El oráculo de la noche, la vida de los sueños. Sidarta Ribeiro, neurocientífico brasileño

Una cita para comenzar: «El psicoanálisis, como el Talmud — entiende que «un sueño no interpretado es como una carta no leída», una carta compuesta de imágenes del pasado y guiada por los deseos del presente, cuya lectura atenta puede llegar a alterar el futuro.»
Es que resulta imposible despreciar los sueños. Así lo piensa Sidarta Ribeiro, destacado neurocientífico brasileño autor del libro de reciente aparición, El oráculo de la noche

Sidarta Ribeiro, neurocientífico brasileño

El costado hermoso de los sueños le hace exclamar a alguien: «Me desperté con una hermosa melodía en la cabeza. Pensé: Esto es genial” La canción se hizo mundialmente famosa, Yesterday. El soñador afortunado se llama Paul McCartney”.
El lado menos agraciado dice que la privación crónica del sueño causa un conjunto devastador de perjuicios metabólicos, hormonales, emocionales y cognitivos. Es factor de riesgo para enfermedades como accidentes vasculares cerebrales, esclerosis múltiple, dolor de cabeza, epilepsia, sonambulismo, enfermedad de Alzheimer y psicosis.»
De todo esto, y de mucho más va el libro de Sidarta Ribeiro y esta conversación exclusiva con él.

Desde el amanecer del mundo, el Paleolítico, hasta las culturas del Mediterráneo, la vida estaba orientada por los sueños. ¿Por qué?

Porque era nuestro espacio de creación, la construcción de ideas nuevas es muy difícil cuando uno está bajo la presión cotidiana de los depredadores, o no tener que comer. Entonces fue en el espacio del sueño y del sueño despierto, que nuestros ancestros inventaron la cultura humana, nos sacaron de las cavernas y llegamos hasta aquí.

Ahí jugaba un papel fundamental el miedo total, que uno no encuentre comida o que se transforme en comida de otro animal o el miedo de no encontrar pareja. Estos miedos fundamentales a los cuales llamo los imperativos darwinianos, son los que incursiono en mi libro El oráculo de la noche, y que denomino el oráculo probabilístico. ¿De qué está hecho este oráculo probabilístico? De memorias. La idea es que en el principio de la evolución de los mamíferos -hace 220 millones de años- empezó a generarse un mecanismo neurobiológico basado en las memorias del pasado, que de alguna manera simulaba futuros posibles, contra factuales. Esta simulación, aunque probabilística, suele corresponder, muchas veces, a lo que va a pasar. O, a lo que no llega a ocurrir porque el soñador hizo cosas que impiden la concreción de lo configurado. En principio, es un oráculo probabilístico con muchas variables, pero con tres temas permanentes: matar, no morir, procrear.

El oráculo se desarrolló hasta que nuestro linaje de los ancestros homínidos, empezó a hablar, a usar lenguaje simbólico, a generar una cultura oral y a narrar las cosas ocurridas, el pasado, las cosas importantes aunque fueran un sueño, porque la diferencia, la distinción entre sueño y vigilia era mucho más sutil. Cuando uno no tiene una teoría de qué es el sueño, si no sabe de qué se trata, entonces lo más recurrente fue la idea de que los sueños eran un portal de comunicación con seres, entidades, dioses, diosas, ancestros, el mundo de la vida eterna. La experiencia onírica es la base de los mitos.

Cuando arribamos a la historia propiamente dicha, o sea, el período en que tenemos un registro simbólico de qué pensaban nuestros ancestros -estamos hablando de 4500 años atrás, más o menos- ya vemos este oráculo probabilístico en toda su complejidad, que va mucho más allá que los imperativos darwinianos de matar, no morir, procrear. Tenemos testigos, sueños célebres de la literatura mesopotámica, de la egipcia, etcétera, que hablan del sueño al principio de la Edad del Bronce como un oráculo. Ellos creían que podían ser deterministas.

A propósito de estos sueños célebres, efectivamente los hay en abundancia. Cito aquí el caso, por ejemplo, de Julio César. Su mujer, Calpurnia, le dice que había soñado que lo iban a asesinar, que no fuera al Senado. Era un 15 de marzo, que por estas cosas anecdóticas de la vida es el día de mi cumpleaños. Pero anécdotas aparte ¿es posible pensar que se trata realmente de un sueño profético y no de un invento literario posterior?

El sueño es siempre el relato de una experiencia privada. Ahora, cuando es un sueño histórico, no sabemos si es una invención de los biógrafos o si es el sueño de una mujer específica llamada Calpurnia Pisonis. Los sueños de este tipo son tan frecuentes y abundantes que uno puede experimentarlo en su propia vida, aunque no sean sueños que pueden llegar a predecir el futuro de manera exacta, como lo hizo Calpurnia. Para este tipo de sueño los antiguos tenían un nombre, Teomático, el sueño que vive el futuro tal cual va a pasar. Si Julio César hubiera escuchado a su mujer y no hubiese ido al Senado ese día posiblemente no hubiera sido asesinado. Tal vez lo mataran después, porque las condiciones políticas objetivas estaban dadas para que fuera asesinado.
Es interesante pensar que el sueño, aunque llegue a ser una premonición perfecta, aún así no tiene que ser algo asombroso, espantoso, metafísico. Podemos entender una predicción muy bien hecha por un sueño, como el efecto del paso de una actividad eléctrica por un montón de neuronas que representan memorias que tienen que ver con la percepción. En este caso, Calpurnia sabía que su marido no tenía amigos para nada.

Hay sueños, efectivamente, que determinan la existencia no sólo de personas, sino de pueblos enteros. Ahí está el caso de la Biblia o el sueño del príncipe Federico que salva a Lutero y determina un cambio histórico importante. Pero en la Edad Media la Iglesia da la espalda a la interpretación de los sueños, la declara herejía y la combate encendiendo piras aquí y allá ¿Qué determinó esta decisión?

Todas las religiones están basadas en revelaciones. En algún momento, un profeta, un líder espiritual, tiene revelaciones. Sea por rezar mucho, sea por estar solo, por privaciones de todo tipo, ayunos o meditación, al fin llega a cierta visión que puede mover a un pueblo, puede señalar, vamos por este camino. Es lo que sucedió con la religión cristiana. Los sueños abundan en los textos del Viejo Testamento, en la historia de Cristo, en la de Pablo. Los sueños de matriz cristiana son importantes para San Agustín, santo Tomás de Aquino, Lutero.
Con el paso del tiempo se agudiza algo que ya los antiguos sabían, que los sueños, aunque puedan predecir el futuro, muchas veces no lo hacen. Son ruidos, algo que confunde en lugar de iluminar el camino. El gran problema, de hecho, según San Agustín, es discernir cuáles son los sueños que presagian el futuro y cuáles son desechables. ¿Cómo distinguir lo que es útil a la gestión del estado de la Iglesia de lo qué es herético? Los sueños han sido manipulados por los poderes seculares para generar cohesión social.

Así, el casamiento entre, por un lado, la ciencia y por otro lado, el capitalismo dejó a los sueños en un lugar poco relevante. Por ejemplo, decir, yo tuve el sueño de que vale la pena ir a India a comprar especias para venderlas en Europa, ya no era algo justificable que iba a convencer a los banqueros de Ámsterdam de que valía la pena invertir en eso. O sea, se hizo necesario un plan de negocio, el conocimiento de la navegación, de la astronomía, de las mareas, para justificar un emprendimiento.
No obstante, el sueño siguió generando ideas y alimentando el capitalismo, la ciencia y el arte con la creación. En mi libro doy muchos ejemplos de como ya sea Salvador Dalí, sea Dmitri Mendeléyev con su tabla periódica, sea Elias Howe, con el invento de la máquina de coser, son personajes que tuvieron un sueño o por lo menos dijeron haberlo tenido.

Qué bueno que usted mencione a estos soñadores, porque aquí se produce una increíble paradoja. El racionalismo manda de paseo a los sueños, pero una de las expresiones más sublimes del racionalismo, como es la de Sigmund Freud, lo trae de vuelta con bombos y platillos.

Si, cuando viene la psicoanálisis y también la psicología analítica de Jung, con ambos tenemos una psicología de profundidad. Verdaderamente se hace evidente que los sueños son un modo ancestral que comunica con el inconsciente y trae al consciente un cúmulo de contenidos que pueden llegar a ser revolucionarios, transformadores, libertarios. Pueden llegar a ser, no necesariamente son.

Creo que llegamos ahora, en este momento del siglo XXI y de la pandemia, a una gran crisis del abandono del sueño. ¿Por qué? Porque en los últimos 500 años de la cultura europea que se diseminó por el mundo mediante el colonialismo, es un abandono derivado de la seguridad de predecir el futuro. La ciencia es una excelente manera de conjeturar el futuro. Podemos poner un hombre en la luna porque somos capaces de determinar como se mueve la tierra, la nave y la luna. Ya no tenemos necesidad de predecir el futuro mediante el sueño, que es más impreciso, pero que puede sumar mucha información en un única imagen que a veces, como Calpurnia, fue capaz reunir la información de toda la mala leche que había contra su marido y producir una visión de síntesis. De cierta manera vivimos una gran crisis del capitalismo, porque no sabe cómo funcionar para todos. No tenemos vacunas para todos, pero pudiéramos tenerlas si tuviéramos más visión del futuro que nos aguarda si seguimos por el mismo camino.

Como biólogo estoy muy preocupado que con esta vacunación que es muy lenta y heterogénea. Hace veinte años podríamos haber inventado vacunas que hoy día nos servirían para toda la población de la tierra y terminar con este virus, tal y como lo hicimos con el de la poliomielitis. Pero no, hoy estamos en una situación de pérdida de control de la pandemia, de un divorcio entre la pareja del capital y la ciencia. El capital no quiere escuchar a la ciencia, no quiere saber del cambio climático, no quiere saber que hay que vacunar porque todo ello no permite que los ricos continúen haciéndose más ricos.

El capital está pagando el farol del futuro, que es la ciencia, y no tiene el farol de la fe hacia el futuro, que es el sueño. En su aceleración carece de faroles, no tiene como predecir el futuro y eso es muy peligroso.

Sinapsis, fenómenos químicos y eléctricos, procesos neurológicos, psíquicos, involucramiento de diversos sectores cerebrales y otros muchos aspectos forman parte del avance científico en el estudio de los sueños. Profesor Ribeiro, significa esto que está cayendo al suelo el velo del misterio y de lo inaccesible?

Creo que es al revés. Cuantas más preguntas respondemos, más preguntas tenemos. Es una idea que viene desde los pitagóricos, es que no hay dos tipos de cosas, las que sabemos y las que no sabemos. Hay tres tipos: las que sabemos que sabemos, las que sabemos que no sabemos, que son nuestras preguntas, y las que no sabemos que no sabemos. Entonces, cuanto más sabemos que sabemos, más sabemos que no sabemos sobre la historia de los sueños como sobre los pormenores científicos de la actividad onírica sobre el cerebro.

¿Cuán grande es la importancia de los sueños en la creatividad? Se lo pregunto porque durante mucho tiempo se dijo que la creatividad era muchas veces consecuencia de la inspiración y la inspiración el resultado de la visita de las musas.

La creatividad es el dilema humano por excelencia, porque en cualquier actividad si uno carece de creatividad, sufre. La creatividad tiene que ver con la reestructuración de las memorias. Cuando usted tiene una idea o una teoría nueva, no vino de afuera. Las musas no viven fuera, sino dentro. Lo que pasa es que memorias que estaban ahí, de alguna manera, se mezclan. La actividad eléctrica de un tipo de memoria se junta con otros circuitos neuronales. Y esto es muy fácil de hacer cuando ciertos neurotransmisores no están disponibles en el cerebro. Hablo concretamente de la noradrenalina. Hay otras, pero la noradrenalina es un neurotransmisor que cuando está disponible hace que gane la memoria más fuerte. Cuando no está libre, entonces es al revés. Ganan memorias más débiles que se mezclan a otras memorias débiles y pueden producir construcciones nuevas que nosotros reconocemos como buenas ideas que hay que implementar. Eso pasa cuando estamos en reposo, sin hacer movimientos, sin estimulación sensorial, en devaneo y aún más fuertemente cuando estamos en sueño REM, que es el sueño de movimiento rápido de los ojos, en el que pasamos casi toda la segunda mitad de la noche. En este ambiente neuroquímico con poca noradrenalina, las memorias se mezclan y eso genera todo tipo de ideas, incluso algunas muy malas que tienen que ser testeadas en la realidad. Cuando salimos de un sueño con inspiración, hay que experimentar el deseo de explicarla a otra persona, de contarle el sueño, lo que quiere construir con esta idea y eso genera un control efectivo, un prototipo.

Es importante entender que nosotros, occidentales, asumimos este proceso de manera muy pasiva. Esperamos que caiga una buena idea en nuestra cabeza, en un sueño, mientras que los antiguos griegos, los egipcios y hoy los pueblos cazadores, recolectores amerindios, aborígenes, australianos, pueblos originarios que son hábiles en el arte de soñar, van de manera activa al sueño para resolver problemas. Convengamos que para ellos es una intención mágica, pero orientada a la solución. Se trata de algo que ellos nos critican. El gran chaman yanomami Davi Kopenawa, que escribió un libro increíble, La caída del cielo, dice que el hombre blanco a veces incluso sueña muy mal, no sabe soñar, y cuando sueña lo hace con su ombligo, no sueña el sueño colectivo.

Tengo aquí una noticia del Centro de Investigación de Neurociencia de Lyon en Francia, que dice que la capacidad de recordar los sueños ha aumentado un 35%. Además, las personas reportan un 15% más de sueños negativos respecto al tiempo anterior al COVID-19. Es decir, que la pandemia tiene un efecto significativo en lo que se llama hay sueños de cuarentena.

Exactamente. Hay muchos estudios en el mundo. Nosotros, en Brasil, hemos publicado un estudio reciente en Boston, que comenta que las personas sueñan más con palabras como rabia, miedo, sueños que tienen que ver con contagios, con contaminación, con limpieza. Todo este contenido semántico está íntimamente relacionado al sufrimiento síquico.
Lo que pasa es que tenemos miedo de morir. La incertidumbre nos determina. Hoy nos parecemos más a nuestros ancestros. Es algo colectivo agravado por nuestra dificultad para dar una respuesta colectiva. Seguimos peleando sobre ir o no con mascarillas; si vamos o no vamos a la escuela. En esta pelea estamos perdiendo frente al virus. Es muy natural que el oráculo probabilístico del sueño se encargue de procesar el caso para tratar de buscar soluciones. Por supuesto, hay soluciones que son individuales. Usar mascarilla es una solución individual que afecta al colectivo, pero hay soluciones que son totalmente colectivas. Vacunar a un grupo de gente y no a otro segmento de la población es una pésima manera de abordar el problema.

La solución tiene que ver con la introspección, con volverse hacia adentro, con soñar el futuro, con soñar la solución. Hoy día mucha gente dice, quiero volver a la normalidad, pero lo normal de 2019 fue lo que nos llevó a la crisis. Tenemos que pensar otra normalidad.

Usted piensa que el sueño es un episodio de psicosis indispensable para la salud mental ¿En qué basa su teoría?

Cuando los creadores de la psiquiatría se encontraban en el siglo XIX, cuando hablaban básicamente no estaban en acuerdo en muchas cosas. Había grandes diferencias entre ellos, pero en algunos puntos estaban completamente de acuerdo. Uno de ellos era que veían a la psicosis como una invasión del sueño en la vigilia. La psicosis sería un tipo de sueño, un sueño que sueña solo. Esto fue muy aceptado a comienzos del siglo XX, hasta los años 50 más o menos. Se entendía como razonable, porque los mecanismos cerebrales que inducían el sueño REM debían estar involucrados en la psicosis. De allí la necesidad de entender al paciente, de escuchar sus sueños, de hablar de su historia de vida, de su familia, etcétera.

Cuando llegamos a los años 50 se inventan fármacos que son antagonistas del receptor de dopamina, que calman a quien padece un brote psicótico. Digámoslo así: la teoría de que el sueño y la psicosis están relacionados sufrió un gran golpe. Fue entonces que mucha gente dijo, ya no es necesario escuchar los sueños de nadie. No tenemos que buscar mecanismos comunes. Basta darle esta píldora y el paciente dejará la confusión. Son fármacos que resuelven mucho más el problema de la familia, del entorno social que el problema del enfermo. El paciente continúa sufriendo mucho por dentro, no tiene como dar expresión motora a su agitación mental. Se reduce la psicosis, pero se causan muchos daños a la conducta.

Han pasado varias décadas, hemos aprendido mucho. Lo que queda más claro es que cuando hay mucha dopamina se genera una fusión, una mezcla de los patrones de actividad neural de la vigilia y del sueño REM. La misma idea de que el sueño está relacionado con la psicosis hoy está muy fuertemente apoyada, 120 años después de Freud. Cuando preguntamos que era verdad o que era mentira de lo que dijo, mucho era verdad. Por ejemplo, el deseo es el motor del sueño. Sabemos que sin deseo, sin las neuronas que permiten desear, que involucran a la dopamina, no hay sueño. La persona puede estar en sueño REM y sin embargo, no tener la experiencia onírica de estar en una película subjetiva e interna.

Actualmente vivimos el momento de síntesis entre lo que es la neurociencia cuantitativa, experimental, empírica, biológica y lo que es el psicoanálisis, la psicología analítica de Freud y Jung. Vivimos un momento en que vemos a estas dos contribuciones, no como antípodas, sino como complementarias.

¿Es el soñador el que mejor puede interpretar sus sueños, o hay seres como los chamanes y los científicos como usted, que están mejor preparados para esta tarea?
Una persona que no sabe nada del soñador no puede ayudarlo a interpretar un sueño. El soñador tiene las llaves. Ahora puede no ser consciente de las llaves y ahí está el psicoanalista. Un amigo puede ayudar, un chamán.

Hay un arte para interpretar sueños, hay conocimiento y hay ciencia de interpretación de los sueños. Pero desde que el soñador o la soñadora permita de acceso a su intimidad para entender el contexto. La gran percepción de Freud fue decir los sueños tienen sentido. Por eso hay que hablar a la persona, hay que escucharla, hay que saber qué piensa para darle sentido.

Hay mucha gente a la que le gustaría mucho recordar sus sueños y no lo consigue. ¿Qué le aconseja usted a esa gente?

Varias cosas. Durante el día entero trate de hablar de su sueño con alguien cercano. Que el sueño sea un tema de conversación al llegar a la noche antes de dormir.
Cerrar todo y sacar teléfonos celulares. Ir a dormir a una hora no absurda. En un momento en que la melatonina está alta y el cortisol está bajo. Dormir en un momento razonable. No comer demasiado. No beber alcohol antes de dormir.

Hacer una higiene del sueño y antes de dormir pensar, yo voy a soñar. Me voy a recordar y lo voy a relatar mi sueño. Lo voy a escribir o grabar. Hacer algún tipo de autosugestión de que va a lograr acordarse el sueño. Y ahí, en el momento clave, el momento clave es al despertar.

En el momento despertar no salir de la cama de ninguna manera, no hablarle a nadie, no hacer nada que no sea el relato, o sea, tratar de concentrarse, buscar la imagen más fuerte del sueño y usarla como la punta de un hilo que uno va poco a poco sacando y sacando.

Mucha gente que me dice que nunca ha soñado, después de empezar a este tipo de entrenamiento, a los pocos días empieza a acordarse de una imagen, después de dos imágenes, luego de un párrafo entero de historia. Ya a los cinco o seis días puede escribir diez páginas y varios sueños.

La buena noticia es que soñar es tan natural cuanto respirar. Si nosotros permitimos que pase, va a pasar.

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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