El gobierno venezolano impone un clima de miedo. Así lo denuncia Naciones Unidas
Hicieron un ensayo general el 30 de junio y les quedó claro que muchos chavistas de antaño votarían en contra. El antecedente fue razón para poner en marcha el recurso que podríamos llamar “reemplazo de una realidad adversa”. Es lo que pasó en Venezuela. Se cambió la derrota política y electoral por una alternativa “revolucionaria”

El plan es minucioso en los detalles, torpe en la implementación. La denuncia de actos terroristas más la exigencia de urgente investigación abrió la puerta de la represión. El desconocimiento del resultado electoral oficial, para el gobierno, es un intento de golpe de Estado que debe ser castigado con todo el peso de la ley. Así de contundente es la creación de la suplantación.
¿Cómo es posible que lleguen tan lejos? Todos lo sabíamos: “vamos a ganar por buenas o por las malas” (4 de febrero del 2024). Palabras proféticas de Nicolás Maduro. “No podrán revertir los resultados”. Sentencia de Diosdado Cabello (28 de julio de noche).
¿Tendrá éxito el mayor fraude de la historia de Venezuela? Si y No.
Es innegable la desazón de los venezolanos. Fueron timados, tienen rabia y frustración, se saben impotentes ante el poder sostenido por las armas. No es este el caso del dictador Marcos Pérez Jiménez que hizo fraude el 15 de diciembre de 1957 y cayó el 23 enero de 1958 porque las fuerzas armadas, presionadas por el pueblo, abandonaron al tirano. Maduro cuenta, por ahora, con el respaldo y complicidad de la élite militar.
La desesperanza puede conducir a una segunda ola de migración que incrementaría exponencialmente a los casi ocho millones que ya se fueron. Al régimen no le importa, sabe que al final se quedaría con sus partidarios y no habría contrapeso significativo a su poder.
El tercer elemento que puede facilitar el éxito del delito de usurpación de la voluntad popular es la dificultad que puede encarar la unidad de la oposición. Las derrotas, por infames que sean, crean desapegos. Aunque es sobresaliente que nada enturbia por ahora la voluntad libertaria concertada.
NO, con mayúsculas. Porque hay anhelo mayoritario de cambio. Ha crecido el respaldo silente a la pareja de la esperanza: María Corina Machado y Edmundo González. El dúo simboliza un amanecer distinto, ajeno al odio e inclinado a la justicia, El respaldo se expresa públicamente a pesar de ser vandalizado por el régimen. Se cierran establecimientos comerciales, se apedrea y agrede a los moradores rebeldes, se despide del trabajo, se anulan los pasaportes dentro y fuera de Venezuela. Se amenaza. Se busca la censura total con el cierre de redes sociales. Se copia la receta nicaragüense. En pleno día miembros del SERBIN controlan celulares. Si tienen algo sospechoso lo menos es obligar a los dueños a borrar mensajes. Lo habitual es confiscar el aparato y llevarse detenido al “infractor”. Si ello no alcanza, se toman medidas más contundentes, como el encarcelamiento, la desaparición o el asesinato. El saldo parcial es de 23 muertos y más de 2229 detenidos.
Podría parecer exagerado pero las investigaciones de la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia, por crímenes de lesa humanidad en contra de Nicolas Maduro y varios de sus allegados justifican con contundencia lo dicho.
Pese a estos antecedentes incontrovertibles Nicolás maduro endosa todas las consecuencias a la oposición y a la conjura internacional del imperialismo norteamericano. Discurso desvencijado al que nadie hace caso, salvo los obtusos, que como dice el refrán de moda: “la diferencia entre el fanático y el ciego es que el ciego sabe que no ve”.
No, porque se espera que a los pronunciamientos de la comunidad internacional se sigan medidas concretas para exigir aclarar lo sucedido.
Naciones Unidas, la OEA, La Unión Europea, Estados Unidos, el trío México, Brasil, Colombia y un número considerable de gobiernos latinoamericanos exigen algo elemental, el recuento transparente de la votación de todas las mesas del país, para que el mundo se entere del resultado real, no el inventado.
No será fácil, porque la protesta pública en una atmósfera de temor desalienta a muchos a salir a la calle. Si fueron capaces de ignorar nuestra voluntad expresada en el voto, piensan los venezolanos, que nos espera si nos atrevemos a reclamar. Es un antecedente para tener en cuenta. Sin embargo, cuando se pierde el miedo sucede lo que vemos cada día, gente gritando por doquier: “no tenemos miedo”.
Protestas en Barquisimeto, Aragüeños, Anzoátegui, Cumaná, Caraballeda, Puerto La Cruz, Coro, Táchira, Carabobo, Vargas, Guárico, Maiquetía, suma y sigue. Este sábado protesta mundial para respaldar el triunfo abrumador de la oposición.
María Corina Machado afirmó durante la noche del lunes 29 de julio que Edmundo González recibió 6.275.182 votos con el 73 % de las actas que tienen en sus manos.
NO, porque el establecimiento de la verdad será un logro para la humanidad y el infortunado triunfo de la mentira, un fracaso para todos.
Las tiranías aparcan las consciencias y los principios ético-morales. Cuando el poder puede hacer lo que quiere y mentir lo que quiere está abierta la puerta para el sufrimiento de los inocentes, de los que no tienen más que su palabra para exigir la verdad.
Ninguna buena causa, ningún proyecto inclusivo y liberador puede nacer del caudillismo, del discurso del odio, del sectarismo, del militarismo. En democracia los atajos sirven para se hagan con el poder grupos delictivos que convierten a los países y a sus habitantes en presos en su propia tierra.
El futuro se construye con paciencia, con tesón, con palabras asentadas en la tierra y esperanzas plausibles.
Lo dice con preocupación el mexicano Héctor Aguilar Camín, “hay una sospecha trágica, los mejores ángeles de nuestra naturaleza suelen ser vencidos por nuestros peores demonios. El proceso civilizatorio tiene solo un riesgo, tornarse su contrario”.
Conversamos aquí con Tamara Taraciuk, Directora del programa Estado de Derecho del Diálogo Interamericano.
Da la impresión, y más que la impresión, casi la certeza, de que el gobierno del presidente Maduro está atrincherado en una narración muy concreta, específica y aparentemente sin ninguna voluntad de cambio.
Lo que ha pasado el domingo 28 de julio en Venezuela fue un fraude burdo. Mi impresión es que el régimen de Maduro calculó mal el margen de victoria de la oposición y luego de eso hizo lo que mejor sabe hacer, que es atrincherarse en el poder, robarse las elecciones sin presentar evidencia de los resultados electorales que anunciaron y una escalada de represión en contra de opositores, políticos y críticos. Es el contexto que estamos viendo hoy en Venezuela.
Un fraude obsceno. Y, sin embargo, persisten sectores en América Latina que aún le creen al señor Maduro. Su discurso de “izquierda” y de lucha en contra del imperialismo norteamericano.
Creo que en América Latina tenemos un problema muy serio con los gobiernos de izquierda en cuanto a que ha sido muy difícil, con la notable excepción de el presidente Gabriel Boric en Chile, que mantengan una coherencia en su política exterior, sobre todo en temas de derechos humanos y democracia. Parecieran no evaluar con la misma vara a quienes tienen una afinidad ideológica que aquellos que piensan diferente. Se trata de un gran problema para la causa de los derechos humanos. De todas formas, como el fraude y la represión han sido tan evidentes, les está quedando difícil a los gobiernos de Colombia, Brasil o México amparar a Maduro en este contexto. Los tres todavía hablan con eufemismos y llaman a proteger los derechos humanos, en vez de decir con claridad, debe terminar la represión en Venezuela.
Este es un contexto en el cual a Maduro le quedan muy pocos amigos internacionalmente y hoy el apoyo internacional que recibe es el de gobiernos que claramente no son democráticos como Rusia, Irán, Cuba, Turquía, China.
De alguna forma, irónicamente, con el fraude y la represión, Maduro le está haciendo un favor a la causa de la democracia porque se les hace y debería hacérsele muy difícil a gobiernos que son de izquierda que se reivindican democráticos, amparar lo que está ocurriendo en Venezuela.
¿Están a la altura de las circunstancias, los gobiernos de la región? Me refiero no solo a los gobiernos de izquierda.
Hoy tienen una enorme responsabilidad los gobiernos de la región de responder a lo que está pasando en Venezuela por una cuestión de principios, porque es un país que encara una bifurcación: o termina siendo una Nicaragua o una Corea del Norte en Sudamérica o se abre un proceso a una difícil negociación política para empezar un camino de transición a la democracia. Más allá de los principios, creo que también hay una cuestión de autointerés de los gobiernos, porque hay encuestas que muestran que 1/4 de las personas venezolanas que votaron por un cambio dicen que tienen planes, o sea, no ideas, sino planes de irse del país en caso de que no se reconozcan los resultados electorales. Y hay evidencia abrumadora que el resultado electoral dio por ganador a Edmundo González. Eso significa que, si esto se encarrila hacia una dictadura pura y dura, va a producirse una consecuencia directa con una nueva ola migratoria de millones de venezolanos en una región que no está preparada para recibirlos.
El hecho de que alguien reciba el Premio Nobel de la Paz y haya desarrollado con éxito un proceso de negociación en Centroamérica no significa necesariamente que tenga razón. Pero el caso es que el presidente Óscar Arias, en una reciente entrevista, mostraba un profundo escepticismo respecto del futuro de Venezuela. Nada más alejado de mi propósito mandar mensajes pesimistas, pero parece que estamos viviendo un momento de esperanza escéptica.
Creo que hay que ser realista y posiblemente las cosas se pongan peor antes de mejorar, porque el régimen lo que mejor se le da es reprimir y atrincherarse, sobre todo la cúpula, que no ve alternativas para ellos fuera del poder porque tienen en la espalda una amenaza de prisión por violaciones de derechos humanos, por crímenes de corrupción, narcotráfico, lavado de dinero. Pero la realidad es que el poder no es monolítico. En Venezuela hay muchas aristas en lo que es el poder y no todos están en una lista negra para terminar en prisión si salen del gobierno. Ahí se abre una oportunidad de alguna manera entre este momento postelectoral y enero del 2025, cuando debería asumir un nuevo gobierno para empezar a pensar y transmitir un mensaje claro por parte de la oposición y la comunidad internacional. Algunas personas que están en el poder, en altos mandos, pero también en mandos medios, gente en el Poder Judicial, en el Poder Electoral, además de las fuerzas de seguridad de los militares, que vean que tienen una mejor alternativa en democracia que siguiendo ciegamente órdenes de quienes no tienen esa posibilidad.
Ese es el desafío y ese es el mundo al que hay que hablarle hoy desde las fuerzas democráticas.
Más allá del esfuerzo y la valentía que ha demostrado mucha gente en Venezuela al salir a la calle a protestar, pese a que son vandalizados, perseguidos, torturados, encarcelados e incluso desaparecidos. Tenemos ya 23 muertos en Venezuela. ¿Tiene la comunidad internacional instrumentos como para insistir y presionar de debida manera al Gobierno de Venezuela? Se lo pregunto porque no es fácil cuando uno de los interlocutores está conversando con una pistola en la mesa.
No, no es fácil porque no estamos frente da una situación en donde hay un diálogo entre partes iguales. Lo que tenemos, de un lado, un régimen brutal, apernado al poder, y una oposición que por primera vez en mucho tiempo está unida en una vía electoral y pacífica. Es una novedad importante. Este contexto pone de relieve circunstancias que no se daban hace mucho tiempo en Venezuela: Una es la oposición política unida en una vía electoral. Otra es la capacidad que ha tenido María Corina Machado de transmitir cercanía al pueblo, a gente que durante años solo vio reflejadas sus necesidades en el chavismo. Ha logrado hablarles a las bases de Chávez, como no lo hacía nadie desde que Chávez asumió el poder. Y eso es muy poderoso porque hoy no están saliendo únicamente a manifestar las clases medias en Caracas, sino que es un movimiento que incluye a las zonas más populares y demuestra a todo el mundo que hoy, dentro de Venezuela, el madurismo perdió la mayoría del poder popular.
En estos momentos la pregunta no es tanto sobre cuáles son las sanciones que puede imponer Estados Unidos. Obviamente tiene que haber una amenaza creíble. Pero yo creo que hay que empezar a mirar a cuáles son los incentivos que se les puede dar a aquellos que están en el poder y que pueden facilitar esa transición dentro de la justicia, del poder electoral, de las fuerzas de seguridad y la cúpula del poder. No van a ser incentivos de impunidad, de amnistía o de perdón a quienes están implicados en crímenes contra la humanidad. Esa gente tiene el futuro marcado y nadie les va a poder ofrecer garantías, salvo los aliados no democráticos que tengan en el mundo que no se rigen por el derecho internacional y los principios democráticos. Hay que ver cuántos de ellos quieren seguir siendo amigos de Nicolás Maduro cuando deje el poder. A la cúpula le quedan pocas opciones. Pero fuera de ese grupo reducido que tiene responsabilidad por crímenes contra la humanidad, donde el derecho internacional traza una línea roja muy clara, hay un enorme sector que puede obtener beneficios dentro de las investigaciones penales por corrupción, por narcotráfico, por lavado de dinero e incluso de derechos humanos si se cumplen ciertos requisitos legales.
Por ahí a muchos de nosotros nos da dolor de panza, porque la verdad que ver la impunidad por la barbaridad de dinero que se robaron, por las violaciones de derechos humanos que cometieron es difícil, pero puede ser un marco que legal que genere incentivos para una transición democrática y un mejor futuro para el país.
¿Debo quedarme con sus palabras pronunciadas hace unos diez minutos atrás, la cosa se puede poner peor antes que se ponga mejor?
Es muy probable que la cosa se ponga peor antes de mejorar, pero eso es reflejo no de un gobierno fuerte, sino al contrario, de un gobierno débil, que está dando manotazo de ahogado para permanecer en el poder. Es un enorme costo para quienes están sufriendo en el país. No obstante se ha generado una posibilidad de cambio que hace muchos años no había.




