Lina Meruane llega a Holanda con Sangre en el ojo

Debe ser terrible perder la vista. Sentir que el mundo conocido se oscurece hasta el negro. Ese es el momento fundacional de la novela Sangre en el ojo de la escritora y profesora chilena Lina Meruane. Seis años después de su publicación en español ha sido ahora traducida al holandés. La autora estuvo en Holanda. Buena ocasión para conversar con ella en el Instituto Cervantes de la ciudad de Utrecht. 

La ceguera obliga a otra mirada, una mirada, qué paradoja, más profunda. Paradoja débil, porque cuando nos quedamos solos con nosotros mismos y nada más solos que en la ceguera, queramos o no, los pensamientos, los recuerdos, la imaginación, nos llevan a la introspección. A preguntarnos sobre el mundo que hemos perdido y, particularmente, cómo vamos a funcionar sin la vista. La protagonista de Sangre en el ojo no está dispuesta a la resignación y exige de la medicina que cumpla con ella y en ella la promesa que pregona: que la cure y le restituya ojos que vean.

El destino de Lina se manifiesta en la pérdida del mundo conocido. La protagonista es lanzada a la ausencia de lo cotidiano, de todo lo sabido. La protagonista ingresa a una vida nueva, la de la oscuridad. El mundo viejo sobrevive en lo vivido. Es como si la memoria y la imaginación fuesen salvavidas o acicates de respuesta a la resignación: no acepto la oscuridad porque yo vi la luz.

Los otros sentidos buscan, con cierto éxito, reemplazar la vista.

Lucina está enrabiada. La ira en contra de la vida y sus protagonistas no es solo el derrame, es la sangre en el ojo. Tengo la impresión de que la rabia, el odio, es consecuencia del miedo a la enfermedad que la apresa, pero que ella rechaza con todas sus fuerzas. Es un combate en que el temor es perder, porque la mutilación le impide luchar en igualdad de condiciones.

Una crítica habla de escepticismo ante la lengua en Sangre en el ojo. Creo más bien lo contrario, es un ejemplo de las muchas posibilidades del lenguaje. Especialmente cuando debe contar lo excepcional, la ceguera, las consecuencias de las circunstancias en los otros. El relato fragmentado, incompleto, es el esfuerzo de dar razón de las tinieblas, en las que nada es percibido como si fuera mirado a la luz de ojos sanos.

Lina está de acuerdo, aunque acierta cuando agrega que las palabras, en algún momento, reconocen que no pueden expresar con fidelidad los recónditos afectos del amor, de la enfermedad, de los retorcimientos de los seres pensantes. Ahí, cuando el lenguaje es impotente emergen las interrogantes para los lectores y las palabras callan para ceder espacio al lenguaje no verbal, al silencio.

Al fondo la convivencia de tres variantes de la lengua, el español, el inglés, el gallego, con sus sensibilidades y sus malos entendidos.

Entrevista con Lina Meruane, gracias al respaldo del Instituto Cervantes de Holanda

Tres cosas sobre el amor:

Dependencias afectivas. El amor y la duda sobre el uso de la vulnerabilidad en beneficio propio, de la manipulación del otro para nuestras necesidades. Dónde está el límite parece preguntarse la ciega. Porque será que me parece una pregunta de imposible respuesta. Quiero decir que hay muchas respuestas, desde el sí al no. Desde la comprensión sincera a la condena por el abuso.

Otra interrogante sobre el amor se refiere al nivel de la entrega, hasta dónde somos capaces de amar. Aquí me caso con esa idea de que en el amor lo máximo se alcanza cuando decae la pasión y comienza la compasión, con M mayúscula. Amar al otro, sufrir con el otro, tolerar al otro.

Finalmente, sobre el amor el tema de la inseguridad. Todo amor verdadero tiene una cuota de inseguridad y mal entendido. Ella cree que Ignacio la dejará porque está ciega. El cree que cuando Lina se mejore lo dejará. Él le pide matrimonio y ella no sabe qué hacer o lo sabe muy bien

No somos, no podemos ser sin los otros parece gritar Sangre en el ojo

Hay dos menciones tiernas en la obra. Una, la dignificación o mejor todavía dl homenaje a la empleada de la casa, que es llamada a sentarse a la mesa con todos porque Lina o Lucina dice que es parte de la familia. Dejar constancia de ello en un país con grandes dosis clasistas es un gesto noble. ¡Que levanten la mano las familias que dejan sentarse a la empleada a la mesa durante las comidas!

Lo otro es la mención a las paltas. No faltaba más, llama la atención porque hoy hay escases de palta en Chile y eso puede originar un trauma nacional.

Lina, que no es costumbrista, dice que palabras como esa dan el color local a las vivencias, se acercan para ser reconocidas.

Sangre en el ojo, junto al premio Sor Juana Inés de la Cruz, ha tenido éxito en diversos idiomas. No es extraño, se trata de una historia de amor, de rencores, de desencuentros, de lucha por la vida, escrita con pasión por el lenguaje.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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