Chile ante el abismo por la pandemia o ante la inmunidad de manada

Esta entrevista se realizó exactamente mientras el gobierno anunciaba el retroceso de apertura en la región metropolitana de Chile producto del crecimiento de los contagios con el coronavirus.

El científico Tomás Pérez Acle explica aquí aspectos relevantes sobre el estado de las cosas con la pandemia en Chile. Habla de dos escenarios posibles: el uno dantesco, con crecimiento acelerado en los casos positivos o, la aproximación del borde de la inmunidad de manada, que sería un escenario significativamente positivo

El científico chileno Tomás Pérez Acle

Algo más de 1700 contagiados en Chile, una positividad no superior al 4,5 por ciento, seguramente son los antecedentes que han llevado a las autoridades del Gobierno a anunciar una serie de medidas de flexibilización para la fiesta de fin de año, que suponen, entre otras cosas, que cada uno de los chilenos podrá recibir en su casa como mínimo 15 y como máximo a 30 personas. ¿Es usted tan optimista como las autoridades del país?

Las autoridades son contradictorias en sus mensajes. Por un lado, nos dicen que hay que prepararse para la segunda ola que viene en enero. Hablan de una posible segunda ola de enero, en la que habría casos que podrían ser mucho más altos de los que tuvimos en julio, la mayoría de ellos en la región Metropolitana, y que fueron del orden de los seis mil nuevos casos diarios. Ahora se menciona la cifra de 9000 casos diarios para enero. Entonces, por un lado, te dicen viene la segunda ola, que será probablemente será mucho más fuerte que la primera, con un número afectado mucho mayor y lamentablemente con más personas fallecidas. Por otro lado, recomiendan no preocuparse para las fiestas de fin de año. Flexibilizan las medidas, alargan las horas en las que podemos estar fuera de la casa, se reducirán las horas de toque de queda nocturno.

Estas ambigüedades llevan a que la población se confunda. Y volvemos a una situación que ya hizo crisis a mediados de abril y mayo, cuando las autoridades chilenas pensaban que estábamos en una situación controlada, en la que podíamos juntarnos con los amigos a tomar café y comer empanadas, pero finalmente terminamos en una realidad muy crítica.

La situación es complicada, porque, es de lamentar, la gente hoy día en Chile, después de varios meses tenemos un nivel de infección diario que no supera los 2000 casos, le ha perdido el miedo al virus. Creemos que esto ya pasó.

Permítame tratar de explicar el porqué de la actitud del gobierno. Explicar no significa aprobar. Hace menos de un día uno de los ministros holandeses decía lo siguiente: mire, si yo tuviese que considerar solo el tema del virus, no podríamos hacer nada para flexibilizar la realidad holandesa por las fiestas de fin de año, por la sencilla razón de que tenemos entre 6000 y más de 7000 infectados diarios. Pero no es sólo el factor del virus el que está presente. Hay un factor económico y otro político. De tal manera que vamos a ver qué sucede a fin de año. ¿Es una visión muy equivocada?

Yo diría que es muy parecida a la visión chilena. Así, desde marzo nosotros participamos de manera muy activa apoyando al Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile a través de un grupo de modelamiento que formó su ministro, Andrés Couve, un científico. Fuimos entregando insumos que permitían proyectar la situación que se venía en el país, de acuerdo a los antecedentes y modelos matemáticos que manejamos.

Era muy impactante nuestra frustración cuando a pesar de que los resultados indicaban que íbamos en una dirección errónea, en donde fuimos capaces de prever el colapso del sistema sanitario entre la segunda semana de mayo y la segunda de junio, cosa que finalmente ocurrió y las autoridades no optaron por un modelo distinto.

El ministro Couve nos dijo varias veces que al final de cuentas la decisión no era técnica, era política, en la que, por cierto, se tenía presente la relevancia e importancia de evitar la infección. Pero que la variante de salud había que conjugarla con los aspectos económicos y políticos y que, finalmente, la decisión era política. El mismo ministro nos dijo en un par de ocasiones que si nosotros pensábamos que por unos gráficos todo un país iba a entrar en cuarentena, estábamos equivocados, porque las cosas no funcionan de esa manera.

Así que no me extraña lo que dijo el ministro holandés y seguramente la misma situación está ocurriendo en Chile hoy día.

¿Cuáles son, a su juicio, las proyecciones para el próximo futuro en Chile? Hablamos del futuro inmediato.

Decía hace unos instantes que desde más o menos tres meses tenemos entre 1000 y 2000 nuevos infectados diarios. Hoy día las cifras son del orden de 1700. Nosotros barajamos dos hipótesis. Una es que se está incubando una infección muy alta.

El protocolo de las autoridades definido como búsqueda activa de casos que se refiere a salir activamente a hacer test a la población, en las ferias libres, en las plazas, en la estación intermodal de buses, en algunos supermercados, en centros comerciales. Esta actividad no está funcionando de manera correcta, o se están haciendo las pruebas debidas, pero su distribución territorial no es la correcta. Por tanto, a nivel nacional estamos a ciegas y esta falta de información adecuada produce el efecto indeseado en el que la gente hace su vida de manera normal. Basta salir a la calle y ver los centros comerciales abarrotados, los restaurantes funcionando con normalidad. Toda la actividad deportiva, salvo los gimnasios e incluso algunos de ellos ya están abiertos. Creo que el cine y teatro son de las pocas cosas que todavía permanecen cerradas.

La creciente infección nos va a poner de rodillas como país, probablemente en la última semana de diciembre y la primera de enero, situación que corresponde más o menos con la proyección que hace el Gobierno sobre una segunda ola. Con la salvedad de que habló de segunda ola cuando todavía no pasamos la primera. Es un error, incluso no sólo desde el punto de vista coloquial, sino desde el punto técnico. Esta primera opción es, por tanto, peor que la primera ola.

La otra alternativa es que estemos ante lo que técnicamente se llama el borde de la inmunidad de manada. ¿Qué significa eso? Dado que la infección en el país es tan alta, recordemos que Chile está entre los países más infectados del mundo por millón de habitantes, la cifra de entre 1000 y 2000 infectados diarios apunta al segmento de la población que todavía no se ha infectado y que tiene que infectarse para llegar a la inmunidad de manada. Concepto que es importante entenderlo bien porque la forma en que lo producimos los seres humanos es vacunando a las personas. El porcentaje de la población vacunada en el caso del SRAS-CoV-2 debiera ser del orden del 60 al 70 por ciento. De manera que cuando entre el 60 y el 70 por ciento de la población tiene una forma de luchar con anticuerpos contra el virus, podríamos decir en términos generales, el virus no se dispersa.

Pero hay otra forma en la cual se puede producir esta inmunidad es cuando la infección se distribuye de manera incontrolada entre la población y se infecta a todo el mundo que podría infectarse. Ya lo dijo la canciller alemana Angela Merkel al principio de la pandemia en este año: Si no somos nada entre el 60 y 70 por ciento, los alemanes se va a contagiar (aproximadamente 58 millones de personas).

Entonces, ¿cómo es posible que estemos enfrentando el borde de inmunidad? Te invito a hacer un cálculo simple. Hoy día se reconocen 600 mil personas infectadas en Chile. Dejemos el número en 500.000 para hacer más el cálculo. Sabemos que a lo largo de la epidemia existe un subreporte de infectados sintomáticos. ¿Qué quiere decir eso? Con una serie de algoritmos y programas matemáticos podemos hacer un cálculo que nos permite determinar cuántas personas somos capaces de detectar con respecto a la población total de infectados sintomáticos graves. Nuestra estimación es que la capacidad de detección es del orden del 50 por ciento. O sea, falta sumar a estas 500 mil personas otras 500 mil. Tenemos así un millón de positivos. Ese millón corresponde a aquellos infectados que tienen síntomas que los llevan a consultar al médico o ir a la clínica para hacerse los exámenes. Ahora, existe un mundo muy grande, el mayor porcentaje de la población de infectados, que son asintomáticos. Al principio de la pandemia pensábamos que los asintomáticos eran el 30 por ciento. Hoy día sabemos que son hasta el 90 por ciento. Entonces, si este millón de personas corresponde al 10 por ciento de los sintomáticos, potencialmente podríamos estar enfrentándonos a una cuota superior al orden de 10 millones de personas infectadas totales, suponiendo que el 90 por ciento de infectados son asintomáticos. Si el porcentaje real fuera el 30 por ciento, entonces estamos hablando del orden de 3 millones y medio.

En síntesis, tenemos dos posibilidades: una cuota que va de 3 millones y medio y otra que asciende a 10 millones. Si estamos en diez millones de personas, es una cantidad muy cercana al umbral de inmunidad, que es del orden de 12 millones. Nos movemos entre la cuota inferior y la cuota superior. ¿Cuál es realmente la cifra de infectados? Es muy difícil saberlo y hay que mirar lo que está ocurriendo en el país de manera diaria para darnos cuenta en qué posición nos encontramos. En ese sentido desde hace varios meses estamos en la misma situación y seguimos manteniendo un número relativamente estable de infectados. Eso hace suponer, desde el punto de vista hipotético, desde la perspectiva científica de que podemos encontrarnos muy cerca de la frontera de inmunidad de manada. Esto explicaría, entre otras cosas, porque tenemos todos los días un número de infectados que no se dispara a pesar de que, como digo, el país está prácticamente abierto.

Estas cifras podrían ser la razón por la cual el ministro de Salud chileno está anunciando una segunda ola.

Claro, lo hemos conversado indirectamente con las autoridades, a través del ministro de Ciencias, al que le hicimos saber nuestras dos hipótesis: o nos ponen de rodillas como país con una enorme infección entre la última semana de diciembre y la primera de enero, o estamos al borde de la inmunidad de manada y vamos a seguir infectándonos de esta manera hasta que llegue una segunda ola. Esta vez entre marzo y mayo del próximo año, producto de la nueva variedad de virus que emergió en el norte Europa. Como tú bien lo sabes, en Holanda, en Bélgica, en Finlandia.

Cuando llegue esta nueva variedad de virus que proviene de las granjas de visones de Dinamarca (noviembre del 2020), no estamos seguros de si la inmunidad que ya tenemos sea suficiente para combatir esos dos escenarios. Uno es compatible con la situación que propone el Ministerio de Salud, aunque no tenemos muy claro cuál es la razón que lo lleva a proponer esta segunda ola en enero. Puede ser por lo que acabo de decir, se lo comentamos a la autoridad y posteriormente salieron con este plan de segunda ola. O puede ser que ellos hagan cálculos más o menos similares a lo que hacemos nosotros.

Producto del coronavirus surge una serie de teorías que no tienen carácter científico, sino político y que explican la gravedad del coronavirus en Chile, ya que el sistema propicia de una u otra manera que estas cosas ocurran, porque está privatizada la salud, porque se trata a los pacientes como productos del mercado, etcétera, etcétera. Cuánto hay de eso.

Existe en términos técnicos un concepto que se llama sindemia (Merrill Singer, años 90 del siglo pasado), una sindemia es una epidemia -epidemia es una enfermedad que se dispersa en una población producto de un agente infecto contagioso, es decir, en este caso un virus que afecta a las personas y que éstas, cuando lo tienen, son capaces de contagiar a otros- cuyos mayores efectos los vemos determinados por las condiciones socio económicas de la población en la cual el virus se dispersa.

Esto quiere decir que para que haya una sindemia tienen que producirse ciertos elementos muy característicos. Primero, que la mayor cantidad de personas afectadas ya sea que contraiga la enfermedad o que fallezcan debido a ella, son las que tienen menos recursos. Eso ocurre exactamente con el caso del SRAS-CoV-2, en Chile.

Lo otro es que una característica relevante es que las poblaciones que tienen menos recursos económicos tienden a que el virus se establezca en la población, con características endémicas en comparación con los sectores que tienen mayores recursos, que son capaces de lidiar mejor con el virus. Lo que hace la sindemia es reflejar las inequidades sociales y económicas que existen, particularmente en el modelo chileno desde el punto de vista de la enfermedad.

Son estas razones por las que creemos que efectivamente la Covid 19 es una epidemia que tiene carácter sindémico. Así se ha demostrado lamentablemente en Chile como en otros países. La mayor cantidad de personas fallecidas las tenemos en comunas con recursos económicos incapaces de ofrecer una respuesta conveniente.

La mayor tasa de infección también está relacionada con la fragilidad de aquellas regiones del país cuya economía es de carácter extractivista. No tienen una economía técnica desarrollada. Son en estas regiones que más sufren, en las que ha costado eliminar el virus porque tienen mucha población flotante. Es alta la cantidad de gente la que va a estas regiones a extraer sus recursos naturales y explotarlos de manera casi irracional.

No debe ser un secreto para usted que haya dejado el tema de la vacuna para el final. Lo hago porque el propósito, por lo menos en teoría, es terminar con una nota optimista, con una esperanza. ¿Me va a echar abajo este barco, también?

Depende de qué tan grandes sean las expectativas que tengas. Sin entrar mucho más en detalle, soy voluntario en un proceso en el que me voy a vacunar el próximo fin de semana. No sé si con la vacuna o un placebo, como establece el mecanismo.

En todo caso, enhorabuena.

Creo que ser parte del estudio supone una cuota de responsabilidad.

Existen en general tres tipos de vacunas. Una es la vacuna tradicional que está representada hoy por la china y la rusa. Es el mismo virus al que se le inactiva el material genético, se le rompe habitualmente por radiación o por temperatura. El virus que queda relativamente intacto por fuera, por dentro, no contiene la información necesaria para replicarse. Cuando nos inyectan ese “agente patógeno atenuado” es el término técnico, nuestro cuerpo levanta una respuesta inmune contra el agente patógeno. Como el virus no se puede reproducir, nuestra respuesta inmune es muy fuerte y quedamos vacunados.

En el segundo tipo de vacuna, en vez de usar al propio virus, se recurre a una especie de primo lejano, que es el virus del resfrío común del chimpancé. Se le inactiva nuevamente el material genético y previamente se hace que a este virus le aparezcan en su superficie proteínas que son del Covid. Cuando nos inyectamos este virus, el sistema inmune reconoce las proteínas del coronavirus de tipo 2 y desarrolla una respuesta inmune contra ella y quedamos vacunados. Del segundo grupo, son las vacunas de Oxford y AstraZeneca.

La tercera familia son las vacunas ARN mensajeros. ¿Qué queremos decir con eso? No nos inyectamos un virus, sino una especie de gotita de grasa liposoma que contiene señales en el interior, mensajes que hacen que nuestras células fabriquen proteínas del virus Covid que levantan una respuesta inmune muy fuerte, muy importante. Por eso son tan potentes. Tienen una alta tasa de efectividad, cercana al 94 por ciento. A este último grupo pertenecen las de Moderna y la de Pfizer. Es el grupo de vacunas de alto nivel de desarrollo.

La china y la rusa son las vacunas más tradicionales en el sentido de que ya tenemos varias de ese tipo funcionando en el mundo.

Las vacunas de tipo ARN mensajero no están aprobadas en ninguna parte, con excepción de la de Pfizer que comenzó a implantarse en Inglaterra. Esta es la razón por la que tenemos escaso conocimiento sobre esta modalidad.

Todas las vacunas deberían funcionar relativamente bien, todas debieran protegernos. Depende mucho de cuál va a ser la logística, el transporte. Así, la vacuna de Pfizer requiere refrigeradores de menos 80 grados, lo cual es muy difícil, particularmente para países como Chile, con tanta desigualdad económica. Tener todos los consultorios dotados de estos refrigeradores, que cuestan varios millones de pesos, es prácticamente imposible. Distinto es el caso de los países europeos.

Es mucho más conveniente tener una vacuna como la de AstraZeneca, en donde basta una nevera como las que tenemos nuestras casas.

Dicho eso, todas las vacunas debieran funcionar bien con un porcentaje de inmunización fluctuante entre un 70 y un 100% no muy distinto a la de la influenza. A propósito, la vacuna de la influenza debemos ponérnosla todos los años, porque se trata de un virus mutante, como todo virus en general. Ya conocemos tres grandes linajes de mutaciones en el caso del SARS-CoV-2: el que salió de China (Wuhan, diciembre del 2019); el virus que emergió de Italia (fines de enero del 2020) y que se dispersó por el resto del mundo. La tercera variedad principal es el virus que emerge en las granjas del norte europeo. Lamentablemente la vacuna sólo nos van a proteger para las primeras dos variedades. Y lo que no sabemos realmente es si las vacunas van a ser capaces de protegernos contra ese virus, porque es una cepa suficientemente distinta de las demás. De forma que, si existe una protección, podría ser parcial. Se supone que vamos a seguir durante el año 2021 atrasados. No le vamos a empatar la carrera al virus, por así decirlo, como ocurre en el caso de la influenza y probablemente a fines del 2021 vamos a tener capacidad para crear una vacuna nueva, lo que llamamos vacunas polivalentes capaces de atacar distintas variedades del virus.

No me ha hundido el bote, pero algún forado le ha hecho. No tengo más preguntas, le quiero pedir un favor. Creo que es un error pensar que solo la gente de las iglesias son las encargadas de enviar un mensaje a fin de año. La gente laica también tiene responsabilidad espiritual. ¿Cuál es el mensaje para sus compatriotas y para aquellos que nos ven y nos escuchan?

El mensaje tiene al menos dos o tres componentes.

El primero es que tenemos que seguir cuidándonos. Estamos todos cansados de las cuarentenas, cansados de no ver a nuestros amigos y amigas, a nuestras familias. Queremos abrázalos, estar con ellos, pero aún no es el momento. Falta un poco para eso, necesitamos cuidarnos, porque el virus todavía está presente.

Lo segundo es que tengamos esperanza en la ciencia, que ha hecho bien su trabajo. Hemos sido capaces de desarrollar vacunas en un tiempo récord. Tenemos expertos y expertas en las cuales debiéramos confiar de mejor manera o debiéramos convocarlos al ruedo de la toma de decisiones. Al final, siempre la decisión va a ser política, pero es importante escuchar a los actores científicos porque tenemos mucho que decir, particularmente a la hora de tratar de evitar los desastres que podría provocar una segunda ola en el país.

Lo tercero es estar esperanzados en el futuro, porque este no es el primer virus que nos ha tocado lidiar como humanidad y lamentablemente tampoco va a ser el último. Tenemos que aprender las lecciones que nos deja esta sindemia que nos pega en lo más duro, que es nuestra desigualdad social, económica, para así decidir cómo podemos enfrentar situaciones similares en el futuro.

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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