Murió un gran maestro copiapino: Eddie Funes
Eddie Funes ya estaba en el regimiento cuando me llevaron al destacamento la tercera semana de septiembre de 1973. Las circunstancias no le habían cambiado el talante. Conversaba y hacía reír otro tanto. Pese a las humillaciones de tenientes despreciativos se mantuvo siempre sereno

La vida en prisión dio un vuelco con el paso de la Caravana de la Muerte, el 16 de octubre. Asesinaron y despedazaron a 13 amigos. Se hizo el silencio y Eddie, como el resto caminaba cabizbajo con los ojos rojos alterados por el llanto.
Pronto lo condenaron a relegación, el exilio interior, a Alto del Carmen, 43 km. al interior de Vallenar. Los vecinos lo recibieron con recelo. Pasó hambre y frío. A medida que pasaban los días los altinos lo fueron conociendo y queriendo. A tanto llegó el cariño que los mandamases de la región decidieron trasladarlo a Huasco Puerto.
A Eddie lo vi en varias ocasiones después de la dictadura. En la plaza de Copiapó, a la entrada del cementerio municipal, en su casa. En una de aquellas ocasiones, no recuerdo cuál, me contó de su llegada a Huasco. Lo recibió un oficial de Carabineros. Le preguntó en dónde dormiría y que haría para ganarse la vida. Eddie le dio la única respuesta posible. “no tengo la menor idea”. El teniente le dijo que esa noche podía dormir en un cuchitril abandonado y que al día siguiente vería que se podía hacer.
Cuando el carabinero terminó su turno y regresó a casa, le contó la historia a su mujer. Ella se indignó de una manera que su marido desconocía. A voz alzada le ordenó que al siguiente día le buscara una pieza decente y algún trabajo digno porque ese relegado había sido su profesor y ella no conocía a muchos hombres tan buenos ni capaces como él.
En sus días de relegación en Alto del Carmen y en Huasco Eddie Funes cosechó lo que siempre sembraba. Comprensión, educación, respeto por los otros, empatía con el prójimo. Sí, fue allendista, era su único delito.
Lo vi por última vez postrado en cama con Alzheimer. No me reconoció, pero semanas después Hernán Latorre fue a visitarlo como acostumbraba a hacerlo cada cierto tiempo. Nano me envió este WhatsApp que reproduzco:
Estimado amigo te cuento que nuestro profe, amigo y compañero está muy delicado. Hace unas semana lo visité y consulté algunas cosas y no respondía y casi al despedirme me pregunto “Y EL PEPE” … Le respondí que estabas ya en Holanda…. Dentro de su deteriorado estado mental tuvo un instante para acordarte de ti. Grande el profe
En el momento de la partida diversas emociones se disputan la prioridad: agradecimiento por haberlo conocido. Dolor, porque nunca es fácil despedir a los seres queridos. Pena honda por la injusticia que cometieron con él. Alegría al saber que hay tanto liceano que lo recuerda con querencia y apego.



