Venezuela: el momento decisivo para quienes anhelan Votar y Paz
Solo falta que llegue el domingo 28. El acto electoral en Venezuela tensa los nervios de propios y ajenos. La gente quiere solo dos cosas: Votar y Paz. Ojalá se cumplan las palabras del ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López: ““El que ganó a montarse encima de su proyecto de gobierno y el que perdió que se vaya, a descansar. Eso es todo”. Que así sea

En este artículo participan dos sacerdotes jesuitas, Arturo Peraza, Rector de la Universidad Católica Andrés Bello, abogado y doctor en ciencias políticas; y Alfredo Infante, venezolano, de origen costeño-colombiano. Educador. Experto en espiritualidad, derechos humanos y derecho humanitario.
Todas las encuestas en Venezuela dan como ganador, por lo menos con un 100% por sobre el candidato oficialista Nicolás Maduro a Edmundo González. Y sin embargo, tanto en la sensación pública como en los medios de comunicación nacionales e internacionales existe un inocultable nivel de incertidumbre.
Arturo Peraza. El nivel de incertidumbre se debe a la ausencia de institucionalidad en Venezuela. Lamentablemente ha habido un desmontaje progresivo de la institucionalidad en el país que genera un conjunto de desconfianza a las instancias que deberían regular los comportamientos de los venezolanos. Así, por ejemplo, el Consejo Nacional Electoral no goza de la credibilidad de los electores por el modo de composición y manera en que se eligieron sus miembros. Uno esperaría que se comporten bien. Deseamos que hagan lo que tienen que hacer, pero lamentablemente no hay la confianza necesaria hacia el Consejo Nacional Electoral. Lo mismo pasa con otras instituciones en el país como la Fiscalía, la Defensoría, la Contraloría General de la República, el Tribunal Supremo de Justicia. Se ve un conjunto de decisiones que afectan solamente a al sector que está identificado con la oposición y no aparece ninguna decisión que equilibre la balanza.
Por otro lado, debió haber un conjunto de negociaciones y reuniones no solo de carácter técnico, sino también político, que garantizaran condiciones electorales que no se han dado. Todo este marco de conjunto genera esa sensación de desconfianza sobre el ente electoral y los resultados que pueda entregar.
Aún así, los venezolanos van a salir a votar, quieren votar y lo harán en paz.
Alfredo Infante. Los politólogos están hablando de esperanza cauta, es decir, prevalece en la ciudadanía una mezcla de esperanza e incertidumbre.
Desde la Universidad Católica se han hecho estudios sobre la psicología actual del venezolano y el tema de la desconfianza es un caso muy serio, por todas las razones que Arturo ha esgrimido y además porque estamos ante un gobierno que se ha instalado durante ya 25 años y que en todos los momentos electorales utiliza el patrimonio del Estado para su propio beneficio. Estamos ante un Partido-Estado, es un hecho inédito en el que el partido se hace Estado, se apropia del Estado.
Para mí el evento electoral es al que la ciudadanía va con una gran esperanza y deseo de participación, pero también con una gran incertidumbre, porque no sabe con qué carta debajo de la manga, como decimos aquí, puede el gobierno salir a última hora. Sin embargo, creo que va a ser difícil el fraude ante la avalancha de votos que va a haber.
En consecuencia, para ambos es inviable que gane Maduro.
A. I. Estás serán unas elecciones muy sui generis, pero si en el evento electoral se respeta realmente la participación y el derecho a decidir creo que no solamente las encuestas no mienten, sino que la calle no miente. En mi caso personal, vivo en zonas populares y allí lo que uno percibe es un descontento muy grande. Lo que sí me daría temor es que la oposición vea esta realidad desde una perspectiva solo triunfalista. Creo que es importante entender que gran parte del voto también de castigo y esperanza.
A. P. Entiendo que la estrategia del Gobierno se ha centrado en rebanar, reducir, una mayoría que ronda aproximadamente los dos millones de diferencia. Ello supone ver cómo cambia centros electorales, presiones electores, generar condiciones para que haya mesas sin presencia de testigos o dificultades para el control de testigos.
Pero aún así, incluso bajo ese esquema, me parece complicado que al final del día, cunado se cuenten los votos, salga un resultado distinto a una victoria importante por parte de la oposición. Porque uno hace una combinación de ambas cosas: los números objetivos que aparecen en el conjunto de las encuestas más serias del país, y la realidad que se percibe en las comunidades populares.

Pongámonos en el escenario más plausible. El 29 amanece con una victoria aplastante de Edmundo González. Y de ahí cinco meses hasta el 1 de enero para tomar posesión del Gobierno. Tanto Edmundo González como de María Corina Machado quieren una transición pacífica en la que quepan todos. Tanto la recuperación de la democracia y de la institucionalidad del país ¿pasa por la impunidad?
A. P. Pasa por otras cosas en donde el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica, junto con otras organizaciones, publicaron recientemente un documento sobre la justicia transicional, en donde aclaramos que no es impunidad ni nada que se le parezca. Creo que hay que aprender de experiencias como la colombiana. No tenemos necesidad de inventar el agua tibia.
El periodo de esos cinco meses puede ayudar a un proceso de negociación. Habrá convivencia y las responsabilidades no se pueden establecer unívocamente para todo el mundo de la misma manera, ni trancar los procesos políticos de manera total. Volver a jugar a que: como somos mayoría y aquellos los escuálidos, repetimos el modelo dicotómico de Hugo Chávez, pero en versión contraria. Ello nos llevaría a nuevas fracturas y a procesos de pérdida.
De allí la importancia de un nuevo pacto social en donde no necesariamente el problema sea la impunidad como modelo de solución. La búsqueda de justicia y verdad son elementos fundamentales en este nuevo pacto. Aunque eso no necesariamente significa que los modelos de sanción que se establezcan tengan que ser unilateralmente establecidos sobre el derecho penal tradicional. Colombia y otros países ofrecen algunas lecciones. ¿Por qué no abrirnos a enseñanzas en esa dirección?
A. I. De ninguna manera implica impunidad. El tema de la justicia es fundamental, como es importantísimo garantizar gobernabilidad para restablecer el orden constitucional e institucional. Justicia sin instituciones sería caer en el círculo vicioso de que no haya una ley que nos ampare y que seamos de una u otra manera, iguales ante la ley.
El gran desafío de un triunfo de la oposición -si realmente queremos construir país- es garantizar la gobernabilidad para reconstruir la institucionalidad, de modo que se pueda acceder a la justicia y al debido proceso.
Las víctimas merecen respeto, no solamente las de ahora, sino las de siempre. Yo, por ejemplo, que he vivido durante toda mi vida en sectores populares. Hay una matriz en el inconsciente colectivo sobre el modo de gerenciar el Estado que está presente a través del tiempo. Eso tiene que transformarse, si es que, desde los sectores políticos, hay una mirada hacia los sectores populares. No se trata aquí de absolutizar porque hay diferencias, pero en la gestión de la política, ser joven, moreno y habitante de sectores populares pareciera que fuese sinónimo de delincuente. Las políticas de seguridad del Estado van enfiladas a represión en los barrios. Las víctimas de esas represiones de hoy y de siempre merecen respeto.
Deberíamos aprovechar este momento de transición para que no sea solo desde arriba con los actores políticos, sino también en otro modo de entender el país. Y allí el tema de la reconciliación no solamente debe ser política, sino también una reconciliación social.
Independientemente del resultado de los votos, es decisiva la postura del Ejército venezolano.
A. P. El ejército venezolano ha jugado un papel fundamental en estos últimos 25 años, y uno desearía que el Ejército vuelva a ocupar el sitial que en algún momento tuvo en términos del respeto de la sociedad venezolana. Una de las cosas que señalan las encuestas es justamente el problema de que en la medida que el Ejército se ha mezclado con el tema político de manera indebida, ha perdido el respeto que la población venezolana sentía por la institución.
La recuperación de la profesionalidad del Ejército venezolano es una prioridad. Entre otros elementos, el ejército tiene que recordar el rol que le toca jugar como entidad en defensa de la institucionalidad y el respeto a los ciudadanos y su voluntad política manifestada en las urnas. Este tipo de rol, en donde el ejército busca que efectivamente los ciudadanos puedan participar, votar, sentirse seguros en su proceso electoral; puedan supervisar el proceso de escrutinio con absoluta libertad, tener las actas que se emiten por parte de los testigos de los distintas grupos o agrupaciones políticas que participan en el proceso. Debe procurar que se generen las condiciones para el traslado y protección del material electoral para que pueda ser auditado de manera razonable.
Son todos elementos centrales que en este momento desempeña la Fuerza Armada Nacional y que merecerían el respeto que la sociedad venezolana quiere para su institución.
A. I. La historia de nuestro país no se puede entender al margen del papel de las Fuerzas Armadas. Cuando esa función ha estado apegada a la Constitución, ha sido realmente muy relevante para la paz social. Pero cuando se ha separado de ese espíritu, ha generado una fractura en la paz social. Es el momento ante este hecho que las Fuerzas Armadas, como hicieron en el llamado nuestros Obispos, retome el espíritu de la Constitución para asumir este evento electoral y las consecuencias que se deriven de él.
No es casualidad que realice esta entrevista con dos sacerdotes, porque tengo la impresión, visto desde afuera, que esta campaña de la oposición ha tenido un alto grado de espiritualidad, diría cuasi religiosa. La paz, la búsqueda de la tranquilidad social, la recuperación de la convivencia nacional. Que vuelvan los hijos. La oración en favor de la iluminación para que sean votos positivos.
A. I. Sí, hay un anhelo profundo del reencuentro, de paz, en la sociedad venezolana. El fenómeno migratorio ha impactado profundamente. Somos un país en duelo por la violencia social que hemos vivido durante todos estos tiempos, también por la violencia política donde hay presos de conciencia, y en particular por el duelo migratorio. Hay necesidad de reencuentro, de reconciliación.
Yo espero que este discurso, este mensaje que interpreta el anhelo profundo de nuestro pueblo, se canalice a través de la política. Como dice el Papa Francisco, la política es la más alta expresión de la caridad. Este es el momento del país para recuperar la política y es fundamental la dimensión de reconciliación y encuentro. No hay receta para ello, pero sí es importante que haya una decisión y una voluntad que responda al mayor anhelo de la sociedad venezolana.
A. P. Suscribo lo que acaba de decir mi compañero. Solo una puntualización. En política hay que tener mucho cuidado de lo religioso como un elemento manipulador. Lo digo porque lo puede usar la oposición y lo hace también el Gobierno. Nicolás y gente de su entorno manipulando elementos religiosos. Como siempre pasa, el camino de la fe puede ser manipulado en función de fines del poder. Y eso es perverso, eso es un modelo de simonía, de compra y venta de elementos espirituales.
Otra cosa es que cuando hay un anhelo profundo en la población, eso se convierte también en espiritualidad. Y este anhelo del cual hablaba mi compañero, expresa la espiritualidad de nuestro pueblo cuando liga a Dios profundamente con el proceso político social que está viviendo y que tiene que ver con el retorno de los emigrados, con el encuentro y de solución pacífica. Por eso uno insiste en que los venezolanos lo que quieren es votar y paz. Estas dos palabras expresan un anhelo profundo que, ojalá, pueda hacerse políticamente el día 28.
Hay modos en que esto no llegue a concretarse, pero el esfuerzo, tanto desde la espiritualidad, la oración, como desde los hechos políticos, tiene que orientarse en esa dirección.





Excelente artículo de la realidad venezolana.