Cuba aprueba la constitución en un referendo excluyente

Más del 86% de los cubanos aprueban la nueva constitución, mediante un referendo excluyente de la voz de la oposición. El primero de los objetivos de una constitución nacional es el consenso básico para una convivencia sin exclusiones, que se adopta como propia y que respeta intereses de mayorías y minorías.

Antonio Rodiles

El segundo propósito son las instituciones del estado al servicio del conjunto de la población e independientes de criterios ideológicos. Se considera indispensable la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. El llamado estado de derecho.

Y el tercer principio constitucional es garantizar el pluralismo político y la alternancia en el poder.

Manuel Cuesta Murua

A partir de estos criterios merece la pena abordar el contenido de la nueva constitución cubana y el proceso electoral mediante el cual se aprobado su institucionalización.

El artículo quinto de la nueva carta establece que: “el Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Vale decir, por sobre todas las cosas, la supremacía absoluta del Partido Comunista está garantizada. Es una traducción libre de la vieja idea de Fidel: todo dentro de la revolución, nada fuera de la revolución. Y la revolución se trasunta en el partido.

El artículo 62 establece que: “Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible”. Se puede hablar, criticar, organizarse, reunirse, pero si el propósito es contradecir la verdad establecida por el poder, entonces los detractores deberán atenerse a las consecuencias. Disentir del socialismo cubano es un delito establecido por ley.

Como no podía ser de otra forma hay dos lecturas sobre el referendo: la una, del gobierno, que lo califica de legitimación popular, de una carta de avanzada que garantiza y consolida el futuro del país. De otra, los opositores que lo llama fraude electoral. Entre esas lecturas parece alzarse un insalvable abismo de diferencias. Según el opositor moderado Manuel Cuesta Murúa la legitimación que buscaba el gobierno es débil ya que una minoría no se ve reflejada en la Constitución,  porque no se ha puesto la soberanía como el elemento fundamental del nuevo orden constitucional. Al contrario, se la ha pulverizado mediante la autoridad del Partido Comunista.

Lo esencial, al margen de los porcentajes es saber si la constitución representa a todos los sectores, como a la creciente diversidad del país en pluralismo, libertad y protección de los derechos fundamentales. Que al fin de cuentas son las premisas básicas del orden constitucional.

“Una constitución se hace para representar a todos, y eso significa que todas las partes se reconozcan en el texto, y este no es el caso. De modo que no va a representar ese camino hacia el futuro, a menos que se abra una senda de renovación constitucional continuada, que es la apuesta que estamos haciendo grupos de la sociedad civil”.

Según la Comisión Electoral Nacional votaron 7 millones 524 mil 318 cubanos. Más del 86% dio su visto bueno al nuevo texto constitucional.

Sin el propósito de equiparar el talante de la dictadura chilena con la dictadura cubana, es útil hacer referencia al referendo del once de septiembre de 1980 en el que los electores chilenos aprobaron con un 67,04% la constitución pinochetista y la oposición alcanzó el 30,19%. La asimetría en la propaganda a favor del Si y del No fue de grandes proporciones. Pese a ello más del 30 por ciento de los chilenos estuvo en contra. La oposición tuvo que conformarse con pequeños actos de proselitismo político en la calle, sin televisión y con acceso mínimo a algunas radioemisoras, más un acto masivo en uno teatro de la capital. Los disidentes cubanos no tuvieron ninguna de esas oportunidades. Y cuando trataron de salir a vocear su rechazo fueron detenidos y multados. Eso explica en gran parte del nueve por ciento del rechazo a la nueva carta magna cubana.

Pese a ello el 81.53% del listado electoral, es una cifra importante si la comparamos con la escasa acogida que tienen las democracias latinoamericanos en sus actos electorales de los últimos años. Manuel Cuesta Murúa tiene una explicación:

“Lo significativo y triste en este proceso es que a constitución habla de derechos humanos para todos y, al mismo tiempo, persiste en las prácticas de represión y acoso. Aquí hay una esquizofrenia definitiva porque el gobierno menciona 56 veces a los derechos humanos, pero los viola constantemente. Las prácticas de la policía política siguen narrando a la diferencia como contrarrevolución, gusanería y eso, por supuesto, es inconstitucional. La policía persiste en violar el derecho de los ciudadanos de manifestarse pacíficamente”.

Precisamente ese fue el caso de Antonio Rodiles quien fue arrestado cuando iniciaba un protesta callejera. Una detención con empleo de la fuerza tanto en la calle como en las dependencias de la policía. El resultado es una lesión lumbar de la que ahora se recupera el dirigente opositor. En conversación telefónica Rodiles enfatizó el tema de las condicionantes que caracterizan el proceder del gobierno.

“La condicionante anterior -en el propio texto- era la sociedad socialista. Ahora se eliminó esa frase y se ha puesto “de acuerdo a la ley”. Pero cuando se va a las disposiciones complementarias existen los mismo candados de siempre.

De hecho, es llamativo que el régimen siga legislando y decretando nuevas leyes con el texto viejo, sabiendo que la nueva constitución debe entrar en funcionamiento. Sin olvidar que hay figuras delictivas como propaganda enemiga o el delito predictivo, mediante el cual usted puede ir a la cárcel por un delito que ellos presumen que va a cometer».

El punto clave, a partir de ahora, es preguntarles a las autoridades si va a persistir un cuerpo represivo dependiente del ministerio del Interior que se sitúa por encima de la constitución. Eso van a preguntarle a las autoridades grupos de la sociedad civil. Por ahora, el gobierno de La Habana parece persistir en la misma actitud de grupos fuera de la ley, grupos forajidos que actúan desde el estado para reprimir a aquellos que hacen uso de sus derechos constitucionales.

Si el gobierno cubano realizó este referendo es porque está convencido que su resultado, más allá de las interpretaciones, calará en la conciencia colectiva y al resto, lo suyo, represión y acoso selectivo, que es lo que ha hecho durante décadas y con éxito. No obstante, Rodiles dice que el libreto del gobierno no resultó como estaba planificado.

“Ellos mismos reconocieron que el estudio del nuevo texto comenzó en mayo del 2013 coincidiendo con el inicio del proceso de conversaciones con el presidente Obama. O sea que todo esto hay que verlo en un contexto en donde el régimen, y en especial la figura de Raúl Castro, que quería dejar una especie de testamento a sus herederos, que son los que tienen el poder. Ya no estaba la dirigencia respaldada por la épica revolucionaria, por lo que había que generar una nueva legitimidad y este proceso es parte de aquello.

Lo que ocurre es que, gracias a Dios, se ha desenfocado el guion planificado, y no solo en el ámbito exterior, sino que dentro de la isla el cubano reacciona de forma muy distinta. Lo hemos constatado en la calle conversando con la gente y en la protesta del sábado (23 de febrero) muchas personas asentaban con la cabeza, firmaron, nos acompañaron e incluso en un momento decenas gritaron, libertad».

Cuesta Murúa no duda que el gobierno intentará utilizar la cifra del 81% de electores que acudieron a votar para poner de relevancia el contraste con las democracias latinoamericanas. La pregunta es si Cuba es un democracia. Porque:

“No es lo mismo comparar el grado de participación en las democracias que hacerlo en regímenes que se niegan a dejar de ser totalitarios. No es lo mismo una participación plebiscitaria en donde el derecho de expresión la tienen todas las minorías. El nivel de participación en democracia siempre es más tenso, más crítico y genera lo que se conoce como escepticismo ciudadano frente a procesos políticos en los que no se ven representados. El caso cubano es muy distinto. Aquellos que no nos vemos representados no tenemos espacio».

Si algo ha estado siempre presente durante este último tiempo es el caso de la crisis venezolana y las consecuencias que  se pueden derivar de ella para el gobierno de Cuba. En el plano económico un eventual cese de venta de petróleo venezolano a precios especiales puede incidir en el frágil equilibrio económico de la isla. De hecho autoridades cubanas buscan otros países para sustituir esta canasta. Pero para Cuesta Murúa lo más importante son las consecuencias geopolíticas, porque Venezuela es la expresión adelantada de un nuevo modelo, a través del cual las revoluciones pretenden imponer un sistema totalitario mediante procesos electorales:

“Y ese modelo de construir una sociedad totalitaria desde las urnas parece que va a morir en el caso de Venezuela, lo que tendría su impacto en Cuba, en la medida que deslegitima aquellos modelos que no generan elecciones libres, democráticas, plurales y justas. Y por eso el gobierno cubano es uno de los pocos que defiende el régimen casi genocida de Nicolás Maduro”.

Las dos grandes corrientes de la oposición son el afluente moderado que busca utilizar la propia legislación del gobierno para conquistar espacios de libertad. En paralelo una tendencia más radical pide llamar a las cosas por su nombre y enfrentar al poder como lo que es, una dictadura. Rodiles está convencido que en el futuro será posible acercar posiciones, sin olvidar que las condiciones en las que se vive en Cuba son muy críticas.

“El régimen tiene todo el poder y la impunidad para presionar, y que algunas personas lleguen a la conclusión de que un fin del castrismo es casi un imposible y entonces buscan conquistar algunos espacios. No comparto esa línea, pero la entiendo. En la medida que haya más apoyo de la comunidad internacional podremos confluir, porque ese sector se sentirá más respaldado para tener una confrontación más directa.

Yo no creo que nadie quiera que el castrismo sobreviva. Es un sistema decadente que ha ocasionado demasiado daño en todos los sentidos. No se trata de posiciones más a la izquierda o a la derecha, el castrismo es un desastre.

La indefensión de las cubanos y la impunidad con la que el régimen se maneja hace que muchas veces ocurra este tipo de discrepancias en la aproximación a la lucha. Pero estoy convencido que en unos meses vamos a ver un escenario político y social un tanto distinto. No lo digo como un cumplido, como alguien que está en la política y tiene que decirlo. Lo siento y los hemos palpado en la calle. Soy optimista, pero no dejo de reconocer que el camino va ser fuerte, lleno de represión y lamentablemente el régimen va a hacer lo que siempre ha hecho, que es manejarse con la violencia.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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