Guatemala: ¿Una primavera que no alcanza a florecer?
Radio Media Naranja y Razones de la Palabra conversan con el expresidente de Guatemala, Alfonso Portillo y Roberto Alejos, expresidente del Congreso y miembro de la Asamblea Nacional Constituyente que elaboró la actual constitución del país


Es útil recordar que, en 1944, en medio de la Segunda Guerra Mundial, se produjo la revolución de octubre, que derrocó al régimen militar de Guatemala e inició diez años de gobiernos electos que intentaron establecer reformas sociales, pero fueron derrocados en 1954 cuando los intereses de la UFCO se vieron afectados por los cambios. La historia llama al período Diez años de primavera o la Edad de oro de Guatemala. El 20 de octubre es una fiesta nacional en conmemoración del Día de la Revolución de 1944.
Otra primavera se anunció con Bernardo Arévalo. ¿Se marchitó esta primavera democrática de Guatemala?
Portillo. Creo que en ese entonces se truncó y no solo por la correlación de fuerzas políticas al interior del país y los unas élites conservadoras renuentes al cambio, a la modernización y muy convencidas de que lo que hacían desde el punto de vista económico y político era lo correcto. Sumada esa posición de las élites de Guatemala al ambiente de la Guerra fría que se vivía y la política norteamericana manipulada por ciertos empresarios vinculados a la agricultura, dieron al traste con un experimento maravilloso que hubiera sido un buen ejemplo de América Latina.
La de ahorita creo que más que se marchitó no logró florecer.
Alejos. Aquí lo que pasa es que la nueva primavera se utilizó como un eslogan para rescatar esa primavera de la que habla el presidente Portillo. Esa siembra que se hizo en aquellos años, del 44 al 54. Fueron diez años de intentos para una refundación del Estado. Los primeros gobiernos civiles llevaron a cabo un ingente esfuerzo para rescatar las instituciones, aunque no hemos logrado aún desarrollarlas, más bien las hemos venido perdiendo. Empezaron muy bien, pero no llegaron a florecer, se quedaron estancadas.
Hablar de la nueva primavera es un eslogan de moda a raíz de la revoluciones del mundo árabe (2010-2012).
Creo que el presidente Bernardo Arévalo se vino a encontrar con algo que no esperaba. Todo el mundo habla de la corrupción, de la cooptación del Estado, del crimen organizado metido en el Estado, pero solo los que hemos estado ahí adentro sabemos qué tan profundo es. Ellos, con su falta de experiencia, un gobierno nuevo y bastante soñador desconocía que la cooptación era total, que la corrupción es una cosa que fue creciendo y creciendo hasta consolidarse como un cáncer totalmente radicado.
No han podido rescatar esa primavera del 44 y no han logrado entrarles a temas fundamentales como el del Seguro Social, que es probablemente la una de las conquistas más grandes de este país y ni siquiera han empezado a tocarlo como gobierno porque aún tratan de entender.
Quisiera tratar las responsabilidades del Gobierno y de la oposición por separados. Sobre todo, para comprensión de quienes nos están viendo, escuchando o leyendo el artículo. Comencemos con la responsabilidad de la oposición. Esto viene de lejos, el desmantelamiento sostenido de la institucionalidad estatal. Hay oposición en el Congreso y en el sistema judicial. Ni que hablar del Ministerio Público. ¿Cuán grande es esta responsabilidad?
Portillo. Es una gran responsabilidad, un gran reto para el país. Lo más grave de todo es que lejos de recuperar algún resabio de institucionalidad, cada vez retrocedemos más. Hoy las instituciones están más cooptadas. Da tristeza, pero es una realidad. Leer, por ejemplo, que el recientemente galardonado con el Premio Nobel de Economía (2024, James Robinson), cuando dice que hay países que no tienen Estado, el periodista le pide que ponga un ejemplo de un país en América Latina. Vaya a Guatemala, dice.
Es decir, en 1944, en plena Guerra Fría, Guatemala intenta construir instituciones, construir Estado, democracia, una sociedad menos desigual. Y a partir del 54, que es cuando se obstaculiza y se rompe con este intento democrático y empieza un retroceso y un deterioro muy grave de las instituciones que nunca nos imaginamos que iba a llegar al extremo que es el que se padece en Guatemala. Hoy el crimen organizado tiene cooptada las instituciones, pero no solo las públicas, las instituciones privadas, también la banca, como las empresas que compiten con el sector formal de la economía.
El país tiene un gran reto. En primer lugar, construir un sistema democrático porque no hay oposición. El debate en el Congreso tiene tal pobreza de argumentos que demuestra que no tenemos un andamiaje jurídico institucional que posibilite el juego democrático, que permita fortalecer las instituciones e implementar los cambios que el país necesita. La institucionalidad está cooptada por fuerzas de facto, por fuerzas oscuras que no permiten que el país avance.
Hoy no tenemos democracia ni partidos políticos. Los partidos políticos se han convertido en sociedades anónimas que actúan y funcionan durante los procesos electorales, pero permanecen completamente opacados en la oscuridad durante el resto de los cuatro años que le corresponde a cada gobierno. No vemos una clase política que toque los temas centrales de la economía, de la política, de lo social, de la desigualdad, de la injusticia, del aparato estatal. No hay una discusión de fondo. Cada vez hay candidatos más mediocres, candidatos que juegan al circo, al espectáculo. Es una tendencia mundial, pero en los países pobres y de escaso desarrollo económico social como Guatemala, esto adquiere la mayor ridiculez. El mayor escándalo que se puede dar en un sistema político.
El reto del Congreso es hacer una reforma a la ley Electoral y de partidos políticos en la que ha trabajado tanto Roberto cuando fue presidente del Congreso y que se lograron avances tan grandes como los que el país necesita.
Tenemos un Poder Judicial cooptado; un Legislativo que no debate la agenda nacional. El país va por un rumbo, y el debate nacional va por otro.
¿Quién va a poner orden en esto? Tenemos un gobierno que él mismo se ha debilitado, que él mismo se ha puesto los obstáculos para hacer los cambios que se necesitan.
Desde el otro lado de la vereda. Los guatemaltecos, en términos mayoritarios, tenían una gran esperanza en el gobierno del presidente Bernardo Arévalo. Pero pareciera que el Gobierno no toma las medidas urgentes que requieren una cuota nada despreciable de entereza y decisión. Y este no es el momento para posiciones timoratas.
Alejos. Es que esa cooptación del Estado lo ha destruido. Porque no es que tengamos un Estado que funciona y esté cooptado y
manejado por las élites del país, por el crimen organizado, por la corrupción, por los empresarios deshonestos que se han metido a hacer política. No, es un Estado que no funciona, un Estado inexistente. Y no lo decimos nosotros, está en todos los análisis internacionales. El Presidente es un muy respetuoso de la ley. Ha querido ir tomando medidas poco a poco. Habla de hacer alianzas público-privadas y se da cuenta que la ley no está disponible. Entonces lleva el proyecto al Congreso. Están buscando consensos, algo que podrían alcanzar dentro de un año, si es que la ley se llega a aprobar. Quienes tienen cooptado todo el sistema están en el Congreso y no van a dejar que pase una ley de alianzas público-privadas que sea conveniente para el país. Van a tratar de aprobar una ley de alianzas que sea beneficiosa para las empresas que son parte de la cooptación del Estado.
El gobierno no tiene los instrumentos para tomar medidas fuertes, además de que él no es un hombre que tenga ese carácter como vemos en Centroamérica, con Bukele y con Ortega. Es decir, una mezcla del uso del sistema democrático para fines autoritarios.
Ahora, la persecución que el Ministerio Público ha tenido sobre él también lo amarra y lo limita. Y de repente sale con medidas como implementar un seguro obligatorio para los vehículos y resulta que el seguro no existe. Las empresas aseguradoras no lo tienen y la oposición tiene una facilidad de movilizar a la gente para obstruir las calles y hacer una huelga que lo hacen retroceder. Por eso en lo que viene estará menos animado a tomar ese tipo de medidas y más inclinado a crear alianzas con sectores sociales, de pueblos indígenas, antes que tomar medidas fuertes, que es lo que el país necesita en estos momentos.
Portillo. Quisiera retomar y complementar lo que dijo Roberto y contestar tu pregunta, porque usas una palabra correcta, timorato, que no toma ni siquiera las medidas más sencillas. Ayer tuve una reunión con economistas, José, y se quejaban de que hay instituciones públicas en las que todavía los representantes en las juntas directivas son del gobierno anterior. Ni eso han podido hacer. Cambiar a los personajes del gobierno anterior, que fue un desastre para el país. Pongo otro ejemplo. Me alarmé ayer cuando me enteré que el presidente está pensando en reelegir al presidente del Banco Central, que viene del régimen anterior, que es un hombre vinculado al sector financiero, que no es independiente ni autónomo y que está dirigiendo la institución más importante del país desde el punto de vista económico. Lo reelegiría porque estudió con él la secundaria o la primaria. Ese es el problema. No se toman decisiones, no se conoce el Estado. No se tiene la intención de pasar a la historia, por lo menos metiendo el esfuerzo en aquellas cuestiones que son vitales para la vida democrática del país. La gran dificultad es que no toman ni las mínimas decisiones que no implican grandes esfuerzos, solo tomar las decisiones, no cambiar las juntas directivas de muchas instituciones es grave para un país y un gobierno que quiere gobernar de manera independiente.
Gran Bretaña publicó una lista de guatemaltecos involucrados en casos de corrupción. Más allá de esta medida del Reino Unido, importa saber si el sistema de justicia de Guatemala tiene visos de cambio o va a permanecer al servicio de la corrupción y la impunidad. Quisiera mencionar, porque creo que es importante, el caso del periodista Rubén Zamora y el de la jueza Virginia Laparra, ambos símbolos tanto de la dignidad periodística como de la justicia independiente.
Alejos. La etapa donde tuvimos la oportunidad de hacer cambios en el sistema de administración de justicia pasó en el gobierno anterior de una manera ilegal y descarada. La Corte no fue electa y la anterior se mantuvo en el poder por muchísimo más tiempo, casi un periodo completo. Cuando el Congreso finalmente fue obligado a elegir una nueva corte, fue para un periodo de transición de apenas algunos meses para convocar las nuevas elecciones. Se dio la oportunidad de cambiar las cosas. Este gobierno tuvo las puertas abiertas para introducirse a nuestro sistema basado en unas comisiones de postulación que eligen el doble de candidatos para que el Congreso opte la mitad de estos. Se eligen magistrados de la Corte Suprema de Justicia y los magistrados de Salas de Apelaciones. Se perdió porque no tuvieron la capacidad de incidir y de hacer las alianzas correctas.
Cuando el Gobierno asume y ratifica la cooptación del Estado, ratifica la corrupción, ratifica el sistema de trabajo de la oposición, porque le da una especie de miedo hacer alianzas con la gente que realmente tiene experiencia, que es la vieja política. Creo que si en algo tenemos que regresar es a la vieja forma de hacer política. Espero que se me entienda. Me refiero a quienes de una u otra manera hacíamos oposición mediante el debate y las alianzas cuando era necesario. Teníamos un sistema de partidos políticos que funcionaba aún en plena Guerra Fría. Había extrema derecha, extrema izquierda, pero el diálogo y la negociación fue un tema que siempre estuvo presente hasta que elegimos a Jimmy Morales, un cómico de profesión y tras su fracaso la gente desilusionada optó por un político que ya estaba cooptado, Alejandro Giammattei, posteriormente acusado por el Departamento de Estado de Estados Unidos de corrupción significativa y aceptar sobornos junto a los funcionarios que él nominó.
Sin embargo, este gobierno en su “asquito” decimos nosotros, en ese asco de no hacer alianza con la vieja política, y de tener en la nueva política corrupción y cooptación, se ha quedado totalmente solo. La falta de experiencia y la orfandad de equipo se complementan con falta de acciones para cubrir los puestos claves.
Al gobierno los sectores poderosos lo mantienen entretenido con la amenaza de que les van a dar un golpe, de que van a pasar el antejuicio contra el presidente, de que su partido no existe y ahí están.
Portillo. Volvamos al tema del Banco Central. Esa fue una gran discusión porque durante mi gobierno costó aprobar la reforma financiera que daba autonomía al banco, que definía la política económica, que le daba autonomía al presidente del Banco de Guatemala. Es decir, hicimos un sinnúmero de reformas que hasta fuimos felicitados por la comunidad financiera internacional como para que, en la práctica, en Guatemala no respetemos la autonomía del Banco de Guatemala, nombrando a un hombre que no es autónomo y que está vinculado al sector financiero. En la práctica se ha destruido la poca institucionalidad que habíamos avanzado.
Lo mismo pasa con la política fiscal. ¿Por qué? Porque personalizamos la forma de gobernar. Hoy, lo que estamos viviendo es el desastre económico mundial, porque se está definiendo una política global en base a posiciones personales y no a contenidos ideológicos, temáticos o filosóficos. Se gobierna por medio de órdenes presidenciales que tienen en jaque a la economía mundial. Igual estamos aquí. Jaqueados ante la urgencia de reformar la forma de elegir las Cortes, porque si seguimos con el mercado en que se han convertido las comisiones de postulación para elegirlas vamos a tener instancias que no impartirán justicia y que seguirán comprometidas con ciertos sectores de la sociedad.
Voy a terminar con esto. Debe ser por la enseñanza cristiana que tuve en mi niñez que me gusta finalizar con alguna nota de optimismo. Pero para serles franco, me cuesta pensar con optimismo hablando de Guatemala y más bien tengo la tendencia a creer que la lucecita al final del túnel por ahora no está encendida. ¿Me equivoco?
Portillo. No, no te equivocas, José. Y qué casualidad que una de las preguntas que me hicieron anoche en la reunión con economistas es Alfonso ¿no tenemos esperanza? Les dije: No puedo decir eso porque cuando perdemos la esperanza, lo hemos perdido todo. Por delante nos aguarda un futuro incierto, pero que hay que luchar por él. Creo que en este momento no podemos ser optimistas, pero tampoco caer en el pesimismo y en la pasividad para convertirnos en inútiles ante los cambios. Más que nunca se necesita de la participación de todos para evitar caer en una debacle mayor.
Alejos. Como siempre, coincidimos con el presidente Portillo. Podríamos decir, nosotros pasamos nuestras etapas, ya cumplimos con nuestra función. Pudimos haber hecho cosas buenas, cosas malas, como todos los seres humanos estamos llenos de defectos, pero también de buenas intenciones. Podríamos estar descansando, pero tenemos familia cercana, hijos. Podríamos decir que ya cumplimos. Hemos pagado las consecuencias de nuestros errores y disfrutado de nuestros aciertos con mucho orgullo. Sin embargo, aquí estamos. Este es el momento en el que el país necesita de todos. Es una obligación nuestra, de los constituyentes, por ejemplo, y de quienes ya estuvimos en el poder, como el presidente Portillo, de hacer un llamado a quienes han perdido la ilusión por aprender del quehacer del Estado. Somos un país sumamente pobre, pero con un sistema económico financiero, con una macroeconomía que se mantuvo estable después de las reformas. Es una nación en donde los bancos tienen mucha plata, en donde la macroeconomía avanza. Y por eso es por lo que no hay que permitir que las autoridades se cambien de como habían venido funcionando. Al mismo tiempo la microeconomía y las micro acciones tienen a la población sumida en índices de pobreza impresionantes. Le ganamos a Haití. Nos hemos saltado nuestro paso por Honduras. La población ha tenido que buscar por sus propios medios y eso se llama migración. Ha tenido que salir huyendo del país. Se ha perdido el interés por aprender de política.
Nosotros tenemos que dar a conocer a toda la población qué es la Constitución, en dónde están sus derechos y sobre todo motivarlos a participar para que el país no siga en manos de esa élite, de unos pocos. Solo auspiciando la participación lograremos que haya motivación y esperanza para encontrar el camino. Aquí no hay camino, tenemos que construirlo juntos.




