La fiscal Virginia Laparra y su defensa de la justicia y la verdad en Guatemala

No habían pasado dos semanas de su puesta en libertad cuando hablé con la fiscal guatemalteca Virginia Laparra. Estuvo casi dos años en prisión por insumisa, por desobediente y no auto inculparse de algo que no hizo. Su nombre la ha transformado en el símbolo de la injusticia. De un sistema viciado y cooptado por lo que el pueblo ha dado en llamar, Pacto de Corruptos

Nada más comenzar me mostró una herida profunda en un antebrazo. Había salido a caminar y se cayó. Es una de las tantas secuelas del encierro. Perdió la costumbre de caminar por senderos sinuosos, al aire libre. En tres ocasiones anteriores estuvo a punto que la pasara lo mismo. Seguramente un psicólogo diría que se trata de un efecto postraumático después de vivir una experiencia dolorosa e injusta.

Tiene el cuerpo adolorido, tiene el alma herida, pero ello no le impide una sonrisa amplia y los deseos de conversar.

Lo primero es aprovechar esta conversación para, por su intermedio, felicitar al pueblo de Guatemala que ha obtenido hace tan pocas horas una victoria pese a los intentos de los parlamentarios de arruinar el día. No lo han logrado. Y no solo están felices los guatemaltecos, están felices todos los demócratas del mundo.

Muchas gracias. Yo les decía a mis amigos lo que empezó como un día oscuro y nublado, se fue convirtiendo con el paso de las horas en un oasis de felicidad. Y en la madrugada, cuando ya vimos a Bernardo Arévalo tomar posesión, fue una luz, un amanecer después de tanta oscuridad que hemos tenido.

Usted estuvo 680 días en prisión. Se ha repetido a con insistencia de que se trató de un castigo destinado a doblegar su voluntad. ¿Fue castigo o fue venganza?

Fueron ambas cosas. Un castigo porque es lo que sucede en este país con los funcionarios públicos principalmente. Las personas con poder están acostumbradas a que los funcionarios hagan sí o sí su voluntad. En mi caso, no aceptar como delito algo que no lo es, no aceptar declarar ante un juez cosas que no son ciertas -como es el caso de personas que han aceptado cargos, tengo conocimiento, les piden que declaren a su gusto- Era lo que se esperaba de Virginia de la Parra. Querían que dijera que la CICIG, y la Fiscalía Especial contra la Impunidad habíamos actuado de forma corrupta y fraudulenta, y ¡no es cierto! No aceptar darles la razón y entregarles una disculpa pública diciendo que ningún funcionario tiene la facultad de denunciar, ni siquiera administrativamente, porque fue lo que yo hice a un juez. Era grave para mí aceptar algo semejante. Es inadmisible para ellos que una persona, un funcionario no haga lo que ellos quieren, que es a lo que han estado acostumbrados.

Por ese lado es un castigo y por eso duró tanto. En Guatemala las audiencias son y deben ser públicas, deben estar abiertas al escrutinio público para que todos podamos saber qué es lo que sucede. Pero si revisas mis casos en las primeras audiencias, eso no se llevó a cabo. ¿Qué pasaba en esas audiencias? Un escarnio. Era cualquier cosa menos una audiencia con respeto de garantías, porque se les permitía exigirme una aceptación de cargos. De hecho, las principales motivaciones que se dieron para mantenerme en prisión fueron inicialmente que yo ejerciera mi derecho de defensa. Por cierto, que no lo dijeron así, sino que sacaron los paquetes del expediente para reclamar, mire, todo esto está formado por planteamientos que usted ha hecho y que se han tenido que resolver por los tribunales de justicia. Entonces, si a usted yo la dejo salir, mañana estará aquí en la puerta presentando alguna otra cosa. Jurídicamente eso se llama limitar el derecho de defensa. Es un castigo. Usted se va presa porque no se deja. Lo decían, no se deja hacer lo que nosotros queremos que usted haga.

En otra ocasión me dicen, cómo la voy a dejar salir a usted si otros de sus compañeros de la CICIG agarraron sus cosas y se fueron. Nosotros queríamos agarrarlos a todos. Entonces a usted le toca pagar. Eso es lo que se entiende.

Más adelante me dicen, el expediente se ha vuelto público. Usted y sus abogados están hablando con los medios de comunicación, por eso se va a una prisión de máxima seguridad donde no tenga acceso a hablar con ellos. Palabras más, palabras menos me dicen, por su culpa ya nadie confía en el sistema de justicia. Yo le digo al juez, ¡Guau! Le agradezco esa gran connotación, pero es que resulta que en ese momento yo estaba leyendo un libro, no recuerdo el nombre, pero trata sobre sobre una cuestión judicial y ahí decía, desde hace muchos años nadie cree en el sistema de justicia. Qué gran privilegio hacerlo notar, pero realmente no fui yo.

Entonces sí era un castigo por no hacer lo que ellos exigían. Desde el inicio de este proceso llegaron a mi oficina a decirme usted tiene que hacer tales cosas y nos presenta una disculpa pública. Era el 2017 y si no lo hace vamos a proceder con denuncias y demás.

Seguramente pensaban, es mujer, tiene hijas pequeñas, la presionamos un poco y seguro va a aceptar. Era lo que se esperaba.

Por el lado de la venganza, por supuesto, un juez en este caso, que no puede concebir que se les señale que no es perfecto. Es juez, pero no está por encima de la ley. Debe haber sido chocante para alguien que cree estar en ese estatus, verse enfrentado a un cuestionamiento. Por supuesto que puede entenderse como una venganza.

Sabemos que las condiciones carcelarias que usted vivió fueron pésimas, hasta los traficantes de drogas y asesinos tienen mejor trato que el que tuvo usted. ¿Cómo fueron los vejámenes de los carceleros?

Mira, José, en la prisión hay distintos sectores. Tuve la oportunidad de ver varios y todos eran mejores que el sector en el que yo estuve. A nosotros nos pusieron en condiciones de aislamiento, celdas o bartolinas. Cuartos cerrados completamente donde se llevan a los presos que tienen mal comportamiento dentro de prisión para castigarlos. Nos mandaron ahí abajo con el pretexto de resguardarnos para que nadie nos hiciera daño.

Me aplicaron todas las reglas de trato a un preso castigado. El reglamento a rajatabla. Tenía 23 horas de encierro con una ventanita de 50 por 30, o algo así.

No somos criminales y nos trataron como a los peores criminales.

Cuando salía para alguna diligencia, al juzgado o cuando por suerte lograba que me llevaran al hospital, encontraba algún otro privado de libertad y le saludaba. Con el tiempo me lo prohibieron. Me dijeron que yo no podía hablar con nadie, que no podía dirigir la palabra a nadie.

El ser humano es social y te aíslan completamente. Cuando sales y ves a un ser humano, no importa quién es, yo por lo menos le decía buenos días. Ahí mismo llegaba la advertencia: “Mire, disculpe, pero no puede hablar con ellos. A todos los alejaban de mí. Después llegó el punto en el que, a los mismos guardias del sistema penitenciario, las autoridades les prohibieron hablar conmigo. No podían acercarse a la bartolina. No me podían dirigir la palabra, era una orden.

Así tú puedes entender que realmente son condiciones para torturarte.

En junio del 2023, Naciones Unidas exigió su liberación inmediata. El Estado de Guatemala guardó silencio. Amnistía Internacional la declaró presa de conciencia. El Estado de Guatemala guardó silencio. El Estado de Guatemala literalmente le robó a usted un año y medio de su vida. ¿Qué reparación espera?

Esto es difícil porque destruyeron a mi familia. Me quitaron mi tierra, el trabajo, me quitaron todo. Paulatinamente voy a ir recuperando cada una de estas cosas. Pero moral y socialmente nunca me van a poder resarcirme. Quizá, en algún momento, alguna reparación económica. La historia guatemalteca de resarcir los daños que han hecho son muy escasos. Lo demás es caminar de manera personal, buscando hacer las reparaciones que me sean posible.

Usted lo ha comprobado en carne propia, dedicarse a la justicia verdadera en Guatemala puede costar muy caro. ¿Virginia La Parra piensa continuar dedicándose a la justicia? Pregunto por una razón particular y es que usted es madre de dos hijas.

Toda esta experiencia difícil no cambia en nada mis objetivos de insistir en la búsqueda de la justicia. No me quita el deseo de continuar luchando por la justicia y por los derechos humanos. Creo que nací para esto. Me gusta y realmente me causa una gran satisfacción los pequeños logros conseguidos a lo largo de mi carrera, me hacían y me van a seguir haciendo feliz. Hay muchas áreas de tu vida en las que puedes ser feliz y esa que pretendían destruir, porque eso fue lo que intentaron hacer, no lo lograron.

Estoy dispuesta, si la vida me vuelve a dar esa oportunidad, a regresar a ese ámbito.

Cuando comenzamos nuestra hablamos de la investidura del nuevo presidente de su país, Bernardo Arévalo, en el que se han depositado enormes esperanzas. Una de ellas es rescatar a la justicia de las manos, de la corrupción y del crimen organizado. ¿Cómo se puede hacer eso?

Es una pregunta recurrente que me he hecho desde el momento en que estuve en prisión. Aunque es difícil, tenemos que limpiar cada una de las de las instituciones estatales, la judicial, todo lo que concierne el Ejecutivo, el Legislativo, no se diga. Creo que tenemos que usar los mecanismos que tenemos. El sistema no funciona. La pregunta es ¿quién hace que los mecanismos funcionen? las personas. Yo vengo de trabajar en una institución donde en muchas ocasiones me encontré con quienes decían no se puede. Y yo he pensado que siempre tiene que haber voluntad. Si no la hay es muy difícil hacer funcionar cualquier mecanismo, por maravilloso que sea. La clave es conseguir a las personas que no solo que quieran hacerlo, sino que tengan los conocimientos necesarios para ello. Y en eso tiene mucho que ver la educación y la preparación a las que debemos apuntar.

Insisto. Resistir las presiones y las tentaciones, rechazar los ofrecimientos de dinero mal habido. Estar consciente de que cualquier día pueden llamarla por teléfono y amenazarla de muerte. Saber que las cosas pueden llegar tan lejos que sea necesario auto exiliarse. ¿No es pedirle demasiado al cuerpo?

Te voy a contar una experiencia. Una vez entré en una sala de audiencias. Era un caso de asesinato. Cuando termino el procedimiento me pongo de pie, dispuesta a salir y la persona sindicada me dice: “Te voy a mandar a matar”. Entonces me acerqué a él: “¿Me puedes repetir lo que me dijiste?” Te voy a matar, dijo. Pero ¿por qué? Porque me metiste a la cárcel. A ver, veamos eso. Cuando yo vine aquí, tú estabas en prisión. Y la persona que te trajo a ti, no fui yo. Fuiste tú. Entonces piensa, si tú quieres matar a la persona que te trajo a prisión, primero contéstame ¿quién te trajo aquí? Se me quedó viendo: “Está bien, No te voy a matar”, me dijo.

A lo que quiero llegar es si es mucho pedirle al cuerpo, pero alguien lo tiene que hacerlo. Y hasta aquí, yo estoy contenta con lo que he hecho. Claro, es una esperanza bastante ilusa en este momento en un país como este. Pero en la medida en que se pueda resistir, lo voy a hacer.

El 55% de la población guatemalteca vive en la pobreza. Y el 47% de los niños sufre desnutrición infantil crónica. ¿De qué forma realidades como estas influyen en la conciencia de una persona que se dedica a la justicia?

Es que la corrupción mata. José. No se trata solamente de un funcionario que robó dinero. ¿Qué es lo que sucede? Las personas individualmente tienen un pensamiento equivocado de que están robando al Estado, lo ven como algo muy lejano, porque no fue un asalto personal en el que le quitaron la cartera y se llevaron el dinero que tenía o la tarjeta del banco. Es algo que tenemos que cambiar, porque esos robos, esos saqueos que se hacen al Estado no se lo hacen a una persona, nos lo hacen a todos.

Creo que es un discurso que molestaba en el momento de mis audiencias, porque usualmente en mis conclusiones decía; “A ver, dígame cuántas personas se fueron al barranco porque no había señales, cuántas personas se murieron y literalmente murieron porque se les hundió el piso.

Hay gente que siente que no pueden ser útiles a una sociedad que les exige lo que no les da. ¿Cuántas personas han muerto en ese intento de sobrevivir? Porque en este país tenemos prácticamente vedado el derecho a la educación. La Constitución dice que tenemos derecho, pero la realidad es muy distinta y en ese sentido la corrupción mata.

Es así como se toma conciencia, cuando entiendes que el lado por el que tú estás luchando trata de preservar la vida de tus conciudadanos y tomas mucho más valor para hacer tu labor.

Sorprende la solidaridad que usted ha recibido no solo en el país sino en el ámbito internacional. Es algo que no se da todos los días y la única explicación que tengo por el momento, es que la injusticia que se ha cometido con usted es tan grande que la gente no se podía callar.

Así es. Fue tan fácil de entender que la población guatemalteca y la comunidad internacional se volcaron a poner atención en una cuestión que era tan absurda. Yo tengo muchísimos agradecimientos todavía que dar y me voy a pasar el resto de mi vida haciéndolo. Estoy muy agradecida porque todo este apoyo me mantuvo viva. De verdad. Había momentos en los que yo no podía más. Fue muy duro, pero recibir esa respuesta que tú no esperas, porque eres un funcionario público que nadie conoce. Así, el amor que encontré en la ciudadanía guatemalteca, en la comunidad internacional, es un acontecimiento sin precedentes.

Le deseo lo mejor, que le vaya muy bien y esperamos seguir teniendo noticias de Virginia La Parra y de su accionar en la justicia guatemalteca.

Así será. En el nombre de Jesús. Estoy con todas las ganas de seguir viviendo, de salir adelante. Seguramente me voy a seguir cayendo y aquí está la prueba, pero no lo dejaré de hacer. Mañana voy a volver a salir a caminar, así lo voy a hacer en todas las áreas de mi vida. Así está Guatemala, herida, porque nos hemos caído muchas veces, pero esto va a sanar. Guatemala va a sanar y vamos a seguir adelante. Tengo mucha esperanza en ello y por supuesto que estoy dispuesta no solo a esperar que eso suceda, sino en la parte que a mí me toca, todo el mundo sabe que Virginia la Parra la va a hacer.

 

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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