!Basta ya! la vida en Cuba es martirial
“El modelo cubano ha sido un fracaso, y quisiera pedir a la Izquierda que termine de aceptarlo, porque mientras ustedes se niegan a asumirlo y se ufanan diciendo a un muerto: “¡Ánimo, tú puedes seguir adelante!”, mi pueblo sufre, mi pueblo padece, mi pueblo se muere”. Son palabras sin dobleces, pronunciadas por un cura de pueblo, Alberto Reyes, párroco de Esmeralda, Camagüey. Fiel a su propósito de defensa del humilde, habla aquí —como él mismo asegura— sin filtros.
En 2025, en Cuba hubo al menos 873 violaciones a la libertad religiosa, según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos. ¿Por qué esta represión preferencial a los creyentes?
El Evangelio hace pensar en cuándo una persona realiza un proceso de fe. El encuentro con Jesucristo primero te ilumina y te ayuda a ver la realidad de un modo totalmente distinto. Pero además te libera. Es decir, la fe no solo te ayuda a comprender dónde están los valores importantes en la vida, sino que te genera una libertad interior para vivirlos. De esta manera te hace una persona imposible de manipular, imposible de frenar porque te introduce en una motivación que rompe el miedo. La motivación es: “Yo quiero vivir en el nombre de Jesucristo. Quiero ser una persona que viva estos valores”. Tenemos la caridad, la solidaridad, como también la verdad, la justicia, que son valores peligrosos para un gobierno totalitario. En consecuencia, la religión, la fe te hacen libre y no manipulable. Eso es un peligro.
La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, en su mensaje Peregrinos de la Esperanza, dice que la realidad dolorosa y apremiante en la isla necesita cambios estructurales, sociales, económicos y políticos. El mensaje es claro, pero en mi caso, llevado seguramente por esta larga historia de, llamémosla “diplomacia sutil” de parte de la jerarquía eclesiástica de la isla, pareciera hacer falta algo más que peticiones y exigencias urgentes con nombre y apellido, porque el deterioro de la calidad de vida de los cubanos no está solo para llamados de atención.
Entiendo tu punto y lo comparto. Varios sacerdotes hemos estado comentando esto mismo, así como sentimos que hay algo más que hay que hacer, pero no es tan sencillo. A la Iglesia no le toca convocar una manifestación o un paro nacional.
Por otro lado, la Iglesia jerárquica se ha propuesto para mediar. Creo que es un punto importante. Es que vamos caminando y buscando soluciones, pero, al menos para mí no es tan claro, porque, por ejemplo, pongamos este caso, y lo hago más bien en tono de pregunta: ¿No le tocaría a la Iglesia como institución emplazar al gobierno y decir que esta situación es insostenible? ¡Hay que hacer un diálogo nacional! Así, en ese tono. Es que no sé. La Iglesia no es un brazo político. ¿Tendrá la Iglesia que hacer algo más drástico? Es que no lo sé. Nos toca decir las cosas. Ha habido diálogo, incluso cara a cara, con el Gobierno. Sé que los obispos a puertas cerradas han sido muy claros con el Gobierno.
Recurro a un ejemplo entre cientos para ilustrar la magnitud de la crisis. El Ministerio de Salud Pública de Cuba dijo el pasado 16 de febrero que más de 32.000 mujeres en estado de embarazo enfrentan riesgos mayores. Hay graves afectaciones a servicios de salud mental materno-infantil, desde el acceso a ultrasonidos hasta el diagnóstico oportuno de malformaciones. Todo parece indicar que el capítulo energético de la crisis es extremo.
En el tema de la crisis energética la solución no está en nuestras manos. No es un tema de Iglesia. Además, la Iglesia está allí viviendo esto como todo el pueblo. El ejemplo que te voy a poner es muy ridículo con respecto a la situación dramática que me acabas de describir. Algo tan sencillo como que los sacerdotes en este momento no tenemos combustible para ir a los pueblos, y el combustible que aparece es carísimo. El litro de gasolina cuando aparece por la calle está a $7 y $8 el litro. Entonces estamos viviendo una parálisis incluso en nuestras funciones pastorales. Pero es algo que está a otro nivel y no a nivel de iglesia.
Diversos organismos han llegado a la conclusión de que lo que ha sucedido en las décadas pasadas en Cuba ha provocado un daño antropológico. Es decir, hay un debilitamiento, una lesión o quebranto de las facultades cognitivas, afectivas, volitivas, así como de las dimensiones ética, social y espiritual de la persona humana. ¿Tan hondo ha calado la herida que sufren los cubanos?
Eso es totalmente sí. La ruptura moral en el interior del cubano es muy fuerte. Mentir es normal. La doble moral es normal. La falta de respeto al otro. Yo me doy cuenta de que se ha ido normalizando el maltrato, o sea, mucha gente se maltrata verbalmente y es lo normal. La reconstrucción espiritual del cubano va a ser muy dura. ¿Por qué? Hay ciertos límites morales que se han movido. El cubano de por sí, no solo el de ahora, el de siempre, fue moralmente más bien laxo. El cubano nunca se ha distinguido por ser muy riguroso en su moral. Entonces, claro, en un sistema que durante décadas no ha trabajado los valores profundos de la persona, en donde se ha perseguido tanto a la religión y por tanto se ha bloqueado el acceso de generaciones a una experiencia religiosa profunda, pues estamos como ovejas sin pastor.
Hay gente que llega a la iglesia muy rota. También es cierto que te encuentras a mucha gente que ha logrado en su familia mantener unos valores; o te encuentras a quienes que han llegado a la iglesia muy rota, pero han hecho un proceso precioso de recuperación. Esto para mí es uno de los problemas mayores del presente y del futuro de Cuba.
La responsabilidad de los Estados Unidos sigue siendo para el Gobierno la explicación de todos los males que padece Cuba.
El desastre que vivimos en Cuba es producto de la inoperancia del sistema. Cuba era un país próspero, que hacían falta cambios sociales, más justicia social, eso lo sabemos. Pero era un país próspero económicamente y con una potencialidad increíble. Todo el desastre que se ha vivido en Cuba es por la ineficiencia del sistema.
Ahora, desde la administración de Donald Trump hay como un empuje, como un impulso, una presión para que haya cambios en Cuba. Presión que el pueblo cubano que no se identifica con el gobierno cubano, la ha acogido con mucha alegría y esperanza.
Vamos a aclarar cosas. Lo primero es que el pueblo cubano no se identifica con el gobierno cubano. En el orden social somos un país secuestrado. Somos un país donde no existe la libertad y si uno expresa una opinión contraria al gobierno puede terminar condenado a diez a 15 años de cárcel. Tranquilamente, no pasa nada. Somos un país miserable en donde la vida se ha vuelto muy difícil. Somos una sociedad civil sin un Estado de derecho, sin una protección. Entonces, ¿cómo está viviendo el pueblo cubano, la gente de a pie, la presión que está ejerciendo Estados Unidos sobre el gobierno? lo estamos viviendo como el camino de una liberación.
En mi último artículo pongo esta metáfora: Si tengo un hijo de ocho años y si otro niño de ocho años de su misma talla, de su misma estatura, le hace bullying, soy el primero que le digo: defiéndete solo. Pero si a mi hijo de ocho años le hace bullying un adolescente de 15 años, a nadie se le ocurre decirle que te tienes que enfrentar e impedir que el de 15 te haga acoso escolar. Eso no se le ocurre a nadie, muy por el contrario, nos rasgamos las vestiduras, llamamos a todo el mundo, corremos y desde un poder superior bloqueamos ese abuso. Así lo estamos viviendo nosotros en este momento. El pueblo cubano no tiene herramientas, porque supongamos que la gente se tira a la calle otra vez, como el 11 de julio. Vamos a suponer que hacemos una manifestación, que logramos que el gobierno abandone el país y después, ¿quién asume? Ese sería el caos.
Entonces, me molesta profundamente que durante casi 70 años muy poca gente, no voy a decir nadie, pero muy poca gente ha hecho algo en serio. Ha habido declaraciones, muchas condenas. Muy bien. O sea, a lo largo de estos 70 años, abundan las condenas por las violaciones de derechos humanos y tal y cual. Pero no han pasado de los papeles. Creo que la administración de Trump es la primera que ha dicho: voy en serio para que el pueblo cubano tenga libertad.
Nosotros somos una sociedad secuestrada. ¿Cómo nos liberamos? ¿Cómo te liberas de una cárcel si no viene alguien y te ayuda a salir? Entonces, me parece súper hipócrita de la gente que no ha hecho nada por nosotros, que está muy tranquilamente sentada en su mundo mientras el pueblo cubano se muere de hambre; mientras estas mujeres que tú dices no tienen cómo llevar el embarazo de sus hijos. Entonces cuando viene alguien y dice vamos a hacer algo en serio para que el pueblo cubano pueda autodeterminarse y lograr una soberanía. Es ahí cuando la gente se rasga las vestiduras, se vuelve contra el otro, contra el gobierno americano, que es un abusador. A ver, el pueblo cubano no lo está viviendo como un abuso, lo está viviendo como la esperanza de una liberación. Punto.
La gente de a pie con la que yo me relaciono, con la que hablo literalmente, todos los días. La pregunta es: ¿cuándo va a pasar algo? ¿Cuándo por fin van a hacer algo? La gente está esperando que por fin pase algo que haga que el gobierno actual dimita, se vaya y Cuba pueda empezar una transición.
Me molesta esta narrativa del victimismo del gigante del norte que está oprimiendo, presionando. A ver, está presionando a los dictadores, a los que nos tienen presos y han provocado un exilio masivo durante años, a los provocadores de la miseria. La gente está pasando hambre. Se está muriendo por falta de medicamentos. La gente en Cuba no tiene futuro.
Entonces, repito, cuando alguien dice vamos a hacer algo en serio, no es con declaraciones. Algo en serio para cambiar las cosas resulta que es un abuso. Nosotros lo estamos viviendo como una esperanza de libertad.
Permítame insistir en un aspecto central de lo que usted acaba de comentar. Me refiero a los responsables de las políticas de Estado, a los gobiernos de la Unión Europea, de las Naciones Unidas. Si le entiendo, bien harían estos organismos no necesariamente sumarse a la política del gobierno de Donald Trump, pero sí comprender que ya no bastan las palabras, que aquí lo que se necesita son actos que contribuyan a una liberación del pueblo cubano.
Es que llevamos 70 años con palabras, son generaciones quemadas mientras caen las palabras. Esto ha sido muy largo. Estamos agotados. Mi pueblo está exhausto. ¡Basta ya! La vida en Cuba es martirial. O sea, cuando continuamente se te va la electricidad en un mundo que depende de la electricidad. Te acuestas en apagón, te levantas a oscuras, sin nada funcionando. Yo mismo. Llegar a la casa de la pastoral de los pueblos sin electricidad. Día tras día. Comida hay de momento. Pero los precios son prohibitivos. Yo tengo tres comedores en las parroquias en distintos lugares. Y no puedo aceptar a todo el que viene y me pide: Padre, póngame en el comedor. No puedo porque hay recursos limitados. Es una mísera comida a la semana lo mejor posible. La situación de los medicamentos es desastrosa porque no hay antibióticos, no hay cosas para los diabéticos. El sistema educativo se ha venido abajo. Yo tengo adolescentes de 12, 13 años que prácticamente no saben leer, balbucean. Son incapaces de leer, mucho menos de interpretar.
Esa es nuestra realidad, no es la realidad que queremos, no queremos. La pregunta es: ¿por qué tenemos que vivir así? ¿Por qué? ¿Por qué tener un pueblo en la miseria? ¿Por qué tener un pueblo así oprimido, en donde la ilusión número uno de los jóvenes es irse del país porque no quieren estar allí? Claro, estamos hartos de palabras.
En consecuencia, cuando al pueblo se le piden mayores sacrificios, es un completo delirio. Porque por todo lo que hemos conocido, por todo lo que hemos escuchado, es que en realidad la mayor parte del pueblo cubano ha recorrido todo el abecedario de los sacrificios.
Así es. Nos parece una burla. Cuando uno escucha el discurso oficial, la pregunta es ¿dónde viven ellos? Es como un divorcio. No sé si es el mejor modo de decirlo, pero a veces pienso: o son ciegos y no ven porque son ciegos; o son tontos porque ven y no entienden. Ven a la gente muriéndose y no es capaz de entender. Son tontos; o son malévolos. Porque saben, entienden, son conscientes, pero no les importa. Ignoran todo el sufrimiento. No hay un ápice de empatía en los discursos del gobierno. Nada que te conecte con el dolor del pueblo. Todo es hay que defender la Revolución. La revolución que te ha metido en la miseria, ¡qué vas a defender! Todo ese discurso guerrerista de defender la revolución, de ser creativos. Pero si nos estamos muriendo. Y entonces el bloqueo americano es como la gran excusa, el gran comodín.
Por otro lado —uno dice— si en casi 70 años como gobierno, como único gobierno, no ha habido otro, no ha sido capaz de desarmar el bloqueo, es inepto. Por favor, quítate y dale la oportunidad a otras personas de que lo intenten.
La narrativa oficial es humillante toda vez que cuando una persona vulnerable alza la voz, es inmediatamente silenciada. El último caso son los muchachos del 4tico (Kamil Zayas y Ernesto Ricardo Medina, acusados de propaganda contra el orden constitucional e instigación a delinquir. Se les piden nueve años de cárcel por difusión de críticas a la realidad nacional), que han sido los análisis sociales y políticos más brillantes que he escuchado en años. Veo esos videos y estoy fascinado con la profundidad, la capacidad de reflexión de estos muchachos. Bueno, ya están presos.
¡Me haces vivir en la miseria, me reprimes, me cortas la libertad y yo tengo que seguir defendiéndote! Es absurdo. Estamos viviendo un absurdo




