Un siglo de radio. Cien años de compañía. Grandeza humilde y generosa

Mi querida señora, le escribo para agradecerle todo lo mucho que ha hecho por mí. Dudo que se acuerde, pero la conocí en mi juventud y me enamoré perdidamente de usted. Nunca se lo dije, pero hoy quiero intentar lo indecible, el porqué de este cariño irrenunciable. Creo que lo primero fueron los medios que usted posee los que me causaban zozobra. Hasta el extremo de que en su presencia me temblaba la voz y me sudaban las manos. Usted sonría y me alentaba en silencio. Hasta que un buen día comencé a controlar los temores. Esa suerte de tranquilidad interior me llevó de la mano a entender el valor de las palabras.

Radio
Radio Philips que todavía funciona

Me empeñé en encontrar las que corrían a la búsqueda de una explicación o de una duda. Me costó lo suyo juntar las que aludían a las amenazas. Más azaroso todavía fue dar con las que despiertan miedos o esas que cuestionan certezas inconmovibles.

Llamé a gritos callados a las palabras que alivian nuestros males espirituales. Las que son útiles para arrancarnos a tirones los prejuicios, y aprender a escuchar nuevamente.

Hoy intento conjugar los verbos necesarios para que tracemos juntos un horizonte civil. Creo, además, que, si es preciso, hay que mendigar a las palabras que encaminan de regreso al sendero de la primera persona del singular y del plural.

Es usted la que me ha inculcado que las palabras desconocen en dónde se encuentra la esquiva felicidad, pero cuando faltan, cuando las acallan, cuando las ignoran, cuando les hacen decir lo que no quieren, la vida se hace más pobre, menos vida.

Sabemos que usted ha sido compañera fiel desde el primer día. Su presencia y grandeza la reconoce tanta gente agradecida, porque sus voces, su ritmo cariñoso son entendidas como quien pone una mano tibia sobre nuestro hombro y para decirnos: “estoy contigo, no te voy a abandonar”. Mensaje que se recibe con la conciencia y se aprehende con la facultad misteriosa, profunda, que está unos cuántos pasos más allá del entendimiento tradicional.

Gracias a usted podemos contar con una amiga que intenta decir la verdad, y por favor, no me crea ingenuo. Ya sé que usted tiene algunas hermanas menores enfermas, con diagnóstico reservado, jovencitas que cayeron en manos equivocadas, que son manipuladas para sembrar la discordia, el odio, para hacer creer que existe una sola verdad y que ellas son su propietaria. Han causado mucho dolor, han propiciado la muerte física e institucional. Han intentado desfigurar su cara, pero no han podido. Por eso son ejemplos para no reconocerlas como de la familia.

Los primeros pasos
Los primeros pasos

Sabe, ahora que vivimos tantas crisis simultáneas, la del Coronavirus, la de la democracia, la de la representación política, la del populismo, la ecológica, la de la ultraderecha racista y discriminadora, la trasnochada y totalitaria de la ultraizquierda, usted sobresale con más importancia que nunca, porque su voz es más creíble que otras. Debe ser porque sale de bocas humildes con vocación de servicio, de esperanza, porque no son invasivas, porque no son pretensiosas, porque siempre están junto a quienes la buscan, porque, después de todo son compañía, antídotos contra la soledad.

 

Me cuesta creer que esa lozanía, esa belleza, cumpla hoy cien años. Seguramente se baña usted en la fuente de la juventud. No se lo digo como lisonja de cortesía, créamelo, lo hago porque no dejo de estar prendado, porque para mí, ser, es ser junto a usted. Por lo demás soy un convencido que su fuente de la juventud son los otros.

Una cosita más, usted tiene muchos admiradores, mujeres y hombres, que se empeñan en preservar y aumentar su presencia, que trabajan cada día para eso. Y tiene además tanta gente de todas las latitudes que son sus hinchas como el aire que usted respira.

Espero que este cumpleaños sea la fiesta grande de la casa de la palabra, una ocasión para renovar el espíritu de entrega y cariño, el canto a la libertad y a la diversidad, una esperanza para que no confundir el presente adverso con lo irremediable.

Una certeza, no le corresponde a usted cambiar el mundo, pero nada impide que en los próximos cien años persista al lado de las palabras buenas, de la crítica a las palabras de las cloacas y de respaldo incondicional a toda iniciativa que aliente una buena vida.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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