Remedios fallidos para la crisis económica de Venezuela

Por qué un país rico en petróleo puede vivir una crisis económica de magnitud cataclísmica. Por qué parte de la población se ve obligada a buscar mejor destino fuera de su tierra. Por qué las autoridades a la vista del desastre no enmiendan el camino. Por qué se ponen en marcha programas que conducen a ninguna parte. Las explicaciones son del economista y ex ministro de Finanzas de Venezuela, Rodrigo Cabezas.

El ex ministro de Finanzas de Venezuela, Rodrigo Cabezas

Es un hombre de izquierda, cree en una patria socialista, pero la realidad lo ha llevado a tomar distancia del gobierno de Nicolás Maduro. Lo más seguro es que el distanciamiento sea consecuencia de la ineptitud, de la porfía ideológica, de la ceguera radical del régimen.

La inflación en Venezuela rondará el millón por ciento en el 2018. Hay colapso en la producción de petróleo y su exportación. Contracción del 15% del PIB en 2018. El paro será del 33,3% este año y subirá hasta el 37,4% el siguiente. El colapso de la producción de petróleo y las exportaciones intensifica la crisis que ha provocado la caída de la actividad desde 2014. Cómo hemos llegado hasta aquí.

Efectivamente hay un agotamiento del modelo de acumulación de capital sustentado en la renta, pero no porque se acabó el petróleo, no porque produzcamos más o menos crudo. Se trata de que el valor del barril en el mercado internacional ya no es suficiente para adaptar el crecimiento de la economía a las necesidades de su población.

Este es un tema que no está resuelto, porque si usted viene aquí verá que no hay debate sobre la industrialización para las exportaciones, que es la principal avenida que tenemos los venezolanos para salir del rentismo e intentar construir un camino de desarrollo productivo.

En la coyuntura tenemos dificultades muy graves.

La primera es lo que llamo la carencia de gestión profesional de la política económica. Lo que hay son respuestas administrativas, punitivas, juramentación de miles de fiscales para controlar y detener a comerciantes, a empresarios.

Es una visión absurda al comportamiento de los mercados y cuando se hacen anuncios económicos es imposible no ver el destello no sistémico, de compartimentos estancos, y en algunos casos de decisiones que no son explicables mediante la ciencia económica.

De manera que cuando usted observa que en el gabinete económico del presidente no hay un solo economista con especialidad en estabilización macroeconómica, o temas de política monetaria y cambiaria, entonces, un ministro o un presidente del directorio del Banco Central que pueda asesorar habla claramente de la ausencia de conducción profesional.

Una segunda razón que nos trajo a donde estamos es la política cambiaria. Fue el detonante mayor. No se corrigió el diferencial cambiario y así llegamos a tener tres precios sobre el dólar, lo que destruyó en corto tiempo la estructura de costos en la economía agrícola e industrial. Se llegó a tener tres precios y con diferencial gigantesco entre ellos. Obviamente el sistema perdió toda credibilidad. No me refiero aquí al dólar del mercado negro, al del mercado paralelo, sino al oficial.

Luego la política fiscal no existió cuando Venezuela comenzó a sentir junto a todo el planeta la reducción del precio del barril de petróleo, hacia finales del 2014, 2015. Se imponía un programa de ajuste. Tenemos una dependencia del 96% de divisas provenientes de la actividad petrolera. Se optó por el camino de extralimitar el déficit del Banco Central, que se convirtió en la práctica en la caja de la moneda del ejecutivo nacional. Se olvidaron de cualquier posibilidad de reforma tributaria, de ajuste en algunos precios y tarifas. Se puso en segundo plano el refinanciamiento de la deuda externa. Nunca se anunció una reducción de gastos burocráticos, del gasto militar, en medio de la caída dramática de los precios del petróleo, que no son responsabilidad del gobierno. Responsabilidad del gobierno era ir a un programa de consolidación fiscal que evitara la situación inflacionaria que se nos vino encima.

Una cuarta razón que nos aparece en la cara a todos los venezolanos es el deterioro operacional y financiero de la industria petrolera, PDVESA. No hay que ser especialista en materia económica para constatar que, si esta nación producía diariamente tres millones de barriles, y hoy produce un millón 400 mil es porque hay un deterioro tremendo. Amén de que el endeudamiento con la caída tan significativa de la producción, de alrededor de los 41 mil millones de dólares, clama por un programa urgente de recuperación.

Y finalmente una de las razones que se agregó a este cuadro de menoscabo general de la economía y que hay que colocarlo con objetividad en la evaluación es el bloqueo financiero que tiene Venezuela por parte de los Estados unidos y la Unión Europea, que genera su impacto desde el 2017 a la fecha. Por supuesto que el gobierno lo utiliza como una excusa, porque aquí no hubo bloqueo ni el 2014, ni el 2015, ni el 2016. Ahora sí se observa el corte con los bancos corresponsales en Estados Unidos, y en Europa. Se limita así la utilización de las cartas crédito de nuestro comercio petrolero y privado. Y refuerza el desplome de las importaciones que en estos cuatro años se eleva a un 80%.

Piense en un país que hace cuatro años importaba del mundo cien unidades monetarias y actualmente solo entre 20 y 23, cómo afecta a las necesidades de alimentación, medicinas y vestimenta de nuestra población.

El plan del gobierno incluye, entre otras cosas, un aumento del IVA y la gasolina, la más barata del mundo, el restarle cinco ceros al bolívar. La moneda igualmente fue devaluada en 96% y quedó anclada a una criptomoneda que el gobierno creó -respaldada en el precio del petróleo- para buscar financiamiento ante sanciones de Estados Unidos. ¿Sirven estas medidas?

Hubiese querido responderle, estamos esperanzados, que las medidas van en la dirección correcta, que en el corto a mediano plazo se va a sentir un alivio, pero al hacer un análisis comparto con usted las preocupaciones ante los anuncios por goteo que ha venido haciendo el gobierno.

La primera consideración es que no se ha presentado una política económica sistémica para enfrentar los problemas del crac económico fiscal. Es decir, un programa debe abordar cuál va a ser el desenvolvimiento de la recesión de estos cinco años. La meta del crecimiento no aparece. Nadie habla de cuándo volvemos a la senda del crecimiento. Cuánto va a ser el desenvolvimiento del producto interno bruto. Cuando se elabora un programa de estabilización y progreso el componente del crecimiento es vital, es como el corazón de la estrategia económica.

Tampoco se habla de cómo va a dominarse la hiperinflación. Qué va a pasar con el impago de la deuda externa de casi 90 mil millones de dólares. Qué va a ocurrir con los temas de desnutrición y falta de medicamentos en los sectores más empobrecidos.

Como economista uno trata de que el programa monetario sea consistente con la política fiscal y cambiaria, y no lo vemos.

Entonces, para mí, lamentablemente, al no tener una visión sistémica, lo que está allí va a agravar la recesión y la hiperinflación. Es tan reiterativo el camino equivocado. Con amenazas, con tomas de panaderías, de abastos, de empresas, no harán sino agravar la escasez. Esto no es un problema policial, ni militar, ni siquiera administrativo, o jurídico. Es de política económica y de manejo del mercado.

Hay dos anuncios principales cercanos al tema de la estabilización macroeconómica. Uno de ellos es el llamado “déficit fiscal cero”. Ese convencionalismo ya no se usa en política económica desde los años ochenta, noventa, en el que estuvo de moda con la hegemonía neoliberal. Pero ya ni siquiera la señora Merkel postula algo parecido porque es inconcebible que no haya una nación que pueda usar la deuda externa o interna para financiarse. Se habla hoy de tener economías que manejen programas responsables en lo fiscal. Y el número aparece. Hay una referencia del déficit del tres por ciento como cifra manejable. Pareciera bueno que un gobierno anuncie que va a ir a un régimen fiscal responsable y uno aplaude, porque se supone que un déficit fiscal cero elimina la emisión de dinero electrónico que se hace en Venezuela a borbollones, es un tsunami lo que se hace desde el Banco Central. Pero el anuncio no es creíble porque en el mismo momento, en la misma hora, en el mismo minuto, se anuncia un incremento salarial que vulnera todo enlace a la producción. Aumento del tres mil por ciento de un día para otro a las pensiones. De un bono que se dio la semana siguiente a diez millones de venezolanos. Se anuncia que el gobierno va a mantener la nómina de la pequeña y mediana industria por tres meses.

Todo esto está contabilizado en el cuatrimestre con unos 5900 millones de dólares. Se trata de una masa monetaria que no existe, que no se tiene. El Banco Central no tiene ni el diez por ciento del total.

La consecuencia es que se va a seguir utilizando el mecanismo de estos pasados cuatro años, que el Banco Central financie y financie. Cuando uno oye al presidente de la república decir “tengo los recursos”, esa frase no es cierta. Esta es una emisión de dinero de la nada, que va al mercado con escasas mercancías debido a la recesión, lo que refuerza la hiperinflación.

Tomaron además la decisión de exonerar de impuesto de importación a todos los bienes de capital. Eso es un mazazo sobre el fisco. Se exoneró de pago de impuesto sobre la renta a la actividad petrolera. Que es vital porque se trata de uno de los cordones umbilicales que une la política fiscal del estado con la actividad petrolera. Entonces son menos recursos, entre 900 o mil millones de dólares que este año no declarará la industria petrolera.

Ante esta situación tan delicada y grave lejos de llevar a reducir, por ejemplo, ministerios, se crea uno nuevo. Se anuncia la instalación de una fábrica de fusiles, con los rusos, para -no sé- la actividad militar. Y eso es un gasto para el estado.

Ahora está también el sistema cambiario, con la intención de construir un solo tipo de cambio fluctuante, para sepultar, dicen ellos, el dólar criminal. Pero inmediatamente lo que queda claro es que su punto de partida, el anclaje es el petro acompañado de una devaluación de los seis millones de bolívares, en lo que estaba el valor de un dólar, en el mercado negro. Alguien dijo allí que para triturar al dólar paralelo hay que comenzar por colocar el tipo de cambio en el que estaba -que además de hacer un reconocimiento a la especulación, a la extravagancia del dólar paralelo- le clava a la nación, a la economía una devaluación sustantiva.

Luego, la esperanza de tener un tipo de cambio fluctuante se elimina cuando se anuncia mantener el control de cambio, mantener la subasta con limitaciones de monto. E inmediatamente se ha visto en la marginal participación de oferentes de divisas en el llamado DICOM, Sistema de Mercado Cambiario.

Pero al mismo tiempo hacen otro anuncio contradictorio, que no se dieron cuenta, creo yo, porque los agentes del mercado están pendientes del detalle. “Es posible que los bancos puedan comprar dólares las empresas, a las personas jurídicas, pero no podrán vender”. Entonces uno se pregunta cómo se crea allí un precio. Nadie va a entregar un dólar sin que haya posibilidades de comprar. En definitiva, no hay mercado.

Por lo tanto, al no suspender el control de cambio, al hacer anuncios incoherentes, están condenando a que siga existiendo expectativas inflacionarias, lamentablemente con un mercado paralelo.

Lo sustentable es que se implemente un tipo de cambio real de equilibrio que sea protegido, en primer lugar, por el nivel adecuado de reservas internacionales. Esto plantea que se deben potenciar esas reservas. Un tipo de cambio de esa naturaleza necesita de un Banco Central profesional, que cumpla con la ley, que de confianza y credibilidad en la política económica y eso no está presente.

La gran conclusión es que infortunadamente el programa no funcionará.

Unos 2,3 millones de venezolanos (más del 7% de la población) han abandonado su país en los últimos cuatro años ante la crisis social, económica y política que sacude Venezuela. El éxodo, que no tiene visos de ceder después de las últimas medidas económicas aplicadas por el chavismo, se ha convertido ya en un formidable problema que trasciende las fronteras del país.

Para mi hay una razón económica. La política puede estar subyacente, pero la raíz económica es esencial. Tenemos un joven que se graduó Cum Laude hace tres años en nuestra universidad del estado de Zulia. Nos dijo, me voy porque con el sueldo que me están ofreciendo n puedo comprar ni un carrito de segunda o tercera mano. No puedo comprar un apartamento de una habitación. No puedo ofrecerle a mi novia construir un hogar, una familia. Y en el corto plazo no hay expectativas. Se van porque no tienen la posibilidad de realizar una vida feliz.

Lo que debería ser política de estado es que los jóvenes comprendidos entre los 20 y los 35 años, que son profesionales de la nación, en los que hicimos una inversión social, económica y cultural, allí está el impacto principal. Son un millón de profesionales jóvenes que se nos han ido. Esa sangre nueva tiene que regresar. Pero tienes que construir la expectativa de una vida plena.

Un componente que no aparece en el número económico, ni en la estadística social, es el tremendo impacto emocional en las familias. Venezuela no estaba acostumbrada a compartir en los cumpleaños, por WhatsApp, con los hijos en la lejanía, la angustia de pensar que no van a regresar. Se ha instalado una tristeza inmensa. Ese componente emocional no se ha medido, está presente en el país de manera dramática. Llanto en las despedidas en los aeropuertos, en los terminales de autobuses.

Una ministra se rio de aquello y dijo: los que se fueron que se vayan, no hacen falta, que no vuelvan. Esa una puñalada para una madre, para cada padre.

Es un problema que debemos resolver y por eso le doy un tremendo acento económico. No se han ido porque gobierne tal o cual. Se fueron porque no hay expectativas. Y la segunda oleada tiene que ver con sectores populares. Es la clase media la que se va para buscar un mejor pasar.

Me hago cargo que me salgo del manual del periodismo, para hablar desde la subjetividad, porque me gustaría terminar con una nota optimista, pero la realidad me lo impide. Uno podría decir que resolver la crisis solo requiere de enmendar rumbos y hacer un programa económico real, viable, y que sea implementado por gente eficiente. Pero es imposible porque aquellos que tiene la posibilidad de hacerlo no se guían por criterios económicos sino de carácter ideológico. Y están en una batalla distinta a las necesidades del país. Le ruego que me corrija si estoy equivocado.

No tengo ni la conciencia, ni la voluntad para contradecir su conclusión. Aquí, predomina el dogmatismo absurdo, estéril, de marxistas leninistas que no ha leído ni a Marx ni a Lenin. No se enteraron del discurso de Lenin en el Comité Central del partido comunista cuando defendió la nueva política económica, que era una rectificación del programa reformista de expropiación en el campo. Ni conocen a Marx diciendo que lo que él solo sabe es que no es marxista, confrontándose con sus seguidores en Francia. Un dogmatismo estéril a contrapelo de lo que pasa en la globalización.

Ni siquiera la intención de asomarse a lo que hizo el partido comunista de China en estos 30 años. Ni siquiera asomarse a ver que es lo que hizo un país pequeño que tuvo una guerra terrible, pero que hoy es una las naciones con mayor tasa de exportación del planeta pese a su escaso tamaño, Vietnam.

El dogmatismo estéril es ciego.

Pero también le digo, este es un tiempo de mengua, y en la mengua deciden los pueblos. Los pueblos esperanzados por fuerza de vivir en libertad, en progreso, en crecimiento económico encontrarán soluciones o bien porque los que gobiernen rectifiquen o bien porque se produzcan procesos de cambio civilizatorios, siempre pacíficos, siempre democráticos. Aprovecho inmediatamente para decir que el que le proponga a Venezuela una salida criminal, yo la condeno y desprecio.

Tengo confianza en este pueblo que es heredero de una gesta emancipadora maravillosa encabezada por Simón Bolívar.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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