Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de Nuevo. Etty Hillesum
La historia de su vida es la historia de una mujer joven y apasionada que se mantuvo fiel a sus ideales y a sí misma incluso en las circunstancias más terribles. El 9 de marzo de 1941, la entonces joven de 27 años Etty Hillesum comienza un diario. Mientras los nazis persiguen con saña cada vez más a los judíos, ella da testimonio de una libertad espiritual sin barreras. Sus notas sobre el amor, el erotismo, las relaciones familiares, la amistad, la fe, el odio al odio y el destino son muy personales, honestas y descarnadas, al mismo tiempo, universales

¿Quién era realmente? ¿Qué mujer de carne y hueso se halla tras sus palabras?
Rosana Navarro, teóloga, artífice de la Fundación Etty Hillesum, en Colombia toca aquí algunos aspectos relevantes de esta holandesa insumisa, sacrificada en la fábrica de la muerte nazi.
Dos ciclos de la vida de Etty. Él primero. Sorprendente. A pesar del dolor que la rodea, a pesar de las humillaciones que la alcanzan, está convencida que la vida es bella y plena de sentido. Mientras el nazismo se empeña en ultimar a los judíos, Etty proclama que hay que volverse tan sencillo y mudo como el trigo. Hay que contentarse con ser. Su vida no desdeña lo exterior en beneficio del interior. Sabe de los padecimientos, pero su opción es otra. Esta actitud, esa indiferencia por los otros, la hace sujeto de críticas acerbas.
¿Cómo es que Etty llegó a esta actitud? Cómo llega a decir que la vida es bella y plena de sentido, de buenas a primeras y en medio de una situación límite como la guerra. Ni que decir que es una mujer preparada, intelectualmente estudiosa y que tuvo un padre maestro en griego y latín. De él heredó ese gusto por la literatura, por la lectura. La salvación empezó cuando entró en su crisis profunda acompañada por un terapeuta; y que en ese proceso descubre el gesto de ponerse de rodillas, algo que los judíos no hacen porque oran de otro modo. Muchas entradas de su diario hablan de que la vida es bella, que es plena de sentido.
Por supuesto que surgen las reacciones: Oiga, esta mujer ¿por qué dice que todo es bello? ¿Porque permanece feliz? Está como loquita o algo le pasa.
Su concepción la lleva al convencimiento de que, si el amor es universal, es justo aceptar e incluso aprobar el sufrimiento tanto como las alegrías; y la muerte tanto como la vida. Lo menos que puede decirse es que tamaña singularidad es excepcional, casi inverosímil en un mundo que se desmorona.
Es la única salida en la que yo también creo, como Etty. Ella habla del amor como única salida, como única solución posible. Hoy en día hablar del amor resulta complejo, porque se ha desvirtuado incluso la palabra amor. Llegar a comprenderla en su sentido profundo, nos reclama pasar por el dolor para comprenderla. Y creo que eso es lo que hace que descubra que el amor, que el dolor que es parte de la vida.
Además, la llega a habitar de tal modo que la invita a convertirse en alguien que no solo quiere amar a una persona, como fue su deseo inicial. Quería tener un marido como todas las chicas de su época, casarse. Y luego dice no, “lo que he aprendido es que en mi amor caben todos, hasta llegar a afirmar, por ejemplo, que quiero partir mi cuerpo como el pan y repartirlo entre los hombres porque tienen hambre”. Reflexión muy potente. ¿Cómo llegar a decirlo en una situación tan amenazante?
Dentro de esta mirada ella plantea una idea que sí va a ser acogida por muchos con respeto y admiración. “No al odio salvaje que sentimos por los alemanes porque vierte veneno en nuestros corazones”. En síntesis, no podemos igualarnos, ser como ellos. Es seguramente esta actitud moral, esta expresión religiosa, la que comienza a alumbrar su comunión con Dios y con la naturaleza.
Es posible que así haya sido. En su momento inicial, en las palabras de su diario, habla del odio que ella siente. Sin embargo, muy pronto, como ya inicia su proceso terapéutico, como querer resolverse en ese caos inicial en que estaba, va a descubrir que por ahí no es el camino.
Autores filósofos como Will Durant, que le reflejan un modo distinto de la vida; lee las Confesiones de San Agustín regaladas por su terapeuta Julius; la Biblia y las obras de Rainer María Rilke. Dostoievski. Su mamá era rusa. Todo eso hace que ella vaya conjugando una sinfonía diferente frente a la vida y que vea que no tiene sentido alguno el odio. Por esa razón no voy a amargarme la existencia ocupándome de un sentimiento que me hace daño a mí más que al otro. Es lo que creo que de fondo estaba en ella. Si no tengo odio en mi interior, todo lo que me rodea va a brillar. La naturaleza se va a convertir en un contacto muy especial, como una melodía que la va a acompañar siempre con su belleza.
Estamos todavía en las vísperas de su segundo ciclo de vida. Etty tiene la convicción tan arraigada en alguna gente cristiana: los sufrimientos los envía Dios. Los sufrimientos nos hacen más buenos. La verdad sea dicha, dudo que los sufrimientos formen parte de los planes del Altísimo. Más bien siempre me ha parecido que son propiedad de los hombres.
Tienes toda la razón. Los sufrimientos, nunca pueden formar parte del plan de Dios. Sin embargo, están ahí. Y el asunto es que Etty descubre en el tema del sufrimiento algo muy interesante: descubrir que Dios es absolutamente impotente frente al dolor, a la guerra y los sufrimientos que ocasiona, el mal que provoca el ser humano. Trata de decir, aquí hay un dolor que tú no lo causas, Señor. Dice, Señor, tú no puedes hacer nada. Tenemos que ayudarte a Ti a mejorar este mundo. Es algo maravilloso, descubrir que yo soy ayuda de Dios. Normalmente nuestra oración es: Ay Dios, ayúdame en esto, ayúdame en ello. Querer que Él haga lo que queremos nosotros. Y resulta que es al revés, descubrir que Dios, también es vulnerable; también necesita que le echemos una mano cuando somos nosotros quienes causamos el dolor. Eso es lo que veo. Un texto de ella dice así:
“Ayer, pensé lo siguiente. Hay una gran diferencia entre buscar el placer del sufrimiento y aceptar ese sufrimiento. Lo primero es masoquismo enfermizo. Lo segundo es saludable. En la aceptación de la vida no se trata de buscar el sufrimiento, pero cuando se nos impone, no debemos reducirlo y se nos impone a cada paso. Y, sin embargo, la vida es bella”.
Cuando llega al campo de concentración de Westerbork, en Holanda, confiesa que necesita un nuevo lenguaje para dar cuenta de lo que ven sus ojos, de lo que siente su cuerpo. Y es precisamente aquí donde se produce, así lo creo, una conversión, es decir, una transformación radical de su pensamiento. Sin embargo, sin renunciar a lo mejor que aprendió de la introspección. En 1942 escribe: “Centramos nuestra atención en los demás que nos olvidamos de nosotros mismos. Y está muy bien”. Quiere ser un bálsamo para tantas heridas mediante amor irrenunciable por los demás. Su entrega a ellos es lo más alejado de lo personal, de lo privado, del solo yo.
Es el aprendizaje fundamental que necesitamos todos en la vida. Descubrir que el fin de nuestra existencia no es hacia nosotros mismos, sino hacia los demás. Este descubrimiento solamente se logra por un camino espiritual, y no estoy hablando del ámbito de lo religioso ni de la religión, sino que justamente de ti, propiamente de una confesionalidad. Tiene el gran mérito de hacer camino espiritual, casi que ella solita se va fraguando su búsqueda interior. Sin desconocer la realidad, ella va trabajándose desde adentro y en diálogo con su afuera conflictivo, pero también bello, porque la vida es bella. Es lo que va haciendo sentido profundo y produciendo en ella lo que tú llamas una conversión que, frente al límite del dolor, en un campo de concentración, se transforma todavía más y evoluciona a un nuevo nivel.
El mal nazi lo encara Etty con gestos generosos, con una caricia que pueda aliviar las zozobras del campo de la muerte. No hay ella ni un rasgo de partisana, ni de militante del complot; lo suyo ¿tiene rasgos de santidad?
Diría que sí, de hecho, en la Fundación Etty Hillesum en algunos momentos bromeamos diciendo: Santa Etty, ruega por nosotros. Quizá si se hubiese convertido al cristianismo de pronto estaría en en la lista de los santos de la Iglesia. Hay tantos santos, incluso dentro de la Iglesia, desconocidos y nunca llevados a la santidad.
Llegar a lo sencillo de la vida significa una aceptación que no es sumisión, que no es masoquismo, sino recibir y dar desde lo que soy, desde la belleza que encuentro más allá de lo desagradable o de lo amenazante. Incluso hasta llegar a decirle a un soldado alemán: Oye, no me mires así. ¿No será que peleaste con tu novia o algo así?
Si vale la pena vivir distinto, no amargarnos la existencia y nuestro mundo necesita de seres humanos así. Los hay, pero necesitamos más, necesitamos más y Etty es una excelente testigo que nos puede ayudar a ir de la mano en esa búsqueda personal que muchos de nosotros queremos hacer.
Aquí aparece un nuevo eslogan que va a guiar los últimos días, el último tiempo en la tierra de Etty: amor al mundo y rechazo radical del odio. Rechazo que incluye a los verdugos. Aunque ahora le gustaría que los aliados bombardearan las vías férreas que llevan a la muerte a los suyos. Odia la violencia, pero acepta las acciones militares para enfrentar el mal. Esta contradicción ilustraría que Etty era un ser humano sometido, como todos, a las dificultades para asumir la vida en tan dramáticas circunstancias.
Sin duda estaba sometida a las dificultades, como tantos otros judíos víctimas de esta guerra. Sin embargo, voy a hacer una precisión. En una entrada de su diario que seguramente te sirvió de inspiración para este tema. Lo que leo es otra cosa. En una de sus últimas cartas, a este hombre con el que ella vivía en Ámsterdam y a todas las personas que vivían en esa residencia, les va a decir: Existía la ingenua esperanza de que cancelaran la salida del tren en agosto del 43 -unos pocos días antes de que ella misma, con su familia fuera llevada a Auswichtz- desde aquí muchos habían contemplado el bombardeo de una ciudad cercana. ¿Por qué no haberles dado a los rieles de modo que el tren no pudiera partir? No había sucedido nunca, pero con cada transporte surgía esa esperanza inextinguible. Ella habla más del pensar de los que estaban con ella, que de ella misma. Y es perfectamente lógico, porque frente a esa incertidumbre de qué va a pasar o saber qué es lo que va a pasar, la destrucción total, la muerte total, como ella lo decía. Ojalá pasara algo como eso.
Llegamos a un punto central de nuestra conversación, porque de lo que se trata es saber qué nos dice Etty Hillesum a la gente de hoy. La Fundación de Colombia se dedica a rescatar y difundir el ejemplo de ella. ¿Cómo lo hace?
La Fundación lleva 12 años trabajando desde Colombia. Se constituyó en el año 2013 como parte de mi trabajo de doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá.
Es decir, usted es una de las fundadoras.
Exactamente. Nuestra mirada de trabajo va dirigida a tres líneas. Es una propuesta de acompañamiento a la vulnerabilidad humana, desde la academia y la investigación, que ha realizado tres congresos internacionales, dos en Colombia, uno en España, y uno a realizarse el año entrante, y 1/3 en Portugal en 2027.
Las otras dos líneas son la formación a través de cursos, talleres online y presencial, que ofrecemos desde nuestras redes y en nuestra sede.
Testimonio de una mujer beneficiada con las actividades de la Fundación Etty Hillesum
«Mi nombre es Raquel Velasco, soy colombiana, voy por el medio día de mi vida.
Desde el 2018, en esas búsquedas del sentido de la vida me encontré con Etty y eso gracias a la Fundación Etty Hillesum. Me acerqué a la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana y allí estaba un grupo que se dedicó a investigar a cinco místicos. Una de ellas fue Hillesum. Esa es la ocasión en la que me encontré con su diario.
El año 2019 hubo el primer Congreso Iberoamericano sobre Etty al cual asistí. Desde entonces Etty ha sido un bálsamo en mi herida, como ella lo dice.
Cuando empecé a leerla fue impresionante porque se trata de una mujer con quien tengo muchísima sintonía. Por ejemplo -como dije- soy una persona en búsqueda del sentido de la vida, de la trascendencia, de ese algo más allá. Etty fue una mujer que, viviendo en condiciones sumamente difíciles como las de la Segunda Guerra Mundial, siendo judía holandesa, se había dedicado a escribir gracias a Julius (Julius Spier, judío alemán, de quien Etty se enamora) su vida interior. A partir de es experiencia, de esa lectura, yo empecé a escribir mi diario íntimo. Etty me regaló la escritura. Yo no escribía antes así y la profesora Rosana Navarro, nos invitó a escribir. Entonces escribí tres páginas sobre lo que Etty había como detonado en mí. Ella era muy corporal, muy sensual, muy sexy. Y yo soy así. Y hasta que yo no me encontré a Etty, no vi una mujer en donde coincidía esa sed de Dios y de trascendencia con su corporeidad femenina, con su erotismo. Por ejemplo, yo me encontraba a Santa Teresa de Jesús, hermosa, súper interesante, pero una mujer de la vida consagrada, monja. Cuando leí a Etty dije, ¡guau! aquí coincide todo lo que es una mujer integralmente y sin conflictos, es ella la que escribe con esa honestidad sobre sí misma.
La otra cosa que me llamó mucho la atención de Etty es cómo ella asumió el dolor y esa vida tan difícil. ¿Cómo es que en unas circunstancias en las que un ser humano se vea abocado a la total desesperación, ella se abrigó con la esperanza y encontró a Dios? ¿Cómo es que se iba a un campo de concentración contenta y extrañaba su catre en el campo de concentración? Es que cargaba a Dios por donde iba. Entonces podía estar en cualquier infierno. En todo momento estaba habitada por Dios, en Ámsterdam o en Westerbork o en Auswichtz, en esos infiernos que el hombre creó. Todos los días me pregunto ¿cómo lo hiciste? ¿Cómo lo lograste?
Hay una nota de pie de página del diario donde alguien describe a Etty como un hada madrina. Eso es para mí, un hada madrina y su varita mágica es el diario. Ahora me doy cuenta de que para leerme tengo que escribirme.
Yo la amo profundamente. Etty me ha acompañado desde que la conocí. Siento una conexión muy profunda con ella y gracias a la fundación y todos los encuentros, las conferencias, los cursos, los retiros, es que he podido seguir desarrollando mi escritura interior».

Finalmente tenemos una razón muy importante que es el proyecto social con la comunidad más vulnerable, acompañando familias, madres, cabeza de familia y niños que necesitan acompañamiento en un momento tan crítico como el que vivimos en este país.
Ahorita, en el mes de mayo en España vamos a ofrecer un curso que a propósito del proceso personal de Etty, se va a llamar Deseo, Cuerpo y Oración. En su diario se refleja esa vida que llevaba con los amantes que tuvo. ¿Cómo se conjugaba con una vida de lo que mencionábamos de santidad? Resulta que nuestra vida funciona desde el deseo y lo que quiere el curso es iluminar cómo educa y va transformando ese deseo. Cómo se da la terapia del deseo en Etty, no solo desde el ámbito afectivo sexual, sino desde evolucionar desde el deseo físico hasta lo espiritual más profundo. Cómo se integra el cuerpo hasta llegar al gesto de ponerse de rodillas. Esto lo vamos a ofrecer junto con un filósofo colombiano muy estudioso de Etty y una mujer de México, experta en todo el trabajo corporal. Estaremos en Ávila, España, fruto de un convenio que firmamos con el CITES, el Centro Internacional Teresiano San Juan.
Me imagino a Etty en las horas finales de su vida, antes de su ejecución, luchando en contra de la tentación del odio y de la violencia. Su corazón solo tenía lugar para el amor. El amor a los otros. ¡Qué necesitados estamos de seres como ella, pero que escasos son!
Escasos son. Pero esos pocos hacen mucho. Por ejemplo, con el reciente fallecimiento de una figura como del Papa Francisco. Escasos son personajes que, con su sencillez, con su modo simple de vivir nos recorren. Llegan a impactar profundamente y nos invitan a un estilo de vida diferente. Hoy nos sigue invitando con su estilo, y sobre todo porque todo el que se conecta con su lectura se queda prendado, quiere volver a leer y se siente reflejado o reflejada en sus entradas.
Cómo quisiera yo decir como ella lo dice y no soy capaz de contarme mis verdades a mi misma, porque lo que hace es contárselas y desde esas verdades va transformándose y descubriendo lo que hay que cambiar. La escritura es una herramienta poderosa. Ese es otro punto importante de la terapia del deseo, de la que trabajaremos en Ávila, la importancia de la de la narrativa, que hoy se ha perdido mucho por todo el tema de la digitalización. Tenemos que volver a lo simple, a lo sencillo.




