Ante el miedo, ante la injusticia social, más Unión Europea

Hay seres que nacen predeterminados para la lucha. La neurociencia confirma que una tendencia significativa de los seres humanos depende de factores ajenos a la voluntad personal, y otra parte de la influencia la pone las circunstancias que le toca vivir. Nicolás Sartorius es un ejemplo del camino. Político, periodista, ensayista y sindicalista ha dedicado la mayor parte de su vida a la lucha en contra de la dictadura de Franco, a la transición democrática y la constitución de 1978, y hoy por hoy al análisis del pasado y el presente. Acaba de publicar dos libros: El final de la dictadura y La manipulación de lenguaje.

Una frase resume el objetivo de El fin de la dictadura: Franco murió en la cama, pero la dictadura murió en la calle. Yerran aquellos que intentan hacer un relato adulterado de la historia. No fueron solo las élites, no fue solo el rey, fue la gente movilizada la que con sus marchas precipitó el fin de la dictadura española.

Han pasado cuarenta y un años de la promulgación de la Constitución de 1978, 46 de la muerte de Francisco Franco y 43 de la caída de la dictadura. Y a pesar de ello un sector no tan grande como ellos quisieran ni tan pequeño como les gustaría a los demócratas sigue defendiendo los valores políticos y sociológicos de la dictadura.

Se trata, es cierto, de una minoría pequeña, que no comparte exactamente los mismos valores de la dictadura. Pero que se repite en diversos países. En Alemania hay gente que pregona que el régimen de Hitler no fue tan nefasto. En Italia se asiste a un reverdecimiento de Mussolini. En fin, son minorías de ultraderecha que existen en casi todos los países europeos.

No veo que esas fuerzas políticas digan que lo que quieren es una dictadura.

Los procesos históricos sin dinámicos y no pueden definirse por decreto o lecturas sencillas. A pesar de ello tal vez una de las carencias de las transiciones democráticas es no haber construido una lectura y una enseñanza común para evitar que ser partidario de la dictadura o de la democracia sea una cuestión de sensibilidad personal.

En la transición español tuvimos un consenso muy amplio, inmensamente mayoritario, que consideraba que era necesario pasar de una dictadura a una democracia. Hablamos de una democracia consolidada que tiene una constitución más avanzada que la mayoría de las europeas, y en donde hay consentimiento amplio para construir una democracia moderna y occidental, y eso es lo que se hizo.

Ahora, que haya un relato común desde el punto de vista histórico, pues eso nunca se da. Hay diversas escuelas, variadas opiniones de cómo sucedieron los hechos, no obstante, el resultado final que con la constitución de 1978 -este año hemos conmemorado su cuarenta aniversario- tenemos una posición bastante común que es algo a defender, con las reformas que sean necesarias, que algunos deseamos. Pero es el sustrato común el que le da valides a la democracia y a la constitución.

A propósito, a usted no se le escapa que se ha puesto de moda denostar la constitución de 1978, como si fuera el resultado de una construcción pobre, limitada e injusta.

No se me escapa evidentemente. Lo he criticado numerosas veces, creo que es un error. Tengo la impresión de que quienes opinan así no se han leído la constitución, ni la conocen, opinan de oídas. Tienen más bien una posición ideológica, en la batalla política. Creen que la constitución del 78 fue una concesión que se hizo desde las alturas, desde el poder, desde las élites, eso es totalmente falso, lo demuestro en el libro el final de la dictadura con una documentación abundante. Fue la lucha del pueblo español lo que trajo la democracia y, por lo tanto, los que opinan así o tienen un desconocimiento de la historia o una lectura insuficiente de lo que es la constitución.

Lo cierto es que esos sectores son cada vez menos. Es verdad que la crítica empezó con cierta fuerza desde la extrema izquierda y desde sectores nacionalistas, pero ahora pareciera que se dan cuenta que la realidad es muy distinta.

Sartorius pasó en total siete años en la cárcel por sus ideas. La dictadura lo persiguió siempre. Y ahora, paradojas de la vida, gente que debería respetarlo por su aporte libertario se da el lujo de llamarlo monárquico, zombi del 78, por llamar a la izquierda a revisar sus posturas, a defender la unidad de España y a esforzarse en la construcción de la Unión Europea.

Hay una corriente poderosa y justa que es partidaria del diálogo y la negociación para resolver los pequeños y grandes conflictos. Nada que objetar. Qué pasa cuando una de las partes se considera dueña de la verdad, víctima y no da muestras de flexibilidad que permita el diálogo. No hay razones que valgan. Pareciera que su lema es: ni un paso atrás. Y entonces pareciera que en esas circunstancias los llamados al diálogo son cumplir con el deber a sabiendas que esos llamados no conducen a ninguna parte.

Cuando hay un conflicto es bueno dialogar, pero hacerlo simplemente por dialogar no significa nada. Hay que negociar, consensuar para alcanzar algún objetivo.

En el caso de Cataluña, cuando una de las partes, en este caso el independentismo dice o autodeterminación o nada, o independencia o nada, pues nada. Eso no va a llegar. La vida misma demuestra que las posiciones cerradas, que no se abren a un diálogo sensato, de síntesis, son finalmente derrotadas.

Llegará un momento en que se darán cuenta que eso conduce a ninguna parte, como ha sucedido ya.

Sin embargo, creo que hay posibilidades de diálogo sobre temas concretos que es necesario iniciar, que de alguna manera ya está en marcha y esperemos que dé resultados.

Las posiciones cerradas no conducen a nada y lo único que se alcanza es la melancolía.

¿Si España fuese una república federal se reducirían realmente los anhelos independentistas?

Plantear en este momento el tema de la república es un error. No hay que hacerlo porque para la único que serviría es como obstáculo para otro tipo de avances.

Hay tanto repúblicas absolutistas dictatoriales como hay monarquías muy avanzadas en Europa, como Holanda, Suecia, Dinamarca o Noruega con servicios sociales de avanzada.

Tampoco es el tema que ahora les preocupa a los españoles. Ello no va a resolver los problemas de la salud, la educación o el bienestar.

Ahora la cuestión federal es compatible con una monarquía, como el caso de Bélgica.

Avanzar hacia un sistema federal en España reduciría al sector que hoy defiende la independencia de Cataluña. Hay una parte que es irrestricta y que hagas lo que hagas siempre dirán que quieren ser independientes. Pero hay otra parte que no, que en un sistema federal estarían de acuerdo en que es un avance y se reduciría el problema.

Luego pasamos al libro La Manipulación del lenguaje. Hay dos momentos históricos tristemente célebres. Hitler y Goebels en la Alemania nazi mintiendo para llevar adelante sus planes bélicos y asesinatos masivos. Stalin y la Checa, OGPU y el NKVD manipulando el lenguaje para llevar adelante las purgas en el partido comunista, en los kulaks, y varios pueblos que fueron exterminados. Que hace diferente a la posverdad hoy día en una realidad diferente porque ni estamos ante un exterminio como fue el caso del nazismo, ni nos encontramos ante el Stalinismo…

Ni tampoco ante la tercera aberración, que se olvida frecuentemente en los análisis, que es el colonialismo. No se trata solo de Hitler y Stalin, sino también de todos los colonialistas que han machacado a pueblos enteros. La mayoría de los países europeos han tenido sus colonias a las que tuvieron sometidas bajo sistemas dictatoriales y a veces de verdadero exterminio.

El lenguaje se ha manipulado históricamente, siempre se ha dicho que la primera víctima de la guerra es la verdad. Hoy es una mezcla de una manipulación instantánea, con extensión global mediante las nuevas tecnologías, que se emplea para engañar, confundir a los sectores que se quiere dominar.

La crisis económica que reventó el 2008 y aún no ha terminado, es una fuente que explico en mi libro mediante muchas voces políticas de este período.

Entonces creo que es una mezcla entre la crisis económica, y luego una serie de engaños al que no es ajeno el proceso de Cataluña.

La pregunta también aludía a las voces que dicen, mire esto de la posverdad se parece mucho a lo que se vivió en los tiempos previos de la Segunda Guerra Mundial. La manipulación del lenguaje puede llevar a la violencia y la violencia a la destrucción.

Sartorius considera se pueden encontrar parecidos, pero que no le parece que estemos nuevamente a las puertas del infierno.

Las crisis del capitalismo generan este tipo de fenómenos. La crisis del 29 del siglo pasado trajo los fascismos y los fascismos la guerra.

Quiero creer que en este caso no se llegue tan lejos. Es verdad que las crisis del capitalismo son siempre terribles y la presencia que vemos hoy en Europa es del Nacional Populismo, de posturas xenófobas y sobre todo nacionalistas. Pero pese a todo ello creo que va a ser menos grave que lo de aquellos años, aunque siempre el riesgo es latente.

Por ejemplo, si la Unión Europea fracasara -espero que no- llegaríamos a la situación como la que usted dice.

Depende de lo que hagamos. El hecho de que exista la Unión Europea es para mí el factor determinante que no existía durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Hoy una guerra entre Francia y Alemania sería inconcebible, y hubo tres en el plazo de sesenta años.

En la manipulación del lenguaje nada le hace más daño a la izquierda libertaria y democrática que aquellos que podríamos definir como usurpadores de título. Por ejemplo, Maduro y los suyos se dicen de izquierda, Daniel Ortega se define como izquierdista.

Nuestro entrevistado menciona en su obra tres conceptos esenciales: el neoliberalismo que daña la libertad al generar grandes desigualdades; el nacionalismo que daña los intereses de las naciones, puesto que en la globalización todo lo que sea dividir, separar, van en contra de los intereses de los pueblos. Hoy la predilección de las naciones es unirse, federarse para hacer frente a los grandes intereses económicos, financieros, tecnológicos; y el populismo que habla en nombre del pueblo conduce a experiencias desastrosas porque quien padece las consecuencias son los pueblos.

Por lo que leo la situación de la gente en Venezuela es catastrófica y lo mismo vale para el caso de Nicaragua. El peronismo que fue un fenómeno populista no ha sido nada positivo para la Argentina y podrían citarse otros ejemplos.

La conversación concluye con el miedo que está presente con fuerza en Europa. Miedo al futuro, miedo a los inmigrantes, miedo a los otros.

Sartorius ya ha dicho que la Unión Europea puede y debería ser un antídoto para los miedos, que son la base, el sustrato para los desarrollos más negativos de la historia.

En el fondo el surgimiento del nazismo, de la guerra, estaba el miedo de sectores de la población que veían su futuro amenazado. Ahora regresan esas ideas de que el futuro será peor que el pasado, de que los hijos vivirán peor que los padres.

El origen del temor es que la Unión Europea y los gobiernos neoliberales que han gobernado no han protegido a la población. La crisis económica ha golpeado sobre todo a las clases media y populares. No ha habido una política de protección de la población que se ven perjudicada, marginada, perdedora de una globalización que no entiende y una digitalización que les cambia todo.

Es evidente que hay que cambiar las políticas si se quiere que La gente no vaya a posiciones nacional populistas. Es urgente adoptar políticas sociales de protección de la población. Hay que avanzar hacia una Europa política. No se puede seguir solo con una Europa puramente económica. Yo soy partidario de una federación europea, porque cuando hay una moneda común es impone una unión política, o los logros económicos se pondrán en riesgo.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest