La solución de la crisis venezolana pasa por el diálogo y las reglas claras

En esta entrevista, realizada antes de las conversaciones en República Dominicana entre el gobierno y la oposición, Rafael Rojas nos adelanta que el único camino razonable para resolver la crisis venezolana pasa por el diálogo y la negociación.

Dice usted que la crisis venezolana derivada de medidas antidemocráticas de su gobierno precipita la crisis de integración de América Latina. No tiene la impresión de que al mismo tiempo el regionalismo no avanza más allá porque siguen primando los intereses particulares de los estados que aprovechan crisis como esta para justificar su ausencia de voluntad política integradora.

Creo que tiene razón. Observamos límites en el regionalismo Latinoamericano, pero a pesar de ellos la integración avanzó a partir del 2013-2014, después de la muerte de Hugo Chávez. Hubo una coyuntura de aceleración de los foros de integración, sobre todo a partir de la creación de la CELAC (La Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños es un mecanismo intergubernamental de diálogo y concertación política. Su membresía incluye a los treinta y tres países de América Latina y el Caribe.) que a mi juicio tuvo como incentivo la inclusión de Cuba en la comunidad latinoamericana. Una integración que estuvo impulsada por el proceso de normalización diplomática y el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y la isla.

Ahora, la crisis del momento actual está vinculada al conflicto venezolano, aunque también hay que reconocer que tienen un peso importante los cambios que se han producido con la reorientación ideológica de los gobiernos de América Latina.

Cuando el gobierno de Venezuela clama a todos los vientos que está siendo sometido a una guerra económica por parte del imperialismo norteamericano y sus lacayos locales y regionales, se basa en el argumento de los 297 mil millones de barriles que hacen de Venezuela el país con las mayores reservas de petróleo a nivel mundial. Washington, según esta explicación, no puede permitirse el lujo de ver escapar el petróleo venezolano a otros destinos.

Creo que en estos momentos no es el argumento de mayor peso. Por supuesto que siempre hay en todas las relaciones internacionales intereses económicos. Aliados del gobierno de Venezuela, como Rusia, Irán o Cuba, tienen intereses políticos y económicos.

La geopolítica, de todo signo, de una potencia hegemónica como la de los Estados Unidos como de parte de los gobiernos resistentes a esa hegemonía saben que la geopolítica se no se dirime solo en el campo de las ideas y de los principios, siempre hay intereses económicos involucrados.

Sin embargo, en este momento es uno de los elementos que, sin estar ausente, pesa menos, no creo que sea del mayor interés del gobierno de Washington, específicamente del gobierno de Trump, incrementar su control sobre los recursos energéticos venezolanos.

Ya desde la época de Obama, lo que hemos visto es una política energética norteamericana que busca un mayor margen de independencia y autonomía de los hidrocarburos. Y hasta ahora, que sepamos, no hay de parte de la secretaria de Comercio o incluso del gabinete económico de Trump una propuesta de recuperar, en un sentido agresivo, su importación de petróleo venezolano.

Por supuesto que no descarto el peso de los intereses, pero diría que si hablamos del peso de los intereses hay que incluir también el peso de los intereses energéticos de los aliados del gobierno de Venezuela. En donde hay una apuesta por un incremento del intercambio. El caso de Rusia es el que me parece más evidente de todos. Ahí si que vemos un aumento en la prioridad rusa sobre el intercambio con el crudo venezolano.

Hay un rechazo mayoritario en América Latina a la deriva autoritaria de Nicolás Maduro. Esa mayoría pide dos cosas: respeto a la constitución del 2009 y negociación para resolver la crisis. Suena democrático y deseable. No obstante, si el propósito político del gobierno es, como lo refleja la realidad, la negativa total a dejar el poder, no parece plausible ni el respeto a la constitución ni la negociación. Con otras palabras: es imposible resolver la crisis democráticamente si uno de los actores no cree en la democracia.

Así es. Estamos en esa coyuntura de juego cerrado, callejón sin salida. La estructura de ese cierre es muy parecida a la que se dio en el sistema político cubano. En el Caribe, a nivel hemisférico incluso, lo que se demandaba de Cuba y ahora de Venezuela, es una apertura política que el gobierno no está dispuesto a conceder.

Por supuesto que ese juego político en el ámbito internacional favorece la argumentación de plaza sitiada, de amenaza a la soberanía o de violación de las reglas de la autodeterminación de los pueblos, que es un principio básico de la diplomacia regional.

En efecto hemos llegado hasta allí y, sin embargo, pienso que no hay otra vía que la de tratar de retomar el diálogo entre gobierno y oposición con la aplicación de reglas más o menos claras en el juego electoral. Ya no digamos lo que era un recurso legítimo de la constitución de 1999, el referendo revocatorio, que pudo ser un canal institucional viable para solventar la crisis, antes de la asamblea constituyente. La elección de la asamblea fue un golpe, en la práctica una remoción de la representación legítima que es la Asamblea Nacional. Como sabemos ese proceso se dio por fuera de las leyes electorales venezolanas, aplicando un principio sectorial, comunitario, que no existen en las bases comiciales de la legislación electoral.

Ya estamos allí ante un atropello consumado.

Lo que es muy difícil es imaginar las formas que desde la persuasión diplomática podrían llevarnos a revertir la situación dada con ese régimen legislativo de facto que es la constituyente.

Por eso no creo que haya otra ruta que retomar el viejo expediente del diálogo. Ahora con menos eficacia, con menos garantía de triunfo que hace tres o cuatro meses antes de la instalación de la asamblea nacional constituyente. Lamentablemente, porque estamos en una situación de hechos consumados.

Precisamente Jorge Arreaza, ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, realiza una gira por países de la Unión Europea con el propósito de anunciar una nueva ronda de negociaciones con la oposición a fin de suspender eventuales sanciones de la Unión a su país. Las naciones europeas son partidarias del diálogo y la negociación con hechos concretos que evidencien un proceso sincero y creíble.

En el anunciado encuentro en Santo Domingo, República Dominicana, veremos si el gobierno desea avanzar sinceramente hacia una normalización democrática o ganar tiempo en la esperanza de una improbable mejora de su precaria situación económica y social.

Eventuales cambios políticos en Venezuela, cómo afectarían al gobierno de Cuba.

Ya hay una afectación, los índices del intercambio comercial entre Venezuela y Cuba que se basaban en la exportación de petróleo venezolano a cambio de servicios de salud y educación, se han deprimido, gradualmente entre el año 2014 y 2106, y en los meses recientes ya estamos casi en el desplome.

Estamos hablando de los cambios derivados de la crisis venezolana.

Ahora, desde el punto de vista político la alianza se mantiene muy firme. Creo que de hecho se ha relanzado. Eso puede observarse claramente desde el punto de vista de los estudios internacionales.

Es una paradoja. El intercambio comercial disminuye y la alianza política adquiere mayor fuerza, al menos entre las prioridades de la política exterior de Cuba. Eso tiene una explicación bastante sencilla: el fin de Barak Obama y la llegada de Donald Trump con su amenaza de dar marcha atrás al proceso de normalización diplomática. Naturalmente el gobierno cubano se aferra al vínculo con Caracas y vuelve a darle una prominencia tanto en su práctica diplomática como en su discurso.

Creo que algo que habíamos notado entre el año 2014 y el 2016 era que Venezuela perdía relieve en la estrategia mediática del gobierno cubano. Si uno leía los principales medios de prensa como Granma, como Cuba debate, o los noticieros de televisión, se observaba que en ese período perdió centralidad el tema venezolano.

Son embargo en el último año hay una recuperación de Venezuela como prioridad en la política exterior cubana.

Creo que también esto tiene que ver con una tendencia contrareformista dentro de Cuba. Tenemos una línea dura en el poder cubano que reacciona fuertemente, primero, a la ausencia de Fidel y luego a política de Barak Obama o a la más reciente de Donald Trump.

Entro a las suposiciones. Parece difícil que Trump vaya a inclinar el caso cubano hacia la democracia. Parece difícil que los sectores cubanos dentro de la isla puedan ponerse de acuerdo. Parece también difícil que los gobiernos latinoamericanos alcance consenso sobre el tema Cuba-democracia. Si las tres cosas son ciertas, todo hace suponer que tenemos gobierno del partido Comunista para rato.

Rafael Rojas nació en Santa Clara, Cuba. En 1994 obtiene el título de Doctor en Historia en Centro de Estudios Históricos en El Colegio de México. Desde 1996 es profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, en el Distrito Federal.

Escribe, entre otras, para Letras Libres y Nexos de México; El País y Claves de la razón práctica de España. Reside en México.

José Zepeda

Periodista, productor radiofónico, capacitador profesional.

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