Bolsonaro, ¿presidente o ángel de la muerte?

Cuando el miedo a la muerte es inevitable, nos afanamos en buscar esperanzas, en volver los ojos a la fe debilitada, o en peor de los casos, a empecinarse en ilusiones por falsas que sean. Pero hasta ahora no habíamos vivido el caso de alguien que niega el peligro, que lo denigra, que pretende minimizarlo para salvar a los suyos. Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, está empeñado en lo impensable

Uno quisiera creerle. Sumarse a la necedad. Todo apunta a que se trata de la mayor insolvencia mental de las últimas siete décadas. El presidente brasileño se encamina a la negligencia criminal en contra de su propio pueblo. Al crimen en contra de la humanidad, porque puede y no tiene intenciones de evitar que muchos miles de brasileños sean víctimas de una muerte prematura.

La realidad social brasileña es tan incierta, el futuro tan oscuro que ha forzado a la Asociación Brasileña de Juristas por la Democracia acudir a la Corte Penal Internacional, de La Haya, para denunciar este jueves dos de abril al presidente Bolsonaro, por crímenes contra la humanidad. Es una gestión desesperada que más que una condena busca que el gobierno recobre la razón para poner todo lo que sea posible en favor de la vida de más de 210 millones de habitantes.

Dicen los juristas brasileños que “Por acción u omisión, Bolsonaro pone la vida de la población en riesgo, perpetra crímenes que exigen la actuación de la Corte Penal para proteger a la vida de miles de personas”.

La realidad parece escaparse de las manos. Entre las tantas declaraciones adversas hay una que dice que: “Bolsonaro no está en condiciones de seguir gobernando Brasil y de enfrentar esta crisis, que compromete la salud y la economía. Comete crímenes, defrauda información, miente y fomenta el caos, aprovechándose de la desesperación de la población más vulnerable. Necesitamos unidad y comprensión para enfrentar la pandemia, no un presidente que va en contra de las autoridades de Salud Pública y somete la vida de todos a sus intereses políticos autoritarios. ¡Basta!

Brasil tiene hoy, cinco de abril del 2020, más de 10278 mil casos de contagio y, a lo menos, 431 muertos.

Es esta realidad difícil de asimilar la que nos impulsa a llamar a José Carlos Días, exministro de Justicia, actual presidente de Justica y Paz de Sao Paulo y Coordinador de la Comisión de la Verdad de Brasil. José Carlos Días sabe que su país es el más afectado de América Latina por la Coronavirus.

José Carlos Días

Sabemos que el discurso del presidente Jair Bolsonaro se ha suavizado desde cuando llamó pequeña gripe a la pandemia, a calificarla hoy de problema mundial. Sin embargo, continua siendo el mayor y tal vez el único negacionista del virus Covid-19. Se hace cuesta arriba creer que se trata de simple ignorancia.

El presidente es un hombre que no tiene noción de nada. Está totalmente desquiciado, inconsecuente. Y en esta crisis él comete crimen en contra de la salud del pueblo brasileño.

Hoy está solo. Gobernadores, ministros, y en especial el ministro de la Salud es un hombre que actúa de una manera seria.

Efectivamente el ministro de Sanidad, Luiz Henrique Mandetta, tiene una actitud distinta a la del presidente. Por ejemplo, pronostica el aumento exponencial de contagiados y muertos en las próximas semanas. Habla, sobre todo de la necesidad urgente de suministro de equipos de protección, de recursos médicos y de ventiladores. No cesa de llamar a la gente a quedarse en casa.

Si con ayuda estatal la situación es extrema en varios países, imagínense el colapso del sistema sanitario brasileño si no hay una acción decidida del gobierno.

A pesar de la amenaza Bolsonaro insiste en una posición irracional.

José Carlos recalca que no debería ser presidente de la república, porque actúa de forma contraria a los intereses de la salud pública de la nación.

¿Y hay mucha gente que todavía le cree al presidente?

Mantiene aún cierta popularidad, pero creo que está hoy en un estadio mínimo.

Usted es uno de los firmantes de un llamado en favor de la vida. Qué eco tiene este tipos de declaraciones entre la población del Brasil.

 Genera una importante reacción en contra. Cuando él habla por cadena nacional de televisión en todo el país la gente le responde con un cacerolazo. Es la reacción civilizada al discurso incivilizado e insensible. Creo que cada día pierde más popularidad (según una encuesta de Datafolha, el presidente ha bajado su popularidad al 33%)

El Coronavirus no respeta ni clases sociales ni de género, aunque ataque con mayor virulencia a la gente de más edad. Es cierto, pero también es cierto que los sectores más vulnerables, como el 40% de los que están en la economía informal o los dos millones de jóvenes que viven en las favelas de Río de Janeiro o los pueblos indígenas de la Amazonía, pueden ser las mayores víctimas. No quiero exagerar, pero esto puede transformarse en una tragedia humana muy profunda.

Lo más importante es que la desigualdad social es inmensa. Entonces, es la población más pobre la más expuesta. Ella no tiene cómo seguir las directrices de mantener una distancia prudente entre uno y otro. Viven en cuartos miserables, estrechos y con escaso sistema de salubridad. Es terrible imaginárselo. Nosotros podemos vivir encerrados en nuestras casas, aislados, porque tenemos los medios para hacerlo. La realidad del pueblo más pobre, que es mayor porcentaje de la población no tiene esa posibilidad mínima.

No es un misterio que el presidente Bolsonaro es uno de los mandatarios más iletrados del mundo. No le parece que en importante medida que él ocupe ese puesto ilustra un fracaso democrático de serias proporciones en el país más importante de América Latina.

 Sí. Es un gran fracaso. La elección del 2018 fue el resultado de una estrategia intensa a través de las redes sociales. Bolsonaro se benefició de rechazar los debates públicos con los otros candidatos, porque él es muy malo en la polémica.

Además, la corrupción había alcanzado cotas intolerables para la gente.

Recordemos que fue un pésimo diputado, que salió del ejército prácticamente forzado por su participación en un plan violento en los cuarteles y este hombre es hoy el presidente de la república. No tiene cultura como tampoco ninguna base de estadista. Por todo esto creo que Bolsonaro no va a terminar su mandato.

 El presidente dice que «El brasieño no se contagia, bucea en alcantarillas y no pasa nada».   Declaraciones de esta naturaleza desoyen toda recomendación de los organismos internacionales de salud, de la dramática experiencia que se vive en Europa y que si en una cosa están todos de acuerdo es en la virtud del aislamiento social.

Solo queda por ver que pasará en el futuro en el Brasil de Bolsonaro. No deja de ser paradójico que el hombre que fue votado por más de 49 millones de ciudadanos prometiendo seguridad, sea hoy el principal escollo para alcanzarla en el ámbito de la salud nacional.

Como presidente de la Comisión de Derechos Humanos Evaristo Arns puedo decirle que los 22 integrantes estamos discutiendo la posibilidad de hacer un pedido de impeachment, un proceso de destitución. Paralelamente hablamos con otras entidades brasileñas como la Conferencia Episcopal de Brasil, la Asociación Brasileña de Prensa, La Orden de Abogados de Brasil, junto con otras entidades nacionales.

No creo que sea bueno que esto concluya con el impeachment, lo ideal sería que renunciase, pero no lo va a hacer jamás.

Usted hace una pregunta que nosotros mismos nos hacemos en el país. El presidente ha práctica crimen de responsabilidad, quebrado las leyes de decoro, su posición sobre la pandemia es un delito que se puede caracterizar como crimen contra la humanidad.

Tengo absoluta certeza, sin duda alguna, que la responsabilidad del presidente reúne todas los agravantes para un pedido de destitución. Naturalmente que la decisión está en las manos del congreso nacional y del Supremo Tribunal Federal.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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