¿Qué pasa en Chile? Pandemia, constitución y elecciones. Habla Alfredo Joignant

Chile se encamina a elecciones presidenciales el 21 de noviembre, en un clima marcado por un severo rebrote de la pandemia. Paralelamente se desarrollan los aprontes para julio de los trabajos de la Convención Constituyente, encargada de redactar una nueva constitución para el país. Sobre realidad nacional gravitan los resultados de las elecciones del 15 y 16 de mayo, para la constituyente, con una gran abstención y la mezquindad del Congreso de no autorizar el voto a los chilenos residentes en el exterior. Analizamos el resultado con el investigador Principal de la línea Conflicto Político y Social e Investigador Responsable del Observatorio de Conflictos de COES, y Profesor Titular de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales. Doctor en Ciencia Política de la Universidad de París 1 Panthéon-Sorbonne, Francia, Alfredo Joignant

Si las elecciones del 15 y 16 de mayo para elegir una Convención Constitucional en Chile son consideradas por propios y extraños, un evento histórico. ¿Por qué votó menos de la mitad de los ciudadanos, 43,3%?

Es una pregunta que yo mismo he formulado en varios espacios incluyendo redes sociales, porque veo una interpretación exagerada de los resultados, que de por si son impresionantes. El resultado es legítimo y valioso. Pero como cientista político uno tiene el deber de interrogarse porqué la votación bajó respecto de la participación en el plebiscito (25 de octubre del 2020) bajó en siete puntos y en un millón de electores. Dada la relevancia de la elección, teníamos cuatro votos. Uno de los cuales era esencial, porque marcará nuestras vidas, las de mis hijos y de mis nietos por los próximos 30 o 40 años. A pesar de eso, hubo una alta abstención. No tengo una respuesta clara, solo puedo dar ideas que tengo en la cabeza. Es probable que este abstencionismo tenga raíces contingentes. ¿Qué quiero decir con esto? Es que existe cierto abstencionismo en Chile que se explica por razones prácticas, del tipo de lejanía del local de votación respecto al domicilio, o porque la persona no tiene con quién dejar cuidando a los hijos.

La segunda razón tiene que ver con la complicidad de los cuatro votos de los días 15 y 16 de mayo. Dos eran complejos. Fueron verdaderas sábanas los votos para convencionales y concejales. Hubo más de 16000 candidatos en cuatro niveles de elección, lo cual es algo gigantesco. Celebro eso porque es una expresión de pluralismo y diversidad, pero al mismo tiempo acarrea una serie de inconvenientes para electores que, dicho sea de paso, no son altamente informados o interesados por los asuntos políticos locales, lo que desalienta el desplazamiento para votar.

Eso sí, tengo la impresión que el voto a constituyentes, a pesar de lo bajo de la tasa de participación, es un voto informado. Realmente la gente se dio el trabajo de comprender lo que se jugaba, de buscar quiénes eran los candidatos y de elegir. En algún sentido de representantes políticos, en otros no. Es evidente que también se optó por la vía de la repulsa. Mucha gente votó contra los candidatos de partidos.

Al mismo tiempo en la votación para concejales el 91% fue un voto a candidatos de partidos. Por lo tanto, la pregunta sobre las razones del abstencionismo son complejas y profundas. No tenemos una respuesta clara.

Los partidos en Chile no interpretan hoy los anhelos de la gente. Es un dato de la realidad que no necesita mayor demostración. ¿No cree usted que no es solo la crisis de representatividad que se vive a escala mundial, sino que en Chile todavía se pagan los platos rotos de la dictadura que implantó una severa despolitización y un agudo individualismo?

Totalmente de acuerdo contigo, José. Creo, en primer lugar, que hay dos fenómenos convergentes. Tú bien lo dices, es un fenómeno mundial, salvo en los países que tienen voto obligatorio, con sanciones o con fuertes incentivos para votar, pero son un puñado de países. El voto obligatorio no es una práctica excéntrica, pero sí minoritaria. Lo esencial del sistema de votación en el mundo, por ejemplo en Europa, es voluntaria. Bélgica tiene voto obligatorio, pero el resto, España, Alemania, Francia, el Reino Unido, que son los países centrales, todos son con voto voluntario. A escala mundial hoy se vota mucho menos que hace 20 o 25 años.

Pero al mismo tiempo en Chile hay una dimensión especial que tú la mencionas muy bien. Efectivamente, se están pagando los platos rotos de una forma de despolitización que se traspasó entre generaciones. Mal que mal, la dictadura terminó en 1990. Estamos desde hace 30 años en democracia. Por lo tanto, ya hay más de una generación despolitizada.

Al mismo tiempo es una realidad ambigua. SERVEL (Servicio Electoral de Chile) del que soy consejero, el próximo viernes va a entregar los resultados del pistoleo del plebiscito. ¿Qué es esto del pistoleo? Chile tiene algo maravilloso, realmente de alcance mundial y curiosamente se sabe que esto existe, como que nadie se lo toma en serio. Resulta que desde el año 2012 todas las elecciones chilenas son pistoleteadas. Cuando uno vota firma un cuaderno, y al lado de la firma hay un código de barra que se lee mediante un rayo láser para registrar el RUT(Rol Único Tributario) Son 14 millones 900 mil ciudadanos los habilitados para votar. Al registrar el código de Barra SERVEL tienen la información de cuánta gente votó y, sobre todo, de quiénes votaron.

Bueno, le adelanto una primicia. En el plebiscito pasado (27 de octubre del 2020)votaron por primera vez un millón 270 mil personas. Eso, además de enorme, es revolucionario.  Es un voto impredecible porque no sabemos nada. Entonces, hay despolitización, pero al mismo tiempo hay una politización incipiente. Si un millón 270 mil persona votó por primera vez en el plebiscito, mis hijos, por ejemplo, son el caso. Si eso ocurrió es porque algo les está pasando en la cabeza. Y es efecto del estallido social, de la pandemia, también de la constatación de las enormes desigualdades sociales que son reveladas por la pandemia, que existían de antes y que hoy día se hicieron evidentes.

Están pasando muchas cosas y que la derecha se haya desplomado en las elecciones del 15 y 16 de mayo, dice mucho. Se desplomó para la edición de Constituyente, no así para la elección de concejales. Ojo, la derecha para la elección de concejales sacó 38 por ciento los votos. Uno lo pasa por alto, por eso es que se está sobre interpretando el resultado. Cuando se dice que la derecha desapareció de Chile, es una ilusión. No es verdad. Lo que pasa es que la derecha fue horriblemente castigada, incluso con saña, en la elección de convencional y en la elección de gobernadores. Prácticamente no existe en la elección de gobernadores. Está por ahí en dos distritos, pero todo el resto son elecciones entre opositores.

Se produjo el conteo de los votos del 15 y del 16 de mayo. Todas las luces se encendieron para la consagración de la oposición y tres días después la misma oposición protagoniza un bochorno muy difícil de superar, como si se cumpliera el dicho popular “Dios ciega a los que quieren perder”(Fracaso del pacto de izquierda por cuestionamiento al PPD y el Partido Liberal. El PS que había desestimado una alianza con la Democracia Cristiana, llamó a la desesperada para tratar de volver a discutir el punto. Le respondieron, con razón, que no)

Totalmente de acuerdo. Te cuento una anécdota. Me operaron el martes 18 y mi posoperatorio fue lo más dramático y al mismo tiempo lo más tremendo que me pudo pasar, porque estuve todo el día viendo un espectáculo realmente vergonzoso, muy propio del mundo cultural de la izquierda. Esta capacidad que tienen las izquierdas no sólo en Chile, de dividirse, de subdividirse, de enfrentarse porque creen que se trata de proyectos ideológicos incompatibles, cuando muchas veces no lo son. Es decir, se dio un espectáculo increíble. Lo mismo sucede en Francia, o con la izquierda española, como es triste la situación del laborismo británico. Por lo tanto, en Chile, estamos en sintonía mundial.

Pero, convengamos José, que la palabra bochorno se quedó corta. Fue realmente un espectáculo de los peores que haya podido ver en mi vida, y me temo que va a tener consecuencias. Extraño  fenómeno porque está todo para que la derecha sea derrotada en la elección presidencial. Todo. Es una elección que la derecha la tiene técnicamente perdida, salvo por la conducta de todas las oposiciones que pueden lograr merced a su propia división, relanzar a una derecha moribunda.

Por lo tanto, la elección de noviembre en primera vuelta, es una elección abierta. Debería haber sido decidida. No lo va a ser, y eso ¿es mérito de la derecha? En alguna medida, porque lograron inscribir una primaria presidencial ordenada, aunque desde una derrota catastrófica.

Y lo que logró hacer el Partido del Frente Amplio, por un lado, y la oposición de centro izquierda por el otro, es una farra, la misma que ocurrió después de octubre del 2020. Yo lo anuncié, lo dije por redes sociales, va a ser una farra de proporciones históricas. Bueno, es muy posible. Ojalá me equivoque que la farra que tuvo lugar el miércoles, que había que inscribir elecciones primarias, sea una farra de proporciones históricas, y no una de proporciones bíblicas.

Producto de la pandemia, no voy a entrar en el tema porque sé que usted no es experto en la materia, pero producto de la pandemia los efectos de las restricciones de la movilidad y la incertidumbre han sido compensadas parcialmente por una de las respuestas políticas más grandes de la región. Sé que me adentro en el campo de la absoluta especulación, pero, un gobierno de signo distinto a este ¿lo habría hecho mejor sobre las ayudas?

En materia de la pandemia no me pronuncio. No tengo idea. Yo tengo a la vista el desastre de Argentina y su presidente de izquierda. Por lo tanto, no tengo ninguna garantía de que un gobierno de izquierda o de centro izquierda lo habría hecho mejor en el control de la pandemia. Recuerdo, de hecho, fue patético como el año pasado más o menos en esta misma fecha, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, en una reunión con los líderes de todas las izquierdas chilenas dictó cátedra sobre cómo había que manejar la pandemia. Y mira, en lo que estamos en Argentina, un desastre.

Distinto es mi punto de vista en materia de ayudas. No tengo ninguna duda, que la oposición de haber sido gobierno en materia de rescate económico lo hubiese hecho infinitamente mejor. Basta ver el paquete de recuperación económica y de rescate que está implementando Biden, que es un presidente moderado. Es un paquete de rescate más grande que el de Roosevelt o el del Plan Marshall.

¿De qué estamos hablando? Algo parecido hemos visto en Europa, con variaciones, dependiendo los países. Es verdad. Pero los países gobernados por presidentes de centro derecha no han dudado en endeudarse. No lo hacen porque quieren, es que no tienen alternativa. Y eso es lo que el gobierno chileno no entendió nunca. La oposición le entregó un paquete de mínimos comunes consensuado. Efectivamente, muy caro, pero no hay alternativa. ¿Qué? Vamos a empezar a ahorrar cuando literalmente hay sectores de la población que no tienen qué comer.

El resultado electoral ya lo tiene a la vista la derecha. Y Piñera no ha entendido nunca y creo que no tiene arreglo. Ojalá me equivoque porque es el gente la que sufre, no nosotros.

Lamentablemente, como decían los antiguos en Chile, están todas las condiciones objetivas para que los constituyentes redacten una nueva Constitución que responda a las necesidades de dignidad que reclama el pueblo de Chile. No hay veto posible de la derecha ni presencia mayoritaria de los partidos políticos cuestionados por la ciudadanía. Es decir, uno podría emplear con propiedad la palabra entusiasmo en el significado etimológico del griego, que significa contar con un hálito divino, con la inspiración de los dioses. ¿O este es un entusiasmo que olvida algunas variantes?.

A mí me tiene muy entusiasmado, aún cuando me inquieta que el optimismo pueda conducir a algunos convencionales a hacer de la constitución una especie de gran lista de supermercado, a intentar meter de todo en la Constitución. Sería un error garrafal y además antipolítico. Me interesa que se constituyan los derechos sociales universales y exigibles. ¿Cuáles son los tres derechos sociales universales que quiero que estén constitucionalizados? El derecho a la educación, el derecho a la salud y el derecho a las pensiones. Son los tres derechos constitutivos de la socialdemocracia clásica.

Si hay fuerza al interior de la Comisión Constituyente para incorporar como derecho social el derecho a una vida sana, a un medio ambiente sano, vayamos por eso, pero ya no son derechos sociales, son derechos de otro tipo. Agreguemos, además, fenómenos de paridad, de pueblos originarios. Todo esto me lo compro, pero en materia de derechos sociales me quedo con tres.

Todo el resto tiene que ir a la política normal. Porque intentar constitucionalizar todo es como un intento de congelar la historia en un texto, además de iluso, ingenuo y peligroso, porque necesitamos una política activa. Esa es la razón por la cual soy partidario de una constitución mínima o minimalista.

Como Erasmo…

Erasmo de Rotterdam. Así es. Hay que darle mucho espacio a la política para que se puedan debatir los grandes temas. No solo de hoy, los grandes temas del mañana, que ni siquiera los podemos imaginar. Desde ese punto de vista, mi sensación es entusiasta por lo que se viene

La inquietud es que un maximalismo programático o ideológico pueda terminar arruinando un excelente ejercicio. Creo que no será así. He revisado a quienes resultaron electos y especialmente los de la Lista del Pueblo. Y me he encontrado con gratas sorpresas. He visto sobre todo a tres mujeres muy interesantes. Es el caso de Adriana Ampuero, distrito 26, que exige un diálogo social en la convención. Un diálogo de verdad, sin ofensas, sin buscar aplastar al otro. Es lo correcto. A mí me pareció, por ejemplo, pésima la actitud altanera, autoritaria, con la cual llegó Daniel Stingo del Frente Amplio. Primera mayoría será, pero eso no le da derecho a ser ofensivo y autoritario como patrón de fundo. Es un pésimo camino. De hecho, ha sido castigado en redes sociales. Ojalá haya sido un exabrupto producto del entusiasmo inicial.

Otros dicen: nos han basureado durante 40 años. Es cierto. Pero eso no nos da derecho a ser iguales. Tenemos que mostrar una diferencia moral, una actitud distinta para que de ella surja una comunidad política con un texto constitucional superior.

Hay una serie de demandas. Usted lo dijo así al pasar, la de los pueblos originarios de Chile, son reclamos centenarios. Sin embargo, la violencia policial y el extremismo delincuencial parecen envenenar y distorsionar el debate. A este paso el tema corre el riesgo de pasar a considerarse un problema meramente de seguridad nacional.

Es una verdadera tragedia la que vivimos especialmente con los mapuches. No con todos los pueblos originarios. Chile tiene diez pueblos originarios. Aquí hubo una decepción. Votó muy poca gente del padrón de los pueblos. Doscientas y tantas mil personas sobre un universo de un millón ciento y tantos mil. 22% de participación.

Al mismo tiempo, usted tiene razón. La violencia de características armadas, no me gusta la palabra terrorista porque es un discurso demasiado de derecha. Por lo tanto no voy a usar esa expresión. La violencia de características armadas que está teniendo lugar en La Araucanía es una violencia criminal. Un carabinero acaba de ser asesinado y eso es inadmisible.

Pero al mismo tiempo el gobierno de Chile ha militarizado la zona. Seamos francos, no sólo lo hizo el Presidente Piñera, también ocurrió bajo el gobierno de la Presidenta Bachelet.

El problema es que no sabemos realmente cómo resolver esta tragedia. Tenemos un recurso que utilizar en la futura constitución, y creo que va a ocurrir porque veo mucho piso: vamos a tener que alterar la forma del estado chileno, para pasar de un estado unitario, que lo seguirá siendo, a un Estado plurinacional, con reconocimiento explícito de sus pueblos originarios.

¿Bastará la nueva Constitución para resolver la tragedia mapuche? Creo que no. ¿Cuál es la solución? No lo sé. Es un enigma no fácil de resolver.

Se dice con razón que la inmensa mayoría de los constituyentes son independientes, lo que a la vez, de una u otra manera, tienen una tendencia de izquierda. Pero qué significa eso?

Lo que pasó en la elección de convencionales es de primer orden. Ocurrió algo extraordinario. Justamente envié un artículo para una revista francesa de análisis y opinión crítica. El artículo se llama ¿el fin de los militantes? Creo que Chile se transformó en un laboratorio y tiene mucho que ver con el día de gloria que vivieron los independientes.

¿En qué sentido son independientes? En primer lugar, respecto de los partidos, eso es verdad. Hay dos tipos de independientes. Existen los independientes asociados que no militan en partidos, pero en donde los partidos los inscribieron como candidatos en sus propias listas. El 60% de las listas de candidatos socialistas y demócratas cristianos, eran independientes. Lo mismo hizo la derecha, pero con otro giro porque la derecha ha apostado históricamente a candidatos independientes. Incluso el Partido Comunista llevó candidatos independientes.

Enseguida están los que coloquialmente en Chile llamamos independientes puros, que son aquellos que se ubican fuera de pacto o de lista, que son hostiles a los partidos. Bueno, estos independientes son los que se impusieron, sacaron 24 constituyentes en la Lista del Pueblo. No es un partido, es una lista de ciudadanos que se agruparon y reunieron firmas coordinadamente para alcanzar el éxito en 20 territorios. Chile tiene 28 distritos electorales. La Lista el Pueblo es una especie de izquierda social. Es una izquierda gaseosa. ¿Por qué gaseosa? No tiene ninguna connotación negativa. Es la idea de una izquierda no institucionalizada, es como el gas, no está contenido, se esparce. Muchos de estos candidatos de izquierda gaseosa eran antaño militantes de partido.

Ahora, que los candidatos independientes en todas sus formas hayan alcanzado el 43 por ciento de los votos, no lo vi por ninguna parte. Es más, tampoco me imaginé que solo 50 militantes de partidos fueran electos para la convención constituyente, 50 de 155.

Chile se transformó en un gran laboratorio de alcance mundial. Especialmente para Europa Occidental. En la elección de constituyentes se generó algo virtuoso: una articulación entre política establecida en instituciones, una asamblea, entre el funcionamiento del campo político que se abrió a otro tipo de candidatos que no sean de partidos. Tercer elemento que se articula virtuosamente: candidatos entroncados con los movimientos sociales de todo tipo, como movimientos por el derecho al acceso del agua, movimientos en contra de las zonas de sacrificio. Y cuarto elemento, los territorios. Eso es súper virtuoso. Pero este virtuosismo se da, no lo olvidemos, frente a un pueblo que no voto en un rango de 57 por ciento. Es decir, es super ambiguo lo que finalmente ocurrió en Chile.

 

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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