Mujer abusada no puede entender porque su madre optó por el abusador

Es bella, tiene una sonrisa tranquila, pero detrás de la hermosura y el gesto alegre se oculta una verdad amarga, fue abusada desde niña y durante muchos años. El perpetrador construyó su historia como elegido de Dios. La madre le creyó a él, no a ella. El testimonio es suficiente para darse cuenta de lo mucho que se calla

Ella

Mi nombre es Itzamar Araceli, tengo 26 años. Hace dos años ingresé a la red de apoyo. Mi mamá es madre soltera. Conocí a mi papá a los seis años. Ella conoció a una persona y a los 15 días se fue a vivir con él. Él era muy celoso con mi madre que siempre ha sido muy guapa. Él le rompía la ropa, la arrastraba por el piso, la golpeaba, la alejó de su familia.

Al año mi tía descubre que era un hombre casado. Para justificar esto, él dice que mi tía hace brujería, que todo es falso, que decía eso porque los quería separar. Entonces comienzan a pasar cosas en mi casa. Empieza a oler feo, a ella se le inflama la panza, escupía sangre. Había cosas muy fuertes. Mi mamá asegura que cuando estoy en casa se les desaparece el dinero.

Ellos empiezan a rezar y con la Biblia en la mano le preguntan a Dios: Nancy, mi tía, ¿es bruja? y aparece un billete de 100 dólares en la Biblia. Ya con eso, Luis que es la pareja de mi mamá, dice que él es especial para Dios, algo así como un ser superior. O sea, ya no podía luchar contra él. Si él ordenaba a mi mamá, no te pongas ese vestido no se lo ponía, o sea, tenía el control total. Mi mamá dejó de trabajar, yo iba a la escuela por suerte, pero ella no hacía nada, no tenía amigas, se alejó de su familia y su mundo era todo lo que él decía. De los 6 a los 12 años yo creía que mi abuelita muerta mandaba mensajes a mi mamá a través del teléfono sobre cualquier cosa de la vida, no hagas esto, hazme de comer tal cosa. Mi mamá, desde que tengo 10 años, le servía un plato de comida a Dios, a su mamá, a su hermanita que falleció y a la hermanita de su pareja. Había siempre un plato especial para la ofrenda diaria.

Por las noches Luis le marcaba a mi mamá y le decía, mira, ahora el diablo me está jalando la puerta. Lucho en contra de él. Se presentaba como si fuera un guerrero, como la historia de Miguel, el arcángel que luchaba contra el demonio.

Y es cuando empezó el abuso. Tocamientos en las mañanas, entraba en mi cuarto. Yo le dije a mi mamá que porque no se lo llevaba. “Ay, déjalo, tengo mucho sueño ahorita, tú aguanta”. Obviamente nunca le dije a mi mamá lo que me hacía, porque ella no me creía nada. No le podía decir nada malo de él porque él era especial, especial para Dios.

Él llegaba borracho, drogado o lo que sea. Y yo tenía que darle masaje en los pies todas las noches. Oliera como oliera lo tenía que hacer. Hiciera lo que hiciera conmigo lo tenía que hacer.

No iba a la escuela y fue cuando empecé con problemas de bulimia, de anorexia. No quería comer, tiraba la comida y cada vez que vomitaba era como sacarme de dentro lo que no podía decir.

Cuando tengo 16 le dije a mi mamá que había muchachos y él: ¡no! o sea, tú eres de mi propiedad, no puedes salir con nadie y no puedes decir nada, no puedes tener amigos, no puedes nada.

Una noche le dije a mi mamá lo que pasaba. ¡Somos amigas, ayúdame! Se puso muy loca, se quería matar. En ese momento me creyó, y, de repente él la llama y después se voltea a ver y me ve como tan feo. Después me acusa: tú estás endemoniada, se te metió el diablo, por eso estás haciendo estas cosas. Yo tenía 16, qué iba a hacer. Le dije bueno, tienes razón, ella se fue y ahí entendí que yo ya no podía decir nada.

Cuando iba a salir de bachilleres y me gustó un muchacho, Luis me hizo creer que era un secuestrador. Nos cambiamos de casa 13 veces. Nos cambíabamos porque no pagaba la luz, no pagaba la renta, no pagaba nada. Siempre, siempre faltaba todo. No teníamos dinero para nada y a veces me decía, si no me ayudas, Dios no nos va a dar dinero para comer. Si no me ayudas ya no me va a dar dinero para el mandado.

Así pasó. Me sacaron un año de la escuela. Obviamente no tenía redes sociales, no podía hablar con nadie, un año encerrada y mi mamá reprochándome que por mi culpa nos habíamos cambiado y que era una puta. Así pasaban los días.

Pero no entiendo cómo, cómo en ese tiempo ella nunca se dio cuenta. Éramos nosotros tres, !cómo ella no se daba cuenta!. Bueno, ya entré a la universidad y los problemas seguían y cada vez se ponía más mal por las noches, con mucha violencia. Una vez agarró a nuestro perrito y como se orinó en el cuarto, lo agarró y lo lanzó contra la pared. Mi perrito se hizo popó del susto. Entonces embarró toda la pared y lo quería seguir golpeando.

Hasta que me quedo embarazada y paso todo mi embarazo sin que nadie sepa, ni mis amigos ni mi escuela. Estoy seis meses en mi casa con mi niño y no sé, yo quería saber qué había pasado realmente. Lloraba y no podía entender nada más allá de mi llanto. Pero eso es estúpido, porque la verdad es que creo que soy inteligente, pero no podía razonar lo que yo sentía, lo que estaba viviendo.

Me empezó a molestar otra vez y yo ya no lo podía soportar más. Y en abril de ese año yo le dije a mi mamá todo. El niño era lo único que yo tenía, la verdad. Creo que gracias a él cambió todo.

Mi mamá no me hablaba. Yo lloré y lloré y hacía lo que él me pedía para que ella me volviera a hablar. Y una vez que tengo a mi niño mi madre pasó a segundo plano. Mi madre y yo nos peleamos como siempre porque mi niño, como estaba chiquito se golpeó fuerte contra la pared y ella me dijo: «tú golpeaste al chamaco, porque no lo quieres, es mejor dárnoslo a nosotros». Y ahí  es como que entendí, si yo se los daba no era lo que quería. Como si yo fuera una vaca. Ella se burló de mí y dijo: «al cabo ni siquiera sabes quién es el papá». Ese día le dije todo, todo. Y esa misma noche él me jaló el cabello y con la navaja me quería cortar. Él amenazó con suicidarse, que yo era una bruja, que era un demonio.

Y así pasó un año,  yo, diciéndole todos los días a mi mamá y esperando que ella reaccionara para que me ayudara. Pero no pasó.

Él salía todos los jueves un ratito y mi mamá se puso a lavar el patio porque tenemos perros. Cuando ella salió agarre a mi niño, así, como andábamos. De mi casa a la Cruz Roja eran dos cuadras y yo sentía que era una película de terror porque él no tenía horario, podía llegar, él podía pasar y verme. Pedí ayuda en la Cruz Roja y me dijeron, es que eso no es un delito.

A veces no nos dejaba dormir con sus teorías, eran sus teorías de conocimiento. Todos los días era la violencia psicológica. En las noches había cosas horribles y las pasamos y las pasé y me querían quitar a mi niño. Iban a decir que yo estaba loca y mi mamá estuvo de acuerdo. Entonces yo me puse a gritar, me taparon la boca, me quedé inconsciente un rato, me pasaron al otro cuarto, me encerraron. O sea, ahora sí fue violencia física de parte de mi mamá también.

Entonces yo dije, ¿qué estoy haciendo aquí? No sé, fue como que vi un reflejo y dije esto es como una secta, yo no quiero estar aquí. Esa noche me quitaron a mi niño, yo me salí como pude, a rastras, así, literal, a rastras. O sea, todo fue muy feo. Me salgo y me ayudó un vecino. Mi mamá llamó a la policía, porque la presión social la hizo llamarla, pero les contó que yo estaba drogada, que vinieran por mí, para calmarme. Y cuando hablo con el oficial, pues ya le dije que estaban abusando de mí, que me quería ir a un refugio, que me habían ofrecido eso.

Cuando estoy en Chihuahua me atendieron muy bien, la verdad. Me dieron toda la atención, todo. O sea, no sé cómo explicar lo que hicieron por mí.

Yo sé perfectamente por lo que lo que usted ha pasado. Eso no se puede olvidar jamás. Pero ¿se puede superar?

Sí, pues ya tengo dos años lejos de eso. Volví a hablar con mi mamá y la verdad me duele mucho porque ella no está conmigo, ella sigue con él. La última vez que hablé con ella me acusó, “es que tú te querías quedar con Luis”, por favor. Fue la última vez que hablé con ella y la verdad, yo ya no pienso volver a hablarle.

Y ¿cómo está usted con su hijo?

Es mi felicidad. Hemos pasado muchas cosas, salir del refugio. Mi niño estuvo en Casa Hogar un tiempo, porque yo no lo podía cuidar. Dos meses, fueron horribles y entendí lo que era el dolor. Ahí me di cuenta lo que es amar a alguien más allá de tus fuerzas y me di cuenta de que nada de lo que habíamos vivido, nada, había sido tan difícil como no tenerlo.

La relación con mi hijo -yo sé de dónde viene- pero es mío, nada más. Él fue quien me sacó de donde estaba y vamos mejor.

Ese es el testimonio. Ahora hay que escuchar la voz de quien acompaña, de quien asiste a las mujeres abusadas en Aguas Caliente. ella misma se presenta:

Soy Verónica Hernández, trabajadora social de Mujer Contemporánea, es una fundación que empezó como una revista en 1993, con Margarita Guillé, una de las pioneras en conjunto con la señora Roxana. A la fecha con 26 años, es un espacio, un refugio para mujeres que han sufrido violencia extrema. Desde ese entonces, a la fecha hemos ayudado a más de 1400 mujeres en el refugio.

Tengo poco tiempo trabajando, voy a cumplir casi dos años, desde cuando se inició la pandemia en el 2020. Fue cuando las mujeres tenían que estar encerradas en casa, no podían salir, tenían que pasar las 24 horas del día cerca de su pareja, y como en el 95%, la persona que ejerce violencia contra las mujeres es su pareja, nos encontramos con muchísimas llamadas, muchos reportes en el 911, que es el número de emergencia porque se encontraban en situación de riesgo.

Hubo un inmenso aumento de los abusos. La violencia se incrementó en un cien por ciento de las mujeres que han acudido a Mujer Contemporánea. Todas han sufrido violencia psicológica.

Mujer Contemporánea se mantiene y consolida con donaciones. Y ahorita con un recurso federal.

Tengo siete años de experiencia atendiendo a mujeres en situación de violencia extrema. Nos encontramos en una sociedad tradicional, machista, misógina, en que la educación hacia las mujeres es para que sean sumisas. Entonces, la dependencia económica, los miedos, muchísimas amenazas. Cuando existen mujeres que han estado en situación de violencia extrema, no pueden salir del círculo de violencia porque las amenazan con que les van a quitar a sus hijos, a sus hijas y ellas por desconocimiento de lo legal, piensan que a lo les puede quitar a sus hijos por ciertas razones, ellas creen que nunca van a volver a ver a sus hijos o a sus hijas. Y eso influye mucho

Por eso el caso de Itzamar Araceli es de una de las mujer que nos ha enseñado a nosotros. Nos ha demostrado que puede con sus recursos, sus herramientas, seguir adelante y lo ha hecho hasta ahorita. Ella es un ejemplo muy claro para muchas mujeres en decir basta. No estás sola, puedes salir adelante.

También nos hemos encontrado con mujeres que al salir del refugio regresan con sus parejas, porque no tienen redes de apoyo, no tienen espacios donde quedarse, no quieren dejar a sus hijos en la calle. Y ¿qué pasa? acuden nuevamente a su pareja. Obviamente hay un lazo, está la parte emocional y piensan: “qué les voy a dar yo, he vivido violencia psicológica, me han dicho que soy una inútil, no sé hacer cosas, me creo todo lo que me está diciendo, me siento insegura físicamente, no soy bonita. ¡Tengo que buscar la seguridad para mis hijos y mis hijas, pues regreso con mi pareja!”

Nos hemos encontrado con esos casos en el que para que una mujer pueda salir del círculo de violencia tienen que pasar muchísimas separaciones para la llegar a la definitiva.

¿Por qué se dedica su vida a este tema?

Se dio la oportunidad de poder empezar a trabajar con comunidades, comunidades, localidades muy vulnerables. Ahí fue donde empecé. Me gusta escuchar y ser empática, no juzgar, no señalar, al contrario, ser como esta parte de como ese vagón en el que puedan dejar todas las situaciones que están pasando las mujeres.

¿Se sufre?

Todavía trato de poner cierto límite, pero, José, ahorita desafortunadamente se ha disparado la violencia. Recibimos muchos casos fuertes. O sea, casos parecidos al de Itzamar, violación, abuso con adolescentes o mujeres adultas.

Si tuviera que recomendar un par de cosas, no a las mujeres, a los al cercanos, al círculo que la rodea…

Que dejen sus prejuicios, su opinión. Que sean empáticas, que nos demos la oportunidad de pensar que cada cabeza es un mundo. Cada persona está viviendo una historia, tiene sus necesidades, que todo eso es lo más importante. Que mi opinión no importa. Yo tengo que ver más allá. Aprender a escuchar. Aprender a escuchar.

Quisiera dejar como el mensaje para las personas que trabajamos en esto, para las que están en un ministerio público, en fiscalías, en instituciones aquí en México, en Aguascalientes, hay que tener perspectiva de género. Creer a la mujer, darle credibilidad para que ellas puedan sentirse escuchadas, en confianza, y a partir de ahí darle la ocasión de que aquellas mismas encuentren sus recursos para poder salir adelante. Que no se sientan solas.

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

2 comentarios en «Mujer abusada no puede entender porque su madre optó por el abusador»

  • el 12 diciembre, 2021 a las 17:27
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    Estimada Olga, gracias todas por tu reacción. En efecto la psicóloga está enterada, al grado que ella misma grabó en video la entrevista. Pero ciertamente tu consejo es pertinente ante vivencias tan dramáticas como esta. Itzamar dijo al final que ella estaba muy feliz de contar su experiencia porque era muy importante para las otras mujeres y que le hacía muy bien saberlo. Que estaba agradecida por la oportunidad. Creo que el testimonio reafirma su dignidad.

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  • el 12 diciembre, 2021 a las 17:03
    Enlace permanente

    Junto con saludar, comento que la entrevista nos ha puesto ante una nueva y terrible evidencia de lo que significa ese poder patriarcal violento que confunde las mentes de las mujeres, debilitando sus existencias a un grado de parálisis, especialmente en situaciones de incomunicación. La madre en esa familia es el primer eslabón de padecimiento de ese poder que se expresa de modo absoluto que la hace ser ciega e inerme ante la violencia y abuso descargados sobre ella misma y luego en su hija. Su completa entrega a ese poder masculino le impide ver su propia situación de dominación como también la de su hija. El poder la ha traspasado completamente. Su hija es más lúcida y encuentra una salida: escapar.
    Es muy perturbador el testimonio, una situación extremadamente dolorosa para la joven, que encuentra salida gracias a su propia voluntad y a una red de apoyo y de afecto que la sostiene. Tal vez el testimonio debería haber profundizado en la experiencia de salida de la situación de violencia, el proceso de sanación que implicó ser consciente de sus propios recursos psicológicos, la valoración del apoyo recibido. Su hijo nos es sólo el vínculo afectivo que le puede dar felicidad, también simboliza la posible continuidad de su propia vida.
    Un tremendo testimonio difícil de digerir y si la joven está de acuerdo en que se haga público habría que evaluar con una psicóloga, o su psicóloga o psiquiatra, si ello puede ser reparador para ella como parte de un proceso de sanación o puede ser algo que la exponga y para lo que no esté preparada.
    Esa sería mi opinión, José y gracias por la confianza de compartir esta experiencia.

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