El referendo constitucional de Chile. Nadie sabe qué hacer después del 17 de diciembre

De confirmarse los pronósticos sobre el referendo constitucional del próximo 17 de diciembre en Chile, ganará el rechazo. En el tal caso se producirá una situación paradójica, será, seguramente una de las pocas victorias en las que la celebración impide la materialización de un proyecto de derecha que polariza, pero, a la vez, no resuelve las demandas que reclaman los chilenos

Modesto Gayo, español, es catedrático de sociología en la Universidad Diego Portales Santiago de Chile, trabajó como Research Fellow en la University of Manchester.

Para comenzar dos referencias a una reflexión suya sobre el referendo del próximo 17 de diciembre, aparecidas recientemente en el Diario Digital de Chile El Mostrador. El primero dice así: “El proceso constituyente iniciado a fines del año 2019 comprometía justamente derrumbar las huellas del pinochetismo. Y esa meta es precisamente la que no se alcanzó”. Parece una derrota triple. La primera, la de los independientes, que no lograron armonizar las diversas sensibilidades. Derrota agravada por escándalos de poca monta, radicales e irresponsables.

En la derrota del 2022 no los calificaría de irresponsables. Creo que lo que pasó fue otra cosa. No sé el calificativo que utilizaría para el conjunto del proceso. Es que en Chile se han acumulado una serie de demandas y no ha habido un representante que las condujese dentro del sistema de partidos. Demandas que nadie representó apropiadamente por diferentes razones. Algunas son generacionales, bastante recientes. El animalismo es una cuestión de hoy. ¿Qué ocurrió? Que el abrir a tantas candidaturas produjo que tuvieran éxito muchas que representaban solo una causa.

Entonces se encontraron en la Convención Constitucional un conjunto de actores y todos ellos querían poner su reivindicación y si no lo conseguían era para ellos un proceso fracasado.

De este modo había muy poco margen, como dicen los expertos en teoría de juegos, para alcanzar una solución de equilibrio que satisficiera a todos los constituyentes.

Hay otra razón, como consecuencia del proceso, fueron elegidas demasiadas candidaturas progresistas. Entonces se encontraron y se produjo una especie de -no sé si decirlo así- momento mágico. Pero, desde un principio pensé esto no va a terminar bien. Conociendo a Chile, la espuma termina cayendo y no es un país tan progresista. Desde el principio deseé que no cometan el error de pensar que la derecha es el 20%. Esa equivocación en parte la cometieron por lo que digo, porque tenían muchas dificultades para negociar entre ellos. El animalista quería poner su causa como animalista, el del cambio climático, como el del cambio climático, y así, suma y sigue.

Después hay una serie de fallas: la Constitución está llena de referencias al género. Chile es un país que acepta en parte esa causa, pero no la construcción de una Constitución desde ese punto de vista. El reconocimiento de pueblos originarios lo acepta una gran parte de la población, incluso sensibilidades de derecha. Convertir la Constitución, en donde este diez o 15% prácticamente tiene una influencia como si fuesen el 50% está fuera de lugar.

Es decir, se cometieron errores estratégicos. Cambiar el nombre del Senado y otras cuestiones absolutamente estéticas. Bueno, y sí hay algunos actores que han sido vinculados con una irresponsabilidad.

Lo que me sorprendió mucho, yo llevo muchos años en Chile, conozco al país y por eso no entendía: ¿cómo es que no se dan cuenta ciertos chilenos del gran momento que tuvieron para derrumbar la Constitución pinochetista y sabiendo que no podían construir una constitución de máximos?

Segundo supuesto, derrota de los políticos que ante la crisis de representación en Chile optaron mayoritariamente por refugiarse en sus feudos ideológicos y en sus intereses particulares.

Esto me parece que es parte de la dinámica de la política en Chile. De hecho, representa más bien la manera fáctica. Es muy efectiva en articular a una clase social de profesionales de posiciones altas, también en la izquierda. No creo que sea un problema solo de la derecha, incluso diría que es lo que ha estado construyendo el Frente Amplio. Es el aprendizaje histórico de que la política reparte, pero dentro de un sector restringido. Aquí se puede ver cómo opera la administración pública. Si en Chile estás fuera de las redes -perdonen la expresión- estás jodido, no te llegan los recursos, apenas te alcanza un goteo.

Obviamente los extranjeros sabemos que estamos marginados de acceder a muchos recursos por no estar en estas redes.

Entonces, parte del problema es que, primero, no articulan causas que van surgiendo, sobre todo las de sectores medios y medios bajos. Porque en realidad tampoco están tan presentes en su vida cotidiana. Uno puede ver el recambio que hay ahora en el Frente Amplio. Muchos de los cargos altos, incluyendo el Presidente y de los que están en ese entorno en realidad son hijos del progresismo nacional. Algunos puede que incluso sean de centro o centro derecha. Son gente que encontró su momento y articularon este sector. Ahora, el vínculo con intereses más allá del sector es estructuralmente difícil porque el ser parte exige repartir recursos dentro de esta amplia clase acomodada. Una vez que entras es difícil salir de ese reparto. Es lo que se ve con buena parte del Frente Amplio. Básicamente entraron criticando a sus padres, y ahora se encuentran en la situación de que en muchos casos han tenido las mismas malas prácticas a través de un estado que externaliza mucho. Es la petición de servicios que se hace a las mismas redes que son parte de la sociedad civil, pero que, en el fondo, constituyen una extensión del funcionamiento de la administración pública. No es la burocracia francesa ni española, es un sistema plástico en donde operan estas redes. Que funcione en redes no es tan malo, el problema es que muchas veces los recursos no llegan a quienes deberían porque se van quedando por el camino.

Tercera, derrota de la sociedad. Porque no puede hacerse siempre la víctima para no asumir responsabilidades democráticas.

Sí, en parte me parece que hoy quizás es la principal derrotada. A lo mejor muchas de estas organizaciones que no tuvieron la capacidad, quizás la experiencia, como había una crítica muy fuerte a la clase política y que se querían representantes más allá de ese sector, muchos por falta de experiencia, otros porque quizás, como en los años 60, pensaron que el país podía agarrarse de la fuerza de la Revolución cubana. Cosas por el estilo, mutatis mutandis, cambiando todo.

También es cierto que mucha gente pensó que, dada la movilización, el cambio de vocabulario de la prensa, todos se habían sacado las corbatas, se habían dejado la barba de dos días, habían ganado el 80% de los asientos. Había que adaptarse a este nuevo Chile, ya no progresista, sino posprogresista. Lo dieron por dado y se trataban también de ganar esta batalla. ¿Quién es más progresista que el de al lado?

Aquí se equivocaron de no entender las bases estructurales del país y no haberse puesto de acuerdo. Tuvieron poca capacidad de diálogo para decir: “mi casa es secundaria, la tuya es prioritaria”. No obstante, cualquiera que no pusiese su casa como que perdía toda la politología. Va en esa línea, había demasiada fragmentación. Esta sociedad civil que permea sectores medios, incluso sectores medios bajos, que tenía menos experiencia política, tuvo un momento y ese momento lo perdió.

El segundo pensamiento ojalá fuese dictado por una conciencia colectiva considerable del país. Dice así: “Lo más profundo, tremendo, oscuro e inefable es la imposibilidad de eliminar con un solo movimiento del brazo, el edificio constitucional levantado sobre la muerte y tortura de miles de chilenos y el terror generalizado que todo ello provocó”. Hubiese sido lindo profesor superar con palabras de una nueva Constitución tantos dolores y odios. Le habría hecho muy bien al país. ¿Por qué no se entendió ese propósito?

Hubo un momento en que pareció que se iba a entender. Después es verdad, vino la pandemia. Creo que le faltó convicción a la clase política. Aquí la clase política parecer no ser capaz de entender lo importante que es superar el marco constitucional del pinochetismo y ponerse de acuerdo, incluso sacrificándose.

Ahora habrá una situación en la que gane quien gane no se resuelve lo que es una demanda sentida con razón por muy buena parte de la sociedad chilena. Si uno mira la propuesta constitucional -nosotros, como sabe, hicimos un ejercicio de comparación de ambos proyectos. En la Constitución del 2022, hay cuestiones que no tienen por qué estar o no tienen por qué estar con tanto énfasis. Estaban demasiado empeñados en llegar a un nivel normativo demasiado bajo, que debería estar en el desarrollo legal de leyes orgánicas o leyes ordinarias. En el caso del 2023, de nuevo tienes el mismo error en la que se dice que quiere ser una Constitución que efectivamente ayude a superar la Constitución del 80. Pero de nuevo empiezan a hacer cálculos y tienen que dejar dentro del marco constitucional que los ahorros, los dineros previsionales, van a seguir siendo propiedad de aquellos que los ahorraron. Que tales o cuales políticas las va a desarrollar el Estado y el sector privado, etcétera.

No veo que, en esta segunda vuelta, derivada de una larga crítica a la Constitución del 80, del fracaso de la Constitución del 2022, llevada demasiado hacia un lado; nos encontramos con que llegamos a esta solución del 2023 y la derecha se la lleva también para su casa. Es verdad que aquí pasó lo contrario, que ganó el Partido Republicano, que es parte de la razón de este desastre. Esto va a seguir siendo una demanda muy fuerte. Me parece que permanecerá en la arena política.

Usted lo dijo al pasar en su última respuesta, y es que de una u otra manera es extraordinario lo que se viene, porque si gana el apruebo, Chile entero pierde, porque se va a legalizar la polarización y el desentendimiento. Si gana el rechazo, Chile pierde porque el triunfo no resuelve, como usted lo dijo, ninguno de los reclamos y anhelos sociales. ¿Entonces qué, profesor?

Por lo que dicen las encuestas, el que gana es el rechazo. Vamos a verlo. Aunque las encuestas han estado acertando. Creo que ahora nadie sabe lo que hacer. Nadie sabe cómo avanzar.

Este gobierno comenzó partiendo de que iba a ganar el apruebo y que ello le daría el contenido político que necesitaba una administración que se formó sobre la base de candidaturas que nunca pensaron ganar. Este es el problema, que las cosas se han ido haciendo sobre la marcha. El presidente Boric y su equipo jamás pensaron ganar. No había un programa. Era un montón de jóvenes con entusiasmo que, dentro de esa disputa entre candidaturas distantes políticamente, consiguieron colar un rostro que se había hecho conocido dentro del movimiento estudiantil. La aprobación del año pasado era en parte el programa político del Gobierno que no tiene mayoría en el Parlamento. Si hubiese ocurrido en términos de parlamentarismo, nunca hubiese sido presidente. Está sostenido sobre un partido político minoritario y a partir de ahí, una coalición. Ahora, no sé por qué tanta prisa en convocar un nuevo proceso constitucional. Parece que es un presidente que necesita que haya un proceso constituyente en marcha. Pero le salió mal la jugada. Es decir, si gana la derecha con el apruebo, podríamos ver un mandatario que se dice progresista -yo tengo mis dudas- creo que sencillamente se adaptó a la causa del momento, de una familia más o menos acomodada del sur, que encontró que ese era el espacio político adecuado. Pero bueno, se dice progresista y estaría firmando una Constitución de derechas. El ridículo más grande político al que puede llegar siguiendo su propia lógica.

Si gana el rechazo no se va a ver expuesto a esto. Pero el país va a quedar en ese sentido empantanado. Nadie tiene una solución ni el país va hacia un mayor acuerdo. Más bien está yendo hacia una mayor disputa y los únicos que están más articulados, pero hay que ver hasta qué punto, es la derecha, en buena medida, por el tema de la seguridad. La izquierda, fragmentada, con una tensión muy fuerte entre el Partido Socialista y el Frente Amplio.

Parte del problema es que depende de llegar a otra crisis para encontrar una solución constitucional. Si el país no llega a una situación extrema, no hay forma de ponerse de acuerdo. No veo ahora mismo una salida. Va a quedar enquistado de nuevo, no sé por cuántos años más.

Si uno fuese optimista, diría después del 17 de diciembre, Chile va a seguir siendo el país que es, con más o menos dificultades, más o menos realizaciones. Si uno es pesimista podría decir, si los chilenos no son capaces de encontrar puntos de concordia para avanzar hacia el futuro. Para decirlo brutalmente, podrían irse al carajo.

Sorprendentemente, el país funciona. La economía en parte funciona al margen del Estado. Es exportador de cobre. Confiaban mucho en la política del litio, después bajó de precio. Había una serie de confianzas también en que iban a cambiar los impuestos, etcétera. El país sufre una crisis de seguridad. También el tema de el proceso migratorio llegó muy fuerte por causas ajenas a Chile, crisis de otros países, particularmente Venezuela en el último tiempo. Creo que es un país que sigue caminando. Cuando me dicen los colegas que esto puede terminar siendo como México, no sé. México tiene muchas cosas buenas también. Yo les digo que esto puede terminar siendo una forma de Brasilización, es decir que la política, el país, funciona. La política es agria. El narco se instaló para quedarse. Y entonces una parte de la sociedad vive cómodamente, un 15 o 20% sigue haciendo su vida. Por otro lado, se instala una violencia estructural, particularmente en ciertos barrios. Se empieza a aceptar que ese dinero circule, incluso que tenga cierto contacto con la política. La instalación de ese grado de violencia -creo que todavía no es así- pero empieza a ser aceptado por la sociedad y la clase política.

El riesgo de Brasilización está presente y se requiere un cortafuegos, en parte que haya una clase política que esté unida en el combate de ese cáncer para la democracia chilena.

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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