La matanza de Tlatelolco, 50 años después

Medio siglo de silencio, nada, ni cuántos ni dónde los tiraron, en dónde los quemaron. Dónde. Nada. Cincuenta años de recuerdos, de rostros en blanco y negro confundidos con el ocaso de los verdugos. La sangre regresa siempre a reclamar los nombres. Querían robarle la paz al país. Mentira. Los revoltosos escondían un arsenal para matar la ley. Mentira. La URRSS, Cuba, el comunismo internacional eran los titiriteros. Mentira. Fue la verdad de la alegría para abrir puertas y ventanas. La risa inconforme. El canto del hastío. Tlatelolco, la de los primeros y los últimos muertos. Tlatelolco, la del crepúsculo asesino que aguarda el amanecer

Miles de manifestantes en el 68 de Ciudad de Mexico

Este programa cuenta con la participación de Mariano Aguirre, el catedrático holandés Raymond Buve, el escritor y ensayista mexicano Carlos Monsivais, la escritora Elena Poniatowska, el profesor y escritor Sergio Aguayo, el profesor Alberto Betancourt, una estudiante de la época y el exguerrillero Marco Rascón.

Tras medio siglo de revolución sin cambios, México vivía en los años 60 sumergido en la pobreza, el enriquecimiento de las élites y la apatía. La corrupción y el clientelismo político que lideraba el Partido Revolucionario institucional, PRI, parecían comprar todas las voluntades, y marginar y expulsar a las que no colaboraban.

El escritor y ensayista mexicano Carlos Monsiváis escribió que, en su país, en los años 60, todo era gobierno y casi nada oposición. Pese a ello el ámbito universitario tenía un margen de independencia y acción propia.

En esos años los movimientos de protesta que surgieron en otros lugares tuvieron eco en México. En el norte, en Estados Unidos, estaban los movimientos estudiantiles que cuestionaban la sociedad del consumo y la guerra de Vietnam.

Hacia el sur los movimientos guerrilleros y levantamientos sociales desde América Central y El Caribe, hasta Argentina, ilustraban cómo en el continente había resistencia hacia las élites y su alianza con Washington. Aunque lejana Europa también tenía influencia. El mayo del 68 francés impactó sobre la conciencia de algunos intelectuales y de muchos estudiantes. La escritora Elena Poniatowska insiste en esa mentalidad de los jóvenes que querían otro mundo.

El 68 mexicano comenzó en junio de ese año por un incidente, trivial entre aficionados de dos equipos de fútbol americano. El cuerpo de seguridad de los Granaderos intervino y detuvo a varios alumnos. Esto provocó manifestaciones, encierro de estudiantes y huelgas en el centro de enseñanza. La fuerza pública continuó con detenciones y medidas represivas. El rector de la Universidad Autónoma de México reivindicó la autonomía universitaria y convocó a una manifestación pública.

Entre julio y octubre hubo una constante tensión, creciente entre estudiantes y otros sectores sociales que denunciaron la represión, la corrupción. Era gente que exigía responsabilidades al presidente Gustavo Díaz Ordaz

La situación se tornó especialmente compleja porque México había sido elegido sede de los juegos olímpicos. El gobierno quería guardar las formas, y presentar las olimpiadas como triunfo propio y nacional. Las protestas de los estudiantes y los enfrentamientos no ayudaban a dar una imagen de estabilidad.

Las muchachas se sumaban a la acción con el mismo entusiasmo que los chicos.

13 de septiembre de 1968, marcha del silencio. Alrededor de 300 mil personas se manifestaron con pañuelos en la boca para denunciar la represión y la falta de libertad de expresión. La respuesta del gobierno fue invadir cinco días después las instalaciones de la Universidad Autónoma.

Tras diversas negociaciones entre las autoridades universitarias, estudiantes y el gobierno, las tropas se retiraron de la UNAM y otros centros académicos.

Elena Poniatowska recogió cientos de testimonios en su libro La Noche de Tlatelolco,  en los que se evidencia que no era un problema que alcanzara al conjunto de la sociedad mexicana.

Dos de octubre. Manifestación en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Para unos era una fiesta de triunfo porque las tropas se habían retirado de los centros de estudio. Para otros un paso más en la tensión con el gobierno.

La participación fundamental de las mujeres en el 68 mexicano

En un relato basado en esa jornada, Carlos Fuentes escribió que centenares de jóvenes mexicanos, hombres y mujeres, entraban a la Plaza de las Tres Culturas, el histórico centro ceremonial azteca de Tlatelolco, sin más iluminación que la agonía del atardecer, en el antiguo valle de Anáhuac. Pedían un país nuevo, un país mejor, un país fiel a sí mismo.

Entre los manifestantes se infiltraron miembros del batallón Olimpia. Paramilitares que aguardaban una orden para actuar. La señal es enviada desde un helicóptero. Los hombres armados comenzaron a disparar contra los líderes estudiantiles. A la vez el ejército persiguió a los manifestantes, incluso dentro de recintos privados en los que muchos se refugiaron.

Persiste una pregunta principal: ¿Por qué el gobierno decidió responder a los estudiantes con una matanza?

No se conoce hasta hoy la cifra de víctimas mortales, pero oscila entre los 300 denunciados por la prensa internacional y los cuarenta que declaró oficialmente el gobierno.

Carlos Fuentes dijo que los poderosos habían entregado la ciudad a la muerte. La ciudad era un campamento de bárbaros.

La limpidez
(quizá valga la pena
escribirlo sobre la limpieza
de esta hoja)
no es límpida:
es una rabia
(amarilla y negra
acumulación de bilis en español)
extendida sobre la página.
¿Por qué?
              La vergüenza es ira
vuelta contra uno mismo:
si una nación entera se avergüenza
es león que se agazapa
para saltar.
(Los empleados
municipales lavan la sangre
en la Plaza de los Sacrificios).
Mira ahora,
manchada
antes de haber dicho algo
que valga la pena,
la limpidez.

La matanza de Tlatelolco fue intento del PRI de acabar con toda revuelta y crítica al sistema. A partir de la muerte comenzaron diversas respuestas. Una de ellas fue la lucha armada, que tendría como réplica lo que se conoce como Guerra Sucia.

La novelista Elena Poniatowska, autora de “La Noche de Tlatelolco, testimonios de historia oral”, considera que la masacre del dos de octubre fue el acontecimiento más trascedente de México en la mitad del siglo XX.

Tendrían que pasar once meses para que el presidente Gustavo Díaz Ordáz asumiera la autoría de la masacre rubricada con un aplauso cerrado del Congreso Nacional.

A lo lejos da la impresión de que la estrategia planeada y puesta en acción por el presidente Díaz Ordaz en Tlatelolco estaba destinada a terminar de raíz con la protesta estudiantil, con algunos muertos, pero la ejecución provocó tal caos que la planificación de un asesinato selectivo terminó en una masacre.

Sobre las responsabilidades hubo que esperar casi cuatro décadas para se comenzara a hacer justicia. En el 2005 la fiscalía especial para movimientos sociales y políticos del pasado solicitó que 55 personas que tenían puestos de poder en 1968 fueran sometidas a juicio. Entre ellas el expresidente Luis Echeverría y el exprocurador de la república, Julio Sánchez Vargas. Echeverria, más adelante, fue exonerado de toda culpa.

El 68 mexicano fue la expresión dramática de otros movimientos que hubo en América Latina. Especialmente en chile, Argentina y Uruguay había partidos políticos, organizaciones estudiantiles, sindicales, intelectuales, y de organizaciones armadas que vieron en el 68 de París algo inspirador.

Un año después un levantamiento popular agitó la ciudad de Córdoba en Argentina. En este caso, una nueva generación de trabajadores cuestionó en la calle a la dictadura militar de entonces, y a los dirigentes sindicales corruptos del peronismo que frenaban sus reivindicaciones. El Cordobazo generó grandes esperanzas de poder popular.

Igualmente, la victoria en Chile de Salvador Allende en 1970 encarnó muchas de las expectativas que se generaron en los 60. Pero el golpe de estado de 1973 fue, junto con otros golpes en el cono sur el fin de esas ilusiones.

Tlatelolco es el símbolo de una drástica premonición de cómo terminarían reprimidos los revolucionarios de los 60 y 70 que nacieron en América Latina desde Guatemala hasta el Cabo de Hornos.

Cincuenta años después las necesidades de cambios políticos y sociales continúan vigentes. De los años 60 ha escrito el expresidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti “nos han dejado la lección que luchar cada día por perfeccionar la democracia y asegurarle la libertad a la gente es todavía la más revolucionaria de las ideas”.

Tlatelolco, 50 años después, basado en un guion del periodista Mariano Aguirre, para Radio Nederland.

Colaboración especial de Marta Durán de huerta y Ana Karina Robles.

Un programa de Radio Media Naranja, realizado y presentado por José Zepeda.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest