El Pacto de Corruptos de Guatemala y sus patadas de ahogado

Personeros emboscados, desde las sombras, todavía maquinan para impedir a cualquier costo la investidura del nuevo presidente de Guatemala. Mientras el tiempo se les acaba los organismos internacionales, los gobiernos de América Latina y El Caribe, los de la Unión Europea, el de los Estados Unidos, prácticamente todos condenan los intentos antidemocráticos. El gobierno, el Congreso, el ministerio Público, y unos cuantos secuaces enmascarados, todos reunidos en el Pacto de Corruptos reciben, sobre todo, la indignación de la población guatemalteca, más unida que nunca en la lucha por preservar la joven, frágil y maltratada democracia

Obispo Rodolfo Valenzuela y el abogado Edgar Ortiz

La Corte de Constitucionalidad emitió un fallo, el jueves 14 de diciembre, que en su parte central el expresa: “Se exhorta preservar el régimen democrático del Estado, observar los valores de la justicia, la seguridad y la paz, observando que, imperativamente, la renovación de los integrantes del Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo se lleve a cabo el 14 de enero de 2024, fecha prevista en la Constitución, con las personas electas conforme los resultados avalados por el Tribunal Supremo Electoral, procurando la materialización de la unidad nacional, de los intereses de la población guatemalteca, por medio de un proceso pacífico de transición”. La sentencia cancela, no impide otros intentos delincuenciales.

El obispo Rodolfo Valenzuela es presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala.

Las señales de una intentona golpista en Guatemala han renunciado al pudor. Se suprime el derecho de antejuicio al Tribunal Supremo Electoral que reconoció el triunfo de Bernardo Arévalo. La Corte Suprema de Justicia acepta el amparo que pide desconocer los resultados electorales. El viernes 8 recién pasado se declaró nulas las elecciones. Hay más, pero estos antecedentes bastan para ilustrar la agravación del momento.

Sin duda. Todos estamos muy preocupados porque las principales dificultades provienen de las mismas instituciones del Estado, en donde todos esperábamos que debía estar el apoyo legal, el marco institucional para el respeto de la democracia. Sin embargo, de allí, por el problema grave de corrupción es de donde vienen las amenazas tan dañinas a la democracia. Aparte de que nuestra democracia es muy frágil, puesto que tiene pocos años y después de tantísimas décadas en las que solo hubo estados totalitarios. Sume el enfrentamiento bélico entre guerrilla y ejército. La democracia apenas comienza a fortalecerse. Ahora que se esperaba un cambio, esto se complicó en extremo.

 

Hay escasas excepciones de conciencia en el Congreso que no se puedan comprar. Así, el llamado Pacto de los Corruptos ya no es un lema de la oposición, sino una definición de lo que ocurre. ¿Cómo ha sido posible llegar a esta metástasis que amenaza con matar al Estado de Guatemala?

Creo que la corrupción no es únicamente un asunto de algunas personas y grupos de poder. En términos generales es un cáncer de la sociedad, porque, quien más, quien menos a nivel pequeño o municipal, o incluso en las relaciones comerciales en los barrios, todo el mundo trampea. Es como una cultura negativa que sería necesario cambiar de fondo y que aún no lo hemos logrado.

Desde otro punto de vista, hay que ser positivo sobre el momento que vivimos. Los años de la represión, los del control absoluto de la opinión pública, de los medios de comunicación social, fueron tremendos. Recuerdo cuando tenía entre 25 y 30 años, cuando comenzaba mi ministerio y servicio en la Iglesia el conocimiento de lo que sucedía era muy limitado. De esos años 80 a la actualidad hemos ganado en transparencia. Es decisivo el rol que tienen los medios de comunicación, que son capaces de desenmascarar prácticamente cualquier cosa. Lo nuevo, como usted dice, es que la sociedad entera está más consciente de las dificultades.

Lo sobresaliente es que hay un consenso entre posturas diversas. No solamente es la oposición y un espacio del Estado los que están en pugna, es la sociedad civil pensante, la sociedad crítica aún con ideologías diferentes, con situaciones sociales y económicas dispares la que está de acuerdo en que esto es algo que se ha generalizado y que debe vencerse. Ahí está el sostén de una esperanza de cambio en nuestro país.

Por citar una fecha reciente, 1983, las cartas pastorales de ese entonces fueron de un gran coraje. La del 27 de mayo, por ejemplo, afirmaba que las masacres cometidas por el ejército contra los campesinos indígenas fueron genocidio. Esta herencia de dolor reclama una gran responsabilidad eclesiástica. ¿Cómo se lleva eso en la Iglesia Católica de Guatemala?

Estamos conscientes del papel que la Iglesia tuvo en esos años. La jerarquía, los obispos en un determinado momento tuvieron un protagonismo particular. Una característica de los años 80, incluso los 90, hasta la firma de la paz en el 96, eran años en los que la Iglesia era casi la única voz que se levantaba. Hubo obispos verdaderamente loables en su postura y acción. Para mí, el de mayor relevancia en todo este campo de lo social, político, económico del país es monseñor Juan Gerardi, también víctima de la represión del Estado.

Actualmente la realidad ha cambiado. La Iglesia es un actor más, si bien importante, pero en un conjunto de voces que se expresan y que en los ochenta y noventas no era posible. De cierto modo hay más tolerancia en la libertad de expresión. Como presidente de los obispos también es un interrogante ¿qué es lo que a la Iglesia le toca? Seguimos acompañando la voz de este pueblo. Por ejemplo, en toda la protesta nacional, con el tema de los bloqueos de carreteras liderados por los 48 cantones en Totonicapán, por un liderazgo indígena que, en los ochenta y noventas era impensable porque simplemente era decapitado, pues ahora es un actor decisivo en el país. La Iglesia apoya, no los bloqueos, pero sí el objetivo de este movimiento social.

Si bien es cierto que aún nuestra voz es escuchada y esperada. Según las estadísticas y los sondeos de opinión, la Iglesia y el ejército aún son instituciones que tienen credibilidad en el país, no así las instancias oficiales, sobre todo el Congreso, que está tremendamente desprestigiado y muy bajo en el nivel de confianza de la población.

En esta crisis hemos de fortalecer y ayudar a que se respete el marco institucional. Estamos también en discernimiento porque la situación cambia constantemente. A veces en la Conferencia Episcopal comentamos: ¿decimos hoy algo? y decidimos esperar 24 horas, porque aquí cambia la situación en un día.

Es un momento de gran preocupación, pero también de mucha esperanza y ánimo porque el pueblo tiene un nuevo talante.

El pasado 9 de octubre, la conferencia que usted preside dijo que el Estado no ha servido al bien común y por eso los ciudadanos protestan y piden la destitución de quienes han atropellado el proceso electoral. El caso es que la situación no ha hecho más que empeorar. ¿Y si la violencia, si el desdén por el valor de la vida, el desprecio por el otro, fueran las razones del espíritu totalitario que nunca se terminó de ir del país?

Es cierto. En la cultura guatemalteca hay un mirar hacia el cacique, el jefe, hay una inseguridad interna en nuestra psicología social. Sabemos también que los pueblos ancestrales también tienen ese esquema del caciquismo, del líder que arregla las cosas. Es un obstáculo cuando hablamos de democracia y de cambio, de participación, es aún un fantasma que está presente en nuestra realidad. Hay que irlo superando. No es fácil, para nada.

Paralelamente existe una percepción generalizada de que las cosas han cambiado, de que hay un círculo muy cerrado y temeroso que persigue ese entrampamiento del proceso electoral. Estamos conscientes del rol tan negativo que mantiene el Ministerio Público, la Fiscal General y sus colaboradores que están empecinados en unos puntos que os juristas de mayor credibilidad critican como incorrectos. Uno supone que no están solos. Hay un apoyo detrás de caras que no salen a la luz pública, interesadas en mantener un estatus quo represor y antidemocrático. Reitero, hay esperanza porque se trata de un grupo pequeño. Hoy se dice en lenguaje popular que están dando patadas de ahogado.

Esperamos que la situación de veras cambie, que lleguemos al 14 de enero en donde tome posesión el nuevo binomio electo. Sabemos que después las dificultades y las trampas seguirán, porque esto no cambia en seis meses.

En las recientes elecciones hubo una abstención del 41%. Es decir, que casi la mitad de los ciudadanos guatemaltecos tenían desconfianza del mecanismo democrático. ¿Me dice usted que de una u otra manera esa percepción ha ido cambiando en el transcurso de los días, con las protestas encabezadas por los 48 cantones?

Percibo que hay un cambio en marcha, una postura diferente. Los mismos bloqueos, por supuesto, no han sido bien aceptados, porque tienen muchas consecuencias negativas, no solo para las grandes empresas, sino para el comercio, para la vida común y corriente de cada día. Sin embargo, la gente es capaz de distinguir entre lo que son los bloqueos y lo que es el objetivo de toda esa protesta social. Es un elemento nuevo. Y esa percepción se da no únicamente en las clases bajas, en la mayoría del pueblo. Se da también en el Comité de Instituciones Financieras y Comerciales, en el CACIF. Se da en partidos políticos de distinto cuño; entre las iglesias, excepto algunas evangélicas de cuño tradicional y cerrado.

Quiero creer sinceramente que nada impedirá que el 14 de enero asuma el nuevo gobierno. Pero ¡qué tremenda tarea le espera…!

Cierto. No hay duda de que la corrupción enquistada en el Estado, en el Congreso de la República estará maquinando qué hacer. Sin ir lejos, la aprobación del nuevo presupuesto de la Nación es claramente una trampa para que el nuevo gobierno no pueda cumplir con lo que aspira. Pero estamos más conscientes de lo que pasa. Tenemos la oportunidad de ir planificando cómo hacer frente a los obstáculos que irán surgiendo.

Es alentador ver como la mayor parte de la población está dispuesta a poner de su parte y la Iglesia, se lo aseguro, es consciente de aportar desde lo que le toca en este proceso.

Monseñor, esta entrevista se difunde a pocos días de la Navidad, una fecha señalada que invita a la reflexión, al recogimiento, a las ilusiones de otro destino, a la reunión de las familias. ¿Cuál es su mensaje para los guatemaltecos en particular y para los latinoamericanos en general?

Guatemala es un país que tiene un sustrato religioso muy fuerte en nuestra herencia de los pueblos originarios. A pesar de las dificultades, el ver la trascendencia, pensar en Dios, mencionar a Dios. Estas tradiciones familiares como la Navidad en particular tienen peso. El mensaje sería no dejarnos llevar por una Navidad que quiere ser simplemente un momento de consumo. Aumenta cada vez la comercialización de estas fiestas y eso quita el fondo que de veras tiene como reserva de esperanza, de tiempos nuevos para nuestros pueblos, como lo ha sido desde el antiguo Israel con Isaías. Mantengamos este sentido de familia, de ver más allá, de esperar siempre que un cambio es posible.

Edgar Ortiz es abogado, profesor universitario y uno de los autores del recurso de amparo presentado ante la Corte de Constitucionalidad para promover el respeto y la investidura del presidente electo Bernardo Arévalo. Esta es la entrevista exclusiva con el jurista.

Usted junto a otros abogados de Guatemala, presentó un recurso de amparo a la Corte de Constitucionalidad para buscar la investidura del 14 de enero de la pareja ganadora de las pasadas elecciones. Tanto el presidente como la vicepresidente y una vez que la Corte de Constitucionalidad aprobara este amparo, usted habló de un día histórico para la democracia del país. En el papel. La resolución es categórica e inapelable. ¿Y en la práctica?

Creo que también. Se cierran muchas puertas de una intentona golpista. Yo lo digo así la Corte no lo reconoce de esa forma. Por razones institucionales, reconoce la amenaza, pero incluso hace un matiz cuando se refiere a la histórica sentencia de 1993 de la misma Corte, cuando efectivamente se trató en un golpe de Estado. Ahora, el aparato de decisiones desde el Estado para impedir la transición o incluso el intento manifiesto de anular las elecciones ha quedado claramente invalidado con esta sentencia. Además, como usted lo dijo, de forma categórica. No hay lugar a dudas.

De manera que lo único que podríamos esperar en la práctica son dos cosas. En el peor escenario posible que desobedezcan a la Corte, en cuyo caso, caeríamos de nuevo en un rompimiento constitucional, cosa que francamente dudo. O dos, que se utilice la fuerza bruta penal, es decir, que se insista en la persecución directa contra el binomio para evitar su toma de posesión. Pero de todas formas me parece que son escenarios poco probables.

Hay voces como la de los 48 cantones que aseguran que los planes golpistas no se han detenido. Y algunos analistas que dicen por supuesto que es importante y categórica la declaración de la Corte de Constitucionalidad, sin embargo, deja la puerta abierta para que el binomio siga siendo perseguido en el futuro.

Estoy de acuerdo con los 48 cantones, quienes además han sido un actor toral en esta crisis. O sea, han sido la voz de la democracia en Guatemala, han sido valientes, constantes en esta lucha y creo que llevan razón cuando refieren que el intento golpista no cesará. Tampoco me cabe duda de que veremos intentos de utilizar otras puertas diferentes a las que ha cerrado la Corte. La Corte ya cerró la puerta de anular elecciones. Ya no pueden entrar por ahí. La Corte ya cerró la puerta al establecer que el Congreso no puede rehusarse a tomarle posesión al binomio bajo excusas como que hoy el partido está suspendido o recursos parecidos. ¿Qué puerta le queda entonces al golpismo? La persecución penal. Pero recordemos que el binomio electo tiene derecho a antejuicio, tiene inmunidad. Para retirársela a un candidato electo hay que pasar por la Corte Suprema de Justicia, y seguir un largo proceso.

Lo que digo es que me parece poco probable que esa vía prospere, porque las acusaciones son a todas luces espurias. No creo que la Corte Suprema de Justicia esté en ese plan. Tampoco creo que los tiempos del calendario le favorezcan a la Fiscalía. Un proceso para retirar la inmunidad tiene que pasar una serie de etapas que, toman dos o tres meses.

El llamado Pacto de Corruptos podría estar pensando lo siguiente: “Bueno, si no hay de otra que asuma, pero no van a poder gobernar con un presupuesto hecho a la medida para que el nuevo gobierno fracase”.

De acuerdo, pero son dos temas distintos, porque para hay una diferencia entre una agenda antidemocrática, como la del golpe, en donde abiertamente te están diciendo no, no, tú no vas a asumir porque no eres de la rosca, porque tú no pagaste peaje y no nos gusta tu decisión. Esa agenda para mí es la que está prácticamente encajonada con esta sentencia. Ahora bien, hay que distinguir otro problema que ya es de orden político, con un presidente débil. No es Guatemala el único ejemplo en América Latina en donde los ejecutivos débiles empiezan a enfrentar dificultades de gobernabilidad. Pero ese ya estás en la silla presidencial, estás gobernando. Claro, tienes a la Fiscalía en contra, al Congreso, en contra, pero eso es el reflejo de la institucionalidad y de la clase política que tenemos. Será una conversación más en el plano político que en el plano institucional, aunque obviamente va a haber intentos desde lo institucional por continuar el hostigamiento y el choque Presidencia – Fiscalía General va a ser muy complejo.

Es natural que el amparo debía presentarse para estas figuras centrales que son las víctimas de la de la crisis desatada por el Ministerio Público de Guatemala, pero hay otros inocentes que están en la cárcel. Estoy pensando en el director del diario El Periódico. En los detenidos de la Universidad San Carlos.

Mi área de especialidad en la parte constitucional, desde esa ventana me preocupa el retroceso democrático que se ha visto enfocado en la parte judicial. Tenemos no solo al director del periódico y a los acusados universitarios. Tenemos a otras personas que han sido encarceladas por razones políticas y ojo, no estamos ubicados en la mejor región en términos de calidad democrática del mundo. Y aún así, de no ser por Nicaragua, que francamente compararse con Nicaragua es una falta de respeto, porque los nicaragüenses sufren una de las dictaduras más atroces que recordamos del pasado reciente, pero después de Nicaragua, uno observa los indicadores de deterioro democrático y dice… Aló, Guatemala y es que tenemos detenciones arbitrarias, persecución política. La pregunta abierta que nos queda con la nueva administración es cómo reconstruir el tejido institucional. La gente que está detenida no va a salir de la noche a la mañana, no va a salir si no hay una transformación, un paso adelante y un pacto de país. Superación implica reformas en la Fiscalía, para devolver el carácter democrático, si es que alguna vez lo tuvo la Justicia.

Hay nombres conocidos de los responsables de esta crisis de la prevaricación sistemática que han ejercido en el país. Ahí está Consuelo Porras, Rafael Curruchiche, Cintia Monterrosa y Freddy Orellana. Pero estas son las caras visibles.

Lo que pasa es que desde el año 2001 surgió una nueva clase de política autónoma desde el punto de vista financiero, principalmente a través de la corrupción de obra pública. De modo que nos rodeamos de gente cuyo modus vivendi es la corrupción por la corrupción. No hay nada más que el saqueo burdo de la cosa pública. Tenemos una élite política depredadora que realmente si uno se preguntase cuál es el la razón real del boicot al binomio electo, la respuesta es la pérdida del acceso al erario nacional. No hay otra cosa. Por supuesto, hay otros intereses que confluyen, como el narcotráfico, el crimen organizado que participa de ese combo.

En el fondo lo que alarma de Guatemala es que el futuro de, paísa está en buena parte en manos de esa élite política depredadora. Incluso el capital tradicional está muy desplazado de las decisiones políticas en comparación con hace dos décadas.

Se hace cuesta arriba imaginar la salida de ese sistema. El punto final que habría que ponerle a esa situación.

En la despedida, el estado de ánimo. ¿Debemos ser optimistas de que usted va a estar sentado en el acto de la toma de posesión del nuevo presidente?

Si me invitan sí. Creo que tenemos que ser optimistas porque pese a las adversidades yo no pierdo la sonrisa, porque creo que pese a todo lo que lo que hemos sufrido como país, el desenlace de este año fue mejor de lo esperado. No puedo dejar de recordar las conversaciones que tenía con colegas y los pronósticos de todos, incluidos los propios, eran negativos. Creo que estamos contra todo pronóstico en una posición mejorada. No solo eso, pese a todos los problemas, no quiero dejar de mencionar el rol histórico que han jugado actores como los 48 cantones y resto de la población que salió a las calles a manifestar cuando la cosa se puso fea. El nivel de resistencia institucional que mostró Guatemala, francamente yo no lo esperaba. O sea, un Tribunal Supremo Electoral al que se le criticó mucho durante la elección, pero en el fondo dijo No, no vamos a anular la elección. Una Corte Constitucional que fue atacada, cuestionada, que dijo aquí va a haber democracia. Hay varias razones para sonreír, para mirar con optimismo, por supuesto, un optimismo moderado y racional, porque sabemos que vienen cosas difíciles, pero que vamos camino de evitar la catástrofe.

 

 

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resuelva la operación: *