La espera recompensada de Estela de Carlotto

Hay mañanas alentadoras. El reloj marcaba las 7.05 cuando terminé de leer el artículo de El País en el que contaba que se había identificado al nieto de Estela de Carlotto, la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo. 37 años de búsqueda, de angustias que tocan a su fin. Espero que vean la cara de Estela en la conferencia de prensa. Su alegría es contagiosa, su belleza resplandece a través de toda ella y nos baña con su sonrisa amplia.

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Estela de Carlotto

La aparición de Ignacio Hurban cierra el ciclo de la imaginación dolorosa de Estela. Ella, como las otras abuelas vivían para soñar despiertas cómo serían sus nietos. No tenían y muchas de ellas aún no tienen otra muleta que su imaginación para seguir buscando. Por eso, yo las he visto, pueden estar cocinando o riendo por alguna ocurrencia o respondiendo cualquier pregunta y, de pronto, quedan estáticas, con la mirada puesta en otro mundo, el de la melancolía en la se cocinan lentamente los recuerdos.

La madre de Guido tenía 24 años cuando la mataron. Hoy, si como creen varias religiones existe la transmigración de las almas, la de Laura habrá experimentado alteraciones dichosas por el reencuentro del hijo con su abuela. No es solamente la felicidad de abrazar al que tanto se ha esperado, también se trata de la dignificación de la víctima. Como cuando el ladrón que nos ha hurtado algo nos lo devuelve.

Qué grato resulta para quienes creemos fervientemente que la labor principal del periodista es la crítica -como bien dice Michael Haneker, solo desde esa atalaya es posible ver los errores- comprobar una vez más que es dable ver germinar en las miasmas de la cloaca al menos una flor.

La alegría de Estela, su saldar cuentas con la vida, es la alegría que corre rauda ahorita por redes sociales, medios de comunicación, de boca en boca, y, particularmente, es la dicha que renueva esperanzas en los otros familiares de las víctimas.

El nieto que buscó conocer la verdad es músico y compositor. Una de sus creaciones se llama para la memoria. Este es un párrafo de la canción:

Surten menguar las ideas pues que se frena la clara // con dos monedas de cobre cubriéndome la mirada, // Cargando en ancas los hombros se van quedando los años // no se han cerrado las puertas ni las heridas de antaño.

Guido
Ignacio Hurban, Guido

Guido tiene por delante un proceso arduo de asimilación de la historia personal y familiar. En la partida de ese proceso ha dicho que “el ejercicio de no olvidar nos dará la posibilidad de no repetir”. Dijo bien, la posibilidad. Ahora mismo en otras esquinas hay gente que no ha aprendido pese al inenarrable dolor que han sufrido. Sí, me refiero a esas dos mentiras tan difundidas hoy en día: la victimización del terrorismo de Hamas, la búsqueda de minimizar su agresión, el olvido cómplice soslayar el usufructo vil de la muerte de los suyos; y la otra mentira, la de las autoridades israelíes que confunden hipócritamente legítima defensa con matanza planificada. Los dirigentes israelíes han sido sordos al clamor mundial y sus acólitos radicales no tienen otra defensa que acusarnos a todos de antisemitas. Pobre disculpa ante el crimen.

Si he sumado estas palabras a la identificación del nieto de Estela es porque quiero resaltar el contraste entre la miseria humana y la dignidad de quien ha luchado estos 37 años sin levantar la voz para maldecir ni pedir venganza, ese recurso tribal hijo del odio. Cada una las acciones de Estela siempre han estado acotadas entre dos vocablos: verdad y  justicia. En ese sendero habrá que saber de la inocencia o el grado de culpabilidad de los padres adoptivos. A lo mejor no sabían, pero en algún momento, es lógico pensar, surgieron las dudas, los temores. Es en ese vértice en dónde nacen las preguntas candentes: ¿Por qué no dijeron nada? ¿Hasta que punto son cómplices los que callan? ¿No pensaron en el dolor sostenido que podrían haber aplacado con una confesión? ¿No sería deseable que este caso sirviera para que otros padres adoptivos no esperaran más y acudieran ellos mismos a las Abuelas de la Plaza de Mayo?

En fin, son preguntas que a breve plazo tendrán respuesta, cualquiera que ella sea. Mientras tanto gocemos del episodio, aprendamos de Estela y demos gracias por su esfuerzo que hoy recibe la mejor recompensa como ella misma ha confesado: abrazar al nieto antes de morir.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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