El templo del amor está en Verona: la casa de Julieta

La literatura imita a la vida, pero a veces, por fortuna, la vida imita a la literatura. Este es el caso. La dirección es Vía Capello, 23, Verona. Hay que hacer cola para entrar por un corto pasillo en cuyas paredes miles de personas dejan testimonio escrito de su visita. Abundan las declaraciones y las más encendidas promesas de amor eterno. Luego viene el patio y su balcón. ¡Ah! el balcón más célebre de la historia de amor de la humanidad.

Allí abajo se ha escabullido Romeo sin ser visto en uno de los jardines del palacio de los Capuleto. Escuchemos lo que dice el joven enamorado:

Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! 

Me salto unos parlamentos para escuchar a Julieta que cree que nadie la escucha:

¡Oh Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto.

Romeo y Julieta pese a ser hijos de la imaginación de William Shakespeare están más vivos que muchos seres que nos rodean.

Quiero creer que la mayoría de los que acuden al lugar lo hacen a sabiendas con el propósito de mantener vivo lo que ya es casi un mito. Hay una identificación amorosa, una complicidad con los amantes que comienzan a encaminarse a su trágico destino.

Hay otros tantos que caminan en peregrinación guiados por el desconocimiento, por la falsa creencia que Romeo y Julieta fueron una pareja realmente existente. Se creen el cuento que identifica a los Capuletos de Shakespeare con los Del Cappelo, familia de nobles de Verona, propietaria de la casa desde el siglo XIII. El escudo de la familia Del Cappelo preside el arco interior del patio. Es altamente probable que la historia la hagan circular todos los interesados en fomentar la leyenda y atraer turistas.

Para más inri, la construcción medieval fue restaurada por  Antonio Avena, a quien debemos, a comienzos del siglo XX, la construcción de la ventana gótica y el balcón. La obra fue estrenada el 25 de enero de 1595. ¡Hace más de 422 años!

En el patio se destaca la estatua de bronce de Julieta obra de Nereo Constantini. En medio de la trifulca hay que actuar con determinación si uno desea sacarse una foto junto a la heroína. Se asegura sin género de dudas que tocarle le pecho garantiza dos cosas: volver a Verona y encontrar el verdadero amor. Yo, que no creo en habladurías aunque sí en el pudor, me tomado la foto ciñéndole el talle.

Hasta el patio la visita es gratuita. Si uno desea asomarse al balcón y admirar el interior de la casa debe pagar una entrada.

Si hay algo cierto es la alegría que se respira bajo el balcón, como si los nombres de Romeo y Julieta, ajenos a su trágico final, inspiraran instantes de placer, de gozo, de respirar el aliento de amor creado por los corazones presentes y el recuerdo de una historia inolvidable.

Julieta:- Buenas noches.
Romeo:- No. ¿Cómo han de ser buenas sin tus rayos? El amor va en busca del amor
como el estudiante huyendo de sus libros, y el amor se aleja del amor como el niño que
deja sus juegos para tornar al estudio.
Julieta:- (Otra vez a la ventana) ¡Romeo! ¡Romeo! ¡Oh, si yo tuviese la voz del cazador
de cetrería, para llamar de lejos a los halcones. ¡Si yo pudiera hablar a gritos, penetraría
mi voz hasta en la gruta de la ninfa Eco, y llegaría a ensordecerla repitiendo el nombre de
mi Romeo!

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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