Victoria aplastante del MAS: entre la renovación y las viejas prácticas en Bolivia

Victoria aplastante del Movimiento al Socialismo. Anuncio del regreso a Bolivia, el nueve noviembre, de Evo Morales, llegará por tierra en caravana con bombo y platillo. El sector más retrógrado del país se apostó a la entrada de la Octava División del Ejército, en Santa Cruz, para pedir intervención militar que los salve del MAS. Hay esperanzas en el aire, polémicas ideológicas en la tierra e intransigencia para entender que ha pasado en el último año. María Teresa Zegada, Socióloga, Doctora en Procesos Sociales y Políticos en América Latina busca, en esta entrevista, tomar cierta distancia para acercarse mejor al análisis de la realidad.

La socióloga boliviana María Teresa Zegada

Creo que hay unanimidad entre los analistas en que el resultado de las elecciones recién pasadas ha sido realmente sorprendente. ¿Usted también es una de las asombradas?

Sí. Nosotros habíamos visto en las encuestas de los últimos meses y basándonos en los resultados, aunque son un dato que hay que tomar con mucho cuidado, de la elección de 2019, que este escenario conducía irremediablemente a una segunda vuelta electoral. Era clara la presencia mayoritaria del MAS, pero se trata de un partido que también ha atravesado diversas crisis en los últimos años. Todo nos hacía pensar que iba a tener una presencia importante, con primera mayoría, pero no de la manera apabullante en que se ha dado esta elección.

Usted sabe que lo primero que hacen los analistas y el periodismo es intentar dar una respuesta. Hay varias explicaciones, la primera de ellas es aquella que le echa la culpa al gobierno de transición, diciendo, mire, han hecho dos o tres cosas que han favorecido enormemente al MAS. Primero, lo han transformado en víctima, con lo cual le han permitido recuperar tanto en su militancia como en sus partidarios, una mística que habían perdido. Y segundo, han actuado mal en los casos de corrupción, han funcionado mal con el tema de la represión, etcétera. Cuánto hay de todo eso.

Una de las explicaciones, una de ellas, que no agota toda la argumentación, es esta situación. Para comenzar, es un gobierno que debía haber cumplido la misión específica de garantizar la pacificación del país y organizar nuevas elecciones en Bolivia que estaban programadas para mayo. Pero, la expansión de la pandemia, la crisis social, la de salud y la económica se expandió y la elección se postergó varias veces hasta octubre. Es durante este tránsito -voy a mencionarlo rápido porque usted lo ha resumido bien- el gobierno transitorio contaminó su gestión con la decisión de la presidenta de convertirse en candidata. De ahí en más, todas las acciones que realizaba el ejecutivo eran vistas con suspicacia, no solamente por los opositores, sino también por la población. Eran percibidas como parte de una campaña electoral y eso agudizó la polarización en el país.

Por otra parte, los elementos de la corrupción, con temas muy sensibles relacionados con la salud; los cambios permanentes de ministros, más una serie de inconsistencias internas. A eso hay que añadirle los bloqueos que sufrió el gobierno transitorio, que no solamente tuvo una gestión débil, inconsistente, sino que también sufrió la arremetida de factores externos, la pandemia, el cerco del legislativo, la crítica permanente de los opositores. Hemos cruzado un proceso de movilizaciones sociales, de bloqueos en las calles, en un tránsito complicado y demasiado largo. El país ya estaba polarizado y esperaba respuestas.

El presidente electo de Bolivia, Luis Arce Catacora

Llegamos a un punto en el que todos estos factores provocaron en diversos sectores de la población una suerte de nostalgia, porque se asociaba -y el movimiento al socialismo se ha encargado con su discurso de ello- el bienestar, la bonanza económica con la gestión del MAS y se culpaba de todos los males que la población sufre en este momento al gobierno transitorio.

Pero no hay que olvidar que hay otros elementos. Por ejemplo, la debilidad de los partidos opositores para articular liderazgos que lograran acercarse a la gente. Mantuvieron campañas, unas más que otras menos, débiles. Por la situación difícil en que se encontraban, no consiguieron impactar de manera importante en el electorado.

Y tercero, el movimiento al socialismo, si bien es una organización muy grande, reúne a sectores que han optado por unificarse alrededor de Luis Arce Catacora, y muchos de ellos son muy críticos a Evo Morales y al grupo de poder. Sin embargo, estos mismos grupos, ante la amenaza del retorno a un régimen muy diferente al de ellos, decidieron aunar esfuerzos, juntar voluntades en torno al partido. Entonces un mérito del MAS es haber reunificado a estos sectores que, sinceramente, es una alianza precaria, porque ahora que el Gobierno está a punto de tomar el mando del país, asoman las disputas de distintos sectores sociales que pugnan por la ocupación de cargos en el nuevo gobierno.

Usted lo dijo al pasar, pero me gustaría rescatar uno de los aspectos, si entendí bien, que los perdedores no lograron sintonizar y en consecuencia, entender el momento que vive la población boliviana.

La polarización política surge en Bolivia, sobre todo a partir del referéndum del año 2016, momento en el que el Evo Morales insiste en su postulación presidencial, convoca un referendo, gana la opción de rechazo a modificar la Constitución para facilitar su reelección y se genera una suerte de brecha en la sociedad y en la política entre quienes insistían en la postulación de Morales transgrediendo todas las normas legales, y los que se suman a la defensa del voto del referéndum, por el respeto a las reglas, por la redemocratización del país. En esa brecha surge un factor importante, que es una población que antes no participaba en política y que pasa a engrosar la protesta.

El candidato opositor que más votación obtuvo la elección del 2019 y la elección del 2020 es Carlos Mesa. Pero se nota claramente que la población vota por el rechazo al movimiento al socialismo y no tanto por la propia candidatura de Mesa. Eso explica la debilidad de Mesa, que tal vez pensó que este apoyo que tuvo en la elección del 2019 automáticamente se iba a traducir en respaldo en el 2020 y no viabilizó su campaña. Mantuvo un discurso moderado, recatado, convocando a los ciudadanos a votar por él, a unificar el voto. Pero por lo visto la población de las protestas esperaba una respuesta distinta de los líderes opositores, con lo que no tuvo una representación clara en el ámbito político y el voto se fue diluyendo.

La renuncia de Evo Morales fue consecuencia de un golpe de estado o al menos, de una acción ilegítima. Esa es la lectura que hacen los partidarios del Evo. Ahora lo reafirman diciendo que, con este resultado, se demuestra de que no hubo fraude en la elección pasada. Por el otro lado, los detractores aseguran que hubo fraude y que las protestas populares superan en mucho a la sugerencia de los militares de que el presidente diese un paso al costado.

¿Estamos condenados a no tener una versión verídica de los hechos producto de lecturas tan antagónicas?

Por desgracia, lo digo porque el hecho de asumir una posición ideológica respecto a los hechos es cerrada, invisibiliza la realidad, no permite mirar con distancia lo que realmente ha pasado. Así sucede con los acontecimientos del año pasado.

Por un lado, la versión alentada por los líderes del MAS y por un sentimiento de auto victimización, de ser objetos del racismo de las élites. Todos esos elementos emocionales envuelven la versión de que hubo un golpe de Estado producto de una conspiración de la derecha, del imperialismo, y que terminó con el abandono obligado de Evo Morales y la toma del poder por otro grupo.

Yo creo que debemos tratar de distanciarnos de tal dicotomía que se ha abierto y que casi es infranqueable, porque no solamente en Bolivia existe en esta dualidad de posiciones, sino también en el ámbito internacional. Partidos afines al movimiento al socialismo lo asumen como bandera, incluso sin estar debidamente informados. Líderes políticos, periodistas, hacen suya esta versión de la realidad, porque es políticamente conveniente, porque que además en este juego político, sobre todo en la región latinoamericana se juega como el último bastión de gobiernos progresistas que han ido cayendo los años anteriores. Es posible que se recuperen. También sería deseable que así sea, porque son opciones que nos presentan para seguir avanzando en nuestros países, pero por de pronto es un proyecto que está muy decaído. El MAS se convierte en el elemento que podría ser el germen de una renovación de esos ideales.

Si uno mira los hechos con objetividad, ateniéndose a lo que ha sucedido, en primer lugar, no diría la palabra fraude porque está contaminada con el debate, pero hubo irregularidades seriamente comprobadas y por esas razones se anuló la elección de octubre.

La vulneración a las leyes venía desde antes, como decíamos, pero esta elección fue la gota que colmó el vaso del conjunto de acciones que habían vulnerado la institucionalidad.

La elección se realiza en un momento de mucha sensibilidad social, en donde la población estaba alerta a cualquier irregularidad. Hubo una clara parcialidad del órgano electoral en favor del movimiento al socialismo y hay abundante información que demuestra que realmente hubo anormalidades. No es solamente el informe de la Organización de Estados Americanos que ha ratificado recientemente que fue así, sino también estudios de investigadores, de denuncias de los propios ciudadanos respecto a actas mal hechas, quemadas, secuestradas.

La muestra clara de la ilegalidad es que renunciaron las autoridades del órgano electoral. Muchas de ellas hoy están con procesos penales. Algunas, incluso, en la cárcel por delitos en proceso de investigación. Hubo la decisión consensuada en la Asamblea Legislativa de anular esa elección y de convocar a un nuevo órgano electoral.

Por otra parte, sí ustedes hubiesen estado en Bolivia habrían podido comprobar si hubo o no un golpe de Estado cuando Evo Morales abandona el país. Habrían constatado el momento de grave convulsión social que hemos enfrentado de bolivianos con las movilizaciones. Es relevante señalar que estos sectores movilizados no estaban pidiendo el apoyo a Mesa o el apoyo a Ortiz, que era el candidato de la derecha. En ese momento la población exigía respeto a la democracia. Entonces es un contrasentido pensar que hay un golpe de Estado cuando la gente pide más democracia.

Lo que viene después es otra confirmación de que no ha sido un golpe de Estado. Al menos no podría denominarse así, si somos rigurosos con los conceptos, porque normalmente un golpe de Estado es la usurpación del poder. Segundo, es con la participación de militares. En este caso, el comandante de las Fuerzas Armadas le entrega una carta Evo Morales, en la que le recomienda renuncie ante la convulsión social. Ese hecho es el que da pie a las interpretaciones sobre una injerencia militar. Pero policías y militares estaban en un estado de debilidad. Recordemos, además, que policías y militares fueron un factor fuerte más de subordinación durante todos estos años de gobierno.

Lo más interesante que impide hablar de un golpe de Estado es que la salida no fue un gobierno de facto que confiscó la Constitución. Fue un gobierno producto de una transición, tratando de aferrarse a las reglas constitucionales y que en un acuerdo entre todas las fuerzas políticas decide convocar a una elección.

O sea, son muchos los hechos que muestran que no se puede hablar con tanto facilismo de un golpe de Estado. Eran días que revelaban la severa descomposición de una forma de acción política, de un partido en el gobierno, de una cúpula de poder que hoy está aparentemente derrotada.

Lo que ha emergido son las voces críticas de ese mismo partido que impulsa la redemocratización, la renovación, tal y cual lo señala el presidente electo. No sé si lo cumplirá, que en su gabinete no habrá personajes del viejo grupo de poder de Evo Morales, porque ellos llegaron a tocar fondo debido a los elementos que mencionamos.

Dos cosas que vale la pena rescatar de la personalidad de nuevo presidente. La primera es la moderación. Ha dicho que Evo Morales no va a ocupar ningún cargo en el Gobierno. Pero Evo Morales es presidente del MÁS. Lo cual le otorga una presencia muy importante. Además, se dice y esto ya es chismografía, que Luis Arce Catacora -no me refiero a aspectos económicos, sino a los políticos- le debe mucho a Evo Morales.

Ellos están en una situación muy contradictoria, muy difícil en este momento, porque, por una parte, ante la sociedad necesitan mostrar un MAS renovado. Uno de los dirigentes el otro día hablaba en la entrevista del “MAS 2.0” para diferenciarse de la vieja versión del partido. En cualquier caso, hablan de un nuevo ciclo político y si quieren mantener esa imagen, necesitan distanciarse de los personajes del entorno de Evo Morales, de la cúpula que insistió en su repostulación que llevó a la grave crisis del propio MAS en noviembre del año pasado.

Arce Catacora tiene una posición bastante amigable con Evo y probablemente por esto que usted menciona, pero insiste en que no ocuparía un cargo en su gobierno, haciendo énfasis en que se trata de su gobierno.

No olvidemos que la presencia de Choquehuanca es relevante porque muchos sectores campesinos indígenas han recuperado su adhesión al MAS por Choquehuanca, como es el caso de Felipe Quispe, como de sectores radicales que han vuelto a confiar, pero reclaman espacios de poder. Los dirigentes del Alto ya han pedido cinco ministerios, los de la Central Obrera también, o sea, están en un escenario complicado.

El gobierno de Arce encara la disyuntiva entre cuánto puede dar fe de una imagen renovada ante la población, con nuevas personalidades y políticas, o cuánto puede volver a ser absorbido por la vieja cúpula. Lo veremos en el tiempo. No se puede establecer exactamente ahora cómo se darán las cosas. Con seguridad sería una ingenuidad pensar que el grupo del pasado reciente está derrotado y va a salir del Estado. Eso es imposible. Evo Morales va a seguir siendo una presencia importante y el entorno también. Hay que ver cómo se juega esta oportunidad.

¿Puede profundizarse la polarización y hacer complicada la gestión gubernamental?

La gobernabilidad futura de Bolivia en términos parlamentarios no, porque el movimiento al socialismo ha obtenido una amplia mayoría, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados. No tiene los dos tercios, pero ese porcentaje es para votos importantes, para ciertas decisiones gubernamentales, pero la mayoría de las leyes se aprueban solo por mayoría simple. El MAS tiene la posibilidad de gobernar sin trabas en esta gestión.

Incluso podemos decir que se ha producido un desempate en esta polarización, un desempate en favor del Movimiento al Socialismo.

Tiene, sin embargo, factores críticos en la sociedad, no únicamente de los sectores movilizados que han luchado por la democracia, que hoy ven a los vencedores con precaución, incluso dentro de las propias bases. Son sectores sociales que quieren que se recupere el espíritu con que el MAS llegó al poder el año 2005, defendiendo los intereses de los indígenas, de los sectores más pobres y que se fue diluyendo. Es conveniente recordar que durante la gestión de Morales también hubo serias contradicciones con los propios indígenas por el tipo de proyectos que el propiciaba el gobierno. Estos problemas provienen de una sociedad desorganizada, y, en este momento, desalentada.

Yo no vería una amenaza de ingobernabilidad en los opositores, es que los partidos opositores son muy débiles. Si usted se fija en los porcentajes, Evo Morales llega al poder el 2005 con 53 por ciento, hoy Arce Catacora gana con 55%, una votación muy parecida. La oposición tenía un 28 por ciento, hoy tiene un 29. Son otros actores, otros partidos, otros personajes, pero el voto duro por la oposición se mantiene entre un 25 y 30 por ciento, con muy poca capacidad de hacerle frente al MAS, de poder incidir realmente en las políticas públicas.

De tal manera que las verdaderas amenazas a la gobernabilidad no están tanto en los partidos opositores, si no en la propia sociedad, sobre todo, en sus propias organizaciones, que han demostrado que son una diversidad, que no es un bloque monolítico detrás de las decisiones verticales de un líder. Eso es muy bueno porque hay posibilidades de pensar en la democracia a partir de esta nueva autonomía que recuperan los movimientos sociales.

Más allá de los muchos o de los regulares méritos en el éxito económico de años pasados, lo cierto es que hoy día la situación económica del país es muy distinta y la bonanza de ayer no es la realidad que hoy. Aquí hay, supongo, un inmenso desafío para el futuro gobierno.

Luis Arce, durante el gobierno de Evo Morales, fue su ministro más importante porque era ministro de Economía. No es el país que tenemos hoy en ciernes. Incluso el futuro presidente, en una entrevista hace pocos días, admitió la gran dificultad que ve él en la economía boliviana. Nunca he visto, dijo, una recesión tan fuerte de aproximadamente un 11 por ciento. Hay que enfrentar esa situación. Tienen recursos, obviamente, para hacerlo, como aquellos que utilizaron en su momento, como acudir a préstamos internacionales. Pero el precio de nuestras materias primas ya no es el mismo. Los países atraviesan sus propias urgencias como para poder ayudarnos a salir adelante. Es una situación difícil lo que acontece en Europa, en la segunda ola de contagios, que todavía no la hemos tenido en nuestros países. Pero todos sabemos que la segunda ola, lo más probable es que también arremeta sobre nuestros países y el gobierno va a tener que enfrentar también esta nueva situación.

La magnitud del desafío influye en que se tenga una actitud más inclusiva respecto de sectores empresariales, gremiales, incluso con los partidos opositores, para que entre todos se puedan generar una mejores condiciones estatales para enfrentar las urgencias.

Un detalle más que quizás sería bueno mencionar, el año 2021 están anunciadas elecciones a nivel subnacional para gobernadores y para alcaldes. Se trata de una elección que también ha sido postergada un año. En consecuencia, se suma otro reto para las fuerzas políticas y para el propio MAS. Del resultado de esas elecciones dependerá la posibilidad de generar mayor gobernabilidad territorial.

Un factor que me gustaría destacar es de aquellos sectores extremadamente radicales que no aportan nada positivo a este momento tan difícil, como son los movimientos cívicos del Oriente, que vieron en su candidato Luis Fernando Camacho, como la luz al final del túnel, como el ingreso al Estado. Pero es un candidato que tiene un peso exclusivamente regional, carece tanto de un perfil nacional como de la capacidad para dar el salto desde el movimiento cívico de reacción a la crisis del año pasado, a la candidatura a la presidencia.

Sectores alrededor del movimiento cívico cruceño muy reacios al gobierno del MAS propagan discursos racistas que generan reacciones adversas de la sociedad en su conjunto. Son voces a las que deseamos llamar a la reflexión, para que se integren en una mejor comprensión de la realidad boliviana.

Quiero terminar retomando estas últimas palabras suyas, lo del racismo. Uno podría imaginarse que la presencia del gobierno de Evo Morales de una u otra manera contribuyó a disminuir el racismo en el país, más allá de la posición de Camacho, como usted menciona.

El racismo y la exclusión son uno de los problemas más serios de la historia de Bolivia, que no la hemos podido resolver ni con la guerra de la Independencia ni con la revolución del 52. Hay una fuerte mentalidad racista, colonial en muchos sectores de las élites bolivianas que se expresa particularmente agresiva en momentos de tensión.

Con la aprobación de la nueva Constitución y el Estado Plurinacional, con la inclusión que significó la presencia del propio Evo Morales como presidente y los sectores sociales en el Gobierno, se lograron grandes avances en términos normativos. Tenemos una ley contra el racismo y toda forma de discriminación. Tenemos entidades estatales encargadas de recoger denuncias, de procesar esta situación. Creo que la señal de esta votación también es contra el pensamiento racista.

Sin embargo, estos temas relacionados con las actitudes, con la cultura de las sociedades, no se transforman con una ley o con una norma. Esta división en la sociedad cuando se politiza lleva a extremos muy graves de confrontación porque genera reacciones de ambos lados.

Es un tema muy sensible pendiente en Bolivia. Se ha vuelto a presentar hoy, por eso hablaba de la necesidad de que estos sectores extremos, como los cívicos de Santa Cruz, depongan esta actitud, porque no contribuye a que Bolivia vuelva a retomar la bandera de la integración, de la convivencia, de la cohabitación, de la pluralidad de culturas que tenemos y que merecen el lugar que la Constitución les ha reconocido por primera vez en la historia.

Pero mire, qué paradoja, ni en el propio Gobierno de Evo Morales, en muchas circunstancias, se han respetado estos derechos de los pueblos indígenas. Se les paso por encima, por ejemplo, con el conflicto del TIPNIS (controversia sobre el proyecto que dividía en dos un territorio indígena, el Parque Nacional Isidoro Sécure) Es una asignatura pendiente para todos, no solamente para las élites.

Un caso curioso, una anécdota al interior del MAS. Durante la crisis del año pasado hubo muchas voces de diputados y senadores que expresaron que eran discriminados dentro del legislativo por los propios dirigentes del MAS, de la cúpula de unos intelectuales que nunca los habían tomado en cuenta y que ellos se sentían como voces ocultas, casi anónimas que apoyaban con el voto pero que nunca se sintieron realmente con la posibilidad de hablar por sí mismos.

El tema del racismo hay que hilarlo más fino, no sólo apuntar a las élites tan disonantes, tan claras que emiten estos discursos, sino también poner atención en otros lugares de la sociedad boliviana, cómo se reproducen el racismo y la discriminación de distintas maneras y que hay que atacarlas en todos los ámbitos.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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