Victus: Albert Sánchez Piñol o como hacer famoso al adversario

Me enteré  con la debida antelación de la visita del antropólogo y escritor Albert Sánchez Piñol, quien venía a Holanda a presentar su novela Victus, recién traducida al holandés. El miércoles tres de marzo sería la actividad de la editorial Signatuur y el jueves cuatro la del Cervantes. Lo que nadie sabía es que se armaría la tole tole.

La noche de la presentación de la obra apareció una señora de la Embajada española, en La Haya, para hacer una alocución desafortunada, cuyos propósitos fueron de descalificación y confrontación. La mayoría de los asistentes rechazó con pifias su participación. Holanda se precia de respetar cabalmente la libertad de expresión pero dentro de los límites del respeto al otro. Al día siguiente se suspendió la actividad programada en el Cervantes por disposiciones que buscaban, se dijo, evitar males mayores sobre un tema tan sensible. Precisamente por ser un tema sensible es que necesita ser ventilado, discutido, debatido. Encapsularlo no contribuye a encontrar soluciones.

Albert Sánchez Piñol. Foto© Ingrid de Vries
Albert Sánchez Piñol. Foto© Ingrid de Vries

Lo ocurrido es un error diplomático absurdo. Una de las primeras lecciones que aprende un político es no ahondar más de lo necesario las situaciones incómodas. Ciertas autoridades españolas en Madrid pretenden innovar en esta materia y los resultados son lamentables.

Si lo miramos cuantitativamente, la reacción de solidaridad con Sánchez Piñol es abrumadora. Si lo queremos ver cualitativamente, el saldo es mayor. Exhibir en Holanda, en contra de su constitución, expresiones, no digamos de censura, simplemente de pretender el silencio de un autor conocido, no por nada ha vendido cerca de 200 mil ejemplares, es un desatino. En el diario La Vanguardia hay más de seis mil reacciones. Más del noventa de ellas condena, critica, se burla de los adversarios de Sánchez Piñol. A veces con talento envidiable: “habría de cambiarle al nombre del instituto Cervantes para que tuviera más éxito. Ponerle el nombre de un jugador del Real Madrid”. O, “creo que los editores holandeses están pensando sacar una segunda edición”. Son reacciones que reafirman el buen humor y la civilidad, principales enemigos de la tontería, la violencia y el extremismo.

Santillana dijo que el nacionalismo es la indignidad de ser prisionero de un territorio. Yo estoy con Santillana. Pero… mi anhelo como entrevistador es abrirme a la razón de mis entrevistados, no a las mías.

¿Por qué digo esto? Porque los que creen de verdad en la democracia están para escuchar a los que no piensan como nosotros, lo otro es mentalidad totalitaria mal disfrazada.

Albert Sánchez Piñol ha escrito una novela sobre la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714. Los hechos históricos son rigurosamente verídicos, la trama es literatura. Él es soberanista y no lo oculta. Tiene razones dignas de escucharse.

Nada peor que presentarse como demócrata y utilizar el poder para acallar argumentos que no nos satisfacen. Toda tiranía nace del menosprecio a los que son distintos a nosotros mismos.

Por estas razones la entrevista con Sánchez Piñol cobra mayor relevancia. Y por otra razón: en la propia España y en América Latina sabemos poco y nada sobre el tema catalán. Esta es una primera aproximación.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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