¿Qué quieren los cubanos que salen a protestar? Pan y Libertad

Paradoja de la historia cubana: la maduración de parte de la población cubana no va acompañada de una oposición que esté a la alturas de sus demandas y aspiraciones de vida.

Dos invitados: Antonio Rodiles Fernández, reconocido activista político cubano, uno de los fundadores de Estado de SATS, foro creado en julio de 2010 para fomentar el debate sobre temas sociales, culturales y políticos en Cuba, y Manuel Cuesta Morúa es uno de los opositores políticos más destacados. Estudió Historia, Politología y Relaciones Internacionales en la Universidad en La Habana. En 1991 se unió al grupo “Corriente Socialista Democrática Cubana”

Antonio Rodiles
Manuel Cuesta

El 11 de julio del 2021 a lo menos diez mil personas salieron a las calles a protestar en Cuba, pese a saber que serían reprimidos, detenidos, condenados. Un mes después el parlamento cubano, La Asamblea Nacional, aprobó un nuevo código penal en que se incrementaron en gran medida los delitos y las penas de cárcel. Si los amenazan con el infierno, ¿Por qué salen a protestar si son advertidos de antemano? Ambos disidentes coinciden en que los márgenes de tolerancia ante las privaciones se aproximan al límite. El hambre es un acicate que anula incluso el principio de autoconservación. De allí los 374 detenidos por alteración del orden público y amenaza a la seguridad nacional en el mes de marzo recién pasado.

La principal consecuencia de la crisis que ha alcanzado la calidad de multisistémica tiene a más del 70% de la población en condiciones de pobreza y ha provocado una migración de más de 450.000 cubanos hacia EE. UU. en los últimos dos años, a lo menos el 4,06% de la población nacional. Es triste decirlo para Cuba como para cualquier país: la gente está pasando hambre en la isla.

La combinación de dos necesidades, pan y libertad seguirá sacando a la gente a la calle. La historia demuestra que la potencialidad rebelde e insumisa no tiene destino si no existe una instancia personal o colectiva que la dirija y la guie. Salvo, tal vez, el caso excepcional de Rumanía con todas sus particularidades. ¿No es este un gran desafío para la disidencia cubana? Lo es porque para Cuesta Murúa hay un déficit en la oposición que no ha conseguido concretar aún una organización capaz de representar al pueblo ante el gobierno y la comunidad internacional. Según él hace falta un ejercicio de gran imaginación política para salir del estancamiento en el que se encuentra la disidencia.

Para Rodiles el problema es grave porque tanto más fuera que dentro de Cuba continúan primando intereses personales y colectivos que hacen difícil sino imposible avanzar en la discusión. Los intentos se sentar a la mesa distintas voces y sensibilidades chocan con la reticencia, el desdén cuando no el franco rechazo. Hay opositores que viven como en una burbuja que no quieren abandonar. No es solo un problema de visiones particulares, son los recursos los que no se invierten de mejor manera en la isla.

Todo apunta a mesas vacías, a falta de diálogo, como si encerrarse en las propias convicciones fuera la mejor forma de encarar el presente.

Antonio Rodiles. Si no se da ese debate no se puede ver en qué hemos fracasado y hemos fracasado en que no se ha podido sacar al castrismo. Es un fracaso fundamental, que hay que hablarlo y decirlo, independientemente que hemos logrado resistir. El castrismo no ha doblegado completamente ni a la al activismo ni a la sociedad cubana. Muestra de ello son todas las protestas, que vienen de antes de julio del 2021, como la de los artistas del 27 de noviembre del 2020.

Cuesta hablaba de imaginación. Creo que ya no hay que imaginar mucho. Desde hace años se trabaja por distintas vías, y hay distintas tendencias o visiones políticas con respecto a qué tipo de cambios se desea en Cuba, cómo terminar con el castrismo, el totalitarismo y en ese sentido Cuesta y yo diferimos en algunos puntos. El tema es que la imaginación ya no es lo que nos lleva a un final. Debemos tener acciones y, sobre todo, cómo enfrentar al régimen. Estos regímenes declaran una guerra contra los nacionales, destruyen las estructuras y las instituciones, buscan destruir hasta el individuo, o sea, una guerra y una contienda no se puede dar desde una situación tan desigual, cuando no hay con qué confrontar a este sistema totalitario como a otros que lamentablemente padecemos en nuestra región.

Mientras desde el exterior se acapara mucho capital político, que incluso no pone el foco en el interior de la isla, se acaparan recursos y foros internacionales; mientras eso ocurre, la oposición al interior de la isla está desvalida y muchas veces se dan conflictos al interior que son provocados o inducidos desde el exterior.

Nosotros hemos podido discutir en Cuba temas cruciales cuando durante la era Obama, se dio una división en la oposición. Por una parte, estaba la plataforma en la que estaba Murúa y otros grupos activistas, y estaba el Foro por los Derechos y Libertades. Cuesta recordará que se dieron encuentros en los que no llegamos a acuerdos, pero pudimos discutir con claridad y decirnos las cosas cara a cara. Esto no está pasando en este momento. 2024, diez años después y lamentablemente esos elementos básicos que prevalecían en la oposición interna, ahora no se encuentran y mucho menos en los actores que están en el exterior.

Manuel Cuesta. Es importante hacer una distinción que a mí me parece clave. La oposición cubana a lo largo de muchos años ha madurado en resistencia, pero no hemos madurado en lo político. Son dos niveles distintos, es decir, como resistencia la oposición ha demostrado, como muy bien dice Rodiles, que no puede ser doblegada dentro y fuera de Cuba, y eso es un dato decisivo. Durante todos estos últimos 40 años de oposición esa maduración y resistencia no se ha convertido en una maduración del sentido de lo político. Por eso insisto en la imaginación entre las demandas que tenemos y el cómo lograr que sean satisfechas. Ello supone un sentido de realidad que a veces perdemos en la oposición y en la sociedad civil. Y aquí aludimos a uno de los puntos que daña la posibilidad de construir una agenda política: la excesiva moralización de las alternativas políticas. Yo no converso o no dialogo ni siquiera con los que hablan de diálogo desde la oposición. De esa forma se malogra la posibilidad de buscar un consenso en la sociedad civil.

Cuando se quiere un cambio político no se puede ni se debería excluir a ninguna de las opciones partidarias de ese cambio.

La exclusión, como ha sucedido a lo largo de muchos años -porque no coincide con la visión moral de lo que nosotros creemos que debe ser el cambio- ha lastrado y dañado al sentido de lo político.

Tenemos metas comunes: la democracia, elecciones libres, Estado de derecho, pero no hemos hecho una discusión fundamental sobre el cómo se llega a esa meta. Es una confusión en la que hemos caído al convertir la meta en el cómo. Si queremos llegar a elecciones libres cualquier sociedad democrática utiliza las elecciones para ajustar programas, pactar voluntad política y poner en agenda lo que reivindica un gobierno. Pero en Cuba eso no es un medio, es una meta democrática. Es el gran vacío que tenemos a lo largo del tiempo y por eso no se ha discutido maduramente sobre el cómo llegar.

Justamente el gran debate de hoy ya no es izquierda o derecha, sino democracia o autocracia. Es el debate que tenemos en el mundo y en Cuba. Pero a veces el debate sigue siendo izquierda, derecha, radical, menos radical. Cuando creo que la discusión fundamental debe ser cómo nos abrimos camino en la realidad política presente de una manera realista para avanzar con la agenda libertaria. La discusión sobre los medios es la discusión que todavía no hemos tenido con claridad, lo que ha dificultado y arrinconado a la oposición dentro y fuera de Cuba en posiciones que de alguna manera no nos permiten avanzar hacia un consenso. Eso por no hablar de que a veces se personaliza las discusiones por cuestiones emocionales o de otra índole que no ayudan a la democratización del país.

Rodiles y nosotros hemos discutido en muchas ocasiones y lo hemos hecho con respeto. Pero Rodiles y Cuesta no son los únicos en la oposición y obviamente hay que buscar un entramado de relaciones, unas pautas mínimas para que haya una conversación, no sobre las metas, nadie discute que queremos elecciones libres, liberación de los presos políticos, Estado de derecho, incluso ya no hay una discusión sobre los modelos económicos. No hay alternativa al capitalismo realmente existente. Hay que tener una conversación sobre los medios con un sentido de la política real para llegar a esas metas que son vitales para la sociedad cubana.

Hoy hay una oportunidad porque ayer el pueblo cubano estaba de espaldas en sentido general a lo que planteaba la oposición variopinta, diversa y plural. Hoy la gente ya escucha, pregunta, se identifica. Lo que le falta es el ejercicio fuerte de una ciudadanía que no solo explote, sino que se conecte con la alternativa presente que nosotros estamos obligados a definir, enunciar y plantear con claridad al pueblo cubano y a la comunidad internacional.

Antonio Rodiles. Difiero en algunos puntos. Yo sí creo que hay un factor y un peso específico de la cuestión ideológica. En los últimos tiempos el tema se desata a nivel global. Ya no es la discusión entre el marxismo leninismo y las democracias liberales, sino ahora hay un cúmulo de ideas como el neomarxismo, la ideología Woke y todo lo demás. Hay una ideologización del ámbito político nuevamente, y me parece que es una discusión que está pendiente en nuestro caso cubano.

Respecto a lograr una unidad entre todos, creo que eso ya no es factible porque en el mundo actual todo los temas ideológicos polarizan, lo queramos o no.

El tema que sí veo y es la parte que me gusta enfatizar, es que, de cara a grandes grupos de cubanos, como bien decía Cuesta, que antes estaban de espaldas y ahora los hay que están muy de frente y otros de medio lado, debe producirse una discusión para que esa gente pueda escoger qué variante quiere y sobre todo, para enfatizar que el totalitarismo tiene que ser barrido de todas, todas.

Me parece que lo que está pendiente en el ámbito político es regresar precisamente a un ambiente donde sea lo político lo que prime y no las agendas personales de actores que buscan primar con agendas externas. También me parece que debe crecer la seriedad política de nosotros los cubanos y de alguna forma exigir machaconamente que actores o instituciones que tienen un peso en lo que está pasando en el tema Cuba y que son reticentes acudan al llamado para discutir claramente y de frente a los cubanos cuáles son sus posiciones y sus agendas.

Zepeda. ¿Se comporta la comunidad internacional como debería en el caso cubano?

Manuel. No creo que se comporte del todo como debería. Europa a veces se queda en los formalismos de los tratados, como el acuerdo de diálogo político y cooperación, pero no sustancia. No le da seguimiento al compromiso que ha establecido con el gobierno cubano y se queda en la galería protocolar, para posibilitar enviar al mundo el mensaje de que bueno, nosotros tenemos un diálogo con el gobierno cubano en materia de derechos humanos, pero no hay un seguimiento a lo que han firmado ambas partes. Eso tiene una consecuencia. Primero, el Gobierno alimenta su proyección retórica porque trata de demostrar al mundo que tiene acuerdos con Europa en esta dirección. Y segundo, se contenta con continuar con la represión y violación sistemática de lo que ha acordado con la Unión Europea.

En muchos lugares y oportunidades le hemos dicho a los europeos: ustedes han firmado, pero no velan por el cumplimiento de lo acordado. Segundo, ustedes no apoyan definitivamente de una manera clara, visible, institucionalizada a la oposición y a la sociedad civil. Eso alimenta las ansias del régimen cubano de destruir hasta sus últimos cimientos cualquier manifestación o alternativa de sociedad civil o de oposición política en Cuba.

Por eso creo que no se comporta como debe. Hay quien creen que no hay que tener este tipo de intercambio y de comunicación o interlocución con las autoridades cubanas. En cualquier caso, la comunidad internacional no está tomando en cuenta realmente la evolución fundamental que tiene la sociedad cubana hacia ese proceso que algunos llamamos de “auto democratización espontánea”, que puede dar una sorpresa, como de alguna manera han manifestado incluso diplomáticos y empresarios españoles. La sociedad cubana mañana le puede dar una sorpresa y ellos perder todas las ventajas que han obtenido aquí al precio de no apoyar al pueblo cubano como lo merece.

Obviamente hay problemas globales. Cuba no es el centro del mundo. Hay otras realidades, pero ha faltado ese proceso institucionalizado, sistemático, visible y sostenido por parte de la comunidad internacional de apoyar a la sociedad civil cubana, cuando hoy tiene más legitimidad que el gobierno cubano frente a la sociedad.

Antonio. Creo que todo el mundo libre se está quedando muy por debajo de lo que debería ser respecto a los regímenes totalitarios. Y no solamente remarco el caso cubano.

Un proceso de 65 años sin que exista ahora mismo una clara opción de reemplazo hace que gobiernos y actores políticos fríos declaren ciertas cosas porque se supone que es lo que ellos defienden, lo que representan, pero al final terminan pasándole la mano y haciendo negocios. Muchos empresarios y compañías y los gobiernos, por supuesto defendiendo esos negocios o representando a sus ciudadanos que están dentro de la isla.

Es muy lamentable lo que ha ocurrido, pero parte de esa escasez también es consecuencia del fracaso nuestro. El día que realmente podamos poner una presión seria sobre todo esos gobiernos, y que exista lo que decía Cuesta, que puede tener consecuencias estar del lado del régimen cubano, me parece que el comportamiento va a ser distinto.

Hay que ser realistas, no es lo que nos gusta. Quisiéramos, por supuesto, un mundo libre, mucho más comprometido. Se necesita, pero los cubanos, incluyo a los de dentro de la isla y a los del exterior tenemos que mostrar el músculo y la fuerza para presionar y no se está haciendo. Lamentablemente, por ejemplo, en el exterior existen recursos, capital político y se utiliza, muy precariamente y con resultados muy, muy débiles e insuficientes.

Zepeda. El dilema no puede ser más claro: o la disidencia se pone a dialogar para salir del estancamiento en que ella misma se ha sumido o no puede aspirar a representar las demandas que con tanta entereza y riesgo reclama la gente en las calles. Es un reto que no solo alcanza a los políticos disidentes también lo hace al periodismo independiente que cumple cabalmente con denunciar puntualmente las violaciones sistemáticas a los derechos de las personas, pero es menos proclive a criticar a la oposición política que necesita un espejo en que ver reflejados sus aciertos, pero sobre todo sus carencias.

Creer que la crítica a la disidencia favorece al gobierno es un error. Por el contrario, es un deber ineludible del periodismo independiente señalar con claridad los defectos y ausencias que impiden avanzar por la senda de la democratización.

Al final una mención a los presos políticos que soportan fuertes castigos y condenas. Por mencionar solo tres de los 1062:

Aymara Nieto, de la agrupación Damas de Blanco. Fue separada de sus hijas pequeñas desde el 2018.

Félix Navarro, de la causa de los 75, tiene 70 años y una salud frágil.

Ernesto Borges, lleva más de 25 años en prisión. Es uno los presos más antiguos de Cuba y está condenado a 30 años por tentativa de espionaje.

 

 

 

 

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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