El presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala habla de la iglesia y sus desafíos

 Un momento de inventario. La iglesia católica en un mundo alejado de sus principios más emblemáticos. Está es la voz autorizada del Presidente de Conferencia Episcopal de Guatemala, monseñor Rodolfo Valenzuela

Ahí están las palabras de la homilía del Papa cuando fue investido. Dice: “He sido elegido sin ningún mérito y con temor y temblor. Vengo a ustedes como un hermano que quiere hacerse servidor de su fe y de su alegría, caminando junto a ustedes por la senda del amor de Dios, que nos quiere unidos como una sola familia. Amor y Unidad. Estas son las dos dimensiones de la misión confiada a Pedro por Jesús, su Señor”. Parece un mensaje inequívoco Amor, unidad, alteridad.

Subrayaría la palabra unidad. Justamente en la primera homilía del Papa se mencionó el tema de la unidad como uno de sus objetivos principales. Es importante porque estamos en el mundo actual ante una serie de amenazas graves a la humanidad en muchos niveles, no solamente el global, socioeconómico y político, sino también a veces en los mismos países. Las grandes polarizaciones y diferencias en la misma sociedad de los Estados Unidos. No digamos Europa. Luego divisiones también en las iglesias entre conservadores y progresistas no son nuevas, pero están también en el seno de las familias y de las circunstancias de base en las sociedades.

O sea que el tema de la unidad es fundamental y se ve que el Papa León lo toma muy en serio. Si habla de amor y de caridad, al fin y al cabo, eso se expresa socialmente en la tolerancia, en la aceptación y respeto del prójimo para alcanzar la unidad.

Ahora el Papa al presidir la misa de Pentecostés, dijo que el espíritu rompe las fronteras y abate los muros de la indiferencia y del odio en un mundo desgarrado por guerras y migraciones forzadas. Creo que se trata de una de las escasas críticas de alto nivel en contra de lo que está ocurriendo entre otras partes en Gaza, ante una mayoría de gobiernos que parecen haber olvidado los principios más caros claros del cristianismo.

Pentecostés es un símbolo para la Iglesia que narra los Hechos de los Apóstoles. En primer lugar, el Papa León se sitúa en perfecta consonancia con las críticas, a veces tan solitarias que hizo el Papa Francisco. Sin embargo, eso nos prueba que la Iglesia Católica, como institución reconocida también en los ámbitos sociales, políticos, sigue teniendo una voz permanente, creíble, para muchísima gente. El hecho de denunciarlo constantemente ilustra que no nos estamos quedando callados y nos invita a todos a no guardar silencio, porque es verdaderamente desgarrador lo que está sucediendo en Gaza y no digo con el pueblo de Israel, sino con el Estado de Israel, con una actuación tan inhumana frente a estas poblaciones. No hay duda de que los intereses políticos y económicos de Rusia complican la situación con Ucrania. No hay duda de que en tantos otros lugares del África -no se habla de eso- pero allí prevalecen conflictos sociales tremendos.

De manera que Pentecostés sigue teniendo un mensaje, que es el llamado a la unidad, el acicate a nuestra conciencia para que no seamos indiferentes ni silenciosos, que es lo peor.

En ciertos sectores sociales parece no entenderse bien lo que es realmente la vida espiritual. Cree la gente que con asistir a la iglesia y rezar unos cuantos Padrenuestros y Ave María se cumple con la fe. Sin embargo, desde el comienzo de la cristiandad, la vida espiritual era menos teoría y más práctica. Todo podría resumirse en las palabras del Papa León XIV: amor, unidad, alteridad, El mundo, y por ello parte del mundo cristiano está en deuda con estos preceptos. Porque más bien campean sus antónimos, el egoísmo, la discriminación, el rechazo al otro.

Las antiguas divisiones que fueron denunciadas por Pablo y por la primitiva Iglesia aún continúan. Divisiones en las sociedades antiguas entre hombre y mujer, entre esclavo y libre, entre judío y griego, o entre judío y cristianos. Las divisiones sociales, la polarización de los géneros, el enfrentamiento entre las religiones siguen siendo un gran desafío. Por ahí ha de ir nuestro interés y énfasis: en crear lazos, en crear puentes, en fomentar el diálogo.

Quisiera recordar que este año celebramos XVII siglos del Concilio de Nicea (325 d. C) en donde se afirmó desde el punto de vista de la fe, que Jesucristo es verdadero Dios y hombre. De este modo se dio un apoyo básico al cristianismo. No podemos apartar la fe y la vida de cada día. La fe no puede ser algo nada más para la vida eterna y alguna que otra situación externa a la historia. Desde que los cristianos afirmamos que Jesucristo es Dios y hombre verdadero, la salvación no es solamente del alma y de lo espiritual, sino también busca incidir en la superación de las diferencias, de las exclusiones, de la tremenda intolerancia que existe en nuestro mundo.

Está claro en el cristianismo desde el principio que Jesús no fue nada más un líder de lo espiritual, porque unió la vida espiritual con la vida práctica, la existencia concreta de cada día.

La elección de un Papa es siempre sorpresiva, pero debo decirle que para mí la primera sorpresa fue el nombre que eligió, porque automáticamente me hizo pensar en León 13 y en su encíclica Rerum novarum (5 de mayo de 1891) que fue un paso decisivo en la enseñanza social de la Iglesia.  A través de una denuncia de los graves errores tanto del comunismo como del liberalismo económico que estaba en pleno auge. Los comunistas en contra de la propiedad privada y el crecimiento económico liberal a costa de los trabajadores y sus salarios.

La voz del León 13 es la voz de la Doctrina social de la Iglesia y el hecho de que el nuevo Papa eligiera ese nombre es más que significativo. Con otras palabras, la Iglesia tiene algo que decir por su reflexión y su profecía milenaria en el campo de lo social y político.

Curiosamente, uno pudiera decir ya son más de 130 años de la encíclica Rerum novarum y las cosas no han cambiado. La palabra clara en contra de la usura, en contra del neoliberalismo económico salvaje, como la llamaba Juan Pablo Segundo, tiene una actualidad tremenda. Es un mensaje muy claro de la elección de este Papa.

La mejor Iglesia Católica de América Latina en el pasado reciente asumió la defensa de los perseguidos, de los desamparados, de los excluidos. Esas categorías han aumentado en los últimos años. Así lo dicen las cifras de asesinados por el crimen organizado, en algunos países, incluso con complicidad de sectores del Estado. Se dictan nuevas leyes para acallar a los críticos. Se persigue a los que buscan una justicia independiente. Estas son algunas realidades de una larga lista de problemas. Esa iglesia es hoy más necesaria que nunca. Es deseable que el León 14 aliente a esa iglesia. ¿Tiene el apoyo que se requiere para ello?

Como usted sabe, el Papa Francisco tuvo que afrontar bastantes resistencias, en su afán de poner al día el Concilio Vaticano Segundo en nuestra Iglesia. No hay duda de que el Papa León 14 también tendrá que afrontar esas oposiciones. No podemos cerrar los ojos a esa realidad. Más aún, en algunos sectores se ha fortalecido el conservadurismo. En la misma Iglesia latinoamericana que ha sido siempre sensible a toda la situación social de la pobreza, de la marginación, de la injusticia, también registra reacciones conservadoras, espiritualistas, como echando para atrás, como cerrando filas, como defendiéndose.

Acabamos de celebrar los 40 años de las reuniones del CELAM y justamente uno de los primeros encuentros de los obispos de América Latina fue en Medellín (Colombia, 1968) la segunda Conferencia General del Episcopado. Sentar las bases de la importancia que tiene la voz profética y sobre todo el compromiso con los pobres en la América Latina es siempre un gran desafío. Hoy cada vez parece ser más difícil solucionar las injusticias. Los gobiernos enredados en la judicialización como en nuestro país, Guatemala. Nuestros gobiernos entrampados por los intereses económicos del crimen organizado, y la migración aumentando a la par con la pobreza. De manera que el reto sigue presente. La Iglesia mantiene un compromiso muy fuerte en este campo, aunque necesita esperanza, porque muchas veces no se ven los frutos.

Permítame insistir en este punto. ¿Es muy grande el tira y afloja entre estos sectores de la Iglesia, conservadores y progresistas? Cuando hablo de progresista, justamente lo que usted decía, Puebla y Medellín, la opción preferencial por los pobres.

Creo que en algunos países y circunstancias la tensión es más fuerte que en otros. Desde el ámbito del que hablo, en Centroamérica la situación es menos tensa a nivel interno de la Iglesia. Pero veo el Cono Sur o no digamos la Iglesia en Norteamérica están mucho más polarizadas en estos temas. A veces es por miedo a perder la propia identidad, es una inseguridad ante el mensaje de Jesús. Por ejemplo, ante el tema de las iglesias evangélicas que crecen en nuestro continente, hay tendencias a cerrar filas en vez de dialogar, de compartir, en vez de hacer frente a los desafíos comunes de las diferencias sociales, religiosas y económicas.

He tenido personalmente la experiencia en la ciudad que crecí, en Copiapó, en el norte de Chile, de no poder asistir un día a una misa porque no había un cura que la oficiará. Supongo que esta crisis vocacional tiene no una, sino varias razones.

Una razón posible y muy cierta es la nueva generación con la dificultad que tiene para hacer compromisos definitivos. El tono cultural actual en la juventud es que todo es pasajero, todo es, en cierto modo, relativo. La vocación requiere decisiones firmes de por vida. Sin embargo, las juventudes, sobre todo en los ambientes urbanos, viven más ligados a los medios de comunicación virtuales, a las redes, en donde existe más fragilidad en ese campo. La situación es diversa en la región. Nuestra Centroamérica en este momento tiene muchísimas vocaciones. Es un fenómeno particular. Sin embargo, el Cono Sur, en particular Chile, la Argentina, en el mismo Brasil, predomina una disminución evidente. En la Católica Colombia también hay menos ingresos en unas áreas. Tal vez no hemos sabido conectar suficientemente para entusiasmar o para presentar nuevos modelos a los jóvenes.

Me parece particularmente delicado el tema de la vocación femenina. No siempre hemos puesto al día el ideal de la mujer en la Iglesia. Algunas congregaciones religiosas siguen planteando a las jóvenes unos modelos que no van con la cultura actual y con el papel de la mujer. De modo que el desafío también se da al interior de la iglesia.

Usted encabeza la Iglesia católica de un país sufrido y al que las instituciones internacionales tienen desde hace tiempo en la lista roja de las naciones con severas limitaciones democráticas. Sin ir más lejos, los planes del actual gobierno se ven limitados por una casta enquistada en el poder y que ha prácticamente secuestrado sectores del Estado.

Para nosotros en Guatemala este es un dilema ante el cual no hemos perdido la esperanza, pero, a veces uno dice ¿a dónde vamos por este camino? Había una esperanza sólida en un partido nuevo, no obstante, se trataba de una organización frágil. Eso es lo que se está viendo ahora. El partido no era fuerte. No estaba suficientemente preparado para asumir el gobierno en este momento. Como las esperanzas de la población se dirigieron hacia Semilla los cañones se dirigieron en contra del partido. Allí radica la problemática de judicialización. El tremendo sistema del Ministerio Público, apoyado a veces por decisiones de las Cortes que entrampan fuertemente el quehacer gubernamental.

Por otra parte, Guatemala tiene gente con una paciencia sorprendente. Somos una nación con trasfondo maya indígena de pueblos originarios, que tiene capacidad de resistencia increíble. No tenemos por el momento estallidos sociales, pero tememos que esta paciencia se agote. Confío en que no. Los pueblos originarios tienen capacidad de tolerancia y resiliencia muy grande. En todo caso la tensión política es fuerte.

Ésta no es la Iglesia institucional de los años 80, cuando teníamos un panorama en el que era la única voz fuerte, profética. Hoy hay más expresiones de la gente, aunque la Iglesia sigue pendiente y posee una voz creíble para defender y exigir.

La verdad es que los matices críticos de esta entrevista no ocultan la prevaleciente esperanza que el nuevo Papa ha generado y que se espera de él, seguramente más de lo que un ser humano puede entregar. Por eso es deseable sumar a esa esperanza para fortalecerla la voluntad y la acción de la comunidad. ¿Cómo?

Las comunidades, las iglesias locales, tienen un papel relevante. El Papa Francisco comenzó a renovar una tradición antigua, la sinodalidad. Quiere decir la participación de todos y todas en la Iglesia, no solo la de la jerarquía. Quienes tenemos una función particular estamos trabajando en las comunidades, las parroquias, las diócesis. Es el proyecto de participación del laicado, de mayor participación de la mujer y de los jóvenes, apoyados por el CELAM, los obispos de la América Latina.

Es un motivo de esperanza en el laicado, en toda la parte de la Iglesia que no son religiosos, sino los hombres y mujeres de a pie de cada día. Hay fe humilde, compromiso, sentimiento de fe. Tratamos de luchar en contra del clericalismo que sigue presente. A veces queremos mandar, dirigir todo quienes somos clérigos o quienes tenemos un ministerio específico. Veo ahí un signo de esperanza que Francisco fortaleció, que León 14 ha decido seguir.

 

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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