Cuba. Un jubilado gana dos mil pesos. Una caja de 30 huevos, 3 mil. ¿Cómo sobrevive?
No es mala la situación en Cuba, es pésima. Crisis energética, alimentaria y del transporte público. Protesta de los estudiantes por el alza de los precios de internet. Crecimiento de la precariedad social. Lo único que no cambia es la posición del gobierno. Conversamos sobre la realidad cubana con el más importante escritor de la isla, Leonardo Padura

Parafraseando el título de una canción reciente Duele la realidad cubana de hoy. La agudización de las necesidades producto de la severa crisis económica, ha puesto a la gran mayoría de la población en una condición de miseria que pone al país en el umbral de una crisis alimentaria. Mala cosa.
La situación en Cuba se ha venido complicando desde hace muchos años. A partir de los años 90, con la desaparición de la Unión Soviética y del Bloque Comunista del Este el país cayó en una crisis económica a la que se le llamó eufemísticamente Periodo Especial en Tiempo de Paz. Ese período implicó la falta de alimentos, de transporte, de combustible, de medicamentos.
A lo largo de los años 90 se logró llegar a un estado en el que las cosas funcionaban algo mejor. Duró esto un par de décadas sin que saliéramos del periodo especial, porque quedaron muchas cosas pendientes, numerosas carencias que se mantuvieron. Desde entonces empezó un proceso que se ha potenciado en los últimos años. Lo que era un tejido social compacto, se fue dilatando y aparecieron algunos chispazos de posibilidades económicas junto a bolsones de menos posibilidades. No quiero llamarlos pobreza, ni miseria, porque tendría que ver con términos de carácter económico. Pero sí hubo personas con menos posibilidades después de la pandemia y con la primera presidencia de la administración Trump.
La situación se ha agravado a límites dramáticos. Hoy en día, como sabe prácticamente todo el mundo, hay zonas del país donde falta la electricidad por diez, 12, 14, 16 horas, un día y otro día. En La Habana es menos grave, pero también hay apagones, a veces dos en un mismo día, de tres a cinco horas. El transporte público ha colapsado. El acceso a los alimentos se ha complicado porque, además, en el medio de este proceso de agudización de los problemas económicos, se hizo un ordenamiento monetario que implicó la desaparición de la moneda que se creó en los 90 como alternativa al dólar. Se eliminó porque provocaba distorsiones financieras. Terrible. Había que quitarla, pero se esperó demasiado o se escogió el peor momento para hacerlo. El caso es que ha provocado una enorme inflación.
El gobierno, para equiparar el valor del dinero, multiplicó por cinco los montos de los salarios, o multiplicó por diez, según el sector que lo requería. Sin embargo, el precio de los bienes se ha multiplicado por 15 y por 20. Hay una medida que explica muy bien esa proporción entre lo que gana una persona y lo que puede adquirir. El jubilado que gana entre 1500 y 2.000 pesos, en donde un cartón de 30 huevos cuesta alrededor de 3000. Ese jubilado no puede ni comerse un huevo diario. ¿Cómo sobrevive? Con estrategias diversas. En algunos casos gracias a un familiar en el extranjero que le envía dinero. Como las tasas cambiarias tienen una oficial y una alternativa que da mucho más que la oficial, la gente más o menos se las arregla por esa vía. Hay quienes que no tienen esa posibilidad y atraviesan circunstancias muy difíciles.
Suma: problema con el dinero, vale decir problemas con la alimentación; falta de electricidad, de transporte, incluso de medicamentos. Lo digo en mi caso. Los medicamentos para la hipertensión arterial pasan meses y no llegan a la farmacia. Eso crea una situación difícil.
Digo circunstancias que son absolutamente comprobables. No necesito exagerar, porque ya es suficientemente dramática la situación.
Si hay una cifra que dice mucho, esa es 850 mil. Desde el año 2022 al menos 850.000 personas han abandonado la isla. Se dice rápido, pero que tanta gente deje Cuba tiene consecuencias severas para los que se van y para los familiares que se quedan. Para el país que deja ir parte de su presente y su futuro.
Has hecho una acotación importante. A lo menos 850.000. Posiblemente sean más, porque hay aquellos que han salido y están en un limbo. Incluso hay una situación nueva y es que algunos de los que se fueron posiblemente los regresen a Cuba desde los Estados Unidos con las políticas de Trump, que ha eliminado una serie de visados que se dieron oficialmente mediante un programa humanitario. Es posible que algunos regresen. Espero que no sean demasiados, porque salieron de Cuba vendiendo todo lo que tenían para empezar una nueva vida. Si tienen que regresar, ¿en qué condiciones? Sería catastrófico para las familias y para el país.
En el 2021 publiqué una novela: Como polvo en el viento, que habla de la diáspora de mi generación, que, a partir de los años 90, comienza a salir del país.
Tenemos grandes momentos de crisis migratoria en Cuba, los primeros años de la revolución. Lógico. Había un cambio social y se fue mucha gente. En el año 80, lo que se llamó la crisis del Mariel, en la que fueron embarcaciones a buscar a los familiares a Cuba y partió otra cantidad que el Gobierno puso en esos botes para que los sacaran. Cerca de 130 mil personas en un plazo de cuatro o cinco meses.
Esta crisis ocurre en el momento posterior en el que las restricciones de la pandemia empiezan a permitir viajar. Durante un año, todo se detuvo porque no había vuelos, no había posibilidades de salir de Cuba. En la nueva normalidad posterior a la pandemia la gente comienza a irse de Cuba. Sobre todo, joven, familias completas, incluso con niños. La vía más recurrida fue la de Nicaragua. Los cubanos podían viajar a Nicaragua sin visado y a partir de ahí, la famosa Ruta de los Coyotes por toda Centroamérica, México, hasta llegar a la frontera de los Estados Unidos. Una enorme cantidad de cubanos pudo legalizar su situación en los Estados Unidos.
Las implicaciones son varias. Primero, la demográfica. Se ha perdido una cantidad de población importante en muy poco tiempo y si es fundamentalmente joven, va a traer consecuencias de futuro en el cuadro demográfico. Si muchas de esas mujeres jóvenes salen de Cuba y tienen sus hijos fuera, una población que ya ha envejecido va a ser mucho más vieja en unos años sin el recambio generacional que la lógica demográfica exige. Sale gente bien preparada y es, por supuesto, la pérdida de un valor tan importante como es la inteligencia. Y el efecto incluso numérico, 850.000 evidencia una reacción, pues la gente al no tener otra alternativa ha optado por el exilio.
El aumento de la diáspora se da en momentos de fronteras norteamericanas mucho más custodiadas, mucho más cerradas, lo que los obliga a buscar otros destinos. Por lo que he oído, hay muchos cubanos que intentan viajar a Brasil, a Uruguay, en donde al parecer son admitidos.
Lo otro es la enorme cantidad de cubanos que están desenterrando los huesos de los abuelos y los bisabuelos españoles para ver si encuentran ahí un indicio que diga tú eres mi nieto, tú eres mi bisnieto, todo para tener un pasaporte español. Me comentaba un funcionario que posiblemente gestionarán hasta 500.000 nuevos pedidos de ciudadanía española en Cuba. Cuba recibió una gran cantidad de emigrantes españoles a principios del siglo XX, incluso en el momento en que se hace independiente. En 1902 nace la República de Cuba, después de la guerra y de la intervención norteamericana. En todo ese proceso histórico llegó una gran cantidad de españoles. Ahora los nietos y bisnietos buscan las actas de bautismo de los abuelos para ver si pueden emigrar.
Seguiremos conversando de dificultades, pero me gustaría hacer una pausa para hablar de otras noticias. Usted ha tenido una relación física, espiritual y literaria con la ciudad de La Habana. Razones más que valederas para publicar el libro Ir a La Habana con fotografías de Carlos Cairo. Esa es y seguirá siendo pese a los deterioros una de las mayores bellezas del Caribe.
En la primera línea digo que este es un libro que hacía mucho que quería escribir. Es mi relación personal, cultural y literaria con la ciudad. Está compuesto por un ensayo en el que hablo de la historia histórica y de la historia personal con la ciudad, desde el barrio en el que nací y vivo, Mantilla, en la periferia de La Habana.
Cuando preparaba el ensayo, trabajando con mi esposa Lucía, me dijo, aquí hay algo que está hecho y que puede apoyar el discurso: es que ya tú en las novelas has recorrido estos espacios, has mencionado muchos de estos personajes. Entonces lo que hicimos fue poner dos narraciones que se complementan: el discurso ensayístico y fragmentos de las novelas en las que se habla de esos procesos. Cuando hablo, por ejemplo, de un barrio cercano al mío que se llama La Víbora, en una de las novela el personaje de Mario Conde habla de los parques de la Víbora. En mi novela Herejes hay una descripción de ese pequeño lugar en el que se asentó la comunidad judía que vino a Cuba en el siglo XX. Es un lugar importante para mí, porque era un lugar donde vivió mi abuela materna y una de mis tías y mis primos. Es decir, que hay toda una relación entre los espacios físicos, históricos, sentimentales y los escritos. Y en 1/2 del libro pues recogí una serie de trabajos periodísticos, algunos de los años 80, que se refieren a la ciudad, personajes, lugares, momentos. En fin, toda una serie de trabajos que armó el libro.
Ir a La Habana ha tenido una enorme fortuna en lengua española. Ahora empiezan a salir traducciones. Estuve en Portugal, voy a fines de año a Brasil. En México me recibieron con cariño.
Estoy muy satisfecho con lo que ha conseguido ese libro que es una historia de un amor y como los amores bien asentados deja un espacio para la crítica, para ver los envejecimiento, los defectos, las enfermedades. No es un libro complaciente con la imagen de la ciudad. Hablo de un proceso que llamo de auge. Y luego, cómo se me va haciendo ajena la ciudad. Nos vamos haciendo viejos y vemos como los lugares referenciales de nuestra juventud van cambiando, porque tienen que cambiar o van desapareciendo lamentablemente, y eso va creando una cierta distancia con la ciudad.
Me siento muy satisfecho de haberlo podido publicar con mi editorial de siempre, que es Tusquets Editores. Ahora mismo, antes de empezar a hablar contigo, estaba haciendo la revisión final de la novela que sale en septiembre, que se llama Morir en la arena.
Quien quiera enterarse de morir en la arena tendrá que leer el libro. Yo no le pido, por lo tanto, que usted cuente los pormenores. Pero es tan sugerente el título, que por lo menos para quienes nos están viendo, escuchando o leyendo, les interesa saber de qué va.
Va sobre el destino, muchas veces triste de gente de mi generación. Te decía que un jubilado en Cuba ganaba 2.000 $ y el cartón de huevo 3000. Muchos de esos jubilados son mis compañeros de estudio en la primaria, en la secundaria, en la universidad. Yo voy a cumplir 70 años este año en octubre. He tenido la fortuna, por mi trabajo, de otras posibilidades. Pero esa gente que trabajaron durante 40, 45 años y ahora se encuentran con una jubilación de 2.000 $, te podrás imaginar como son sus condiciones de vida. Ese es el centro conceptual, de una historia que tiene un elemento dramático terrible, que es la historia, por cierto, real, de un parricidio, de unas personas que conocí, y el hijo mató al padre.
Vamos al ahorita de Cuba. El aumento de las tarifas de Internet ha motivado que los estudiantes se apropien de la palabra para protestar, por lo que llaman “incumplimiento de contrato por parte de la entidad del Estado ETECSA”. Dos puntualizaciones sobre este caso. La primera no es ETECSA la que autónomamente decidió el alza de la de las tarifas, supongo que es el gobierno.
Es una empresa del estado cubano. No creo que funcione tan autónomamente y sobre todo con una medida que alguien tuvo que pensar que provocaría reacciones porque implicaba un paso profundo en el proceso de dolarización que adelanta la economía cubana. En los últimos cinco meses han ido apareciendo en Cuba mercados que venden productos alimenticios, de aseo y útiles del hogar que solo aceptan divisas, es decir, no se compran en pesos cubanos ni en una divisa que se generó en Cuba, la MLC, moneda libremente convertible. Tienes que ir con dólares contantes y sonante o con una tarjeta de crédito. Eso ya había creado entre la gente un lógico malestar. La respuesta del Estado siempre fue necesitamos divisas. Y este paquetazo, como se le ha llamado, es una demostración de esa necesidad de divisas. Creo,
José, hay una realidad que no se puede desconocer, sobre la cual escribiré en algún momento. Quiero esperar a tener la certeza de todas las informaciones para poder hacerlo con la coherencia y el respeto con el que se debe escribir estas cosas. El problema es que el Estado cubano está entre la espada y la espada. En cuestiones económicas no hay espada y pared, hay espada y espada. Tienen que buscar divisas donde sea. Este camino de dolarizar en lo fundamental las recargas para que la telefonía móvil y el acceso a internet, ha provocado una reacción que tal vez no calcularon de la misma forma, pero que era previsible que ocurriera.
El gobierno, una vez más, en estos mismos instantes que estamos hablando, aplica el manual de instrucciones. Entre otras cosas, desprestigiar a los estudiantes que protestan a través de los medios de comunicación que controlan. Y a ello hay que sumarle, como siempre, el temor entre quienes consideran -me refiero a los estudiantes- que ni están confundidos ni son enemigos de Cuba ni del gobierno.
Muchas veces se acusa cualquier movimiento de disconformidad que surge de Cuba como acción de agentes foráneos. Creo que eso reduce la dignidad de las personas, como si la gente no tuviera necesidad, deseo, ansiedad de manifestarse y de protestar. Se devalúa a los propios cubanos quitándoles el sentido de su dignidad.
La otra cuestión es que se ha dicho y repetido y se que la Universidad es para los revolucionarios. Es decir, se supone que los jóvenes que estudian en la universidad son revolucionarios y son los que han protagonizado esta protesta, que ha tenido diferentes manifestaciones. Grados más radicales, otros más dialogantes. Ha habido de todo. Satanizar a esos jóvenes no es la estrategia más adecuada para una solución a este problema.
¿Cuál va a ser la solución? Se están buscando alternativas, pero creo que al final ese paquetazo se va a establecer porque no hay otra manera de resolver el problema. Y eso es lo triste.
Dije al principio de la conversación que el tejido social cubano se había ido dilatando, en estos años se ha ahuecado y sobre todo se han creado bolsones de pobreza. Es un problema de muy difícil solución por parte del Estado.




