París 68, cincuenta años después

Cuando se dice el 68, la primera imagen es París. Los manifestantes arrancando adoquines en las calles, los grafitis llamando a la imaginación al poder. La huelga general. Hubo otros 68: en Chicago, en México, en Praga. Pero París fue simbólicamente tan fuerte que dio origen a la generación de los sesentaochistas. Hoy, 50 años después, se discute su peso e influencia.

La situación francesa era tensa en 1968. Los salarios estaban congelados. Una profunda crisis afectaba a las instituciones del estado y especialmente a la universidad. Las formas paternalistas de gobernar encarnadas por el general Charles de Gaulle aparecían rancias ante la modernización que se perfilaba en el horizonte.
La situación francesa era tensa en 1968. Los salarios estaban congelados. Una profunda crisis afectaba a las instituciones del estado y especialmente a la universidad. Las formas paternalistas de gobernar encarnadas por el general Charles de Gaulle aparecían rancias ante la modernización que se perfilaba en el horizonte.

Parte de la juventud que no había vivido la Segunda Guerra Mundial con todas sus penurias, no encontraba en los partidos políticos de la oposición, el Socialista y el Comunista una respuesta a sus inquietudes. Por eso rayaban con las paredes aquello de: “Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre.” 

La primera discordia comenzó por una disputa entre las autoridades universitarias y los estudiantes por las restricciones para que hombres y mujeres pudiesen visitarse por la noche en la residencia estudiantil de Nanterre. Un grupo de estudiantes ocupó la residencia, entre ellos el alemán Daniel Cohn Bendit. La policía desalojó el recinto. Hubo manifestaciones y ataques al edificio de American Express. Las protestas llegaron de inmediato a la Sorbona. Los jóvenes dieron rienda suelta al malestar. Los muros reemplazaron a los pizarrones. Ahí estaba el llamado: “La revuelta y solamente la revuelta es creadora de la luz, y esta luz no puede tomar sino tres caminos: la poesía, la libertad y el amor”

El expresidente de Brasil, Fernando Enrique Cardoso, que daba clases por esos días en Nanterre, es un convencido que la revuelta no estuvo nunca marcada por la ideología.

Durante unos días el movimiento estudiantil tomó por sorpresa al gobierno. Los estudiantes controlaban la Sorbona y sus alrededores. A partir de allí una serie de sectores trabajadores se unieron a la protesta. En algunos casos, los sindicatos tradicionales, vinculados principalmente al partido Comunista se vieron desbordados, tanto que no controlaron la convocatoria a una huelga general exitosa. El partido Comunista condenó al movimiento estudiantil por considerarlo pequeño burgués. Justificaban la decisión burlándose de rayados como: “No es una revolución, majestad, es una mutación”

El conocido periodista internacional holandés Jan van de Putten, estaba en el momento justo y en lugar justo. Estudiaba por esos días en La Sorbona y como todos no sabía lo que se avecinaba. Tanto es así que solo unos días antes había leído un artículo de un gran periodista de Le Monde, en el que el argumento principal era que Francia se aburría, que en el país no pasaba nada. Horas más tarde pasaba de todo.

“La acción no debe ser una reacción sino una creación”. El hastío de la juventud venía de un sistema que les resultaba conservador y estrecho de miras.

El movimiento de estudiantes no pidió mejoras, sino un cambio profundo en sus vidas. Lo decían los trazos pintados: “No se encarnicen tanto con los edificios, nuestro objetivo son las instituciones”.

La herencia cultural está allí. Fue imposible condenar a uno de los objetivos principales del movimiento: acceder a un mundo más amable. Lo dice bien Tony Judt: ¨lo que los creadores de lo eslóganes de mayo de 68 no hicieron nunca fue invitar a nadie a causar verdadero daño¨. Sus acciones, sus discursos, su rebeldía eran de irritación, no de ira.

Para el sociólogo Alian Touraine, París 68 significó un cambio cultural fundamental.

El movimiento de hecho no tuvo dirección. Para evitar liderazgos y vanguardias fue más individualista que social. Era una fuerte reacción antiautoritaria acompañada de la cautela ante las vanguardias políticas y obreras. El reclamo fue multifacético.

El sociólogo Manuel Castells, que vivía en París en 1968, dice que fue ante todo un movimiento libertario y en cierto modo anarquista, aunque tan libertario que rehusó toda etiqueta, incluso la de anarquista. El movimiento era anticomunista y anticapitalista y aunque diversas tendencias marxistas trataron de controlarlo o liderarlo no lo lograron.

Daniel Cohn Bendit advierte que yerran quienes conciben el 68 como una revolución. La mayoría de los estudiantes tenía pretensiones más modestas, más realistas.

El otrora candidato Zarkocy atacó a esa época y a esa generación, identificando los actuales problemas de Francia con los ideales anticonservadores de entonces.

Zarkocy, 29 de abril del 2007: “Los herederos de mayo del 68 han degradado el nivel moral de la política. La izquierda heredera del mayo del 68 no ama a la nación porque no ama a la igualdad, que pretende defender los servicios públicos, pero jamás veréis en un transporte colectivo. La izquierda que tanto ama la escuela pública pero que lleva a sus hijos as las escuelas privadas. Que dice adorar la periferia, pero se cuida mucho de vivir en ella.

Le digo a la izquierda quiero rehabilitar el trabajo y hablar los trabajadores. Los herederos de mayo del 68 toman partido sistemáticamente por los violentos, los alborotadores y los estafadores, contra la policía”.

Tal como lo escuchan uno de los argumentos preferidos por los detractores de mayo del 68 es de que los jóvenes tenían inclinaciones vandálicas.

Después de una semana de sorpresas De Gaulle convocó a elecciones legislativas y triunfó.  Para ello acusó al partido comunista de haber alentado la revuelta y agitó ante las clases media y alta, el fantasma de un inminente golpe de estado comunista. Pese a ello el partido comunista participó en esas elecciones que sirvieron para consolidar el poder conservador y acabar con el movimiento de mayo.

Daniel Cohn Bendit dice mayo del 68 fue un momento importante en el proceso de la modernización de Francia.

La Juventud del 68 con su rebelión, con su revuelta, puso en cuestión a la revolución. Además, las causas políticas reflejaron más certeramente las necesidades de la gente y sus derechos.

Armand Mattelart habla de amplia herencia. Incluso puede decirse que el movimiento feminista tuvo en París del 68 una expresión manifiesta. No era la violencia, era la alegría, la fiesta de la vida. Era la solidaridad.

El guión está basado en una idea original de Mariano Aguirre, para Radio Nederland. El 68, cincuenta años después.

La música pertenece a autores que cantaron al movimiento estudiantil de París.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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