Hay que parar el genocidio en Gaza
La relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, no puede ocultar su indignación por los más recientes acontecimientos en Gaza. Así, ha dicho que Israel utiliza a los rehenes como excusa para “legitimar el asesinato, la mutilación y la muerte por inanición de los palestinos en Gaza”. “Israel podría haber conseguido la liberación de estos rehenes durante el primer alto el fuego, hace ocho meses. Sin embargo, Israel acabó negándose para seguir destruyendo a Gaza y a los palestinos como pueblo. Esto es una intención genocida puesta en acción. Más claro, agua”. Y es que resulta difícil hablar de lo que sucede en Gaza sin perder la compostura. Pero callar en estas circunstancias es lo más parecido a la indiferencia frente a la muerte. El recuerdo de Caín merodea en la tierra.
Hablamos con Efraim Davidi, historiador y profesor de la Universidad de Tel Aviv y dirigente de la ‘Academia por la Igualdad’

Tengo aún en los oídos tanto las arengas como los gritos de los manifestantes israelíes en el recién pasado día de Jerusalén (5 de junio), diciendo, entre otras cosas: “aquí estoy y esto es mío”. ¿Cuán grande es el apoyo que tiene entre el pueblo israelí esta tendencia político-religiosa ultraderechista?
Estamos ante un acto realizado por el Estado, en lo que en Israel se autodenomina el día de Jerusalén, que es el día en que el Jerusalén oriental fue ocupado por Israel en junio de 1967. Desde hace unos 15 años aquellos colonos que habitan en los asentamientos de los territorios ocupados realizan una manifestación auspiciada por el Estado y la Municipalidad de Jerusalén, llamada La Marcha de las Banderas, que son, por supuesto, las israelíes. Afluyen miles de jóvenes colonos que vienen de la Cisjordania ocupada y hacen un acto deliberadamente racista, antiárabe y antidemocrático.
Debo decir que ese día no solamente fueron atacados los pobladores árabes palestinos del barrio musulmán de Jerusalén Oriental, sino que también los periodistas judíos israelíes. Entre ellos fue muy golpeado un periodista del matutino Haaretz, Nir Hasson, que estaba cubriendo la información, es el corresponsal de ellos en la ciudad de Jerusalén.
Todo esto bajo el auspicio del ministro de Seguridad Nacional, muy racista, que no solamente alentó a la violencia, sino que estaba allí, entre comillas, coordinando las acciones de la policía, cuando en realidad lo que hacía era echar más leña al fuego para que los hechos tengan mayor trascendencia desde el punto de vista de los desmanes que estos jóvenes de extrema derecha racista realizan sobre la población local y los periodistas.
Lo más extraño del asunto, es que la policía -como uno de los periodistas palestinos atacados, Saif Al Kwasmi, se defendió porque si no lo iban a masacrar- lo convocó porque alguien lo denunció por agresión o alguna cosa de ese tipo. ¡Se imaginan! es el absurdo del absurdo que el atacado sea investigado por la policía como si hubiese sido el atacante, cuando en realidad el hecho fue totalmente al revés.
Las fotos y los videos dan cuenta que esa marcha no representa a la sociedad israelí en general, sino a una ínfima minoría, que son aquellos que viven en los territorios ocupados. No es que todo el mundo repudia la marcha. Lo que quiero decir es que la mayor parte de la población de Israel se abstiene de llegar a Jerusalén ese día y mucho menos participar en la marcha.
Con todo, hubo contra manifestantes. Desde el lunes tres junio una manifestación conjunta de musulmanes, judíos y cristianos, de dignatarios, de religiosos judíos, musulmanes y cristianos e inclusive budistas que viven en Israel, anticipándose a esta marcha, declararon que todas las religiones en la Tierra Santa repudian este tipo de acciones. Hicieron un rito ecuménico conjunto, y varios cientos de personas judías que se oponen a la ocupación y al racismo repartieron flores a la población palestina de Jerusalén oriental, como diciendo, estos fanáticos no los podemos parar, pero, créannos, que no son los únicos judíos que existen en Jerusalén. Hay gente que tiene otro corazón.

¿No es terrible que todavía existan sectores autollamados progresistas que respaldan las acciones terroristas de Hamás y para peor, pretenden justificarlas como batallas en favor de la libertad?
Una cuestión básica es la ocupación desde hace 57 años. Los sucesivos gobiernos israelíes, desde el asesinato de Rabin (el 4 de noviembre de 1995), hacen todo lo posible para que toda perspectiva de paz sea imposible.
Estos sectores de extrema derecha que están actualmente en el gobierno, inclusive Netanyahu, fomentaron a Hamás en la Franja de Gaza, tratando de sobornarlo con dinero que venía de Qatar para que siguieran en el poder con el claro objetivo de debilitar a la Autoridad Palestina. Eso significa debilitar cualquier tipo de perspectiva de paz entre palestinos e israelíes.
Hamás nunca ocultó sus posiciones políticas e ideológicas. Representa una fracción del Islam político que cree, para decirlo de la manera más elegante, que los judíos en la Palestina no tienen ningún derecho de estar en su tierra. Entonces llevaron a los hechos lo que plantearon durante muchos años. En algún sentido fueron consecuentes. Y aquellos que no lo querían ver no lo vieron.
La fracción política a la que pertenezco, el Partido Comunista, condenamos la ocupación desde hace decenas de años. Mantenemos relaciones con todas las facciones palestinas menos con Hamás y las fracciones que no están dispuestas a ningún tipo de diálogo.
Lamentablemente, aquellos que plantean que es una cuestión religiosa y no importa si es fundamentalista islámico o fundamentalista judío piensan que es una guerra a muerte. Nosotros nos oponemos a esa visión religiosa del conflicto. Creemos que es un tema que se resuelve con soluciones políticas. Lamentablemente se genera odio legítimo a la ocupación israelí.
Fuera de Medio Oriente hay una idealización de Hamás basada en la idea de que todo enemigo de mi enemigo es mi amigo. No obstante, al analizar la política práctica de Hamás, es bueno saber que hay muchos opositores dentro del pueblo palestino porque Hamás llegó al poder en la Franja de Gaza en una mini guerra civil en la que las víctimas fueron palestinos de otras facciones, especialmente la del movimiento Fatah del presidente Mahmud Abás, en su época la de Jasyr Arafat, el prócer de la independencia palestina.
Estamos ante una confusión. Los valores de Hamás no son los de la humanidad progresista. Es cierto que se oponen a la ocupación, pero la humanidad progresista tiene otro tipo de valores, como desarrollar la paz, la convivencia entre los pueblos, la solidaridad y más allá del progreso. El progreso humano es para Hamás el de las fracciones más radicales del Islam. Tiene la idea de que los valores de la Edad Media son los que tienen que regir hoy. Nosotros creemos que desde la Edad Media la humanidad ha hecho algún tipo de avances. Hemos adquirido una serie de valores desde la Revolución Francesa que son patrimonio de la Humanidad y deberían ser aceptados por todos. No se trata de valores occidentales, entre comillas, si no de los logros del conjunto de la humanidad.
La solución a esta sangría humana parece ser el establecimiento de dos estados. Pero los pormenores de cualquier acuerdo reclaman una voluntad de las partes que es ajena al gobierno actual de Israel. ¿Cuánto pesan las decisiones de la Corte Penal y de la Corte Internacional de Justicia de La Haya?
El gobierno de extrema derecha de Israel tiene un problema con ambas Cortes internacionales de La Haya. A pesar de que en una está representada, por lo menos hasta el día de ayer, ya que el juez israelí, Aharon Barak, dimitió por razones de salud. No sabemos exactamente cuáles fueron las razones. En todo caso, toda decisión legal emitida por esas cortes en los hechos no las reconoce. Y cada vez que se emite una decisión diciendo que Israel tiene que implantar un cese del fuego, que dar ayuda humanitaria o por lo menos permitir que la ayuda llegue a la población de Gaza que está al borde de una situación espantosa en todos los campos, al gobierno de Israel no le importa nada o hace todo lo contrario a las solicitudes internacionales.
Por lo tanto, hay que juzgar por los hechos y no por lo que el gobierno dice. Doy un ejemplo. El domingo pasado 45 personas murieron en una escuela de la UNRWA, que es la organización de Naciones Unidas que se ocupa de refugiados palestinos. Ellos vivían ahí, son refugiados interiores y el resto de Israel dice bueno, ¿qué quieren? Nosotros acatamos todas las normas internacionales. ¿Cómo es posible que hayan muerto 45 personas, entre ellos mujeres, niños, civiles? Se entiende que no tienen absolutamente nada que ver con el conflicto. Entonces, en los hechos, el gobierno de Israel no está dispuesto a cumplir absolutamente ninguna de las decisiones que emanan de las dos Cortes de La Haya.
En realidad, parece que al gobierno israelí le importa un comino tanto el aislamiento internacional como la virtual derrota de la narrativa histórica de toda esta realidad. ¿Por qué?
El gobierno israelí es una mezcla de racistas, mesiánicos, fanáticos de ultraderecha, etcétera. Y hay sectores del gobierno, especialmente el ministro de Hacienda Bezalel Smotrich, y el de Defensa, Yoav Galant, entre paréntesis, ambos son colonos en los territorios ocupados, que juegan a llevar a una situación límite de una guerra entre Gog y Magog. Es una figura bíblica del fin de los tiempos. Aluden a una guerra de exterminio total para uno o para otro lado, y eso nos llevaría a algún tipo de redención bíblica o profética que va a transformar toda la situación. Hablamos de gente que si hiciéramos un paralelo con Hamás viven en un mundo de ilusiones fanáticas judías, en las cuales, para ellos, cuando peor, mejor.
En toda intersección donde se podría aliviar la situación, sea tanto liberar rehenes israelíes, sea tanto la hambruna palestina, sea tanto hacer algún tipo de cese el fuego, aunque fuese provisorio, la respuesta es no, ellos siempre eligen el camino más duro, torpedear todo tipo de acuerdo, de convivencia, todo tipo de arreglo. Esa es su ideología. Para eso llegaron al poder. Y lo más trágico es que un partido, el Likud, que era de derecha toda la vida, pero en la actualidad especialmente su dirigente, el primer ministro Benjamin Netanyahu, está acuerdo con ellos. Lo está porque de esas dos fracciones depende su supervivencia política en el poder. Es el caso trágico que hemos visto en Europa en los años 30, como sectores que se reivindicaban democráticos frente al mal que significaba un cambio político de mayor envergadura prefieren aliarse con la extrema derecha, el fascismo y el racismo con tal de permanecer en el poder, sin entender que, a fin de cuentas, el racismo, el fascismo, los fagocitan, se los comen y se quedan ellos con el poder.
¿Cuenta Europa en esta realidad dramática y perversa?
Claro que cuenta. El problema con Europa es que no tiene una posición firme. Solamente en las últimas semanas hemos visto a España, a Eslovenia, a Irlanda y a Noruega reconocer al Estado palestino. Porqué había que llegar a esta situación tan extrema para reconocer a Palestina. La mayor parte de los países de América Latina reconocen a Palestina desde hace años.
Legitimar a Palestina significa avanzar un paso más allá para la solución del conflicto, para la asunción de dos Estados.
¿Por qué Francia no se manifiesta en ese sentido? ¿Por qué no toda la Unión Europea dice, sí, en esta situación límite reconocemos el Estado palestino? Y si esto no es suficiente vamos a dar término a los acuerdos de libre comercio con Israel. Y si eso no es suficiente vamos a frenar la entrega de armas a Israel o el pasaje de armas. Los países de la Unión Europea podrían haber hecho muchas cosas que se hicieron en su momento contra el régimen del apartheid en Sudáfrica. Yo no estoy inventando algo que de pronto se me ocurrió hoy en la mañana. Hay una gran experiencia internacional de lucha contra regímenes de este tipo que dieron buenos resultados. ¿Por qué Europa no hace eso? Lo entiendo porque hay muchos intereses políticos y económicos en juego. El mayor socio de Israel en importaciones es Europa; los mayores socios en las exportaciones hacia Europa es Israel.
No hay ninguna decisión moral, política, alguna suerte de entendimiento para frenar a Israel en esta guerra. Lamentablemente hoy en día son poquísimos los países europeos que han adoptado una posición de principio y le han dicho a Israel hasta aquí, basta.
Créame usted, me gustaría terminar con una nota optimista, pero va a ser más bien al revés. Tenemos más o menos 1200 víctimas, la mayor parte gente civil de Israel. Tenemos 36.000 o más víctimas palestinas, la inmensa mayoría gente inocente de ambos bandos. Yo me imagino que el miedo, el odio, el rencor van a ser emociones muy difíciles de, por lo menos, reducir en el próximo futuro.
Creo que usted tiene razón a corto plazo, pero yo soy optimista, porque sin serlo no se puede vivir políticamente en esta región del Medio Oriente. Hay gran escritor árabe que se llama Imil (Émile) Habibi (1922-1966). Fue muy conocido en el Medio Oriente, en Israel, dirigente comunista que escribió un libro que se llama El pesoptimista. Un periodista lo interrogó y le dijo, señor, ¿cómo le puede llamar a un libro pesoptimista? Él respondió: Yo mismo soy pesimista. Yo soy pesimista, táctico porque las cosas van de peor en peor. Pero soy optimista estratégico porque los justos vamos a ganar.
Yo también soy pesoptimista. Yo creo que vamos a ganar. Pero el hecho es que cuanto más se tarda en reconocer el hecho nacional palestino, cuanto más se tarde en reconocer que los palestinos tienen derecho a un Estado independiente en los territorios ocupados y Jerusalén oriental como capital, más sangre va a correr.
Esa es la gran tragedia de esta región: la solución se conoce, no hay que inventarla. Todo el mundo sabe cuál es, pero lo que pasa es que hay muchos, hablo particularmente de los que están en el poder en Israel, que no están dispuestos a llevarla adelante, a pagar el precio que esta solución significa. Por lo tanto, seguiremos derramando sangre hasta que, en última instancia, los pueblos se levanten, también el pueblo israelí, y exijan otra cosa.




