María Corina Machado: La que lleva la libertad enarbolada como promesa y objetivo

Carlos Eduardo Blanco García es un político y escritor venezolano. Blanco se ha desempeñado como secretario ejecutivo y presidente de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado de Venezuela, exministro y profesor universitario. Su principal tarea de hoy es asesorar a María Corina Machado en su lucha por la libertad
Dos temas de actualidad que merecen ser comentados brevemente antes de pasar a las cuestiones de fondo. El primero es la acusación del gobierno venezolano a la oposición fascista como la llama del corte de electricidad que dejó al país en un 90% sin luz. ¿Es dable imaginar que la oposición se disponga a hacer atentados que afecten al conjunto de la población?
Absolutamente no. La situación de la red eléctrica nacional es una doble responsabilidad del régimen de Maduro. Primero, no ha habido mantenimiento por años. Los mejores y más numerosos expertos en la materia han advertido que un nuevo apagón era posible, como hubo hace varios años, en 2019. En segundo lugar, Maduro ha dicho reiteradas veces que la red eléctrica está bajo custodia de la Fuerza Armada Nacional, lo cual quiere decir que ellos tienen la responsabilidad tanto de mantener la red como de custodiar las instalaciones. En ambos casos parece que no cumplen con sus funciones o sencillamente la red no sirve.
Por tercera vez, el candidato ganador de las elecciones presidenciales, Edmundo González, no ha acudido a la tercera citación del Ministerio Público por falta de garantías.mientras realizamos esta entrevista la Fiscalía venezolana anuncia una orden de detención contra Edmundo González por delitos “asociados al terrorismo”.
Las citaciones son mecanismos de intimidación porque realmente el caso de las elecciones es un tema saldado en el sentido de que las ganó Edmundo González con el 67% de los votos contra 30% de Maduro. Eso se reconoce nacional e internacionalmente, De tal manera que todo esto es una pantomima que, si no fuera porque puede tener consecuencias para la seguridad de Edmundo González, sería una cosa absolutamente ridícula. Esas situaciones carecen de sentido. El Ministerio Público se ha convertido en un instrumento del terror que Maduro inflige a la población venezolana.
En su libro recién publicado esta semana, el filósofo Byung-Chul Han dice que “el miedo ha sido desde siempre un excelente instrumento de dominio. Vuelve a las personas dóciles y fáciles de extorsionar. En un clima de angustia, las personas no se atreven a expresar libremente su opinión por miedo a la represión”. Hasta allí ¿Hay mucho miedo en Venezuela?
El miedo existe en el sentido de que, de acuerdo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Venezuela se aplica el terrorismo de Estado. Eso significa que en cualquier momento la puerta de su casa puede ser asediada o golpeada por los organismos de seguridad para llevarse a alguien y si no está la persona que buscan, se llevan a familiares como mecanismo de chantaje para que se entregue la persona perseguida por ellos. De tal manera que el miedo existe. La diferencia que creo advertir en este momento es que los ciudadanos en su mayoría y desde luego los dirigentes encabezados por María Corina y Edmundo González, manejan el miedo. La cuestión no es no sentir miedo, sino manejar el miedo y utilizarlo como un recurso de preservación, pero no como una excusa para la parálisis.
El régimen venezolano, a propósito de esto mismo, ha aumentado exponencialmente la represión. 22 dirigentes políticos y otras 1559 personas han sido detenidas. Foro Penal apunta que es el número más alto de presos políticos en la historia de Venezuela en el siglo XXI. Que Maduro quiera quedarse en el poder es una obviedad. ¿Lo es también que pueda conseguirlo?
Chávez, Maduro y el chavismo, es decir, todo el régimen ha permanecido en el poder por un cuarto de siglo, de tal manera que al plantearse esa pregunta no es demasiada obvia la respuesta. Lo que se vive hoy es un proceso inédito en el cual las distintas fuerzas nacionales e internacionales están unificadas alrededor de un objetivo concreto. ¿Cuáles son esas fuerzas? En primer lugar, la población venezolana, que en su inmensa mayoría ha votado por González Urrutia. Además, parte de la que votó por Maduro, lo hizo por intimidación, por miedo y por las presiones abiertas o encubiertas de los organismos públicos hacia los ciudadanos que trabajan en los ministerios, en las empresas del Estado, en la Fuerza Armada, y otras instancias. Esa mayoría existe, está consolidada y la mayor parte de los ciudadanos saben que la tarea, como la hemos llamado en Venezuela, de “cobrar la elección”, es decir, de hacer que la elección del 28 de julio, valga, es una tarea pendiente.
En segundo lugar, la comunidad internacional, no solamente los aliados tradicionales de las fuerzas democráticas, sino también la izquierda latinoamericana y una parte importante de la izquierda europea se han desalineado del régimen de Maduro porque entienden que no existe un régimen de izquierda revolucionario bajo ningún parámetro. Lo que hay es una organización autoritaria articulada con el crimen organizado, nacional e internacional. Entonces, en este momento se tiene un amplísimo frente de alcance mundial que procura garantizar que Edmundo González Urrutia tome posesión de la presidencia.
En tercer lugar, hay fuerzas institucionales dentro de Venezuela, en particular los integrantes de la Fuerza Armada Nacional, que fueron testigos de primer orden de la victoria de González Urrutia. En Venezuela se instauró desde hace muchísimos años el Plan República, que es una labor de la Fuerza Armada Nacional que se despliega en todo el país para cuidar los procesos electorales. En los momentos originarios de la democracia, después de 1958, eran jornadas asediadas por los grupos de derecha, de izquierda insurreccional. El plan para resguardar las elecciones se ha desplegado hasta la fecha. Y aunque hay miembros de la Fuerza Armada Nacional que actúan contrario a su juramento y a sus deberes institucionales, de una forma sectaria, que no se aviene con sus deberes institucionales la mayor parte de los oficiales de la vio lo sucedido en las mesas de votación. ¿Cuál fue el resultado? Ellos son los custodios, en primer lugar, del traslado de las actas de los centros de votación al Ministerio de la Defensa y después al Consejo Nacional Electoral. Saben lo que ocurrió, de tal manera que ahora, cuando el régimen violenta o intenta robar el resultado electoral, la fuerza armada en su mayoría, no acompaña esa pretensión.
La conjunción de fuerzas nacionales e internacionales busca que Edmundo González Urrutia asuma la Presidencia de la República. Se trata de un objetivo compartido hacia el cual marcha la sociedad venezolana.
Qué bueno que usted haya mencionado el hecho real de que amplios sectores de la izquierda latinoamericana y también de la europea hayan adherido a esta lucha en favor de la democracia en Venezuela. Sin embargo, existen sectores de izquierda que le causan mucho daño a la causa de la libertad, no solo en Venezuela, sino a toda América Latina. Tienen a lo menos en el caso venezolano, tres argumentaciones. El primero, que, a Estados Unidos, léase para ellos el imperialismo norteamericano lo único que le interesa de Venezuela es el petróleo.
A muchos sectores de Estados Unidos le interesa el petróleo porque tienen necesidades de suministro. Pero creo que la cantidad de petróleo que puede suministrar Venezuela a los Estados Unidos en este momento no es significativa. La producción ha pasado de más de tres millones de barriles diarios e los dos años anteriores de poco más de 400.000 barriles, a un incremento por la presencia de Chevron, a unos 700.000 barriles. De tal manera que eso no hace una diferencia significativa con el consumidor de petróleo del mundo que es Estados Unidos.
En segundo término, hay sectores muy importantes de la sociedad de Estados Unidos, especialmente los representantes en el Congreso Nacional y los senadores de ambos partidos, republicanos y demócratas, que están comprometidos con la causa democrática venezolana y a los que les causa el mismo horror que a cualquier ciudadano del mundo la persecución, la represión, las muertes, las torturas.
Pero además hay temas específicos. El de la migración, por ejemplo, es muy complicado no solamente para Estados Unidos. La migración venezolana impacta desde Canadá hasta Chile y Argentina. En el continente hay cientos de miles en Chile como en Argentina, un millón y medio en Lima.
De tal modo que esos son elementos que hacen que, aparte de la solidaridad democrática por principio en materia de derechos humanos persistan intereses específicos de los países del continente para que se solucione la crisis venezolana.
El segundo argumento de esta izquierda minoritaria reclama de que se le pida a Venezuela lo que no se les pide a otros países, la presentación de las actas electorales. Le confieso que me da vergüenza hacer esta pregunta, pero bueno.
Algunos le piden a la fuerza democrática venezolana un certificado de pureza, de pulcritud, que no lo piden en sus propios países. Pero dada la controversia que esos sectores de izquierda tienen en relación con el tema venezolano, las pruebas existen. Es decir, si las quieren, las hay, y no es que tienen que pagarse un pasaje para ir a Caracas, solo tienen que abrir una página web en la que está todos los resultados de las actas. Las pueden ver y están los códigos de seguridad. Esas actas, de acuerdo con estudios académicos que se han hecho, certifican que son legítimas, que son los verdaderos resultados.
https://resultadosconvzla.com/
Por esa razón es que Maduro y su Tribunal Supremo, su Consejo Nacional Electoral y todas las instituciones que controla, no pueden presentar ni una acta, ofrecieron presentarlas y no pudieron, porque si lo hacen se verá que todas las puestas a disposición por la oposición son legítimas.
Tercer argumento: Venezuela y su gobierno son víctimas de una agresión interna e internacional que quiere destruir la Revolución Bolivariana.
Ese es un viejo argumento que utilizó en su momento la Revolución cubana, cuando era revolución, cuando era verdadera, cuando era verdad que la aparición de un régimen revolucionario en América Latina cambió todos los parámetros y se produjo, por una parte, toda la dinámica de expropiaciones en Cuba. Por otra parte, una política norteamericana que apoyó invasiones y otros actos desestabilizadores. Es el argumento de una época que se acabó. En Venezuela no hay nada que se parezca a un régimen revolucionario. Un régimen revolucionario cambia las instituciones, crea una nueva sociedad. Aunque uno no esté de acuerdo con ella, pero crea algo diferente. En Cuba, por ejemplo, para seguir con el ejemplo, hay un Partido comunista que es sólido. Hay una fuerza armada revolucionaria que es sólida, hay una Asamblea Nacional que funciona, pero en Venezuela Chávez y Maduro fueron expertos en destruir el viejo orden, pero no han construido nada, absolutamente nada. La institucionalidad revolucionaria que se supone habría de suceder a la destrucción del viejo orden. Nada.
Luego, la asociación con grupos criminales. La presencia de grupos de otros países cubanos, rusos, iraníes en Venezuela es evidente y de grupos guerrilleros colombianos y de Hezbolá. De tal manera que nada que se parezca a lo que podía haber sido la proclama revolucionaria de Chávez y de Maduro, sino un desastre caótico que no conduce a nada productivo. No construyen ni una carretera.
Usted conoce a María Corina Machado desde hace décadas. Tengo una teoría que espero usted enmiende. Corina Machado recorrió un camino que va desde una posición radical e intransigente con el régimen, a una posición intransigente pero moderada y dialogante, que ha logrado aunar voluntades de diversos sectores más allá de todos los partidos políticos. Es, y esta es mi creencia, una conversión de carácter política, que va mucho más allá de un cambio de estrategia hasta convertirse en un símbolo de esperanza política, social y espiritual. Elemento este que no forma parte normalmente de las tendencias actuales y que tiene una gravitación decisiva en la sociedad venezolana de hoy. ¿Ando muy errado?
No anda errado. Anda por el camino correcto, pero hay varias bifurcaciones que se pueden transitar. Lo primero que diría es que en el momento en que María Corina apareció como la mujer radical e intransigente, era porque pensábamos desde entonces -y soy de los que la acompaña desde hace mucho tiempo en esta en esta tarea- que era necesario plantear la salida del régimen hace unos cuantos años, desde el 2010 en adelante, que no había que crearse ilusiones con los procesos democráticos que el régimen planteaba porque efectivamente hacia trampas. había otro sector de la oposición que consideraba que había que negociar con el régimen, que había que bajar la presión de la calle para poder conversar y obtener resultados.
La verdad verdadera es que ninguno de los dos caminos condujo al resultado que aspiraban. Pero fundamentalmente hay que decir que la idea de que el régimen se iba a avenir a un entendimiento que permitiera un cambio democrático que siempre enfrentó María Corina era y es una idea equivocada, porque suponía que algún tipo de racionalidad del régimen iba a conducirlos a conversar, a ver cómo se podía sustituir a través de unas elecciones. Ellos nunca aceptaron eso.
Cuando se planteó el gobierno interino de Juan Garrido en 2019, María Corina lo apoyó. Fue la promotora del respaldo internacional del interinato de Juan con la idea de que ese fuese un gobierno que produjera el cambio y la ruptura. No fue así, entre otras cosas porque había estas diferencias en la oposición. Nosotros pensábamos que había que empujar en una dirección. Los otros compañeros estimaron que el camino era otro, era el de las conversaciones, el de las negociaciones, que tampoco resultó.
La derrota del camino causó un impacto muy grande para todos. Es decir, estábamos en el desierto. Entonces es cuando María Corina decide promover unas primarias para elegir la directiva de la oposición, no el candidato de una oposición dividida, enfrentada. Eso fue en 2022. El resultado fue que la mayoría de los partidos consideró que debía hacerse la primaria, pero para escoger un candidato presidencial. Nosotros no estábamos en esa la idea, pero dado que se impuso esa tesis María Corina decidió participar. Dijo, esa es la opción que tenemos, vamos a impulsarla. Se dedicó a recorrer el país y resultó en esa clamorosa victoria en la que obtuvo el 93% de los votos.
Jugamos dentro de esas reglas y a partir de allí se desencadenó un proceso contra los que decían que María Corina no iba a ceder su posición, no iba a pasar la antorcha, que ella era muy radical para hacerlo. No solamente aceptó que otra persona como la doctora Corina Yoris, pudiera reemplazarla como candidata, sino que al impedírsele su participación promovió a Edmundo González Urrutia y ese modo se convirtió en la líder de Venezuela que hoy conocemos. Una líder que tiene características más que políticas, culturales, espirituales como usted menciona, porque se ha convertido en un símbolo de la lucha nacional. Pero la lucha por la libertad, es decir, no es la candidata que está buscando una posición, un puesto, es la que busca algo que va mucho más allá, que es la libertad. Esa fotografía (grabación por zoom) que usted tiene detrás de sí con María Corina y la bandera levantada, eso es Venezuela en este momento y lo que es María Corina para Venezuela: la que lleva la libertad enarbolada como símbolo, como promesa y como objetivo.




