todas las naciones en la historia moderna.

¿Puede un gobierno de partido único sostenerse sin represión? La pregunta se justifica porque hoy en China se persigue y encierra a los uigures, musulmanes sunitas, y se clausuran a los menos 70 templos cristianos. 

Es una pregunta muy amplia, difícil de responder. Como dije anteriormente, La unión Soviética bajo Breznjev es muy diferente que bajo Stalin. Había una campaña de miedo. Enormes campos de trabajo en Siberia. Bajo Breznjev, la represión fue mucho más sutil.

Estos regímenes evolucionan. Los medios de opresión son menos visibles. Creo que hay una evolución similar después de la muerte de Mao.

Aunque en 1989, como usted bien sabe, el régimen no dudó en sacar los tanques a la calle para oprimir a su propio pueblo. Pero en las décadas posteriores a 1989, se intenta controlar y reprimir, en lugar de usar directamente la violencia. Son formas mucho más refinadas.

Seguramente esta es la única pregunta subjetiva de la entrevista. Da la impresión de que China avanza en el objetivo de ser aceptada por la comunidad internacional pese a tratarse de un régimen de viola los derechos humanos y coarta la libertad. Es como si el poder y los negocios estuvieran muy por encima de los valores democráticos. 

Absolutamente. Sin duda este régimen no solamente se burla de la democracia, sino también la presenta como una farsa. Desde Lenin hasta Xi Jinping la mayoría de los líderes de estados unipartidistas creen que la democracia es una simulación. No funciona, y además creen que su propia democracia es mucho más eficaz. La llaman centralismo democrático. Centralismo democrático quiere decir que escuchas lo que el partido te dice.

Tengo aquí su libro en español. Cerca de 600 páginas para contar que sucedido durante la gran hambruna en la China de Mao. Pero esta no es toda la verdad porque usted no tiene acceso, hasta hoy, a los archivos de partido comunista en Beijing. 

Si. Si van a los archivos alemanes en Berlín, lo que hice frecuentemente, verán filas de personas estudiando microfilms o documentos sobre el pasado nazi. Así debería ser. Pero desgraciadamente no es el caso en la República Popular de China.

Tan solo he tocado la superficie. Algunos de mis oponentes dicen que doy una imagen negativa. Mi respuesta es invariable. Si yo utilicé archivos abiertos a un extranjero ¿qué cree que se podrá encontrar en los archivos cerrados?

En Beijing y en otros lugares. Habrá que hacer mucho más trabajo sobre este período.

El pueblo chino fue la víctima de la hambruna en los tiempos de Mao. A pesar de esa evidencia indiscutible, ¿tiene el pueblo alguna responsabilidad en lo sucedido? 

Esa es una de las mayores tragedias dentro de esta enorme catástrofe. Mientras que el líder y el partido establecen el contexto, la gente común está obligada a tomar decisiones sobre qué hacer para sobrevivir.

Entrevisté a un hombre aquí en Hong Kong que era un niño en 1961. Lloró al contarme que había robado un poco de comida de un familiar mayor de edad quien murió de hambre una semana después.

Esta es la verdadera tragedia: la gente estaba obligada a tomar todo tipo de decisiones terribles, robar a familiares, sustraer comida a los niños. Quizás obligar a los mayores a entregar su escasa ración.

Primo Levi, ese maravilloso escritor italiano que logró sobrevivir Auschwitz, afirma que los verdaderos héroes habían desaparecido.

Los sobrevivientes no eran los héroes. Los héroes eran aquellos que compartían los pocos alimentos que tenían, y, en consecuencia, morían. Primo Levi lo describió como una gran zona gris, en donde la gente que quería sobrevivir tenía que cambiar su moral y causar daño a otros que en otras circunstancias nunca habría hecho.

En ese sentido podríamos decir que todo este episodio es una enorme zona gris.

Radio Media Naranja expresa su más grande agradecimiento al personal de SECRAD, Servicio de Capacitación en Radio y Televisión para el Desarrollo, de la Universidad Católica Boliviana, en La Paz, por la edición general y los subtítulos de esta entrevista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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